“A un Olmo seco”
“La palabra es tiempo” es la frase con la que Antonio Machado resume toda su obra literaria
y que se hace presente en el poema “A un olmo seco”.
Es un escritor sevillano que estudió en el Instituto de Enseñanza Libre. Pertenecía a la
Generación del 98, un grupo de escritores nacidos en fechas cercanas que desde sus ideas
progresistas expresaron su preocupación por la situación del país y su admiración por el
paisaje castellano, tema que se hace presente en “A un olmo seco”. Escribió tanto poemas
como novelas y obras de teatro, esto último en compañía de su hermano Manuel.
Su obra se divide en tres etapas: La primera caracterizada por un pensamiento modernista
influido por sus viajes a Francia y por sus encuentros con Ruben Darío, principal figura
modernista de la poesía. En esta etapa Machado publica dos libros Soledades y Soledades,
galerías y otros poemas; Una segunda etapa donde Machado trata los temas propios de la
Generación del 98, sustituyendo la importancia de la estética de la primera etapa por la
preocupación por la decadencia española. Durante gran parte de esta etapa estuvo viviendo
en Soria donde se enamoró de su esposa Leonor y del paisaje Castellano, pero tras la muerte
de su esposa abandonó Soria, lo que le produjo una profunda melancolía afectando a su
producción, algo que marco un antes y un después en sus obras. Fue durante esta producción
cuando publicó Campos de Castilla. “A un olmo seco” pertenece a esta obra, la cuál recoge
el encuentro con Castilla y sus tierras altas, pero también recuerdos personales y una
preocupación patriótica en actitud crítica. Este poema en particular expresa los sentimientos
que tenía Machado en esos momentos, pudiéndose interpretar de dos maneras diferentes; Y
una última etapa de reflexión filosófica que mantuvo hasta su muerte en Francia ya que,
anteriormente, había sido exiliado por ser republicano. Esta etapa se caracteriza por
componerse de poemas breves y de estructura popular donde se ven reflejados los
pensamientos filosóficos de Machado. La obra más importante es Nuevas Canciones.
Se trata de un poema lírico a través del cual Machado admira la belleza de unas cuantas
hojas verdes que han crecido en un olmo viejo. Tras situar al olmo en Castilla “el olmo
centenario en la colina del Duero” y describirlo como algo molido por el paso del tiempo
“Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido”, el autor se dirige al árbol para
sugerir posibles destinos para él (objeto de carpintería, leña de hogar,...) con el deseo de
plasmar este último reducto de belleza con el cuál el poeta se identifica recordando que
siempre hay que tener esperanza “mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera”.
El tema principal del poema es la esperanza de un futuro mejor sin saber si es para la
España decadente de la época, marcada por los conflictos ideológicos o para la enfermedad,
o para la enfermedad de su mujer, la cual empeora con el paso del tiempo.
El poema claramente se divide en tres partes: La primera abarca los 14 primeros versos, en
esta parte el autor presenta al olmo en un lugar “Las orillas del Duero” y en un tiempo “Con
las lluvias de abril y el sol de mayo”. Además hace un contraste entre los signos de
acabamiento “hendido”, “musgo” y nueva vida, “hojas verdes”. Y también hace una
comparación entre los álamos, los ruiseñores simbolizando el amor, y el olmo, las hormigas
y las arañas simbolizando la muerte; Una segunda parte que ocupa desde el verso 15 hasta el
27 donde el autor presenta los posibles destinos para el olmo ( pieza de carpintería, madera
para el fuego, desraizamiento y la desaparición final). Además presenta de forma
sentenciosa la necesidad de plasmar su belleza antes de su desaparición “antes que el río
hasta la mar te empuje, por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de
tu rama verdecida”; Y por último, una tercera parte donde hay una identificación de esas
hojas verdes con su propia esperanza “mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la
vida, otro milagro de la primavera”.
El poema, claramente, está bien estructurado siendo el principal elemento de cohesión el
propio olmo que se repite en cuatro ocasiones a lo largo de la composición así como a través
de numerosos pronombres que de forma anafórica remiten a él. Queda cerrado pues
enseguida nos damos cuenta, tras leer el poema, que la gracia de esas hojas verdes
mencionados al inicio del texto se recogen, nuevamente, al final.
Se trata de un poema de 30 versos endecasílabos y heptasílabos distribuidos según el gusto
del poeta, con rima asonante y agrupados formando diferentes estrofas: serventesios,
pareados, tercetos...
Esta mezcla de versos endecasílabos y heptasílabos así como la de estrofas diferentes la
aprovecha el poeta para ajustar sus sentimientos, algo que resulta muy cómodo con tantos
cambios rítmicos y desigual agrupación de las rimas, destacando el verso 24 el cual es un
verso libre al no tener rima, utilizado por el autor para identificar al mar como el final de la
vida, la muerte, ya que ahí es donde terminan los ríos. Desde el punto de vista fónico
destaca igualmente el uso de los encabalgamientos, sobretodo suaves 9-10, 16-17, …, lo que
permite al poeta elegir su propio ritmo más personal y emotivo, y, aunque solo hay uno, se
deja notar otro abrupto 28-29. En cuanto a las figuras retóricas podemos encontrar un
hipérbaton, en los primeros versos, donde el autor quiere que haya una reflexión por parte
del lector para que se detenga y conozca sus sentimientos. También encontramos
aliteraciones nasales, en los versos 5 y 8, las cuales intensifican la fuerza del mensaje
resaltado además por el uso de la exclamación lo que intensifica más el mensaje, pero
también es utilizado por el autor para dejarle claro al lector lo que significa esa tierra para el
yo poético. Además podemos encontrar estructuras bimembres, en los versos 3 y 8, que
matizan el ritmo del poema dotándolo de serenidad. Por otra parte podemos encontrar varias
metáforas a lo largo del poema, como el el verso 17 “melena de campana” donde identifica
la melena que es una largar prolongación del pelo con la prolongación de madera de la
campana, la cual la sujeta y le permite el movimiento.
Los símbolos más importantes presentes en el texto son: El olmo principalmente, el cual
puede identificarse tanto con la España decadente de la época como con su esposa, quién
está atravesando una grave enfermedad. En varias ocasiones se dirige al olmo a través de un
apostrofe apelando sobre el mismo de manera apasionada en una forma de desdoblamiento
con el que luego llegará a identificarse. Otro símbolo que aparece en el poema es el de
camino, una primera vez identificándolo con la vida en su transcurso como peregrinaje, y
una segunda vez como el final del camino, la muerte.
Otros símbolos que aparecen son el río como la vida y el mar como la muerte, utilizados
también por Jorge Manrique es su obra Coplas a la Muerte de su Padre. Y finalmente la
primavera, símbolo con el que Machado cierra el poema, este hace referencia a la juventud
que forma parte de ese hilo de esperanza que le queda, el cual también ha sido usado por
Garcilaso de la Vega.

Antonio Machado

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    “A un Olmoseco” “La palabra es tiempo” es la frase con la que Antonio Machado resume toda su obra literaria y que se hace presente en el poema “A un olmo seco”. Es un escritor sevillano que estudió en el Instituto de Enseñanza Libre. Pertenecía a la Generación del 98, un grupo de escritores nacidos en fechas cercanas que desde sus ideas progresistas expresaron su preocupación por la situación del país y su admiración por el paisaje castellano, tema que se hace presente en “A un olmo seco”. Escribió tanto poemas como novelas y obras de teatro, esto último en compañía de su hermano Manuel. Su obra se divide en tres etapas: La primera caracterizada por un pensamiento modernista influido por sus viajes a Francia y por sus encuentros con Ruben Darío, principal figura modernista de la poesía. En esta etapa Machado publica dos libros Soledades y Soledades, galerías y otros poemas; Una segunda etapa donde Machado trata los temas propios de la Generación del 98, sustituyendo la importancia de la estética de la primera etapa por la preocupación por la decadencia española. Durante gran parte de esta etapa estuvo viviendo en Soria donde se enamoró de su esposa Leonor y del paisaje Castellano, pero tras la muerte de su esposa abandonó Soria, lo que le produjo una profunda melancolía afectando a su producción, algo que marco un antes y un después en sus obras. Fue durante esta producción cuando publicó Campos de Castilla. “A un olmo seco” pertenece a esta obra, la cuál recoge el encuentro con Castilla y sus tierras altas, pero también recuerdos personales y una preocupación patriótica en actitud crítica. Este poema en particular expresa los sentimientos que tenía Machado en esos momentos, pudiéndose interpretar de dos maneras diferentes; Y una última etapa de reflexión filosófica que mantuvo hasta su muerte en Francia ya que, anteriormente, había sido exiliado por ser republicano. Esta etapa se caracteriza por componerse de poemas breves y de estructura popular donde se ven reflejados los pensamientos filosóficos de Machado. La obra más importante es Nuevas Canciones. Se trata de un poema lírico a través del cual Machado admira la belleza de unas cuantas hojas verdes que han crecido en un olmo viejo. Tras situar al olmo en Castilla “el olmo centenario en la colina del Duero” y describirlo como algo molido por el paso del tiempo “Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido”, el autor se dirige al árbol para sugerir posibles destinos para él (objeto de carpintería, leña de hogar,...) con el deseo de plasmar este último reducto de belleza con el cuál el poeta se identifica recordando que siempre hay que tener esperanza “mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”. El tema principal del poema es la esperanza de un futuro mejor sin saber si es para la España decadente de la época, marcada por los conflictos ideológicos o para la enfermedad, o para la enfermedad de su mujer, la cual empeora con el paso del tiempo. El poema claramente se divide en tres partes: La primera abarca los 14 primeros versos, en esta parte el autor presenta al olmo en un lugar “Las orillas del Duero” y en un tiempo “Con las lluvias de abril y el sol de mayo”. Además hace un contraste entre los signos de acabamiento “hendido”, “musgo” y nueva vida, “hojas verdes”. Y también hace una comparación entre los álamos, los ruiseñores simbolizando el amor, y el olmo, las hormigas y las arañas simbolizando la muerte; Una segunda parte que ocupa desde el verso 15 hasta el 27 donde el autor presenta los posibles destinos para el olmo ( pieza de carpintería, madera para el fuego, desraizamiento y la desaparición final). Además presenta de forma sentenciosa la necesidad de plasmar su belleza antes de su desaparición “antes que el río hasta la mar te empuje, por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de
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    tu rama verdecida”;Y por último, una tercera parte donde hay una identificación de esas hojas verdes con su propia esperanza “mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”. El poema, claramente, está bien estructurado siendo el principal elemento de cohesión el propio olmo que se repite en cuatro ocasiones a lo largo de la composición así como a través de numerosos pronombres que de forma anafórica remiten a él. Queda cerrado pues enseguida nos damos cuenta, tras leer el poema, que la gracia de esas hojas verdes mencionados al inicio del texto se recogen, nuevamente, al final. Se trata de un poema de 30 versos endecasílabos y heptasílabos distribuidos según el gusto del poeta, con rima asonante y agrupados formando diferentes estrofas: serventesios, pareados, tercetos... Esta mezcla de versos endecasílabos y heptasílabos así como la de estrofas diferentes la aprovecha el poeta para ajustar sus sentimientos, algo que resulta muy cómodo con tantos cambios rítmicos y desigual agrupación de las rimas, destacando el verso 24 el cual es un verso libre al no tener rima, utilizado por el autor para identificar al mar como el final de la vida, la muerte, ya que ahí es donde terminan los ríos. Desde el punto de vista fónico destaca igualmente el uso de los encabalgamientos, sobretodo suaves 9-10, 16-17, …, lo que permite al poeta elegir su propio ritmo más personal y emotivo, y, aunque solo hay uno, se deja notar otro abrupto 28-29. En cuanto a las figuras retóricas podemos encontrar un hipérbaton, en los primeros versos, donde el autor quiere que haya una reflexión por parte del lector para que se detenga y conozca sus sentimientos. También encontramos aliteraciones nasales, en los versos 5 y 8, las cuales intensifican la fuerza del mensaje resaltado además por el uso de la exclamación lo que intensifica más el mensaje, pero también es utilizado por el autor para dejarle claro al lector lo que significa esa tierra para el yo poético. Además podemos encontrar estructuras bimembres, en los versos 3 y 8, que matizan el ritmo del poema dotándolo de serenidad. Por otra parte podemos encontrar varias metáforas a lo largo del poema, como el el verso 17 “melena de campana” donde identifica la melena que es una largar prolongación del pelo con la prolongación de madera de la campana, la cual la sujeta y le permite el movimiento. Los símbolos más importantes presentes en el texto son: El olmo principalmente, el cual puede identificarse tanto con la España decadente de la época como con su esposa, quién está atravesando una grave enfermedad. En varias ocasiones se dirige al olmo a través de un apostrofe apelando sobre el mismo de manera apasionada en una forma de desdoblamiento con el que luego llegará a identificarse. Otro símbolo que aparece en el poema es el de camino, una primera vez identificándolo con la vida en su transcurso como peregrinaje, y una segunda vez como el final del camino, la muerte. Otros símbolos que aparecen son el río como la vida y el mar como la muerte, utilizados también por Jorge Manrique es su obra Coplas a la Muerte de su Padre. Y finalmente la primavera, símbolo con el que Machado cierra el poema, este hace referencia a la juventud que forma parte de ese hilo de esperanza que le queda, el cual también ha sido usado por Garcilaso de la Vega.