FRAY PEDRO DE GANTE



 (Pedro de Mura 1490-1572)Nacido hacia el año de 1490 en
 una ciudad que él mismo llama Iguen en Bélgica, entró en la
 orden franciscana para el estado de Hermano Lego, profesión
  que nunca quiso dejar ni siquiera cuando, años más tarde, el
               Emperador Carlos V lo quiso nombrar arzobispo de México.

El 27 de abril de 1522 Pedro de Mura (de Gante) y otros dos frailes franciscanos de origen
flamenco, salían del convento de San Francisco de la ciudad de Gante, Bélgica, rumbo a
España. De hecho, el destino final de su viaje no era la península Ibérica sino, unas tierras,
en parte desconocidas, en partes novedosas, de las que mucha gente empezaba a hablar en
Europa. Tras una estancia aproximada de un año en España, partió para México el 31 de
Mayo de 1.523, desembarcando en las costas de Veracruz el 13 de agosto del mismo año.

Impresionante debió ser para este religioso su primer contacto con la nueva tierra. Escribe a
sus hermanos de religión, en la primera carta que les envía, seis años después de su llegada:
esta tierra parece un paraíso y „aventaja a todas las demás del mundo, porque no es fría ni
caliente en demasía. Lo que más llamó la atención de Fray Pedro de Gante fue la gente que
encontró en las tierras descubiertas, a las que se iba a dedicar con cariño y comprensión el
resto de su vida: „Los nacidos en esta tierra -añade en su carta- son de bonísima complexión
y natural, aptos para todo y más para recibir nuestra Fe. Esto escribía el 27 de Junio de
1529 cuando empezaba a ver los primeros frutos de sus desvelos, en las multitudes que
venían a pedirle el bautismo, a veces tan numerosas que él mismo había perdido la cuenta.
Pero al principio no fue así.

En medio de un mundo totalmente ajeno a su cultura, sin medias para comprenderlo,
privado de sus compañeros flamencos (muertos hacia 1525 en una desventurada expedición
a Honduras), e inclusive tratando de regresar a su patria; se sobrepone a esta situación
adversa y con una dedicación ejemplar se entrega al estudio y conocimiento del medio
indígena. Entremezclando ideas educativas de Europa con las de la cultura prehispánica, y
aprovechando el ingenio e inteligencia de los indígenas, así como sus elementos artísticos
más sobresalientes (pintura, música, danza, drama), Fray Pedro de Gante fijó, quizá sin
pretenderlo, un sistema misional-educativo que se extenderá por todo América.

En 1524 y ya establecido el convento de San francisco de México, el religioso franciscano
se trasladó a esta ciudad en donde, ya con más experiencia, organizó una escuela con doble
objeto: instruir en la Fe cristiana a los niños más sobresalientes de la sociedad indígena, y
formar con ellos un grupo misionero que tomara la delantera en la evangelización, ya que
algunos misioneros se sentían aún incapaces de usar con facilidad el idioma para predicar
en esos primeros años en una lista de pueblos que parecía interminable.
Con las actividades anteriormente mencionadas, Fray Pedro tenía la intención de abrir las
puertas a la sociedad indígena no sólo a las artesanías, que vemos aún en muchos pueblos y
ciudades coloniales, sino a la libertad de trabajo y sustentamiento, luchando por desterrar la
ignominia de la servidumbre. Con palabras claras lo dice al Emperador Carlos V (pariente
suyo): -Aviso, como siervo de Vuestra Majestad, que si no provee en que (los indios)
tributen como en España (los españoles) de lo que tienen y no más, y que sus personas no
sean esclavos y sirvan, la tierra se perderá…‟. Pide, por lo mismo que los indios sean
“personas libres y que…no sirvan, pues los españoles nunca sirvieron” Enérgico reclamo
exigiendo el mismo tratamiento para los españoles e indios.

Más adelante, aprovechando su cercanía al Emperador y la conciencia de ser uno de los
misioneros que mejor conocía la situación del indio, por convivir con ellos lo lleva a
exponer y defender con valentía los derechos del pueblo conquistado, pues, en su
expresión, „no fueron descubiertos sino para buscarles su salvación…Vasallos de su
Majestad son, la Sangre de Cristo costaron, sus haciendas las han tomado, razón será que
(Vuestra Majestad) se duela de ellos; y pues están desposeídos de sus tierras, que en pago
las ganen ánimas.

De la escuela de Fray Pedro de Gante salieron, además de misioneros, los primeros
artesanos: pintores, canteros, carpinteros. Con ellos se edifican los primeros templos, a
veces capillas sencillas con techos de enramada; otras, iglesias solemnes, como la de San
José de los Naturales, de la Ciudad de México, a cuya sombra la entonces iglesia de San
Francisco parecía humilde y pequeña, nos dice un misionero contemporáneo.

Pedro de Gante dejó otros testimonios del amor a su nuevo pueblo: catecismos
hermosamente pintados en escritura ideográfica como lo hacían los indios en sus códices
prehispánicos, doctrinas amplísimas en su lengua náhuatl, escritas en caracteres latinos.

Los indios, por su parte correspondieron crecidamente al amor de su maestro. Ningún
documento más elocuente que aquel canto en náhuatl que todavía en vida de fray Pedro
entonaban los indios: “Libro de colores es tu corazón, padre Pedro; los que son tu cantos,
que a Jesucristo entonamos, tú los haces llegar a San Francisco, el que vino a vivir en la
tierra”.

Libro de colores fue el corazón de Pedro de Gante para los indios, corno los libros de su
antigua cultura, irradiando sabiduría y amor.

Finalmente con la firme convicción de haber sido un servidor bueno y fiel, fue llamado a
rendir cuentas al creador en la Ciudad de México el 19 de Abril de 1572.

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    FRAY PEDRO DEGANTE (Pedro de Mura 1490-1572)Nacido hacia el año de 1490 en una ciudad que él mismo llama Iguen en Bélgica, entró en la orden franciscana para el estado de Hermano Lego, profesión que nunca quiso dejar ni siquiera cuando, años más tarde, el Emperador Carlos V lo quiso nombrar arzobispo de México. El 27 de abril de 1522 Pedro de Mura (de Gante) y otros dos frailes franciscanos de origen flamenco, salían del convento de San Francisco de la ciudad de Gante, Bélgica, rumbo a España. De hecho, el destino final de su viaje no era la península Ibérica sino, unas tierras, en parte desconocidas, en partes novedosas, de las que mucha gente empezaba a hablar en Europa. Tras una estancia aproximada de un año en España, partió para México el 31 de Mayo de 1.523, desembarcando en las costas de Veracruz el 13 de agosto del mismo año. Impresionante debió ser para este religioso su primer contacto con la nueva tierra. Escribe a sus hermanos de religión, en la primera carta que les envía, seis años después de su llegada: esta tierra parece un paraíso y „aventaja a todas las demás del mundo, porque no es fría ni caliente en demasía. Lo que más llamó la atención de Fray Pedro de Gante fue la gente que encontró en las tierras descubiertas, a las que se iba a dedicar con cariño y comprensión el resto de su vida: „Los nacidos en esta tierra -añade en su carta- son de bonísima complexión y natural, aptos para todo y más para recibir nuestra Fe. Esto escribía el 27 de Junio de 1529 cuando empezaba a ver los primeros frutos de sus desvelos, en las multitudes que venían a pedirle el bautismo, a veces tan numerosas que él mismo había perdido la cuenta. Pero al principio no fue así. En medio de un mundo totalmente ajeno a su cultura, sin medias para comprenderlo, privado de sus compañeros flamencos (muertos hacia 1525 en una desventurada expedición a Honduras), e inclusive tratando de regresar a su patria; se sobrepone a esta situación adversa y con una dedicación ejemplar se entrega al estudio y conocimiento del medio indígena. Entremezclando ideas educativas de Europa con las de la cultura prehispánica, y aprovechando el ingenio e inteligencia de los indígenas, así como sus elementos artísticos más sobresalientes (pintura, música, danza, drama), Fray Pedro de Gante fijó, quizá sin pretenderlo, un sistema misional-educativo que se extenderá por todo América. En 1524 y ya establecido el convento de San francisco de México, el religioso franciscano se trasladó a esta ciudad en donde, ya con más experiencia, organizó una escuela con doble objeto: instruir en la Fe cristiana a los niños más sobresalientes de la sociedad indígena, y formar con ellos un grupo misionero que tomara la delantera en la evangelización, ya que algunos misioneros se sentían aún incapaces de usar con facilidad el idioma para predicar en esos primeros años en una lista de pueblos que parecía interminable.
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    Con las actividadesanteriormente mencionadas, Fray Pedro tenía la intención de abrir las puertas a la sociedad indígena no sólo a las artesanías, que vemos aún en muchos pueblos y ciudades coloniales, sino a la libertad de trabajo y sustentamiento, luchando por desterrar la ignominia de la servidumbre. Con palabras claras lo dice al Emperador Carlos V (pariente suyo): -Aviso, como siervo de Vuestra Majestad, que si no provee en que (los indios) tributen como en España (los españoles) de lo que tienen y no más, y que sus personas no sean esclavos y sirvan, la tierra se perderá…‟. Pide, por lo mismo que los indios sean “personas libres y que…no sirvan, pues los españoles nunca sirvieron” Enérgico reclamo exigiendo el mismo tratamiento para los españoles e indios. Más adelante, aprovechando su cercanía al Emperador y la conciencia de ser uno de los misioneros que mejor conocía la situación del indio, por convivir con ellos lo lleva a exponer y defender con valentía los derechos del pueblo conquistado, pues, en su expresión, „no fueron descubiertos sino para buscarles su salvación…Vasallos de su Majestad son, la Sangre de Cristo costaron, sus haciendas las han tomado, razón será que (Vuestra Majestad) se duela de ellos; y pues están desposeídos de sus tierras, que en pago las ganen ánimas. De la escuela de Fray Pedro de Gante salieron, además de misioneros, los primeros artesanos: pintores, canteros, carpinteros. Con ellos se edifican los primeros templos, a veces capillas sencillas con techos de enramada; otras, iglesias solemnes, como la de San José de los Naturales, de la Ciudad de México, a cuya sombra la entonces iglesia de San Francisco parecía humilde y pequeña, nos dice un misionero contemporáneo. Pedro de Gante dejó otros testimonios del amor a su nuevo pueblo: catecismos hermosamente pintados en escritura ideográfica como lo hacían los indios en sus códices prehispánicos, doctrinas amplísimas en su lengua náhuatl, escritas en caracteres latinos. Los indios, por su parte correspondieron crecidamente al amor de su maestro. Ningún documento más elocuente que aquel canto en náhuatl que todavía en vida de fray Pedro entonaban los indios: “Libro de colores es tu corazón, padre Pedro; los que son tu cantos, que a Jesucristo entonamos, tú los haces llegar a San Francisco, el que vino a vivir en la tierra”. Libro de colores fue el corazón de Pedro de Gante para los indios, corno los libros de su antigua cultura, irradiando sabiduría y amor. Finalmente con la firme convicción de haber sido un servidor bueno y fiel, fue llamado a rendir cuentas al creador en la Ciudad de México el 19 de Abril de 1572.