El documento describe cómo San Francisco de Asís abordó todas las dimensiones de la realidad y se relacionó con ellas de manera equilibrada a través de su espiritualidad, según se evidencia en sus Admoniciones. Se enfocó en cultivar una vida interior a través del silencio y la soledad, tuvo unas relaciones sanas con los demás y con la creación, y puso su comunión con Dios como fundamento de todo.