El monopolio comercial consistía en que solo los barcos españoles autorizados podían comerciar con las colonias americanas. La Casa de Contratación en Sevilla organizaba este comercio a través de un sistema de flotas y galeones. El contrabando permitía a los comerciantes de Buenos Aires obtener mercancías de forma ilegal, lo que representaba un peligro para los intereses económicos de España y su control sobre el comercio colonial.