Este documento resume las tres principales pruebas de la evolución de las especies: pruebas biológicas como las adaptaciones de especies a diferentes hábitats y la presencia de órganos homólogos; pruebas paleontológicas como los fósiles que muestran cambios graduales en especies a lo largo del tiempo; y pruebas moleculares como las similitudes en el ADN que son mayores entre especies más emparentadas. Juntas, estas líneas de evidencia apoyan la conclusión de que todas las formas de vida descienden