El siglo XVII en España estuvo marcado por una profunda crisis social y económica que resultó en una disminución demográfica y la pérdida de hegemonía política. Factores como guerras, malas cosechas y epidemias acentuaron la crisis, afectando gravemente la agricultura y la industria. La sociedad se polarizó entre nobles y un tercer estado empobrecido, mientras las políticas de los validos, como la expulsión de los moriscos, reflejaron la complejidad del gobierno en un contexto de descontento.