Tras la muerte de Carlomagno en 814, el imperio carolingio se dividió entre sus tres hijos mediante el tratado de Verdum de 846. Esto condujo a la desintegración del poder real y el aumento del poder de los condes locales. En este contexto surgieron las invasiones normandas, eslavas y mongolas, y los señores feudales tuvieron que defender sus territorios de forma independiente, dando lugar al sistema feudal, con el feudalismo como unidad básica y el vínculo de vasallaje entre señores y vasallos.