Jesús no encaja en ninguna categoría de la sociedad judía de su tiempo. No era un sacerdote, saduceo, fariseo, zelota, monje de Qumrán, rabino o profeta común. Jesús enseñaba con una autoridad propia y anunciaba el Reino de Dios de una manera única, distinguiéndose de los roles religiosos existentes en su contexto.