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LOS LÍMITES EN LA EDUCACIÓN DE NIÑOS Y ADOLESCENTES:  UNA NECESIDAD PARA EL APRENDIZAJE  Y SOCIALIZACIÓN
Cuando no existen límites o éstos son muy blandos o inconsistentes. Los hijos ignoran o están en desacuerdo con las demandas de sus padres y no se responsabilizan de su comportamiento. El ambiente de aprendizaje resulta impredecible y no es orientador. Existe el riesgo de que los hijos desarrollen desajustes de comportamiento. Por ejemplo, en estudios sobre hijos agresivos, los padres mostraron falta de consistencia en la disciplina, los castigos no estuvieron claramente asociados a la trasgresión o finalmente concedieron a sus demandas.
Los límites deben estar establecidos por la seguridad, bienestar y desarrollo del hijo y orientados a: Proteger al hijo del  daño físico  (riesgos para su integridad física) Proteger al hijo y a otros del  daño psicológico , ayudarles a que aprendan a respetarse y respetar los derechos, sentimientos e ideas de otros. Promover su aprendizaje y desarrollo. Que entiendan que hay un tiempo para comer, descansar, estudiar, jugar...
LÍMITES FIRMES LÍMITES BLANDOS   LO QUE APRENDEN  LOS ADOLESCENTES "No" significa "No"   "Soy requerido a seguir las normas"   "Las normas se me aplican al igual que a todo el mundo"   "Soy responsable de mi propia conducta"   "Los adultos quieren decir lo que ellos dicen"   "No" significa "Sí", "A veces" o "Puede ser"   "No soy requerido a seguir las normas"   "Las normas son para otros, no para mí"   "Yo hago mis propias normas y hago lo que quiero"   "Los adultos no quieren decir lo que ellos dicen"   "Los adultos son responsables por mi propia conducta".
Debemos limitar los límites. No hacer normas por hacerlas, si son demasiadas pueden abrumar y no ser efectivas". "Centrarnos en los límites realmente importantes"
Establecer límites razonables De modo que exista la probabilidad de que los hijos tengan éxito en su cumplimiento. Si no son razonables, los hijos pueden desarrollar bajos niveles de autoestima al pensar que hay algo malo en ellos, o pueden desconfiar de la autoridad de los adultos, o pueden estar de humor variable, depresivo o irritados.
Cómo establecer los límites. Siendo claro y específico. Decir "Limpia todo" es vago. Deben formularse de manera positiva. Mejor "cuando te sientes pon la espalda recta, erguida" en lugar de "no te sientes así encorvado" Se firme. Ser consistente. Si un día se le castiga a un chico por usar una navaja, al otro se le permite hacerlo y al otro se le ríe la gracia, el hijo nunca sabrá lo que se espera de él. Incorpora a los hijos en el establecimiento de límites  ( consensuar).
Si los límites son ignorados: Ignora, siempre que sea posible las rabietas, los gritos... retirando la "audiencia". Da instrucciones precisas, dando opciones de cumplimiento siempre que sea posible, elogiando el acuerdo o advirtiendo de las consecuencias del no seguimiento. Examina tus propios límites (No pidas lo que tú no haces ni das).
Seguro que tu hija es inteligente, adorable, tierna y qué se yo cuantas cosas más. Casi perfecta. Pero sucede que, con ella, estás casi siempre al borde del agotamiento: con el corazón en un puño por la que estará armando cuando no estás delante, su cuarto se parece peligrosamente a uno de esos bazares en que uno puede encontrar de todo y en un desorden casi perfecto. Y... ¿qué me dices de tu hijo? David es responsable, noble y sensible. Pero también terco, respondón y, especialmente a la hora de las comidas, un experto campeón en inventar las más variopintas excusas para no terminar nunca. Es decir, dos hijos completamente normales.
 
1. Cómo dominar las situaciones diarias: recetas para las cefaleas paterno-filiales Situaciones de discusión y desobediencia suceden en todas las casas: los hijos necesitan desafiar a sus mayores, bordear los límites disciplinarios y en definitiva oponerse. Sin embargo, aunque lo sabemos, no resulta fácil aguantar en "esos momentos" de nervios. ¿Qué podemos hacer para no tener que pasar media vida peleando con los hijos? ¿Existen algunas reglas prácticas que nos ayuden a manejar con acierto esas situaciones?.
1.1. Cuida el estilo general de la relación, sin esperar a los momentos críticos Trata a quienes te rodean como invitados. Nunca se te ocurriría gritar, dar órdenes o intentar hacer daño con tus comentarios a los invitados. Si quieres que tus hijos te traten con respecto y consideración haz tú lo mismo. Sabes que los niños aprenden en una gran medida por imitación, de modo que es muy probable que recojamos lo que sembramos. Nunca están de más palabras como "por favor" y "gracias".
Premia, estimula y alaba. Instaura un estilo que esté más basado en los premios que en los castigos, en el estímulo que en la amenaza. Estáte seguro que el mejor premio, como si de un perfume duradero se tratase, es la palabra y el gesto amable. Ambos hacen crecer a las personas en confianza. En bastantes empresas se funciona en un estilo de relación que se conoce con el nombre de  " manejo por excepción " : consiste en fijarse únicamente en los fallos del trabajo encomendado sin valorar lo que es frecuente: el trabajo bien hecho. De este modo el empleado, se encuentra desmotivado y, cuando el jefe le llama, piensa de modo espontáneo, que es para recibir una reprimenda... También en casa corremos el riesgo de reservar toda nuestra atención y energía para las ocasiones en que nuestros hijos no responden con la conducta adecuada; olvidamos las ocasiones en que recoge sus cosas por propia iniciativa, hace los deberes sin necesidad de observaciones o se sienta bien en la mesa...
Valora también los esfuerzos y mejoras. No esperes a que su conducta sea perfecta: dile que valoras su esfuerzo. Y no esperes en tu alabanza a que cambie en todos sus defectos; siempre habría un "si, pero..." que te haría imposible estar satisfecho/a. Con los niños pequeños suele dar buenos resultados el comentar su buen comportamiento, como de pasada, ante otras personas; parece tener algo parecido a un radar para las ocasiones en que se habla de ellos.
1.2. Aprende a leer las conductas de tus hijos y enséñales a que también ellos lo hagan. Ignora las conductas inadecuadas no destructivas que tratan de atraer tu atención. A veces una conducta no es lo que parece. Detrás de un mal comportamiento, como orinarse cuando ya lo tenía superado o lloriquear o pegar a su hermano..., puede haber una necesidad de llamar la atención y de sentirse querido. Centrarnos en atajar esas conductas puede llevar a que se repitan cada vez más frecuentemente, puesto que consigue el objetivo pretendido de que le hagamos caso. Será necesario ignorarlas y, simultáneamente, atender a su demanda de afecto.
Ayúdale a comprender sus sentimientos pero señálale los límites. En muchas de las discusiones, sobre todo con adolescentes, lo que se discute no es sino la manifestación de algo diferente que no se logra expresar. Ante un "te odio", sería equivocado tomárselo como algo personal. Si está dicho en el contexto de una prohibición de salir por la noche, por ejemplo. traduce el sentimiento latente : "Sé que te resulta duro no estar con el resto de los amigos, pero mañana tenemos que salir temprano" y mantén la negativa con firmeza : "No voy a repetirte las razones de mi negativa ni a tener en cuenta lo que me dices en este momento de rabia, aunque me duela".
1.3 Recuerda que los desacuerdos son normales en toda relación. En cualquier relación social, antes o después, aparece el desacuerdo. También en la familia. Pero puedes convertir el desacuerdo en un factor educativo (lo que no significa necesariamente darle la razón al hijo) o en un conflicto de poderes. Es sabido que:
Tu hijo y tú tenéis derecho a los "malos días".  Y,  sobre todo, tenéis derecho al perdón. Porque, a pesar del esfuerzo por lograr una salida constructiva al desacuerdo, tropezaréis cada cierto tiempo... A veces es vuestro hijo/a quien tiene una temporada especialmente nerviosa: unos exámenes, la frustración ocasionada por la pérdida de una amiga etc.; otras, somos nosotros quienes estamos tensos a causa del trabajo o de un dolor de cabeza... Hay que reivindicar como un derecho, tanto para ellos como para nosotros, la posibilidad de esos días. Pero hay que pedir perdón cuando ha pasado la tempestad y reconocer nuestro error, enseñándoles a hacer lo mismo.
Dos no se pegan si uno no quiere. Del mismo modo que para que haya una guerra se necesitan dos contendientes, también se necesita más de un participante para que exista una pelea. A veces los hijos necesitan encontrar un contrincante; les es más fácil justificar sus malos modos cuando también la otra persona se sale de sus casillas. No caigas en la trampa tú eres el adulto.  Recuerda que se trata de educar, no de ganar peleas.
Tu hijo y tú tenéis derecho a los "malos días".  Y,  sobre todo, tenéis derecho al perdón . Porque, a pesar del esfuerzo por lograr una salida constructiva al desacuerdo, tropezaréis cada cierto tiempo... A veces es vuestro hijo/a quien tiene una temporada especialmente nerviosa: unos exámenes, la frustración ocasionada por la pérdida de una amiga etc.; otras, somos nosotros quienes estamos tensos a causa del trabajo o de un dolor de cabeza... Hay que reivindicar como un derecho, tanto para ellos como para nosotros, la posibilidad de esos días. Pero hay que pedir perdón cuando ha pasado la tempestad y reconocer nuestro error, enseñándoles a hacer lo mismo.
1.4 Algunos de los desacuerdos merecen una pelea. La mayoría no. Jerarquiza la importancia de los temas y actúa en conformidad con su importancia educativa. . Porque no todos los temas son igualmente trascendentes: no transijas, a pesar de los gritos y pataleos, en aquellos en los que tú consideras que se juegan criterios de fondo. Pero tampoco te pases el día haciendo observaciones o peleándote por minucias. Cuando queremos cambiar conductas hay que seleccionar: con las dos o tres más importantes es suficiente
Expresa tu enfado de forma breve y sin responder a las protestas. No discursees demasiado. Explica en pocas palabras y con claridad el por qué de tu enfado. Un "¡No!" o "¡Basta!", seguidos de una frase de explicación puede ser suficiente. Después de la explosión, detente. La pausa tiene mayor efecto que todos los gritos. Y si sigues gritando estás perdido porque tendrás que responder, en el mismo tono, una y otra vez a sus réplicas. En ese defecto suelen caer especialmente las madres. Cuida de que tus palabras no lleven insultos ni actos que lesionen la dignidad personal de tu hijo/a.
Marca un tiempo de reflexión Si ves que tu hijo quiere seguir peleando, un tiempo de reflexión en su cuarto puede ayudar a que la situación se enfríe. Ese tiempo no debe ser demasiado largo puesto que no pretende ser un castigo en el sentido tradicional de la palabra. se trata de desactivar la agresividad que tanto en él como en ti está a punto de desbordarse. Una orientación sobre la duración de ese tiempo es un minuto por cada año de edad. Te sorprenderás de la cantidad de enfados que desaparecen por sí solo aplicando esta sencilla fórmula...
Establece, de común acuerdo con tu hijo las reglas que eviten que esa situación se repita y sed coherentes con ellas. Una vez que se ha pasado la rabieta, nunca inmediatamente después, es el momento de sentarse con tranquilidad y llegar a acuerdos. No pretendas "ganar por goleada", ofrece contrapartidas y cede en aspectos que sean secundarios. Y sé coherente en tu exigencia: pocas actitudes son tan deseducativas como premiar o sancionar hoy con severidad comportamientos a los que ayer eras indiferente o que, incluso, has alentado. Actuad con coherencia y exigídla, ambos cónyuges.
2. Los premios y castigos... ¿un factor educativo? Las normas anteriores abordaban, sobre todo, situaciones de tormenta. Pero en la vida de toda familia hay un cúmulo de circunstancias que, sin ser explosivas, van perfilando el carácter de nuestros hijos: aprenden a ser ordenados, a tener educación, a respetar o no los derechos de los otros etc. Y lo van haciendo por los estímulos que un día tras otro van recibiendo de su ambiente; aquella cara que le pusimos, la recompensa o el castigo que desde su más tierna infancia recibió cada vez que actuaba de una determinada manera etc. Han ido configurando un estilo de persona. Todos los padres, consciente o inconscientemente, utilizamos los premios y los castigos con nuestros hijos. El que sean un factor educativo o ayuden a malcriarlos depende del modo en que los manejamos. De ahí la importancia de conocer sus mecanismos.
2.1. Premios Cuando una persona encuentra satisfacción en hacer algo, tiende a repetir esa conducta. Si premias una conducta de tu hijo con algo que sea gratificante y satisfactorio para él, es muy probable que se porte así con más frecuencia. Las recompensas materiales como el dinero, materiales deportivos o juguetes, nos gustan a todos. Pero son las recompensas sociales como la atención, los elogios y el afecto las que nos hacen sentirnos más a gusto con nosotros mismos. Dales preferencia, aunque no exclusividad, en tu relación con los hijos.
Ejemplos de premios sociales son: Frases de ánimo y felicitación: "¡Bien!", "¡Así da gusto!", "¡Enhorabuena!". Muestras de afecto:  un beso, un abrazo, una sonrisa, una palmadita en la espalda... La promesa de participar en sus juegos,  en el caso de los niños pequeños: leer con él un cuento que le gusta, jugar juntos, construir modelos, etc.
Decide en qué vas a utilizar recompensas materiales.  Un buen criterio es hacerlo de manera extraordinaria y con cosas que sabes le suponen un especial esfuerzo. Pero, aún en ese caso, deben ir acompañadas de recompensas sociales, de las que son expresión. Y cuida de que no sean tan frecuentes que acostumbres a tu hijo, a realizar las tareas más por los beneficios que de ellas obtiene que por el valor que en sí mismas tienen. No olvides que no hay dos niños iguales.   Y, por eso, puede suceder que lo que para uno es motivador no lo sea para otro. Tendrás que adaptar los premios a la manera de ser de cada hijo. Premia inmediatamente después del comportamiento deseado .  Cuanto más distancia hay entre la conducta y la recompensa (o el castigo) menor será el efecto. Y cuanto menor es la edad del niño menos eficaz resulta dicha distancia. Existen dos formas básicas de recompensar: todas las veces y ocasionalmente .  Al comienzo,  hasta que el comportamiento nuevo está bien aprendido,  es mejor reforzar   el comportamiento cada vez que se produzca. Luego,  cuando el comportamiento está consolidado, se deben utilizar los reforzadores  de vez en cuando y a intervalos diferentes. Es preferible que adoptes un enfoque positivo  y busques activamente el buen comportamiento de tus hijos para recompensarlo que funcionar a base de castigos (el "manejo por excepción", ¿recuerdas?).
2.2. Castigos Como ya se ha señalado,  una forma de eliminar un comportamiento inadecuado es pasarlo por alto  continua y permanentemente, sin recompensarlo nunca ni siquiera con la atención. El castigo es una forma de cortar un comportamiento que no se puede pasar por alto.  Los castigos pueden ser eficaces si se utilizan correctamente. No utilices el castigo como medio habitual para corregir a tu hijo.
El uso frecuente del castigo no es eficaz para cambiar la conducta. Al revés, puede producir efectos que, sin duda, no deseas. Así, por ejemplo: Dura poco. El niño suprime su conducta por un tiempo pero de nuevo vuelve a las andadas. Exige nuevos castigos cada vez más fuertes, originando un círculo vicioso difícil de romper: mala conducta castigo... repetición de la mala conducta castigo más severo... etc. Las relaciones entre tú y tu hijo se resienten y pueden darse reacciones de rechazo afectivo, origen de problemas mucho más serio que los que se tratan de resolver. Las personas aprendemos también por imitación. Y si un niño vive normalmente castigado: o ("tienen razón mis padres; merezco todo lo que me dicen") o castigará a los de su alrededor: hermano/a pequeño, compañeros de escuela etc. Muchos adultos que utilizan la violencia sistemáticamente con sus hijos o cónyuges, crecieron en ambientes de fuerte carga agresiva.
El castigo funciona bien si: Es el último recurso y no la manera habitual de actuar: si gritas con frecuencia, los gritos acabarán perdiendo todo valor y tus hijos te verán como histérico/a... Cuando castigas demasiado es que no has jerarquizado suficientemente lo que es importante y lo que no en la educación de tus hijos. Se sabe exactamente por qué se es castigado. Es inmediato, sin aplazamientos innecesarios: "ya verás cuando venga tu padre"... Ocurre siempre que se comete la falta, sin depender del buen o mal humor. Ofrece al niño una alternativa. No sólo se castiga la mala conducta sino que se explicita lo que se espera de él y el modo en que puede realizarlo. Permanece intacto el respeto por la persona, sin que sufra la autoestima. Son las acciones las correctas o incorrectas, no la persona. Ni "eres un inútil" ni "eres mala" sino "eso lo has hecho mal". No lo asocias a actividades de aprendizaje como, por ejemplo, tener que copiar o hacer cuentas o leer. Ese es el mejor método para que en el futuro odie las matemáticas o la lectura, por verlas relacionadas con situaciones desagradables.
2.3. Las consecuencias naturales y consecuencias lógicas Frente al sistema de premio y castigos, algunos autores proponen el método de las "Consecuencias naturales" y las "Consecuencias lógicas". Se trata de una respuesta alternativa frente a los problemas que plantea el método de premios y castigos; pero pueden coexistir ambos sistemas: la edad, la manera de ser del niño y cada situación concreta nos indicará lo más conveniente en cada momento... Básicamente el método consiste en relacionar la conducta del niño/a con las consecuencias que de ella se derivan;  así, si una adolescente insiste en ponerse zapatos de tacón alto en invierno, se le mojarán los pies (consecuencia natural) y probablemente arruinará los zapatos y no le comprarán otros hasta que sea el momento (consecuencia lógica). El método de las consecuencias naturales pone el acento sobre la realidad y el reconocimiento de los mutuos deberes y derechos  en vez de apoyarse sobre las valoraciones de los adultos. Además permite que el sujeto tome sus propias decisiones y por lo tanto hace a los niños responsables de su propio comportamiento.
Para que estés seguro de que tu acción no es un castigo sino una expresión de Consecuencias ten en cuenta los siguientes aspectos: Oferta a tu hijo varias alternativas: "puedes ordenar el cuarto o no. En este caso, puedes llevar allí a tus amigos" o "tu padre y yo queremos ver la tele. Tú puedes ver el programa con nosotros o salir de la sala. Mira lo que prefieres..." Cuida de que el tono de voz sea el adecuado. Debe expresar aceptación y respecto. Las frases anteriores dichas en un ambiente de gritos, son más castigo que alternativa real. Pero si tu tono y tus miradas no revelan amenaza, la capacidad de opción se manifiesta como real. Que tus palabras expresen cariño y firmeza a la vez. Antes de plantear una alternativa estate seguro de que vas a aceptar la decisión del hijo.
A veces hay determinadas decisiones que suponen riesgos que, como padres, no estamos dispuestos a que nuestros hijos asuman: tu hija se empeña en ir al monte a pesar de que el tiempo amenaza lluvia. La consecuencia natural de esa opción es que vendrá mojada y con riesgo de atrapar un catarro. Si es pequeña para medir las consecuencias de su decisión, no se la ofertes como alternativa; pero si se trata de una adolescente no merece la pena pelearte con ella: déjale correr los riesgos de decidir, aunque a tu modo de ver sea equivocadamente. Es tomando decisiones como se aprende a ser responsable. Por supuesto, si pasa el fin de semana en casa sin poder salir como consecuencia del catarro, no se lo recuerdes cada vez que debe volver a elegir en situaciones parecidas: el "¿te acuerdas?..." o "¡Ya te lo decía yo!" tiene más de pelea ganada que de método educativo.
Es bueno que experimente las consecuencias de su decisión sin que la lástima te lleve a cortarlas: el no levantarse a tiempo de la cama, a pesar de que uno y otro día se le llama con insistencia, puede suponer un castigo escolar por falta de puntualidad; no le hagas una nota justificativa de su conducta (aunque llames al profesor para explicarle los motivos por los que no la haces) ni le prepares un bocadillo para el recreo porque, con las prisas, no ha podido desayunar... Cuando una acción no tiene consecuencias naturales hay que aplicar las consecuencias lógicas: es razonable que si mi cuarto está desordenado no pueda llevar allí a mis invitados. No lo sería que deba copiar una lección...

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Cuando No Existen LíMites O éStos Son Muy

  • 1. LOS LÍMITES EN LA EDUCACIÓN DE NIÑOS Y ADOLESCENTES: UNA NECESIDAD PARA EL APRENDIZAJE Y SOCIALIZACIÓN
  • 2. Cuando no existen límites o éstos son muy blandos o inconsistentes. Los hijos ignoran o están en desacuerdo con las demandas de sus padres y no se responsabilizan de su comportamiento. El ambiente de aprendizaje resulta impredecible y no es orientador. Existe el riesgo de que los hijos desarrollen desajustes de comportamiento. Por ejemplo, en estudios sobre hijos agresivos, los padres mostraron falta de consistencia en la disciplina, los castigos no estuvieron claramente asociados a la trasgresión o finalmente concedieron a sus demandas.
  • 3. Los límites deben estar establecidos por la seguridad, bienestar y desarrollo del hijo y orientados a: Proteger al hijo del daño físico (riesgos para su integridad física) Proteger al hijo y a otros del daño psicológico , ayudarles a que aprendan a respetarse y respetar los derechos, sentimientos e ideas de otros. Promover su aprendizaje y desarrollo. Que entiendan que hay un tiempo para comer, descansar, estudiar, jugar...
  • 4. LÍMITES FIRMES LÍMITES BLANDOS   LO QUE APRENDEN LOS ADOLESCENTES "No" significa "No" "Soy requerido a seguir las normas" "Las normas se me aplican al igual que a todo el mundo" "Soy responsable de mi propia conducta" "Los adultos quieren decir lo que ellos dicen" "No" significa "Sí", "A veces" o "Puede ser" "No soy requerido a seguir las normas" "Las normas son para otros, no para mí" "Yo hago mis propias normas y hago lo que quiero" "Los adultos no quieren decir lo que ellos dicen" "Los adultos son responsables por mi propia conducta".
  • 5. Debemos limitar los límites. No hacer normas por hacerlas, si son demasiadas pueden abrumar y no ser efectivas". "Centrarnos en los límites realmente importantes"
  • 6. Establecer límites razonables De modo que exista la probabilidad de que los hijos tengan éxito en su cumplimiento. Si no son razonables, los hijos pueden desarrollar bajos niveles de autoestima al pensar que hay algo malo en ellos, o pueden desconfiar de la autoridad de los adultos, o pueden estar de humor variable, depresivo o irritados.
  • 7. Cómo establecer los límites. Siendo claro y específico. Decir "Limpia todo" es vago. Deben formularse de manera positiva. Mejor "cuando te sientes pon la espalda recta, erguida" en lugar de "no te sientes así encorvado" Se firme. Ser consistente. Si un día se le castiga a un chico por usar una navaja, al otro se le permite hacerlo y al otro se le ríe la gracia, el hijo nunca sabrá lo que se espera de él. Incorpora a los hijos en el establecimiento de límites ( consensuar).
  • 8. Si los límites son ignorados: Ignora, siempre que sea posible las rabietas, los gritos... retirando la "audiencia". Da instrucciones precisas, dando opciones de cumplimiento siempre que sea posible, elogiando el acuerdo o advirtiendo de las consecuencias del no seguimiento. Examina tus propios límites (No pidas lo que tú no haces ni das).
  • 9. Seguro que tu hija es inteligente, adorable, tierna y qué se yo cuantas cosas más. Casi perfecta. Pero sucede que, con ella, estás casi siempre al borde del agotamiento: con el corazón en un puño por la que estará armando cuando no estás delante, su cuarto se parece peligrosamente a uno de esos bazares en que uno puede encontrar de todo y en un desorden casi perfecto. Y... ¿qué me dices de tu hijo? David es responsable, noble y sensible. Pero también terco, respondón y, especialmente a la hora de las comidas, un experto campeón en inventar las más variopintas excusas para no terminar nunca. Es decir, dos hijos completamente normales.
  • 10.  
  • 11. 1. Cómo dominar las situaciones diarias: recetas para las cefaleas paterno-filiales Situaciones de discusión y desobediencia suceden en todas las casas: los hijos necesitan desafiar a sus mayores, bordear los límites disciplinarios y en definitiva oponerse. Sin embargo, aunque lo sabemos, no resulta fácil aguantar en "esos momentos" de nervios. ¿Qué podemos hacer para no tener que pasar media vida peleando con los hijos? ¿Existen algunas reglas prácticas que nos ayuden a manejar con acierto esas situaciones?.
  • 12. 1.1. Cuida el estilo general de la relación, sin esperar a los momentos críticos Trata a quienes te rodean como invitados. Nunca se te ocurriría gritar, dar órdenes o intentar hacer daño con tus comentarios a los invitados. Si quieres que tus hijos te traten con respecto y consideración haz tú lo mismo. Sabes que los niños aprenden en una gran medida por imitación, de modo que es muy probable que recojamos lo que sembramos. Nunca están de más palabras como "por favor" y "gracias".
  • 13. Premia, estimula y alaba. Instaura un estilo que esté más basado en los premios que en los castigos, en el estímulo que en la amenaza. Estáte seguro que el mejor premio, como si de un perfume duradero se tratase, es la palabra y el gesto amable. Ambos hacen crecer a las personas en confianza. En bastantes empresas se funciona en un estilo de relación que se conoce con el nombre de " manejo por excepción " : consiste en fijarse únicamente en los fallos del trabajo encomendado sin valorar lo que es frecuente: el trabajo bien hecho. De este modo el empleado, se encuentra desmotivado y, cuando el jefe le llama, piensa de modo espontáneo, que es para recibir una reprimenda... También en casa corremos el riesgo de reservar toda nuestra atención y energía para las ocasiones en que nuestros hijos no responden con la conducta adecuada; olvidamos las ocasiones en que recoge sus cosas por propia iniciativa, hace los deberes sin necesidad de observaciones o se sienta bien en la mesa...
  • 14. Valora también los esfuerzos y mejoras. No esperes a que su conducta sea perfecta: dile que valoras su esfuerzo. Y no esperes en tu alabanza a que cambie en todos sus defectos; siempre habría un "si, pero..." que te haría imposible estar satisfecho/a. Con los niños pequeños suele dar buenos resultados el comentar su buen comportamiento, como de pasada, ante otras personas; parece tener algo parecido a un radar para las ocasiones en que se habla de ellos.
  • 15. 1.2. Aprende a leer las conductas de tus hijos y enséñales a que también ellos lo hagan. Ignora las conductas inadecuadas no destructivas que tratan de atraer tu atención. A veces una conducta no es lo que parece. Detrás de un mal comportamiento, como orinarse cuando ya lo tenía superado o lloriquear o pegar a su hermano..., puede haber una necesidad de llamar la atención y de sentirse querido. Centrarnos en atajar esas conductas puede llevar a que se repitan cada vez más frecuentemente, puesto que consigue el objetivo pretendido de que le hagamos caso. Será necesario ignorarlas y, simultáneamente, atender a su demanda de afecto.
  • 16. Ayúdale a comprender sus sentimientos pero señálale los límites. En muchas de las discusiones, sobre todo con adolescentes, lo que se discute no es sino la manifestación de algo diferente que no se logra expresar. Ante un "te odio", sería equivocado tomárselo como algo personal. Si está dicho en el contexto de una prohibición de salir por la noche, por ejemplo. traduce el sentimiento latente : "Sé que te resulta duro no estar con el resto de los amigos, pero mañana tenemos que salir temprano" y mantén la negativa con firmeza : "No voy a repetirte las razones de mi negativa ni a tener en cuenta lo que me dices en este momento de rabia, aunque me duela".
  • 17. 1.3 Recuerda que los desacuerdos son normales en toda relación. En cualquier relación social, antes o después, aparece el desacuerdo. También en la familia. Pero puedes convertir el desacuerdo en un factor educativo (lo que no significa necesariamente darle la razón al hijo) o en un conflicto de poderes. Es sabido que:
  • 18. Tu hijo y tú tenéis derecho a los "malos días". Y, sobre todo, tenéis derecho al perdón. Porque, a pesar del esfuerzo por lograr una salida constructiva al desacuerdo, tropezaréis cada cierto tiempo... A veces es vuestro hijo/a quien tiene una temporada especialmente nerviosa: unos exámenes, la frustración ocasionada por la pérdida de una amiga etc.; otras, somos nosotros quienes estamos tensos a causa del trabajo o de un dolor de cabeza... Hay que reivindicar como un derecho, tanto para ellos como para nosotros, la posibilidad de esos días. Pero hay que pedir perdón cuando ha pasado la tempestad y reconocer nuestro error, enseñándoles a hacer lo mismo.
  • 19. Dos no se pegan si uno no quiere. Del mismo modo que para que haya una guerra se necesitan dos contendientes, también se necesita más de un participante para que exista una pelea. A veces los hijos necesitan encontrar un contrincante; les es más fácil justificar sus malos modos cuando también la otra persona se sale de sus casillas. No caigas en la trampa tú eres el adulto. Recuerda que se trata de educar, no de ganar peleas.
  • 20. Tu hijo y tú tenéis derecho a los "malos días". Y, sobre todo, tenéis derecho al perdón . Porque, a pesar del esfuerzo por lograr una salida constructiva al desacuerdo, tropezaréis cada cierto tiempo... A veces es vuestro hijo/a quien tiene una temporada especialmente nerviosa: unos exámenes, la frustración ocasionada por la pérdida de una amiga etc.; otras, somos nosotros quienes estamos tensos a causa del trabajo o de un dolor de cabeza... Hay que reivindicar como un derecho, tanto para ellos como para nosotros, la posibilidad de esos días. Pero hay que pedir perdón cuando ha pasado la tempestad y reconocer nuestro error, enseñándoles a hacer lo mismo.
  • 21. 1.4 Algunos de los desacuerdos merecen una pelea. La mayoría no. Jerarquiza la importancia de los temas y actúa en conformidad con su importancia educativa. . Porque no todos los temas son igualmente trascendentes: no transijas, a pesar de los gritos y pataleos, en aquellos en los que tú consideras que se juegan criterios de fondo. Pero tampoco te pases el día haciendo observaciones o peleándote por minucias. Cuando queremos cambiar conductas hay que seleccionar: con las dos o tres más importantes es suficiente
  • 22. Expresa tu enfado de forma breve y sin responder a las protestas. No discursees demasiado. Explica en pocas palabras y con claridad el por qué de tu enfado. Un "¡No!" o "¡Basta!", seguidos de una frase de explicación puede ser suficiente. Después de la explosión, detente. La pausa tiene mayor efecto que todos los gritos. Y si sigues gritando estás perdido porque tendrás que responder, en el mismo tono, una y otra vez a sus réplicas. En ese defecto suelen caer especialmente las madres. Cuida de que tus palabras no lleven insultos ni actos que lesionen la dignidad personal de tu hijo/a.
  • 23. Marca un tiempo de reflexión Si ves que tu hijo quiere seguir peleando, un tiempo de reflexión en su cuarto puede ayudar a que la situación se enfríe. Ese tiempo no debe ser demasiado largo puesto que no pretende ser un castigo en el sentido tradicional de la palabra. se trata de desactivar la agresividad que tanto en él como en ti está a punto de desbordarse. Una orientación sobre la duración de ese tiempo es un minuto por cada año de edad. Te sorprenderás de la cantidad de enfados que desaparecen por sí solo aplicando esta sencilla fórmula...
  • 24. Establece, de común acuerdo con tu hijo las reglas que eviten que esa situación se repita y sed coherentes con ellas. Una vez que se ha pasado la rabieta, nunca inmediatamente después, es el momento de sentarse con tranquilidad y llegar a acuerdos. No pretendas "ganar por goleada", ofrece contrapartidas y cede en aspectos que sean secundarios. Y sé coherente en tu exigencia: pocas actitudes son tan deseducativas como premiar o sancionar hoy con severidad comportamientos a los que ayer eras indiferente o que, incluso, has alentado. Actuad con coherencia y exigídla, ambos cónyuges.
  • 25. 2. Los premios y castigos... ¿un factor educativo? Las normas anteriores abordaban, sobre todo, situaciones de tormenta. Pero en la vida de toda familia hay un cúmulo de circunstancias que, sin ser explosivas, van perfilando el carácter de nuestros hijos: aprenden a ser ordenados, a tener educación, a respetar o no los derechos de los otros etc. Y lo van haciendo por los estímulos que un día tras otro van recibiendo de su ambiente; aquella cara que le pusimos, la recompensa o el castigo que desde su más tierna infancia recibió cada vez que actuaba de una determinada manera etc. Han ido configurando un estilo de persona. Todos los padres, consciente o inconscientemente, utilizamos los premios y los castigos con nuestros hijos. El que sean un factor educativo o ayuden a malcriarlos depende del modo en que los manejamos. De ahí la importancia de conocer sus mecanismos.
  • 26. 2.1. Premios Cuando una persona encuentra satisfacción en hacer algo, tiende a repetir esa conducta. Si premias una conducta de tu hijo con algo que sea gratificante y satisfactorio para él, es muy probable que se porte así con más frecuencia. Las recompensas materiales como el dinero, materiales deportivos o juguetes, nos gustan a todos. Pero son las recompensas sociales como la atención, los elogios y el afecto las que nos hacen sentirnos más a gusto con nosotros mismos. Dales preferencia, aunque no exclusividad, en tu relación con los hijos.
  • 27. Ejemplos de premios sociales son: Frases de ánimo y felicitación: "¡Bien!", "¡Así da gusto!", "¡Enhorabuena!". Muestras de afecto: un beso, un abrazo, una sonrisa, una palmadita en la espalda... La promesa de participar en sus juegos, en el caso de los niños pequeños: leer con él un cuento que le gusta, jugar juntos, construir modelos, etc.
  • 28. Decide en qué vas a utilizar recompensas materiales. Un buen criterio es hacerlo de manera extraordinaria y con cosas que sabes le suponen un especial esfuerzo. Pero, aún en ese caso, deben ir acompañadas de recompensas sociales, de las que son expresión. Y cuida de que no sean tan frecuentes que acostumbres a tu hijo, a realizar las tareas más por los beneficios que de ellas obtiene que por el valor que en sí mismas tienen. No olvides que no hay dos niños iguales. Y, por eso, puede suceder que lo que para uno es motivador no lo sea para otro. Tendrás que adaptar los premios a la manera de ser de cada hijo. Premia inmediatamente después del comportamiento deseado . Cuanto más distancia hay entre la conducta y la recompensa (o el castigo) menor será el efecto. Y cuanto menor es la edad del niño menos eficaz resulta dicha distancia. Existen dos formas básicas de recompensar: todas las veces y ocasionalmente . Al comienzo, hasta que el comportamiento nuevo está bien aprendido, es mejor reforzar el comportamiento cada vez que se produzca. Luego, cuando el comportamiento está consolidado, se deben utilizar los reforzadores de vez en cuando y a intervalos diferentes. Es preferible que adoptes un enfoque positivo y busques activamente el buen comportamiento de tus hijos para recompensarlo que funcionar a base de castigos (el "manejo por excepción", ¿recuerdas?).
  • 29. 2.2. Castigos Como ya se ha señalado, una forma de eliminar un comportamiento inadecuado es pasarlo por alto continua y permanentemente, sin recompensarlo nunca ni siquiera con la atención. El castigo es una forma de cortar un comportamiento que no se puede pasar por alto. Los castigos pueden ser eficaces si se utilizan correctamente. No utilices el castigo como medio habitual para corregir a tu hijo.
  • 30. El uso frecuente del castigo no es eficaz para cambiar la conducta. Al revés, puede producir efectos que, sin duda, no deseas. Así, por ejemplo: Dura poco. El niño suprime su conducta por un tiempo pero de nuevo vuelve a las andadas. Exige nuevos castigos cada vez más fuertes, originando un círculo vicioso difícil de romper: mala conducta castigo... repetición de la mala conducta castigo más severo... etc. Las relaciones entre tú y tu hijo se resienten y pueden darse reacciones de rechazo afectivo, origen de problemas mucho más serio que los que se tratan de resolver. Las personas aprendemos también por imitación. Y si un niño vive normalmente castigado: o ("tienen razón mis padres; merezco todo lo que me dicen") o castigará a los de su alrededor: hermano/a pequeño, compañeros de escuela etc. Muchos adultos que utilizan la violencia sistemáticamente con sus hijos o cónyuges, crecieron en ambientes de fuerte carga agresiva.
  • 31. El castigo funciona bien si: Es el último recurso y no la manera habitual de actuar: si gritas con frecuencia, los gritos acabarán perdiendo todo valor y tus hijos te verán como histérico/a... Cuando castigas demasiado es que no has jerarquizado suficientemente lo que es importante y lo que no en la educación de tus hijos. Se sabe exactamente por qué se es castigado. Es inmediato, sin aplazamientos innecesarios: "ya verás cuando venga tu padre"... Ocurre siempre que se comete la falta, sin depender del buen o mal humor. Ofrece al niño una alternativa. No sólo se castiga la mala conducta sino que se explicita lo que se espera de él y el modo en que puede realizarlo. Permanece intacto el respeto por la persona, sin que sufra la autoestima. Son las acciones las correctas o incorrectas, no la persona. Ni "eres un inútil" ni "eres mala" sino "eso lo has hecho mal". No lo asocias a actividades de aprendizaje como, por ejemplo, tener que copiar o hacer cuentas o leer. Ese es el mejor método para que en el futuro odie las matemáticas o la lectura, por verlas relacionadas con situaciones desagradables.
  • 32. 2.3. Las consecuencias naturales y consecuencias lógicas Frente al sistema de premio y castigos, algunos autores proponen el método de las "Consecuencias naturales" y las "Consecuencias lógicas". Se trata de una respuesta alternativa frente a los problemas que plantea el método de premios y castigos; pero pueden coexistir ambos sistemas: la edad, la manera de ser del niño y cada situación concreta nos indicará lo más conveniente en cada momento... Básicamente el método consiste en relacionar la conducta del niño/a con las consecuencias que de ella se derivan; así, si una adolescente insiste en ponerse zapatos de tacón alto en invierno, se le mojarán los pies (consecuencia natural) y probablemente arruinará los zapatos y no le comprarán otros hasta que sea el momento (consecuencia lógica). El método de las consecuencias naturales pone el acento sobre la realidad y el reconocimiento de los mutuos deberes y derechos en vez de apoyarse sobre las valoraciones de los adultos. Además permite que el sujeto tome sus propias decisiones y por lo tanto hace a los niños responsables de su propio comportamiento.
  • 33. Para que estés seguro de que tu acción no es un castigo sino una expresión de Consecuencias ten en cuenta los siguientes aspectos: Oferta a tu hijo varias alternativas: "puedes ordenar el cuarto o no. En este caso, puedes llevar allí a tus amigos" o "tu padre y yo queremos ver la tele. Tú puedes ver el programa con nosotros o salir de la sala. Mira lo que prefieres..." Cuida de que el tono de voz sea el adecuado. Debe expresar aceptación y respecto. Las frases anteriores dichas en un ambiente de gritos, son más castigo que alternativa real. Pero si tu tono y tus miradas no revelan amenaza, la capacidad de opción se manifiesta como real. Que tus palabras expresen cariño y firmeza a la vez. Antes de plantear una alternativa estate seguro de que vas a aceptar la decisión del hijo.
  • 34. A veces hay determinadas decisiones que suponen riesgos que, como padres, no estamos dispuestos a que nuestros hijos asuman: tu hija se empeña en ir al monte a pesar de que el tiempo amenaza lluvia. La consecuencia natural de esa opción es que vendrá mojada y con riesgo de atrapar un catarro. Si es pequeña para medir las consecuencias de su decisión, no se la ofertes como alternativa; pero si se trata de una adolescente no merece la pena pelearte con ella: déjale correr los riesgos de decidir, aunque a tu modo de ver sea equivocadamente. Es tomando decisiones como se aprende a ser responsable. Por supuesto, si pasa el fin de semana en casa sin poder salir como consecuencia del catarro, no se lo recuerdes cada vez que debe volver a elegir en situaciones parecidas: el "¿te acuerdas?..." o "¡Ya te lo decía yo!" tiene más de pelea ganada que de método educativo.
  • 35. Es bueno que experimente las consecuencias de su decisión sin que la lástima te lleve a cortarlas: el no levantarse a tiempo de la cama, a pesar de que uno y otro día se le llama con insistencia, puede suponer un castigo escolar por falta de puntualidad; no le hagas una nota justificativa de su conducta (aunque llames al profesor para explicarle los motivos por los que no la haces) ni le prepares un bocadillo para el recreo porque, con las prisas, no ha podido desayunar... Cuando una acción no tiene consecuencias naturales hay que aplicar las consecuencias lógicas: es razonable que si mi cuarto está desordenado no pueda llevar allí a mis invitados. No lo sería que deba copiar una lección...