La bioética nació en los años 1960 en EE.UU. para establecer límites a los avances científicos y proteger a los pacientes de abusos. Se basa en tres principios: autonomía, beneficencia y justicia. A lo largo de la historia, la bioética ha defendido los derechos de los más débiles ante teorías como la de Darwin. La Iglesia siempre ha advertido sobre las consecuencias de violar las leyes naturales y plantea los derechos a la vida, propiedad y libertad.