Durante las primeras décadas después de la independencia de México, los conservadores y liberales disputaban el poder político en el país. Aunque diferían en sus visiones de organización política, ambos grupos reconocían la importancia de la educación. La reforma educativa de 1833 buscó establecer el control estatal de la educación y promover la enseñanza elemental para todos, pero fue derogada después de un año debido a la oposición conservadora.