Sinuhe Quiroz Enriquez.<br />El trabajo y el cinismo.<br />Ensayo.<br />“Que no entre aquí nadie que no sea subversivo”<br...
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El Trabajo Y El Cinismo

  1. 1. Sinuhe Quiroz Enriquez.<br />El trabajo y el cinismo.<br />Ensayo.<br />“Que no entre aquí nadie que no sea subversivo”<br />-Frontispicio hipotético de un templo cínico- <br />“No te afanes alma mía, por una vida inmortal, apura el recuso hacedero”<br /> -Píndaro, (Pitica III)-<br />El Cinismo de Antístenes, Diógenes y compañía, aquel cinismo que rasga las tinieblas de las supersticiones y hace brillar la verdad que ilumina el camino que conduce hacía el eudemonismo, dedicándose a perseguir las lagunas del ser y corriendo en pos de su ruina por exceso de lucidez. Nos proponen una forma de desapego que en vano buscaríamos en los santos. El trabajo, propiamente dicho, cínico, será siempre la indagación implacable sobre las pasiones y deseos. El cínico se yergue bajo la proclama que expresa la posibilidad de otro mundo, otra formación existencial, ética, estética, cultural, es decir, es posible la vida filosófica. Aún más, esta vida filosofía, será farmacopea para cualquier agónico que sucumba bajo el brazo todopoderoso de la época en que le toco vivir. <br /> Hasta ahora, no ha existido jamás, enfrentamiento directo y sustancial como el encabezado por los cínicos contra de la convención social. Desde sus pequeños escondites que generalmente habitan bajo el nombre de “sentido común”, hasta sus máximas expresiones como son las concepciones religiosas, éticas, culturales, estéticas, etc. Los cínicos han des-cubierto el engranaje real de lo que acontece allí: toda convención social, no es sino deseos de otros. ¿Qué pasaría si el trabajo, tal como lo conocemos y como lo han ensalzado apologistas de todas las épocas, resultase ser sólo una convención social más, es decir, un deseo que adoptamos de otros? Este será el quehacer filosófico de este breve ensayo.<br /> <br />“El trabajo en que hayamos placer cura la pena que causa. ¡Ésa es la puerta!” <br />–SHAKESPEARE.-<br /> <br /> Siempre que abordamos el arte de vivir, cuyo secreto nos han hecho perder dos mil años de supernaturaleza y claridad convulsiva, volvemos a esos antiguos. A poco que decaiga el frenesí que nos ha inculcado el cristianismo, volvemos a ellos, a su ponderación y su amenidad; la curiosidad que nos inspira corresponde a una disminución de nuestra fiebre, a un retroceso a la salud, “Cualquier otra época comparada con el innombrable hoy, nos parece bendita (…) ¿Qué pensarían de nuestras costumbres un Antístenes, un Epicuro, un Crisipo, que consideraban demasiado complicadas las suyas? Los antiguos, más sanos y equilibrados que nosotros en todos los sentidos, habrían podido prescindir de una sabiduría; no obstante la elaboraron; lo que nos desacredita para siempre a nosotros es que no tenemos ni el interés ni la capacidad para elaborarla.” En este punto, hay poco que agregar, pues queda claro, lo inevitable de la comparación entre aquellos lozanos antiguos que privilegiaban la ataraxia y nosotros, hombres actuales que privilegiamos el culto al absurdo, como diría Camus.<br />Es menester rastrear, la concepción difundida que del trabajo se ha tenido por aquellos años VII a.C. Inevitablemente, nos encontraremos con Los trabajos y los días, Hesíodo es quien habla aquí; con el interés práctico por la vida diaria -común y rutinaria- del hombre. Hesíodo, ante todo, intentará enaltecer el valor del trabajo (ergon), es decir, el esfuerzo humano para someter la naturaleza y arrancarle los pocos frutos que ella pueda proporcionar. <br />Hay un hecho indiscutible, la gran influencia de Hesíodo en los escritores antiguos, puesto que pocos autores en la antigüedad han sido citados con tanta frecuencia como Hesíodo. Dicho en pocas palabras, el gran mérito de Hesíodo estriba en ser “el padre de la poesía didáctica griega” su obra maestra los trabajos, puede ser tomada como el tipo de toda poesía que se fija como meta la educación. Y enseñó que la clave del éxito (la areté) se encontraría en el trabajo constante y en la justicia intachable. <br />El trabajo, que se apareja a la explotación convierte a Hesíodo en un pesimista, en el sentido de que ya considera a los tiempos heroicos descritos por Homero como cosa del pasado. En su teoría de las cinco edades ilustra en forma sombría la decadencia de la humanidad y compara de una manera dramática el poder administrado patriarcalmente en la época dorada de Cronos con la brutal codicia de los actuales gobernantes. Hubo la edad de oro, en la que los hombres no conocían el trabajo, ni el dolor, ni la vejez; en la edad de plata los hombres vivían mucho tiempo como infantes y descollaban por su estupidez; la edad de bronce tuvo hombres que solo se ocupaban de injurias, y también existieron según el mito, aquellos semidioses, de los que se nos cuenta, que Zeus les dio un sustento y una morada, es decir, habitaban en la isla de los bienaventurados , donde la tierra tres veces por año les da la tierra sus frutos; pero narra Hesíodo “…ahora es la edad de Hierro. Los hombres no cesarán de estar abrumados de trabajos y de miserias durante el día, ni de ser corrompidos durante la noche, y los Dioses les prodigarán amargas inquietudes” Este pesimismo se ve atemperado por las invitaciones que hace al trabajo y a la moderación como medio para hacer nuestra existencia más llevadera. <br />¿Por qué esta recurrencia la mito en una obra que se ocupa, no solo de los dioses, sino de los campesinos en la dura y cruda realidad de su existencia? Simplemente porque en los mitos adquiere forma la actitud originaria del hombre ante la existencia. Hesíodo ha hecho una aportación fundamental a los valores de la cultura griega, y esa se puede resumir en dos palabras: trabajo y justicia. El mundo heroico de Homero y su ideal caballeresco están muy lejos de la realidad de la vida campesina. Las armas de los campesinos son sus instrumentos de labranza; el escenario de sus luchas es el pedazo de tierra donde, día a día, libra la dura batalla por la subsistencia. Hesíodo fue un campesino, y campesino fue también el medio ambiente al que quiso presentarle un ideal de la existencia humana que estuviese en concordancia con las circunstancias peculiares de ese medio.<br />El mito, ocupa un lugar importante en él, además de expresar una visión del mundo al tratar de explicar la situación actual del hombre. Para Hesíodo (trabajo, sufrimiento, injusticia) no es originaria. Es el resultado de un castigo, castigo aplicado por una falta. ¿Cuál es la falta? El mito da la respuesta: Prometeo robó el fuego divino para darlo a los hombres. Zeus, entonces creo a Pandora, la mujer cuya caja salieron todos los males que aquejan al hombre, El trabajo, según el mito de Prometeo y Pandora, no peretencece a la situación actual del hombre: es un castigo, según hemos visto. Pero en la situación actual es también una necesidad. Si el hombre quiere alcanzar la areté (el éxito, el bienestar, una moderada riqueza), es necesario que trabaje: “Los dioses inmortales han colocado antes del éxito, el sudor” Hesíodo, pues, ofrece al trabajador su vida penosa y monótona como espejo del más alto ideal.<br />En griego la palabra empleada por Hesíodo ( ) tiene una equivalencia directa con “penuria, esfuerzo”, y pasajes como el siguiente citado parecen demostrarlo a la perfección, dando validez al mito mismo:“Los Dioses, en efecto, ocultaron a los hombres el sustento de la vida; pues, de otro modo, durante un solo día de trabajarías lo suficiente para todo un año, viviendo sin hacer nada (…) pero Zeus oculto este secreto, irritado en su corazón porque el sagaz Prometeo le había engañado”.<br />La obra Hesíodica se integrara, por la envergadura misma de su contenido, a formar parte del imaginario social colectivo de su época y tiene conexión directa a los valores difundidos en la misma; por ende, implícitamente formara parte del conjunto de convenciones sociales de su tiempo, “El pueblo acepta generalmente las tradiciones religiosas en su totalidad y sin examen alguno. Estas tradiciones envuelven al hombre desde su infancia en todas las circunstancias de la vida y, mantenidas artificialmente en su espíritu por una multitud de envenenadores de todas clases (…) le transforman de tal manera, que adquiere un hábito intelectual muchas veces más poderoso que su buen sentido natural.” Esta clase de convenciones se adentran, en la vida, nos demos cuenta o no. Además de estar aceptadas por el conceso, es menudo difícil detectarlas sin algo un aliciente, alguna delicada malicia, una autentica ironía, un atinado sarcasmo (método cínico por excelencia, <la mordedura pedagógica> dice Onfray).<br />De ahí la necesidad cínica por una existencia filosófica, pronunciémonos al respecto con Russell “El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía va por la vida prisioneros de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales de su tiempo y en su país y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el conocimiento deliberado de la razón” No perdamos de vista este importantísimo punto, nos dice Onfray: la máxima del cínico “no ser esclavo de nada ni de nadie en el pequeño universo donde uno halla su lugar”, que será la ruta y el camino a seguir dentro de la vida filosófica cínica. Ahora bien, consideremos y resumamos este proyecto de la existencia filosófica, con la formula Nietzscheana “trasmutación de los valores”, ¡y he aquí, el proyecto cínico!<br />“El objeto y el fin que se propone la filosofía cínica, como por otra parte se propone toda filosofía, es la felicidad. Ahora bien, esa felicidad consiste en vivir de conformidad con la naturaleza y no según la opinión de la multitud” es decir, confianza en la naturaleza, repudio de la civilización. El trabajo manejado por Hesíodo, se supone pondría activo el “progreso” en algún lado Atenas, más Diógenes, el gran cínico, propone a la inversa, una vida filosófica, una calidad de la existencia. “dichosos aquel que sabiendo todas esas cosas, irreprochables ante los Dioses, se entrega al trabajo sin cometer falta alguna” dice Hesíodo al final de su obra. Como bien vio Fausto “El trabajo no puede hacer feliz, a lo sumo procura satisfacciones”. La felicidad y el disfrute personal ya no constituyen los verdaderos fines de la vida, siguiendo el pensamiento de Hesíodo.<br />“Filosofar es revolverse a hacer que despierte el origen retroceder hasta el fondo de sí mismo y ayudarse con una acción interior conforme a las propias fuerzas. En la vida, lo primero que resulta tangible es la sujeción a los deberes materiales, a la exigencia de cada día. El papel de la vida filosófica es despertar la conciencia de que el mero trabajar, el absorberse en lo fines, es ya el camino de olvidarse de uno mismo (…) no olvidar si no apropiarse íntimamente: no desviarse, sino trabajar hasta la perfección intima: no pasar superficialmente, si no iluminar hasta el fondo: tal es la vida filosófica.” Tal es el proyecto cínico, invitación al desprendimiento y el repudio a comulgar con los castigos divinos, evitando todo esfuerzo inútil e inconducente, aquellos cuya única razón de ser es la ostentación o el exhibicionismo. <br />El trabajo, según el mito de Prometeo y Pandora, no pertenece a la situación actual del hombre: es un castigo, curioso, en el Génesis, lo mismo sucede: al inicio del relato, después que Dios ha creado la tierra y el cielo y todo lo que se ve, dice a Adán y a Eva “Les entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tienen semilla para ser sembrada; todos los arboles que producen frutos con su semilla les servirán de alimento; y a todos los animales del campo a las aves del cielo y a todos los seres vivos que se mueven por la tierra les doy como alimento toda clase de hierba verde.” Hasta aquí, la cosa no podría ir mejor, ¡eh aquí un Dios benevolente! El hombre que prosperaba en el lecho de Dios, cometerá la falta que terminara por ser la gran maldición del hombre, conocerá el trabajo y no sin sudor, podrá llevarse algo a la boca, pues, el Dios antes benevolente maldice así “Con fatiga comerás tus frutos todos los días de tu vida (…) Con el sudor de tu frente comerás el pan”, lejos de la interpretación rigurosa y laica sobre la concepción del trabajo “visto como una maldición (La pobreza es considerada en la biblia primero como un castigo divino por los pecados conocidos o desconocidos que uno pudo haber cometido (Job 20 2-29; Lv26 14-36)” que ahí se maneja, existe otra concepción en el libro de Jonás, no menos ambigua y más dispuesta para la interpretación loable del trabajo bajo las clases conservadoras, en esta es participe Jonás, aquel quien fuera rescatado de vivir en una ballena, al que Dios habla en estos términos “tú has sentido piedad por el ricino, por el cual no has trabajado ni lo has hecho crecer; que surgió en una noche y en una noche pereció. ¿Y no habría yo de perdonar a Nínive, la gran ciudad, en la que moran más de seis veintenas de miles de individuos, que no pueden discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y también mucho ganado?” La respuesta de Dios a Jonás debe interpretarse de manera simbólica. Dios explica a Jonás que la esencia del amor es “trabajar” por algo y “hacer crecer algo”, que el amor y el trabajo son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por aquello que se ama. Ahora bien, la pereza es un pecado capital, por el contrario, su antítesis es decir la virtud, será la “diligencia”. Si se censura la “pereza” como pecado capital, será basándose el este libro de Jonás citado, ya que, ante todo, la falta de “animo”, la “tristeza en el ánimo”(a todas luces contrario a lo que predican los griegos desde Demócrito, y obviamente los cínicos serán sus abanderados la <eutimia>) serán la causa principal, por la que el hombre se aleja de las practicas espirituales y no se hace acreedor del amor divino, es decir, no trabaja por amor, ni para hacer crecer ese amor. Así el “ocio”, o, digámoslo cuanto antes, la “pereza”, no son despreciables a los ojos de aquel Dios. Pues ¿Qué fue de Dios el séptimo día? <br />En su culto a la autarquía, el ideal del cínico explica que mal es consecuencia de haber establecido normas morales(imaginario social colectivo) nada más ajustado a la definición de Nietzsche “la moral es el instinto del rebaño en el individuo” y, que la fuerza de una creencia no reside en el grado de veracidad que tenga, si no en su antigüedad, en su grado de asimilación, en su carácter de condición vital; que el hombre no debería esforzarse por alcanzar la virtud por la virtud misma, ello no lo conducirá sino a la vanidad. Las anteriores concepciones del trabajo, difundidas sobre todo en Roma, gracias a las agitaciones de aquel espíritu de Pablo, aunado a la exhortación en su carta a los Efesios, “el que no trabaje, que no coma” muestra perfectamente porque cuando el cristianismo irrumpió en Roma, los criados lo aceptaron sin vacilar, pues el cristianismo en fue ante todo eso, una insurrección de clases bajas y menesterosos. <br />En la era moderna, el trabajo, constituye una respuesta concreta a una concreta exigencia: ganarse la vida. El deseo es una señal de privación. La necesidad se toma también por destino: la fatalidad. En efecto el cuerpo nos pone mil obstáculos por la necesidad en que estamos de alimentarnos, pues, ¿no es la nutrición, de que depende la conservación de nuestro ser y de nuestra vida? Es necesario para la supervivencia tanto del hombre, como de cualquier sociedad que sus miembros se sometan a los mandatos que son esenciales para su modo particular de producción y de vida. En la sociedad moderna el ser industrioso ha sido elevado a la categoría de una de las virtudes supremas, porque el sistema industrial moderno requiere el impulso de trabajar como una de sus fuerzas productivas más importantes. En este contexto, se desarrollara, una concepción importante acerca del trabajo, una concepción de Marx y Engels ““El trabajo (…) es la condición básica y fundamental de toda vida humana. Y lo es tal grado que, hasta cierto punto, podemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre” el agigantado paso que da el trabajo respecto al hombre, es la cohesión de las sociedades gracias y en torno a él. Peligrosa alienación.<br /> La opinión popular supone que, en la concepción de Marx, el motivo psicológico más fuerte en el hombre es ganar dinero y tener mayor comodidad material <es decir, materialismo>, rectifiquemos este punto, el capitalismo ha hecho del interés por el dinero y la ganancia material el principal motivo del hombre, pero en el socialismo éste deja de ser dominante; <materialismo> al modo cínico y marxista sirve para invalidar toda condición de posibilidad de lo sagrado. <br />Diógenes, el gran cínico, en elogio de la autonomía, entendida en todo su rigor subversivo, como bien nota Onfray <nihilismo social> al respecto y aplicable en todos los tiempos sentencian “Uno no se vuelve sabio aceptando el papel de engranaje de la maquina social, sino que, por el contrario, llega a serlo negándose a colaborar. La rebelión es la virtud que fortalece las posiciones estéticas. En el extremo opuesto de la actitud filosófica encontramos las instituciones que quebrantan las singularidades para hacerlas cooperativas: la escuela y la disciplina, el ejército y la obediencia, la fábrica y la docilidad. A las posiciones aglutinantes que se nutren de los hombres y sus libertades, Diógenes opone la insurrección que libera de toda traba” Abrumados por su cotidiana tarea, privados de comodidades, del comercio intelectual, de la lectura: en una palabra, de todos los medios y de buena parte de los estimulantes que desarrollan el pensamiento en el hombre, nos encontramos al hombre moderno agobiado por el trabajo. El consuelo de algún modo que ofrece la alternativa marxista, será que el trabajador es digno, pues el promovedor de todo progreso.Nada que Nietzsche no pueda desenmascarar “Dignidad del hombre y dignidad del trabajo, engendros miserables de una humanidad esclavizada que quiere ocultarse a sí misma su esclavitud”.<br /> Bakunin, a este respecto, propone “la Revolución Social” para emanciparse de tal situación, la propuesta del cínico es mucho más modesta y carente de moral colectiva “nada le es más ajeno que el proyecto colectivo: su revolución es individual (…) Odia la comunidad y sabe que todo pensamiento gregario es común (…) su campo de batalla es la conciencia individual, sus barricadas son invisibles, y sus furores solitarios, sin testigos, ni ostentación”, es decir optar por una <improductividad> ya que el trabajo supone un exceso de sumisión al orden social, en la que la existencia sea la mayor de las preocupaciones, cosa que no remedian las concepciones del hombre trabajador que hemos venido examinado, es el precio a pagar de una ética postcristiana, dice Onfray.<br />“Los males que sufre la humanidad pueden resumirse en un único y mismo orden: los hombres no están enfermos de no saber vivir en libertad y de no conocer las delicias de la autonomía, la autosuficiencia y el pleno gobierno de uno mismo. La gran salud diría Nietzsche. Los síntomas son evidentes: el gusto por lo frívolo, la liviandad, el dinero, el poder, los honores, la mezquindad, la estrechez de proyectos, el conformismo y la sujeción a ideales seculares tales como el trabajo, la familia o la patria.” Podría entrar aquí la comparación abierta entre la famosa proclama “Patria o muerte” contra una consiga ya citada anteriormente, de los cínicos “no ser esclavo de nada ni de nadie en el pequeño universo donde uno halla su lugar” que va más allá de un “ni Dios ni amo”, es decir un vivir radical sobre el conocidísimo “estoy condenado a ser libre” de Sartre, destinados a vivir libres, todo cínico sabe que se debe preferir la muerte a cualquier servidumbre, pues se trata de descalificar toda convención social y deshacer los lazos que a ella nos ligan, ya sea los expuestos por los teóricos marxistas, como Engels que maneja el trabajo principalmente. Así es, Diógenes incluso, desconfiaría de todo comunismo, pues ¿cómo podría confiar en un país que tuviera la bandera llena de herramientas? <br />Trabajadores, siempre imposibilitados para pensar en otra cosa, trabajaran toda su vida, obsesionados, oprimidos. Pero merecen su tormento por haber buscado –movidos por su afición a lo insoluble- un tema torturador, un tema sin fin. El trabajo no les dará un momento de tregua, el trabajo tiene todavía camino por recorrer… Y como avanza en virtud de una ilusión adquirida, para detenerse sería necesario que la ilusión se desmoronara y desapareciese; pero, mientras él (el trabajador) siga siendo cómplice del trabajo, es indestructible, su conciencia semejante a la de Macbeth, está devastada; también él ha destruido el sueño, en el que descansaban las certidumbres, “¿Y acaso no parece que presenciamos la agonía de lo indestructible? Todo paso adelante, toda forma de dinamismo, entraña alguna vertiente satánica: el <<progreso>> (…) los que creen en él y lo promueven, todos nosotros en definitiva, ¿qué somos sino réprobos en marcha, predestinados a lo inmundo, a esas máquinas, a esas ciudades, de las que sólo un desastre exhaustivo podría librarnos? Sería la ocasión única para que nuestros inventos demostraran su utilidad y se rehabilitasen ante nosotros.” <br />Sería menester un trabajo nuevo, para determinar todo lo que hay de erróneo en todos esos juicios establecidos hasta ahora y señalar al modo cínico la estupidez humana y sus fines quiméricos; menester será, destruir los dogmas, los artículos de fe, las doctrinas y la ortodoxia. “Desde el origen histórico de nuestra sociedad hasta nuestros días se ha ejercido siempre y en todas partes la explotación del trabajo de las masas –esclavos, siervos o asalariados- por una minoría dominante: opresión del pueblo por la Iglesia y por el Estado.” Abstracciones que legitiman la explotación inmemorial. Ficciones siempre fundadas en el sacrificio sistemático del pueblo, sería preciso que reconociéramos implícitamente que la libertad y la prosperidad colectivas existen tan solo en tanto cuanto representan la suma de libertad y bienestar de los individuos. De ahí que los marxistas señalen sobre el idealismo “es un arma en manos de los opresores y explotadores”. Pues, “donde hay esclavitud, hay miseria, hay brutalidad, hay verdadero materialismo social; clases privilegiadas en un lado y masas trabajadoras en el otro” (pág. 85) resumiendo esto, dirá repetidas veces Don Quijote a lo largo de la novela, “Dos linajes solo hay en el mundo, que son el tener y no tener”<br /> La etimología de la palabra “trabajo” recuerda la proximidad de la actividad laboriosa con el uso del tripalium, un instrumento de tortura de tres estacas. No existe ningún otro período de la historia, como la nuestra, en el cual los hombres libres hayan dedicado tantas energías a un propósito: el trabajo. “El civilizado, más desprovisto, más desheredado que el troglodita, no tiene un instante para sí; sus propios ocios son febriles y opresivos (…) cuando se han conocido parajes en que el ocio era la norma, en que todos descollaban en su cumplimiento, cuesta adaptarse a un mundo en el que nadie lo conoce ni sabe gozarlo, en el que nadie respira. ¿Es aún un ser humano el ser que enfeudado a las horas? ¿Y tiene derecho a llamarse libre, cuando sabemos que ha acabado con todas las servidumbres salvo la esencial? A merced del tiempo que él alimenta, engrasa con su substancia se extenúa y se debilita para asegurar la prosperidad de un parásito o de un tirano.” Sin duda, el capitalismo no se habría desarrollado si la mayor parte de las energías humanas no se hubieran encauzado en beneficio del trabajo. <br />Si viviéramos en un mundo racional, el capitalismo solo sería una amarga experiencia en los anales de la historia humana. Pero regidos por ese absurdo trabajar de Sísifo, solo han conseguido hacer más incomprensible se misterio, “Lo absurdo no admite explicación alguna” dice Camus en algún parte, pero muy lejos estamos de acordar con él que el suicidio sea la solución al absurdo, igualmente lejos estamos de comprender que el capital tan sólo es trabajo acumulado.<br /> “Dentro del sistema medieval el capital era siervo del hombre; dentro del sistema moderno se ha vuelto su dueño” analiza Fromm, sobre el desenvolvimiento del capitalismo, en la sociedad modera. “A pesar de todo el énfasis que la sociedad moderna ha puesto en la felicidad, en la individualidad y en el propio interés, ha enseñado al hombre sentir que no es su felicidad la meta de su vida, sino su éxito o el cumplimiento de su deber de trabajar. El dinero, el prestigio y el poder se han convertido en sus incentivos y metas. Actúa bajo la ilusión de que sus acciones benefician a sus propios intereses, aunque de hecho sirve a todo lo demás, menos a los intereses de su propio ser. Todo tiene importancia para él, excepto su vida y el arte de vivir. Existe para todo, excepto para sí mismo.” con ello prueba que los valores sociales generalmente admitidos, son en realidad valores falsos, perjudiciales para el hombre que los acata “Hay que dudar del valor asignado a lo real por las convenciones”, pues, en el capitalismo “La gente trabaja para hacer dinero, hacer dinero para poder disfrutar con él de cosas agradables. El trabajo es el medio y el goce el fin. Empero ¿qué es lo que acontece en realidad? Los individuos trabajan con el fin de hacer más dinero; emplean este dinero con el fin de hacer más dinero aún, y el fin verdadero –el goce de la vida- se pierde de vista.” El lema del cínico dirá que nada hay más precioso que la autonomía y la independencia. Todo lo que las perturbe debe destruirse sin piedad. <br />El capital ha dejado de ser sirviente y se ha vuelto un amo. El mercado ha sido transformado en una divinidad a cuya sabiduría nos debemos entregar. Las mercancías, el dinero y el capital se han convertido en fetiches que dirigen nuestras vidas. Si la tragedia humana tuviera un sinónimo, este sería capitalismo. El sistema de mercado, una vez que ha sido admitido en su plenitud ese extremo artificio que es la total sumisión del ser humano, como fuerza de trabajo, a los mecanismos supuestamente naturales del mercado. Por un lado el empobrecimiento de las verdaderas masas humanas; por otro la ficción de las pretendidas “leyes naturales” del sistema de mercado, que impide vislumbrar una priorización efectiva de metas sociales. La sociedad real queda oculta detrás del mercado-ficción, cuya pretendida auto-regulación escondía poderes reales que se hacían invisibles, “la civilización, con todo su aparato, se basa en nuestra propensión a lo irreal y lo inútil. Si aceptamos reducir nuestras necesidades, satisfacer sólo las necesarias, se vendría abajo al instante.” Nada más cínico: las normas para una conducta ética han de encontrarse en la propia naturaleza. El cínico se burla del consumo que legitima la esclavitud. “Lo que el cuerpo necesita lo hayamos fácilmente al alcance de la mano. Lo que angustia nuestra existencia no nos lo hace desear el cuerpo, sino la estrechez de nuestra mente.” Es decir, “el poder existe sólo porque lo consentimos, lo fundamos como tal y le ofrecemos sacrificios como a una divinidad” a la salud de Diógenes, quien pensaba que los ideales comunes eran autenticas mitologías sociales a través de las cuales, todos los poderosos sientan las bases para fundar su dominio, es decir “el filósofo debe encarar las virtudes de la insumisión”. <br />En el mundo neoliberal de hoy existe una paradoja muy extraña: el hacer ganancias jugosas mediante la vía especulativa a costa de una constante concentratizacíon de la riqueza a favor de una pequeña minoría resulta ser el trabajo productivo por excelencia, mientras todo aquel trabajo que no genera valor ni mucho menos ganancia, como el trabajo doméstico, se considera como trabajo improductivo, si es que se lo considera trabajo. Pero el no trabajar o el que no se le considere trabajo implica más de lo que uno podría pensar a primera vista: es el primer paso en dirección de la insumisión cívica. <br />El trabajo “la doctrina del sacrificio del pueblo en aras del poder y del Estado y provecho de las clases privilegiadas” es el precio que hay que pagar para ser admitido en la comunidad, y señala netamente la sumisión del individuo al grupo: algo que el cínico no puede aceptar. En pocas palabras, “rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiada, oficial y legal, aún cuando provenga del sufragio universal, convencidos de que nunca podrá aprovechar más que a una minoría dominante y explotadora, en detrimento de los intereses de la inmensa mayoría a ella sujeta. Tal es el sentido en que nosotros somos realmente anarquistas” en tal sentido, también los cínicos son anarquistas.<br />Amantes celosos de la libertad humana, demos vuelta a la frase de Hesíodo “No es el trabajo quien envilece, sino la ociosidad.” y expresémonos en estos términos “El ocio sólo puede servir como un concepto operativo, partiendo del cual es posible distinguir al hombre libre del ciervo. Nietzsche da la fórmula: Quien no disponga de las dos terceras partes de su jornada para sí mismo es un esclavo, independientemente de lo que sea además: político, comerciante, funcionario o erudito.” Como bien señalo Lafarge ¿Qué sería, sin el ocio, el culto a lo bello? ¿O hace falta citar lo que dice Nietzsche sobre el trabajo en su libro Aurora? <br />Las riquezas, como dice San Antonio, existen para el hombre, no el hombre para las riquezas. Es decir, hay quien elige la calidad de la vida y quien la cantidad y el dinero. “La civilización nos enseña a apoderarnos de las cosas, mientras que debería iniciarnos en el arte de desprendernos de ellas, pues no hay libertad ni <<vida verdadera>> sin el aprendizaje de la desposesión. Me apodero de un objeto y me considero su dueño; en realidad, soy esclavo, como soy también esclavo del instrumento que fabrico y manejo. No hay nueva adquisición que no signifique una cadena más” la autentica riqueza es la autosuficiencia, ya que “en cualquier situación, puede encontrar tranquilidad en sí mismo. El pensamiento libre y profundo, que aspira a comprender la vida, y el desprecio total a la estúpida vanidad del mundo, son los dos bienes supremos que el hombre conoce. Y usted puede poseerlos aunque viva detrás de estas tres rejas. Diógenes vivió en un tonel y, a pesar de esto, fue más feliz que todos los reyes de la tierra” hay que tender al desapego más radical. Por cierto, la escuela cínica duro más diez siglos, en los que no se tiene registro alguno, ni anecdótico siquiera, de algún integrante trabajador.<br />Biblografia:<br />Onfray Michel. Cinismos. Retrato de los filosófos llamados perros. Tr: Alcira Bixio. Ed. Paidos.<br />Hesíodo. Teogonía. Los trabajos y los días. Tr: José Manuel Villalaz. Ed. Porrua.<br />La Biblia. Ed. PPC España.<br />Bakunin Miguel. Dios y el Estado. Ed. Antorcha.<br />Cioran E.M. La caída en el tiempo. Tr: Carlos Manzano. Ed. Tusquetes Editors.<br />Assmann Hugo. La Idolatría del mercado. Ed. DEI.<br />Fromm Erich. Ética y Psicoanálisis. Breviarios Fondo de cultura Economica. <br />Fromm Erich. El miedo a la libertad. Ed: Paidos.<br />Nietzsche Federico. La gaya ciencia. Ed. Paidos.<br />Chejov Anton P. Narraciones. Ed. Salvat.<br />

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