La prisión surgió como una institución destinada a educar y vigilar a los delincuentes para convertirlos en individuos útiles a la sociedad. Sin embargo, la prisión ha fracasado en su objetivo de rehabilitación y en su lugar ha fortalecido la delincuencia. A pesar de esto, la prisión se mantiene como una institución útil para las clases dominantes al desviar los actos ilegales de los pobres hacia formas de delincuencia que no amenazan el orden social establecido.