El documento explora el origen y evolución del pragmatismo, destacando las contribuciones de Charles Pierce, William James y John Dewey, así como su impacto en la educación y la filosofía contemporánea. Se argumenta que el pragmatismo, debido a su enfoque en la utilidad y los resultados prácticos, carece de solidez como método teórico en las relaciones internacionales, ya que se opone a los fundamentos del racionalismo. Finalmente, se cuestiona su validez como enfoque viable, sugiriendo que su diversidad puede llevar a contradicciones y falta de coherencia en la investigación.