La arquitectura barroca se caracteriza por el dinamismo y el movimiento de sus formas. Las iglesias y palacios barrocos buscaban impresionar y propagar el poder de la Iglesia y la monarquía a través de efectos teatrales y volúmenes ondulantes. Arquitectos como Bernini y Borromini rompieron las reglas clásicas para dotar a sus edificios de curvas cóncavas y convexas que producían dramáticos juegos de luces y sombras.