El documento describe la evolución histórica de la búsqueda de perfección espiritual en el cristianismo primitivo. Durante los primeros tres siglos, el martirio era la meta más alta, pero luego algunos hombres se retiraron al desierto a vivir vidas de ascetismo y oración, dando inicio a la vida eremítica. Más tarde, San Antonio fundó comunidades monásticas basadas en la vida comunitaria y el trabajo, estableciendo las bases de la vida cenobítica.