El documento discute cómo la neurociencia ha demostrado que la emoción es fundamental para el aprendizaje. Específicamente, señala que solo se puede aprender aquello que genera emoción y que la alegría es la base de la atención y la curiosidad. También argumenta que para revitalizar la enseñanza, los maestros necesitan conocer cómo funciona realmente el cerebro en los procesos de aprendizaje y aplicar este conocimiento en las aulas.