El cinquecento, que abarca desde 1500 hasta 1530, representa el apogeo del Renacimiento con un enfoque en la armonía y la imitación del arte clásico, mientras que el manierismo, que surge después, introduce una estética de tensión y curvas, reflejando una crisis histórica y religiosa. La pintura y escultura del cinquecento exhiben un realismo narrativo, perfección en la anatomía y un uso innovador de la perspectiva, destacando artistas como Miguel Ángel y Rafael. A partir de 1530, el manierismo se caracteriza por la desproporción, la alteración de formas y la subjetividad, evidenciado en obras que rompen con las reglas del clasicismo.