La escuela tradicional se centra en la exposición del profesor, con el alumno en un papel pasivo de escucha, lectura y escritura. Los objetivos se enfocan en la enseñanza de contenidos, conceptos, teorías y principios, más que en las necesidades de los estudiantes. La evaluación consiste principalmente en exámenes para asignar calificaciones, en lugar de ser un proceso de mejora continua.