La ciudad de Corinto se ubicaba en una posición estratégica que la convirtió en un importante centro de comercio entre Oriente y Occidente. Pablo fundó la primera comunidad cristiana en Corinto en el 50 d.C. y se quedó allí durante 18 meses predicando el evangelio entre los judíos y paganos de la ciudad, obteniendo muchas conversiones a pesar de la mala reputación moral de Corinto.