La economía peruana mostró un crecimiento moderado del 3.6% en 2000, tras años de inestabilidad política y desaceleración económica. A pesar de los logros en sectores primarios y una balanza comercial mejorada, la incertidumbre y un déficit fiscal elevado limitaron el desempeño económico, con expectativas de un débil crecimiento del 2% en 2001. Los desafíos en el sistema financiero persisten, con una cautela en la concesión de créditos y una reducción en la rentabilidad del sector bancario.