La parálisis facial periférica es una de las mononeuropatías más comunes, con una incidencia de 14 a 25 casos por cada 100,000 habitantes anualmente; sin embargo, todavía no existe una estrategia terapéutica unánimemente aceptada. Aunque la mayoría de los casos son idiopáticos, hasta el 16% de los pacientes pueden experimentar secuelas moderadas a severas. La evaluación diagnóstica se apoya en métodos neurofisiológicos y el tratamiento estándar sigue siendo el uso de prednisona.