La bioética surgió en 1970 cuando el oncólogo Van Rensselaer Potter acuñó el término para referirse al estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y la salud. Potter argumentó que era necesario establecer un puente entre la ética y la biología para abordar problemas morales relacionados con el progreso científico. La bioética se basa en cuatro principios: autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia.