El vitalismo, influenciado por filósofos como Nietzsche y Dilthey, se distingue de las filosofías tradicionales al entender la realidad como un proceso en constante cambio. Esta corriente filosófica enfatiza la libertad como la esencia del ser humano y redefine la razón en términos de vitalidad y contexto histórico. Dos enfoques predominantes en el vitalismo son el biológico, que aboga por el respeto a las leyes naturales, y el biográfico, que se centra en la experiencia vivida por el ser humano.