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PARTE OBJETIVA DEL TIPO a) Acción típica, sujetos, objeto y circunstancias de la acción. b) El resultado c) Formas normales y especiales de tipicidad d) Elementos descriptivos y elementos normativos e) Elementos esenciales y accidentales del tipo
a) Acción típica, sujetos, objeto y circunstancias de la acción. La  acción típica  no es sólo la acción humana, sino la acción humana descrita en el tipo.  El  sujeto activo  es el autor de la conducta típica.  El  sujeto pasivo  es el titular del bien jurídico protegido que puede ser distinto o coincidir con el sujeto pasivo de la acción, que es la persona sobre la que recae la acción lesiva.  En algunos tipos la acción recae sobre un objeto y no sobre un sujeto.  Por último, la parte objetiva de algunos tipos contiene circunstancias de lugar, de tiempo o modo de ejecución de la acción.
b) El resultado Resultado  es la consecuencia de algo.  Entendido el resultado como cambio causado por la conducta y distinto de la misma, da lugar, cuando es requerido por la descripción legal, a los tipos de resultado, mientras que los tipos o delitos de mera conducta (activa u omisiva) se conforman con la actividad o pasividad sin exigir un resultado distinto a la misma. Desde una perspectiva no jurídica el resultado, como consecuencia de la acción, puede ser material o formal.  Resultado material  es una modificación del mundo externo perceptible por los sentidos, como la muerte.  El  resultado formal  supone un cambio de realidad inmaterial, captable lógica e intelectualmente, p. ej. la producción de una situación deshonrosa en las injurias.
b) El resultado Desde la perspectiva jurídica-penal, el  resultado (jurídico)  se pone en conexión con la afectación del bien jurídico y puede consistir en la lesión (destrucción o menoscabo) o la puesta en peligro (probabilidad de lesión del mismo). La lesión o peligro puede ser una consecuencia subsiguiente a la acción y entonces nos encontramos ante delitos de resultado, ya sea material o formal, o por el contrario la propia acción constituye ya, sin necesidad de un resultado formal o material distinto a ella, un resultado jurídico de lesión o puesta en peligro.
b) El resultado La producción de un resultado material o formal en un delito de resultado suele coincidir con el resultado jurídico de lesión o puesta en peligro del bien jurídico. En cuanto a la  ubicación del resultado , éste forma parte del tipo (de injusto). El resultado debe estar abarcado por el dolo del sujeto y el resultado depende precisamente de la actuación del autor. Se le imputa objetivamente a la acción del autor y no es obra del azar.
c) Formas normales y especiales de tipicidad La forma normal de aparición de un delito es la producción de todos sus elementos objetivos, dando lugar a la consumación. Por otra parte, tal hecho se debe producir por una acción que suponga una auténtica realización de la conducta típica y no un mero favorecimiento, por lo que es necesario que haya autoría.  La autoría y la consumación encajan ya sin más en el precepto de la Parte especial, sin necesidad de acudir a la Parte general.
c) Formas normales y especiales de tipicidad En cambio hay formas especiales de aparición del delito que están descritas en la Parte general, como son la  tentativa acabada, inacabada e imposible, los actos preparatorios punibles  (conspiración, proposición y provocación) y la  participación  (inducción y cooperación necesaria y no necesaria) y que sólo son punibles además si el delito es doloso y no imprudente.
CONSPIRACION Y PROPOSICION Art. 17.‑ La  conspiración  y la  proposición  para cometer un delito solo serán reprimidas en los casos que la Ley determina. Se entiende que hay  conspiración  cuando dos o más personas se conciertan para la ejecución de un delito; y existe  proposición , cuando el que ha resuelto cometerlo propone su comisión a otra u otras personas. Si la conspiración o la proposición, aún en el caso de estar reprimida por la Ley, deja de producir efectos por haber sus autores desistido voluntariamente de la ejecución, antes de iniciarse procedimiento judicial contra ellos, no se les aplicará pena alguna.
CONSPIRACIÓN Art. 118.‑  La  conspiración  para cometer alguna de las infracciones detalladas en los tres artículos anteriores, será reprimida con ocho a doce años de reclusión mayor, en caso de que se haya puesto por obra algún acto para preparar la ejecución de dichas infracciones; y en el caso contrario la pena será de cuatro a ocho años de la misma reclusión.
CONSPIRACIÓN Art. 131.‑  La  conspiración  encaminada a conseguir alguno de los fines mencionados en el artículo anterior, será reprimida con prisión de seis meses a tres años.  Art. 130.‑  El que en cualquier forma o por cualquier medio se alzare contra el Gobierno, con el objeto de desconocer la Constitución de la República, de deponer al Gobierno constituido, impedir la reunión del Congreso o disolverlo, o provocar la guerra civil, será reprimido con reclusión mayor de cuatro a ocho años.
TENTATIVA CP art. 16.‑  Quien practica actos idóneos conducentes de modo inequívoco a la realización de un delito, responde por  tentativa  si la acción no se consuma o el acontecimiento no se verifica. …
AUTORIA Art. 42.‑  Se reputan  autores  los que han perpetrado la infracción, sea de una manera directa e inmediata,  sea aconsejando o instigando a otro para que la cometa, cuando el consejo ha determinado la perpetración del delito; los que han impedido o procurado impedir que se evite su ejecución ; los que han determinado la perpetración del delito y efectuándolo valiéndose de otras personas, imputables o no imputables, mediante precio, dádiva, promesa, orden o cualquier otro medio fraudulento y directo;  los que han coadyuvado a la ejecución, de un modo principal, practicando deliberada e intencionalmente algún acto sin el que no habría podido perpetrarse la infracción ; y los que, por violencia física, abuso de autoridad, amenaza u otro medio coercitivo, obligan a otro a cometer el acto punible, aunque no pueda calificarse como irresistible la fuerza empleada con dicho fin.
d) Elementos descriptivos y elementos normativos Los elementos objetivos del tipo pueden ser descriptivos o normativos. Elementos descriptivos  son aquellos para cuyo conocimiento y comprensión basta con el común saber empírico y lógico del hombre sobre sí mismo y sobre la realidad y fenómenos del mundo exterior, sin necesidad de recurrir a normas para conocer su significado. Los elementos normativos  del tipo requieren para el conocimiento y comprensión de su significado y alcance el conocimiento de alguna norma jurídica, social, ética, etc. a la que el elemento está remitiendo.
e) Elementos esenciales y accidentales del tipo Los distintos elementos del tipo generalmente son  esenciales , es decir, que su presencia o ausencia determina la tipicidad o total atipicidad.  Si los elementos típicos son  accidentales , su presencia da lugar a la existencia de un subtipo cualificado, como hemos visto anteriormente, privilegiado o agravado dependientes del tipo básico, por lo que si falla el elemento accidental que da lugar a la cualificación, no se produce la atipicidad, sino la reaparición del tipo básico.
f. Relaciones entre la acción y el resultado: la causalidad y la imputación objetiva 1.  Introducción :  En los delitos de resultado, sean tipos puramente resultativos o tipos de resultado pero con modalidades limitadas de ejecución, como sabemos, es necesario un resultado distinto de la acción y producido como consecuencia de ella. La relación que se establece entre la acción y el resultado viene definida por la causalidad y la imputación objetiva.
f. Relaciones entre la acción y el resultado: la causalidad y la imputación objetiva Por tanto, en los delitos de resultado la parte positiva del tipo como indicio del injusto específico del delito exige, para poder afirmar que con su conducta el sujeto ha  “matado”, “lesionado”, “dañado”,  etc., no sólo que la acción haya  “causado”  –influido o condicionado causalmente– el resultado, sino que haya  “producido como obra suya”  el resultado; y esto supone que conforme a determinados criterios normativos se puede atribuir, imputar el resultado como obra precisamente de un acción y no del azar o de otro factor.
f. Relaciones entre la acción y el resultado: la causalidad y la imputación objetiva Si falta la relación de causalidad o la imputación objetiva respecto del resultado,  las consecuencias son diversas para el delito comisivo doloso o para el imprudente : en ninguno de ellos habrá un delito consumado, pero mientras que en los delitos dolosos cabe la posibilidad de punición por  formas imperfectas de ejecución  (por tentativa acabada, inacabada, idonea o inidónea) en el delito imprudente, al no ser punibles tales formas imperfectas de ejecución, la consecuencia es la  impunidad .
2.  Concepto de causalidad: La causalidad es un  concepto ontológico , es una relación lógico-real de causa a efecto entre una acción y un resultado.  Para resolver la cuestión de si hay o no relación causal hay varias teorías pero la correcta es la teoría de la equivalencia de condiciones o de la  conditio sine qua non.
2.  Concepto de causalidad: Esta teoría está basada en el  concepto lógico científico de causa.  Sostiene que  toda condición del resultado es causa,  por secundaria, alejada o indirecta que sea; por tanto, todas las condiciones son equivalentes,  entendiendo por condición todo factor sin el cual no se produciría el resultado,  es decir, que lo condiciona.
2.  Concepto de causalidad: Como método auxiliar para decidir si algo es condición se utiliza la llamada  «fórmula hipotética»,   según la cual condición o causa es todo aquel factor (conducta, situación o hecho natural), que,  si se suprime mentalmente, da lugar a que también desaparezca el resultado.
Esta teoría sirve para resolver todos los casos problemáticos: tanto los cursos causales no verificables, que se solucionan con la admisión de una causalidad estadística, como los de causalidad acumulativa o concurrente o los cursos causales irregulares o anómalos, incluso los cursos causales o hipotéticos en los que igualmente hay que suprimir la acción que realmente se produce y no añadir la hipotética actuación alternativa.
El TS español ha defendido en múltiples sentencias la teoría de la condición, pero en ocasiones se ha empleado una peculiar versión jurisprudencial de la misma como es la fórmula de la  causa causae, causa causati ,  esto es, la causa de la causa es causa de lo causado. Esta fórmula es correcta, puesto que lo que es causa de la causa directa también lo es del resultado final.  Sin embargo, fue utilizada en  sentido versarista  para defender la pura responsabilidad por el resultado cuando hay un acto inicial ilícito y se quiere que se responda por él con base en esta teoría,  ya que la causa de la causa es causa del mal causado, aunque no haya ni dolo ni imprudencia.
Este argumento ataca frontalmente al  principio de responsabilidad subjetiva,  por lo que la tesis del TS español es inadmisible.  No obstante, además de la teoría de la equivalencia y su peculiar versión, el TS español ha aplicado  teorías individualizadoras   para restringir el amplio espectro de responsabilidades penales a la que aboca la teoría de la equivalencia de condiciones. Estas teorías sostienen que a efectos penales hay que operar con la misma distinción que se puede hacer ya en el plano lógico-real entre mera condición y causa, esto es,  diferenciar de entre el conjunto de condiciones de un resultado entre simples condiciones accesorias y auténticas causas.
De este  modo se niega la equivalencia de condiciones y se establece una jerarquía o gradación entre ellas.  Pero estas distinciones  no procede hacerlas en la causalidad,  pues todo lo que tenga que ver con la producción del resultado es causa sin medir su incidencia para la producción del resultado.  La incidencia e influencia o peso en la producción del resultado es una cuestión que queda reservada a la  imputación objetiva.
3 . Concepto de imputación objetiva . La relación entre la acción y el resultado no se define plenamente desde un sentido jurídico-penal con la relación de causalidad, sino que es necesario un segundo requisito adicional que es  la imputación objetiva del resultado a la acción conforme a criterios normativos jurídicos.   La causalidad nos señala las causas físicas de la producción del resultado,  la imputación objetiva nos señala de entre las causas físicas las causas jurídico-penales relevantes en la producción del resultado.
La imputación objetiva del resultado  es un requisito implícito del tipo en los delitos de resultado  y necesario para que se atribuya jurídicamente el resultado a la acción y haya por tanto consumación.  En los  delitos comisivos , la imputación objetiva presupone inexcusablemente la relación causal material entre la acción y el resultado, pues sin relación de causalidad, no se puede discutir si quiera la imputación jurídica de ese resultado.  En cambio en los  delitos de comisión por omisión  no hay causalidad material entre la conducta omisiva y el resultado, pero sí imputación objetiva de éste a la omisión conforme a criterios estrictamente normativos.
Por imputación objetiva del resultado debe entenderse que el mismo puede  jurídicamente   (teleológico-valorativamente)  atribuirse a una acción como obra suya, y no como obra o producto del azar;  lo cual es necesario para el indicio de antijuridicidad (penal) que en principio supone la conducta que realiza el tipo en sentido estricto o tipo positivo. Para afirmar la imputación objetiva deben cumplirse una serie de requisitos que son los que dan contenido a la imputación objetiva del resultado.  Si alguno de los siguientes requisitos no concurriese no se podría afirmar la imputación objetiva del resultado:
a) Adecuación. La acción causante del resultado debe ser adecuada para ello, por lo que se exige que  ex ante  sea  objetivamente previsible  que con esa forma de actuación se pueda causar el resultado  en la forma concreta en la que se produjo .  La posibilidad de prever la causación del resultado ha de existir  ex ante , con los datos conocidos y cognoscibles en el momento de la acción y en ningún caso con un «pronóstico posterior», es decir, retrotrayéndose al momento de la acción pero con los datos conocidos  ex post , tras producirse el resultado.
La previsibilidad debe ser  objetiva : la del hombre medio ideal (o el buen profesional o experto), inteligente y cuidadoso, colocado en la posición del autor y con los conocimientos de éste. Lo decisivo es si con esa previsibilidad objetiva el sujeto medio ideal hubiera podido prever el resultado.
No cuenta la previsibilidad subjetiva o individual que alteraría el análisis, ya que dependería de la excitación o alteración del sujeto o de su menor cultura o inteligencia; por tanto, estas circunstancias personales deben evaluarse en un momento posterior y en sede de culpabilidad.
Según lo expuesto, los especiales conocimientos que pueda tener el sujeto concreto se añaden a los conocimientos empíricos y nomológicos del hombre medio ideal; en cambio la menor capacidad y conocimientos del sujeto concreto no le restan los suyos al hombre medio ideal.
Otra cuestión problemática y a tener en cuenta es la cuestión del  grado de posibilidad de la causación  que es necesaria para que se pueda entender que el resultado es previsible para el hombre medio ideal.  Hay varias interpretaciones. La más correcta parece ser aquella que sostiene que adecuación y previsibilidad significan que se pueda contar con la producción del resultado como algo no anómalo conforme a las reglas de la común experiencia.
Por otra parte tiene que haber  adecuación de la acción y adecuación de la causación al resultado .  La propia acción ha de ser en sí misma adecuada para producir ese tipo de resultados, es decir debe generar el riesgo o el peligro de producción del resultado descrito en el tipo.
De ello se deduce, que si una acción no peligrosa, realizada con dolo o con imprudencia, pese a todo produce el resultado, éste no se imputa jurídicamente a la acción,  ya que no es producto de una creación de peligro relevante, sino de la pura casualidad. En estos casos sólo se castigará al sujeto si actuó con  dolo  y por una  tentativa inidónea .
Pero puede ocurrir que  aunque la acción sea adecuada, no sea sin embargo previsible  ex ante  un curso causal así y que causara el resultado concreto de ese modo , p.ej. si el disparo dirigido al corazón termina dando en el corazón después de un rebote múltiple contra el suelo y el techo. En estos casos, por tanto, no habrá tampoco imputación objetiva del resultado a la acción y sólo se podrá castigar por la  tentativa  si el sujeto activo ha actuado con dolo.
b) Fin de protección de la norma y realización del peligro inherente a la acción inicial. La realización del peligro inherente a la acción inicial es un  subcriterio del fin de protección de la norma.   Con aquel criterio, también llamado de la  relación de riesgo , se exige una cierta probabilidad del resultado cuando se lleva a cabo una determinada acción y que la norma precisamente pretende evitar al tipificarlo (Fin de protección de la norma).
Así p.ej. no se realizan el peligro inherente a la acción en los casos en los que hay un error en el curso causal por desviación o causalidad adelantada, como sucede si se apuñala a otro en el tórax con ánimo homicida, pero la víctima muere no por la puñalada, que no alcanza órganos vitales, sino porque el cuchillo estaba envenenado.
Como se ve la concreta realización del resultado lesivo no se produce por el riesgo inherente a la acción, que es la de acuchillar, y por tanto la muerte tal y como se produce no puede ser imputada a la acción: no es el resultado propio de los peligros que crea una acción de apuñalamiento, sino de envenenamiento.
Como hemos dicho el requisito de la realización del peligro es un subcriterio del  fin de protección de la norma ,  que es un criterio interpretativo más amplio y que excluye la imputación objetiva cuando se producen resultados que no coinciden con el fin de la norma.
Así se afirma por un sector que no hay imputación objetiva en los supuestos de  «segundos daños»  por no abarcar la finalidad de la norma tales resultados, p. ej. cuando tras un choque en cadena en la autopista provocado por la imprudencia de un automovilista, luego se producen más daños, lesiones o muertes por un nuevo choque de otro vehículo contra los primeros accidentados; o en los supuestos de  «resultados sobrevenidos muy posteriormente»,  como en la muerte producida tras muchos años.
En cualquier caso, estamos ante un criterio interpretativo que abre varias posibilidades y vías de solución o de exclusión o no de la imputación objetiva, dependiendo de las características del caso concreto.
ANALISIS DE LECTURA Aproximación a la teoría de la imputación objetiva Dr. Manuel Cancio Meliá
Material de casos   1. El sobrino S desea adelantar el momento en el que pueda suceder a su tío T en su cuantiosa fortuna, ya que éste le ha instituido heredero universal. Puesto que no quiere hacer uso de medios más expeditivos para alcanzar su objetivo, S sugiere a tal efecto a T -argumentando su preocupación por su delicada salud- que dé un paseo diario. Con cariñosa insistencia comprueba que su tío cumple con su recomendación. Previamente, S ha averiguado que el paraje que señala a T para el paseo es el de mayor incidencia estadística de tormentas en los alrededores, además de que la hora recomendada a T para el ejercicio sea la de mayor concentración de descargas eléctricas a lo largo del día. Al cabo de unos meses, su plan surte efecto: T es alcanzado por un rayo mientras da su paseo diario y muere en el acto.
2. El empresario Mr. E dedica gran parte de su tiempo libre a la biología marina, habiendo alcanzado incluso el grado de doctor en biología. Al inagurar Mr. E una nueva planta de producción de celulosa de su propiedad, situada en la ribera de un río, el Dr. E piensa fugazmente en que la población de cangrejos fluviales irremediablemente desaparecerá por efecto de los vertidos de la nueva fábrica. En efecto, al cabo de unos meses, los cangrejos  prácticamente han desaparecido, lo que afecta muy gravemente al equilibrio del sistema ecológico de la fauna del río en su conjunto, como constata consternado el Dr. E. Sin embargo, Mr. E previamente había solicitado y obtenido de modo plenamente acorde con las disposiciones legales y reglamentarias los pertinentes permisos para iniciar la nueva actividad industrial.
3. El estudiante de arquitectura EA trabaja en sus vacaciones de verano como peón de albañil con la intención de adquirir la perspectiva del personal de ejecución de obra como valioso complemento para su formación como arquitecto. Estando trabajando en la obra de una vivienda unifamiliar, EA recibe del jefe de obra el encargo de preparar con hormigón armado la estructura del techo de la casa. Un rápido vistazo a los parámetros del techo muestra a EA -que fue merecedor de las más elevadas calificaciones en la correspondiente asignatura de su carrera universitaria- que el cálculo de la estructura es erróneo, de modo que parece seguro que la futura casa acabará derrumbándose. Aún así, EA, quien teme roces con el jefe de obra si le advierte del error, decide guardar silencio y se limita a ejecutar las instrucciones que se le han dado. Al cabo de dos años, EA lee en la prensa que la casa que él contribuyó a levantar aquel verano se ha derrumbado, enterrando bajo sus escombros a un grupo de niños de corta edad que jugaban en una de las estancias del edificio, convertido en jardín de infancia.
4. C, contable de una empresa, recibe de la dirección de la misma la orden de desglosar los ingresos del año fiscal en curso en dos partidas diferentes, que debe titular "blanco" y "negro". C es consciente de que la segunda de las partidas no aparecerá nunca en las declaraciones tributarias de la empresa, como así efectivamente sucede.
5. A vende a B una cantidad pequeña de heroína. Debido a las habituales oscilaciones del mercado, la sustancia es de extraordinaria pureza, lo que desconocen tanto A como B. B consume la heroína y muere.
6. A y B, que no se conocían hasta ese momento, coinciden una noche en un local de baile. Después de entablar conversación, bailar, pasear, etc., mantienen relaciones sexuales sin hacer uso de un preservativo. A sabe que es portador(a) del virus de inmunodeficiencia humana, pero no menciona esa circunstancia. B resulta contagiad@.
7. A agrede a B con un arma blanca, clavándosela en el tórax. Trasladado B con urgencia a un centro hospitalario, el médico M comunica a los familiares de B que en principio no hay que temer por su vida. Sin embargo, M ordena la administración a B de un medicamento que facilita la coagulación sin llevar a cabo previamente -como es preceptivo de acuerdo con el actual estado de la ciencia médica- un análisis de sangre para verificar la tolerancia al medicamento. B sufre un  shock  y muere.
8.  El médico M receta a un grupo de sus pacientes como único tratamiento un medicamento destinado a combatir varias enfermedades graves que padecen las distintas personas tratadas. Al cabo de algún tiempo, varios de los pacientes descubren que el "medicamento" recetado por M jurídicamente no tiene tal consideración, pues ni se han realizado los estudios clínicos preceptivos, ni se ha solicitado la correspondiente licencia a las autoridades sanitarias. Ocho pacientes mueren durante el "tratamiento" a consecuencia de sus respectivas dolencias. Consultado un perito médico respecto de estos fallecimientos, afirma que es científicamente imposible saber si los pacientes muertos hubieran sobrevivido de haberseles dado un tratamiento conforme a la  lex artis .
Todos estos supuestos tienen en común  -aparte de que concurren conductas y resultados que presentan la apariencia de poder integrar diversos tipos delictivos-  dos circunstancias:   por un lado , que los sujetos que intervienen como posibles responsables jurídico-penales disponen de  conocimientos -actuales o potenciales-  que impiden pensar que lo acontecido fuera subjetivamente imprevisible.  Por otro , que respecto de todos ellos se ha propuesto en la doctrina su resolución  absolutoria  a través de la teoría del tipo objetivo, precisamente, haciendo uso de la teoría de la imputación objetiva.
Evolución y alcance de la teoría de la imputación objetiva   FORMULA La teoría de la imputación objetiva suele condensarse en la siguiente fórmula:  el tipo de un delito de resultado sólo queda cumplido cuando la conducta sometida a análisis a) ha generado un "riesgo jurídicamente desaprobado" y b) este riesgo se ha "realizado en el resultado".
FORMULA Partiendo de esta fórmula de aplicación, a pesar de concurrir una relación de causalidad entre conducta y resultado, hay que negar la concurrencia de la tipicidad, por ejemplo, en los casos del sobrino (nº 1) o del empresario propietario de una planta contaminante (nº 2) por ausencia del primero de los elementos, una creación desaprobada de un riesgo. En cuanto al segundo elemento -la realización del riesgo-, éste falta, por ejemplo, respecto del agresor con arma blanca del caso del error médico (nº 7).
FORMULA Esta fórmula es la que se encuentra más extendida y es usada, por ejemplo, por el Tribunal Supremo español.  Roxin  -quien puede ser considerado el principal autor en el desarrollo de la moderna teoría de la imputación objetiva- propone un modelo sustancialmente equivalente, al que se le añade, sin embargo, un escalón adicional de análisis: además de comprobar la creación y la realización de un riesgo jurídicamente desaprobado,  debe verificarse que el resultado entre dentro del "alcance del tipo".
FORMULA En este paso sistemático, ha de comprobarse que -a pesar de la concurrencia de una relación de causalidad y de la creación y realización del riesgo-  el resultado acaecido realmente sea uno de los que el tipo penal en cuestión pretende evitar:  con base en diversas consideraciones valorativas, se afirma que ello puede ponerse en duda, por ejemplo, en casos como el del contable (nº 4) o los de la heroína (nº 5) o de la transmisión de VIH (nº 6).
EVOLUCIÓN   En la modalidad en la que es aplicada, desarrollada y discutida en la actualidad, no cabe duda alguna de que la teoría de la imputación objetiva es debida en lo fundamental a varios artículos de  Roxin  publicados a principios de los años setenta del siglo pasado (sobre los antecesores más remotos de esta doctrina mucho habría que discutir; baste ahora acotar que hay establecida una especie de  "genealogía oficial",  centrada en  Larenz  y  Honig ,  que deja fuera de consideración aportaciones tanto o más relevantes que las de estos dos autores).
A partir de las contribuciones de  Roxin , la teoría de la imputación objetiva -primero en Alemania y después en el ámbito de habla española- fue desarrollando una verdadera  marcha triunfal , reservada a muy pocas construcciones dogmáticas de la Parte General.
Se fue iniciando una auténtica  marea de publicaciones  -de unas dimensiones tan considerables que han permitido a  Schünemann  equiparar la discusión generada con la confrontación entre causalismo y finalismo-, y con una  rapidez inusitada,   la nueva doctrina comenzó a ser aplicada por los tribunales.
Este proceso desarrollado en el ámbito de habla  alemana  se reprodujo primero en  España  y ha comenzado después -dejando de lado la influencia en la  doctrina italiana-  también en diversos países de  América latina .
En esta evolución también constituye un hecho sorprendente el que  apenas haya que constatar la existencia de resistencias teóricas en la doctrina ; si se prescinde de algunas  voces críticas provenientes del campo del finalismo , es muy llamativa la facilidad con la que la nueva doctrina ha sido incorporada a diversas construcciones dogmáticas.
Líneas básicas de la teoría de la imputación objetiva   Planteamiento La doctrina mayoritaria suele concebir la teoría de la imputación objetiva como una  teoría de imputación  del resultado .  Sin embargo, como acaba de señalarse, ello no se compadece con la propia  praxis  de la doctrina dominante, que incluye en este marco teórico consideraciones en realidad pertenecientes a  la determinación de la conducta típica.
Por ello, un creciente sector doctrinal –en el que hay que destacar las aportaciones de  Frisch  y  Jakobs -  ha propuesto orientar la teoría de la imputación objetiva para entenderla como  revisión de la teoría del tipo objetivo.
Se pasa así de la imputación del resultado a la imputación de la conducta como típica.
Desde el punto de vista aquí adoptado,  ésta es la visión correcta de la teoría de la imputación objetiva :  se trata de definir la conducta típica, más allá de elementos fáctico-naturales y de accidentes particulares de la infracción, normativamente como conducta con significado (objetivo) típico.
Vista desde esta perspectiva,  el peso esencial de la teoría  –aplicable a cualquier infracción-  estaría en los mecanismos dogmáticos de la  imputación de la conducta  como típica , pasando los problemas de  imputación objetiva del resultado  a convertirse en una especialidad de los delitos de resultado.
Vista así, la teoría de la imputación objetiva  es la traducción dogmática en la teoría del tipo de las corrientes jurídico-dogmáticas funcionales de las últimas décadas.
Cabe afirmar, de acuerdo con lo antes expuesto, que  toda la teoría de la imputación objetiva responde a dos raíces distintas : por un lado,  se trata de determinar si las características de la conducta llevada a cabo por el autor se corresponden con la previsión del tipo . Por otro lado,  en los delitos de resultado, se trata de comprobar –una vez verificado el carácter típico de la conducta- si el resultado conectado causalmente a esa conducta puede reconducirse normativamente a ésta, es decir, si también el resultado es típico.
A estas dos raíces responden los dos niveles de análisis que a continuación se proponen:  imputación objetiva del comportamiento e imputación objetiva del resultado.
Imputación del comportamiento   En este nivel de análisis, como se acaba de señalar,  ha de comprobarse que la conducta en cuestión responde a los parámetros normativos generales del tipo objetivo.
Desde el punto de vista aquí adoptado, estas características generales pueden resumirse en tres instituciones dogmáticas:  riesgo permitido, prohibición de regreso  e  imputación al ámbito de responsabilidad de la víctima.
Estas instituciones deben entenderse no como puntos de vista aislados, sino como  verdaderos escalones sucesivos de análisis:  el orden de examen responde a una  clasificación progresiva de lo más genérico a lo más específico ; en cada una de las instituciones van introduciéndose, como se verá, más datos del contexto del comportamiento enjuiciado.
La  comprobación sucesiva de estos escalones de análisis conduce, en caso negativo   (no hay ni riesgo permitido, ni prohibición de regreso, ni imputación al ámbito de responsabilidad de la víctima),   a la afirmación de la tipicidad del comportamiento.
a) Riesgo permitido Entre el sector de la doctrina que ha adoptado la teoría de la imputación objetiva, puede decirse que hay un consenso fundamental -si bien con múltiples diferencias en la confi­guración concreta- a la hora de aceptar que  en el marco de la realización de actividades arriesgadas existen determinados espacios que ya desde un principio no se hallan abarca­dos por las normas penales de comportamiento por responder a una configuración vital que es tolerada de modo general;  las conductas realizadas en ese marco están cubiertas por un  riesgo permitido .
Bajo este rótulo se agrupan  dos grandes grupos de casos  (dejando de lado los supuestos que suelen asignarse al llamado “principio de confianza”):  por un lado  –y a este campo suelen dedicarse las mayores consideraciones en la doctrina-,  aquellos supuestos en los que una actividad generadora de riesgos es permitida en determinadas circunstancias, bien existiendo una reglamentación expresa  (por ejemplo: el tráfico rodado, el funcionamiento de industrias, la realización de competiciones deportivas, etc.; vid. el caso nº 2)  o sin tal reglamentación  (las “normas de cuidado” conocidas del delito imprudente: los supuestos de  lex artis  en la actividad médica, en la construcción, las precauciones en la educación de los hijos, etc.).
Por otro lado , sin embargo, también deben incluirse aquí  aquellos supuestos en los que el elemento preponderante es la normalidad social de la conducta generadora de riesgo  (por ejemplo, en el supuesto del sobrino que envía a su tío a pasear bajo la tormenta, nº 1), sin que exista una reglamentación en términos cuantitativos de “niveles de riesgo” medidos en velocidades, emisiones, estándares explícitos de conducta, etc. Parece claro que este segundo grupo de supuestos se aprehende mucho mejor desde una perspectiva que no esté obcecada por el curso causal y, por el contrario, tenga en cuenta las cualidades normativas de la conducta incriminada.
En este contexto, se suele hablar, según los casos, de que  no concurre un "riesgo jurídicamente relevante"  -especialmente, en las actividades socialmente normales o con una conexión muy débil con el posterior resultado  ("cursos causales irregulares")-  o que se trata de un  "riesgo permitido"  -especialmente, cuando se trata de una actividad que genera riesgos, pero está permitida de modo general-,  de manera que la conducta en cuestión, en última instancia,   conlleva un riesgo que no es típicamente relevante.
Aquí se parte -con aquel sector de autores que puede considerarse que configura la doctrina mayoritaria- de la idea de riesgo permitido como aquella institución dogmática que determina el  "estado de interacción normal"  ( Jakobs ) en el trato de determinados riesgos -en el sentido de que se trata de una determinación general para determinados tipos de actividad,  no vinculada (a diferencia del ámbito de la justificación) al contexto particular-,  y, en ese sentido,  implica la legitimación de espacios generales de libertad de actuar, en cuanto elemento del tipo objetivo  (de los delitos dolosos  e  imprudentes, como muestran los casos nº 1 y nº 2).
b) Prohibición de regreso Esta institución, que no tiene prácticamen­te nada en común -en cuanto a la formulación dogmática- con la antigua idea de prohibición de regreso como interrupción del curso causal en casos en los que con posterioridad a una conducta imprudente se produce un comportamiento doloso,  ha sido desarrollada como parte de la teoría de la imputación objetiva en los últimos tiempos sobre todo por  Jakobs .
Según el punto de vista de este autor, "...el carácter conjunto de un comportamiento no puede imponerse de modo unilateral-arbitrario. Por tanto,  quien asume con otro un vínculo que de modo estereotipado es inocuo, no quebranta su rol como ciudadano aunque el otro incardine dicho vínculo en una organización no permitida.  Por consiguiente,  existe una  prohibición de regreso  cuyo contenido es que un comportamiento que de modo estereotipado es inocuo no constituye participación en una organización no permitida."
Como casos en los que puede ser de aplicación esta institución se mencionan habitualmente  supuestos en los que existe una aportación inicial subjetivamente dolosa, pero objetivamente ambivalente ,  a un posterior desarrollo delictivo o a una autolesión:  así, por ejemplo, cuando el empleado de una gasolinera llena el depósito de combustible de un automóvil cuyas cubiertas se encuentran de modo tan evidente en mal estado que es palmario que va a producirse un accidente (que produzca lesiones al conductor o a los ocupantes del vehículo, o a otros terceros) si se sigue circulando con el vehículo, esta aportación causal del empleado no puede dar lugar a una responsabilidad por un delito de lesión -doloso o imprudente, dependiendo del lado subjetivo.
Lo mismo sucede si un sujeto -sin tener ningún tipo de conocimientos sobre el particular- afirma en una reunión social que en el mes de marzo, en determinada zona de montaña, suele haber una temperatura muy alta, lo que alguien que le escucha toma como base para realizar una excursión a esa zona con un equipo de verano, por lo que sufre lesiones por congelación o de ese modo provoca que las sufran sus hijos de corta edad que lo acompañan.
A este contexto pertenecen, en los casos mencionados inicialmente, los supuestos 3 y 4: a pesar de que existe una contribución con efectos causales, está en cuestión que –a pesar de la previsión del posterior acontecer que puede ser delictivo-,  sit venia verbo , por mucha mala voluntad que haya.
Como parece claro, las dificultades aparecen cuando se trata de establecer  los  límites  de la prohibición de regreso.  Hay casos en los que resulta prácticamente evidente  que la conducta del primer sujeto en actuar no puede ser interpretada en ningún caso  -con independencia de las intenciones o deseos del sujeto-  como una provocación delictiva de la ulterior conducta delictiva.
Sin embargo, por ejemplo, si en el caso de la información incorrecta acerca de las condiciones metereológicas que se acaba de plantear  se trata de un sujeto que hace la afirmación en cuestión siendo el responsable de protección civil de la zona y, concretamente, al ser preguntado al respecto por la víctima  -aunque se produzca la pregunta igualmente en el marco de una reunión informal-, puede que la situación sea distinta y que su conducta pueda vincularse a la lesión que posteriormen­te se produce.
Desde la perspectiva aquí adoptada, en conclusión, puede decirse que el ámbito de la prohibición de regreso queda diferenciado del correspondiente al riesgo permitido por el hecho de que -una vez determinado el ámbito en el que existe un significado unívoco no delictivo de la conducta del autor-  la conducta del autor, como se ha visto, queda desvinculada del posterior desarrollo lesivo con independencia de la cognoscibilidad o conocimiento por parte del autor del mismo.
Es decir, que la prohibición de regreso opera de modo completamente contra­fáctico.  Dicho de otra manera, se trata de conductas ambivalentes en su significado -desde el punto de vista natural-externo- respecto de las cuales cabe establecer un significado objetivo vinculante.
c) La imputación al ámbito de responsabilidad de la víctima   La tercera y última institución de la imputación del comportamiento se refiere a  la relevancia que puede tener para la tipicidad de la conducta de un sujeto que en la realización de la misma haya intervenido de algún modo el sujeto que resulta lesionado posteriormente, la “víctima” (al menos aparente) de ese comportamiento.
Bajo determinadas circunstancias, que pasan a delinearse a continuación, esta intervención puede afectar a la calificación que merece la conducta del primer sujeto,  eliminando su carácter típico, al entrar lo sucedido en el  ámbito de responsabilidad de la víctima .
Esta cuestión es la que quizás  más producción bibliográfica  ha motivado en relación con la teoría de la imputación objetiva, y, en todo caso, es la que  mayores repercusiones ha generado en la jurisprudencia de diversos países.
Realizando una primera ordenación del material de casos, puede decirse que en los últimos tiempos han atraído la atención de la doctrina jurídico-penal en este contexto sobre todo  dos grupos de casos.
Por un lado ,  supuestos en los que en la génesis del riesgo que acaba lesionando a la víctima han intervenido tanto la víctima como el autor.  A este respecto, se han planteado, por ejemplo, los casos en los que se hace entrega a alguien de una determinada cosa o sustancia -por ejemplo, de un medicamento, de una máquina o de una sustancia estupefaciente (como en el caso nº 5)-, y el receptor resulta lesionado al hacer uso del objeto o consumir la sustancia. También han despertado mucho interés los supuestos en los que se produce un contagio de una persona a otra de una enfermedad mortal -en particular, del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (caso nº 6)- o las numerosas constelaciones de casos en las que en el tráfico rodado quien re­sulta lesionado por una colisión se ha comportado de alguna manera de modo descuida­do.
Por otro lado , se han debatido numerosos su­puestos en los que  la conducta descuidada de la víctima se pro­duce después de un comportamiento del autor que lesiona o pone en peli­gro los bienes de ésta.  Así, por ejemplo, en los casos en los que una víctima lesionada por un ataque doloso del autor descuida sus heridas o se niega a recibir tratamiento médico.
Como punto de partida previo a la construcción dogmática, por lo tanto,  el principio de autorresponsabilidad consiste en el reconocimiento de libertad de organización,  y, correlativamente, en la atribución de una responsabilidad preferente al titular de los bienes.
La activi­dad generadora del riesgo debe ser imputada al ámbito de responsabilidad preferente de la víctima, en la me­di­da en que -en primer lugar-  la actividad perma­nezca en el ámbito de lo or­gani­zado conjun­ta­mente por autor y vícti­ma,  -en segundo lugar-  la conducta de la víctima no haya sido instru­menta­lizada por el autor, por carecer ésta de la res­pon­sabilidad o de la base cogniti­va ne­ce­sa­rias para poder ser con­sidera­da autorrespon­sable , y -finalmente, en tercer lu­gar-  el autor no tenga un deber de protección espe­cífico fren­te a los bienes de la víctima.
Cumpliéndose los criterios acabados de exponer, puede afirmarse que  la conducta del “autor” no es objetivamente imputable  –a pesar de no concurrir ni un riesgo permitido ni una prohibición de regreso-   en supuestos como la entrega de estupefacientes u otras sustancias peligrosas, las conductas conjuntas arriesgadas en el marco del tráfico rodado, como las competiciones irregulares o el hecho de que un conductor ebrio transporte a otro sujeto, o determinados casos en los que se produce un contagio de una peligrosa enfermedad.
La imputación objetiva del resultado   Como ha señalado con particular claridad  Jakobs , de lo que se trata en este segundo escalón de análisis es de  explicar  el resultado lesivo producido.  Sólo podrá considerarse el resultado consecuencia de la conducta típica cuando ésta aparezca como el factor causal determinante del resultado.  En este sentido, como es natural, esta cuestión adquiere relevancia cuando concurre junto al comportamiento típico  otra  explicación alternativa, como puede ser un accidente o la conducta de otro sujeto.
b) Criterios de interrupción del nexo de imputación En lo que sigue, se examinarán algunas de las constelaciones de casos que suelen plantearse en la doctrina en este contexto -también aquí, desde luego, sin ánimo de exhaustividad- con mayor frecuencia:  por un lado , dos cuestiones previas: en primer lugar,  la relevancia de las formulaciones hipotéticas para determinar la conexión entre conducta y resultado,  en segundo lugar,  la problemática que genera el transcurso de un largo lapso de tiempo entre la realización de la conducta típica y la producción del resultado.
Por otro lado , la problemática de la imputación de resultados en sí, es decir,  la existencia de riesgos concurrentes junto al generado por la conducta típica.  Aquí, la línea directriz está en la identificación del riesgo que aparezca como explicación del resultado. En primer lugar, han de abordarse, los supuestos de interrupción del nexo de imputación, bien por riesgos que forman parte de la normalidad social, de lo que se podría llamar “riesgo vital”, bien por riesgos generados por la intervención de otros sujetos que introducen riesgos nuevos con posterioridad a la conducta típica inicial.
Las hipótesis, los supuestos de “comportamiento alternativo ajustado a Derecho” y la doctrina del incremento del riesgo   Desde mucho antes del surgimiento de la teoría de la imputación objetiva -en el marco de la relación de causalidad- viene discutiéndose en la doctrina (y en resoluciones judiciales) acerca de la relevancia que debe corresponder en la valoración de un hecho, concretamente, en la atribución de un resultado a una conducta,  a  consideraciones hipotéticas  de haberse producido circunstancias al menos parcialmente distintas.
La fórmula hipotética más extendida en la imputación del resultado incorpora a ésta no cualesquiera otras hipótesis,  sino sólo la hipótesis de qué hubiera sucedido si el autor se hubiera comportado correctamente (" comportamiento alternativo ajustado a Derecho ").
En este sentido, se dice -por parte de la doctrina tradicional-  que el resultado no resulta imputable cuando éste se hubiera producido con probabilidad rayana en la certeza aunque el sujeto se hubiera comportado correctamente . Esta fórmula plantea especiales dificultades cuando precisamente no es seguro lo que hubiera sucedido.
así, por ejemplo, cuando un médico prescribe equivocadamente un determinado medicamento (por ejemplo, por tratarse de un medicamento con efectos secundarios que ha sido sustituido en la  lex artis  por otros más modernos), el paciente muere, y un posterior dictamen pericial indica que la muerte quizás también se hubiera producido de haberse recetado el medicamento indicado por la  lex artis , al mostrar el paciente -sin que ello pudiera percibirse- una acusada sensibilidad hacia todos los medicamentos de esta clase, permitidos y no permitidos. Es a este contexto al que pertenece también el caso aquí presentado en último lugar.
Para resolver estos supuestos, frente a la doctrina tradicional que exige la concurrencia de una probabilidad rayana en la certeza respecto de la evitación de haberse comportado el autor correctamente, un nutrido grupo de autores –encabezado precisamente por  Roxin -   propone imputar el resultado aunque no sea seguro que la conducta ajustada a Derecho hubiera evitado el resultado.
Conforme a esta  " teoría del incremento del riesgo ",  una vez que se ha comprobado que el autor generó un riesgo desaprobado -y que no es seguro que su ausencia no hubiera evitado el resultado-  debe imputarse el resultado como realización del riesgo típico, ya que no sería lícito disgregar artificiosamente el riesgo que se realiza en el resultado en un segmento permitido  (en el caso referido: el riesgo derivado -por la constitución delicada del paciente- de la administración de cualquier medicamento, específicamente, de los medicamentos indicados por la  lex artis )  y uno no permitido  (la administración de un medicamento no indicado).
Más allá de la formulación de hipótesis lo que procede es  determinar si la norma de cuidado infringida estaba dirigida a la evitación del resultado en cuestión, es decir, si su respeto sirve a evitar de modo planificable ese tipo de resultados .
En el caso al que se está haciendo referencia, parece claro que la exclusión de determinados medicamentos de los que resultan indicados para su prescripción está destinada a evitar daños en el paciente.  Lo que sucede en el caso es que se desconoce si es ese riesgo (evitable de modo planificable mediante la no prescripción) el que se ha realizado, o, por el contrario, el riesgo general (no evitable mediante la no prescripción) que conlleva la administración de  todo  medicamento, también de los indicados, es decir, el riesgo que podemos denominar  "hipersensibilidad del paciente".
Así las cosas, lo que sucede es que  no hay prueba  de que fuera efectivamente la conducta típica la que produjo el daño: mientras que la doctrina tradicional hace un uso tautológico de hipótesis, la doctrina del incremento del riesgo cae en un error igualmente grave:  infringe el principio  in dubio pro reo  y convierte un delito de resultado en una infracción de peligro.
- La relevancia del transcurso del tiempo entre conducta y resultado   Existe un numeroso grupo de constelaciones de casos que vienen planteándose en la doctrina bajo la rúbrica de “daños consecuenciales” o "derivados" y cuyo denominador común está en que, una vez realizada la conducta típica, el resultado se produce después de transcurrido un considerable lapso, es decir,  que el daño es “consecuencia” de la conducta del autor, pero no una consecuencia inmediata en el tiempo.
En este contexto, puede pensarse en dos grandes grupos de supuestos: por un lado,  aquellos en los que existen lesiones de carácter permanente o transitorio producidas por el autor que un tiempo después  –por ejemplo, años más tarde- son la base de un ulterior daño: el sujeto lesionado, que quedó paralítico por una lesión producida, no puede salir de un edificio en llamas décadas después; la niña que es ingresada en un hospital por un envenenamiento producido por una prescipción farmacéutica inadecuada y muere por una infección en el hospital.
Por otro lado, aquellos casos en los que  las lesiones iniciales conducen por su propia naturaleza a un proceso lento al final del cual está un ulterior daño : así, por ejemplo, enfermedades como el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, o un envenenamiento o una contaminación con sustancias radioactivas que producen la muerte muchos años después.
El tratamiento de ambos grupos de constelaciones es diferente. En el primer grupo de casos se trata de  supuestos de concurrencia de riesgos;  es decir, se trata de determinar si el riesgo surgido con posterioridad (el incendio y la imposibilidad de escapar, la infección) interrumpen el nexo de imputación. Tan sólo hay que señalar que la existencia de determinados daños permanentes, como es lógico, imponen ciertas precauciones exigibles a la víctima.
En el segundo grupo de casos, sin embargo,  no hay tal concurrencia de riesgos: el riesgo inicial es el que se realiza, sólo que después de un lapso muy considerable . A este mero transcurso del tiempo se le ha atribuído distinta relevancia en la doctrina; mientras que unos piensan que el mero paso del tiempo no afecta  per se  a la imputación del resultado, otros quieren excluir esta imputación, al menos respecto de determinadas constelaciones de casos; también se ha propuesto estimar una reducción del injusto en atención a que no se trata de supuestos de destrucción inmediata de la vida, sino de acortamiento de ésta.
Parece claro que los inconvenientes procesales que puedan derivar del gran lapso de tiempo existente entre la conducta del sujeto y la lesión no pueden hacer desaparecer sin más el vínculo entre riesgo y resultado: en efecto, lo que atribuye, por ejemplo, gravedad precisamente al VIH no está en las molestias o enfermedades oportunistas que va produciendo, sino el desenlace final después del colapso del sistema inmunológico.  Sí parece razonable, sin embargo, pensar en una disminución de la pena por reducción del injusto.
Riesgos concurrentes   Finalmente, ha de abordarse brevemente el campo en el que en realidad se produce el proceso normativo de imputación del resultado: aquel en el que  compiten dos riesgos por ser identificados como los decisivos respecto del resultado, como posibles explicaciones de éste . En primer lugar, cabe identificar un sector de supuestos en los que ya desde un principio parece claro que el riesgo creado por el autor carece de relación con el resultado producido, pues aunque existe una conducta típica por parte del autor, el riesgo que se realiza en el resultado es otro distinto (cuestión que suele abordarse frecuentemente bajo el rótulo del “fin de protección de la norma de cuidado”).
Se debe llegar a esta conclusión, en principio, en dos ámbitos:  en primer lugar , puede suce­der que el riesgo creado por el autor sólo contri­buya de modo causal a la producción del resulta­do, pero que en realidad se realice un  riesgo general de la vida .  Esta posibilidad concurre, por ejemplo, si un sujeto secuestra a la vícti­ma y ésta muere en un acciden­te de circulación -inevi­table- duran­te el secues­tro: no hay, en puridad de términos, si­quiera un riesgo típicamente relevante de muer­te.
A este contexto pertenecen también los daños derivados de una conducta delictiva mediados por una gran impresión emocional: en los llamados casos de  shock ;  si, por ejemplo, al tener conocimiento un padre de la muerte por homicidio de su hijo, sufre un ataque al corazón, esta lesión no le resulta atribuible al autor del homicidio.
Por otro lado, aún en casos en los que sí existe tal riesgo inicial –por ejemplo, en el frecuentemente citado caso en el que la víctima muere, después de ser apuñalada, camino del hospital en la ambulancia a causa de un accidente de circulación-,  el resultado no resulta imputable  –sí una tentativa cuando se trata de una conducta dolosa- cuando ese riesgo inicial se ve sustituido por otro riesgo concurrente que forma parte de los riesgos generales de la vida –en el caso de la ambulancia: el riesgo “tráfico rodado”-.
Parte subjetiva del tipo a)  Dolo e imprudencia.   Por último encontramos dentro del tipo positivo, la parte subjetiva del tipo. La parte subjetiva del tipo puede venir conformada por el dolo o/y la imprudencia y además, en algunos tipos, por elementos subjetivos del tipo o del injusto.
El tipo de injusto requiere siempre una parte subjetiva, lo que se denomina  desvalor de la intención   desde la perspectiva de la antijuridicidad .  Sin la parte subjetiva del tipo es imposible fundamentar la responsabilidad penal que se basa en una responsabilidad subjetiva.
b)  Elementos subjetivos del injusto. Son ánimos o fines específicos distintos del simple dolo y requeridos expresamente por la descripción legal, sin los cuales la conducta no está penalmente prohibida por no ser ni típica ni antijurídica.  Así p.ej. el ánimo de apropiación en el hurto (art. 549 CP), el  animus iniurandi  en la injuria (art. 489 CP).
HURTO Art. 547.‑  Son reos de hurto los que, sin violencias ni amenazas contra las personas, ni fuerza en las cosas, sustrajeren fraudulentamente uno cosa ajena,  con ánimo de apropiarse.
INJURIA Art. 489.‑  La  injuria  es: Calumniosa , cuando consiste en la falsa imputación de un delito; y, No calumniosa , cuando consiste en toda otra expresión proferida en descrédito, deshonra o menosprecio de otra persona, o en cualquier acción ejecutada con el mismo objeto.
c) El dolo El concepto de dolo es el de un  dolo objetivamente malo , es decir, que el sujeto que tiene dolo, no tiene que conocer además que lo que está realizando está prohibido por la norma,  no tiene que tener conciencia de la antijuridicidad.
El dolo existe sin ella, porque  no nos encontramos ante un dolo subjetivamente malo,  sino ante un dolo objetivamente malo.  Por tanto, por dolo se entiende:  conocimiento y voluntad de realizar todos los elementos objetivos del tipo total de injusto ,  tanto los de su parte positiva, como los de la parte negativa, la ausencia de los elementos de causas de atipicidad y de causas de justificación; unos y otros son los presupuestos de la antijuridicidad penal.
En cambio,  el dolo no requiere conocimiento o conciencia de la propia antijuridicidad o prohibición  (ni general ni penal) de la conducta.  A través de un sencillo  ejemplo , quedará más claro lo que se quiere explicar: el sujeto activo que mata a otro, debe saber que está matando a otro, a otra persona y con ello ya habrá dolo (dolo objetivamente malo) y no importa si el sujeto activo sabe además que su acción está prohibida por el Derecho (penal),  normalmente lo sabrá, pero si no lo sabe, no por ello dejará de actuar con dolo: conocimiento y voluntad de matar.
El dolo  está ubicado en la parte subjetiva del tipo positivo y no en la culpabilidad , como alguna parte de la doctrina mantiene. Tiene dos elementos:  1) el  cognoscitivo o intelectual  que exige que haya un conocimiento de los elementos objetivos del tipo global de injusto, lo que implica conocer los presupuestos materiales de la prohibición penal, aunque el sujeto concreto pueda pese a todo no tener conciencia de la prohibición, lo que supondría un problema de culpabilidad, pero no de exclusión del dolo, que sí existiría.  2) El elemento  volitivo , sea como intención directa, sea como aceptación, unido al conocimiento supone mayor peligrosidad y fundamenta el mayor grado de desvalor de la acción.
El elemento volitivo da lugar a la principal  clasificación del dolo: 1) Dolo directo de primer grado .   Es la forma del dolo en el que el elemento volitivo se presenta de modo más intenso. Supone que el propósito, intención o finalidad que persigue el agente es precisamente la realización de los elementos de un tipo delictivo. Para que haya intención o propósito no es preciso que la realización del tipo constituya el móvil o fin último del autor.
2) Dolo directo de segundo grado  .  También denominado por el TS,  dolo de consecuencias necesarias.  El dolo directo de segundo grado supone que la intención o propósito que persigue el sujeto no es precisamente la realización del tipo, sino la consecución de otro objetivo, pero sabe que  a tal acción encaminada a otro fin va unida necesariamente y con seguridad la realización de todos los elementos de un tipo delictivo, cuya producción aunque no le guste, también acepta.  P.ej. alguien coloca un artefacto en un coche para matar a un político y sabe que al explotar también matará al chofer que conduce el vehículo.
La distinción entre dolo de 1.º y 2.º grado es una  pura cuestión conceptual,   sin mayor trascendencia práctica,  a no ser que algún tipo de la Parte especial requiera expresamente dolo de 1.º.
3)  Dolo eventual.  El dolo eventual plantea  problemas de delimitación con la imprudencia consciente , puesto que el elemento cognoscitivo es el mismo en el dolo eventual que en la imprudencia consciente y se diferencian, por tanto, ambos conceptos  en la intensidad de la voluntad.
El saber cuándo hay una mínima voluntad de realizar todos los elementos del delito, resulta ser la cuestión fundamental para aplicar el dolo eventual y diferenciarlo así de la imprudencia consciente, puesto que  en ambos casos no se persigue directamente realizar el hecho típico y se sabe que no es seguro que con esa conducta se realice el hecho.
Para definir el dolo eventual y delimitarlo de la imprudencia consciente se aplica la  teoría del consentimiento restringida,  la cual mantiene que el dolo eventual requiere el elemento volitivo en forma de aceptación o consentimiento de la eventual producción del hecho lesivo, pero que mediante una valoración objetivo-normativa se puede restringir lo que se entiende por aceptación/no aceptación.
La restricción más usual consiste en considerar que  la aceptación o consentimiento no se excluye por una confianza irracional e infundada en la no producción del hecho , sino que la aceptación o consentimiento sólo se excluye por una confianza mínimamente fundada objetivamente, aunque errónea, en que no se produzca el hecho.
Por eso, para excluir  la auténtica aceptación jurídicamente relevante , lo que cuenta no es la mera esperanza o confianza irracional y puramente subjetiva en la no producción del hecho, sino la confianza que con una mínima base racional objetiva puede albergar cualquier persona de que no se va producir el hecho lesivo.
Esa confianza con un mínimo fundamento objetivo exige o que haya ya bastantes posibilidades objetivas, conocidas por el sujeto, de no realización del hecho, o que pese a la peligrosidad pueda hacer algo para intentar evitar tal producción; por el contrario  la mera esperanza irracional en la buena suerte no fundamenta una confianza racional en la no producción del hecho.
Así p. ej. si el terrorista pone una bomba en un sitio concurrido para causar alarma,  pero deseando en el fondo que en el momento de la explosión no alcance a nadie,  estaremos ante un caso de  dolo eventual , porque el mero deseo no excluye el consentimiento en la producción del hecho típico y tampoco hay atisbos de que haya una confianza racionalmente fundada en que tal hecho típico, homicidios o lesiones por la explosión, no se va a producir.
d) La imprudencia. La imprudencia es la otra forma de desvalor subjetivo o de la intención junto con el dolo.  Sin embargo, debido a las peculiaridades que el delito imprudente presenta frente al doloso, el concepto de imprudencia y sus elementos serán abordados con el estudio del delito imprudente.
Pero se quiere adelantar y dejar ubicada correctamente en este lugar a la imprudencia como  otra forma de desvalor de la intención ,  aunque un desvalor de la intención de menor gravedad que el dolo.
2. Exclusión del dolo: error de tipo. Concepto:   El dolo se puede excluir por la inexistencia de uno de sus elementos, o bien el elemento volitivo o bien el elemento intelectivo. Este último se excluye cuando el sujeto activo sufre un error de tipo.  Éste puede crearle una situación de absoluta ignorancia o un falso, equivocado o distorsionado conocimiento de los elementos del tipo.
El error de tipo  hay que diferenciarlo del error de prohibición  –que estudiaremos más tarde-, ya que este error no excluye el dolo, sino que atenúa o excluye la culpabilidad del sujeto,  al no actuar éste con conciencia de la antijuridicidad,  es decir, el no saber que su conducta está prohibida y desvalorada.
Efectos del error de tipo: Partiendo del caso paradigmático de error de tipo sobre los elementos esenciales del tipo –aquellos que constituyen los caracteres propios de los tipos básicos– concluimos que  esta clase de error excluye en todos los casos el dolo.   Pero los efectos cambian si se trata de un  error de tipo vencible o invencible.
a)  Si el error es objetivamente vencible  ,  es decir, que prestando la debida atención en la comprobación, éste se hubiera podido evitar y también el hecho lesivo, estamos ante  una conducta imprudente  que se castigará como delito imprudente (en el caso de que este tipificado, p.ej. habrá homicidio imprudente si un cazador, creyendo en una observación precipitada que tras unos matorrales hay una pieza de caza, mata de un disparo a la persona que había allí, pues si no es así, el error aun vencible dará lugar a la impunidad.
El criterio para saber si el error es vencible o invencible o inevitable es  objetivo ,  no subjetivo,  por lo que se acudirá al sujeto medio ideal según la correspondiente posición jurídica, colocado en la situación del autor y con los conocimientos de éste.   No olvidemos, por tanto, que  el error de tipo es una cuestión de injusto y no de culpabilidad .
b)  Si el error es objetivamente invencible o inevitable   excluye la responsabilidad criminal.  Hay que completar esta afirmación legal para saber en qué consiste esa exclusión de la responsabilidad criminal.
Así si el error de tipo se basa en una creencia objetivamente fundada o inevitable para el sujeto medio ideal, colocado en la situación del autor y con los conocimientos de éste y empleando toda la diligencia objetivamente debida ,  no hay dolo ni imprudencia alguna, y nos encontramos ante un caso especial de caso fortuito :  p. ej. el maquinista de un tren, al llegar a una señal luminosa que por fallo del sistema le deja paso libre, sigue por una vía sin sospechar que a la salida de una curva se va a encontrar con otro convoy, al que embiste, causando múltiples daños, muertes y lesiones.
Si el error hubiese sido  objetivamente vencible pero subjetivamente invencible para el sujeto concreto,  dadas sus características personales, habrá un delito imprudente cometido por un sujeto inculpable.
Consecuencias del error de tipo: El error sobre un elemento del tipo afecta siempre al injusto típico.  Si es vencible excluye el dolo, pero no la imprudencia.  Si es invencible nos encontramos ante un supuesto específico de caso fortuito , que es una causa de justificación de la acción y que tendrá la clase de efectos de éstas, como exclusión de cualquier tipo de responsabilidad jurídica, no cabrá acudir a la legítima defensa para protegerse frente a conductas bajo los efectos del error de tipo, sí en cambio cabe acudir al estado de necesidad defensivo.
También el error de tipo en el sujeto activo, le puede convertir en presa fácil para el autor mediato que pretende su instrumentalización.  En cambio  en el error vencible de tipo cabe responsabilidad penal por el delito imprudente , siempre y cuando éste se encuentre tipificado.
Si estamos ante un  error de tipo objetivamente vencible, pero subjetivamente invencible para el sujeto concreto  no habrá culpabilidad y por tanto responsabilidad penal, pero sí responsabilidad civil por el hecho antijurídico cometido.  Tampoco cabrá legítima defensa , porque la actuación imprudente no constituye una agresión ilegítima y sí que es posible afirmar la autoría mediata de quien provoca o utiliza dicho error del agente.
Error sobre elementos accidentales del tipo: Hemos descrito el error de tipo sobre elementos esenciales y descriptivos, pero también hay  error sobre los elementos normativos del tipo   (sobre esta cuestión remito directamente a LUZÓN PEÑA, Curso de Derecho Penal PG I, 1996, 447) y  sobre los elementos accidentales .  Cuando el error recae sobre elementos accidentales del tipo, hay que distinguir según se trate de elementos que dan lugar a  un subtipo agravado o privilegiado .
Si nos encontramos ante un  tipo cualificado agravado el error  sobre un hecho que cualifique su infracción o sobre una circunstancia agravante impedirá su apreciación.  Esto es así  tanto si el error es vencible como invencible,  respondiendo el sujeto por el tipo básico, que sí realiza dolosamente.
Si el caso que se presenta es  el error sobre un elemento que privilegia,  el CP ha guardado silencio y no da solución alguna.  Las interpretaciones tampoco aclaran la situación, puesto que hay argumentos para aplicar el tipo básico en el caso de que el sujeto desconozca la situación que le privilegia o que pese a desconocerla ésta concurre siempre que concurran las circunstancias objetivas, por lo que debe ser el tipo privilegiado el que finalmente se aplique.
Error sobre el curso causal: Este error que se produce sobre el camino que toma el curso causal,  que no llega a ser en todos los puntos el planeado, no interfiere, ni influye en la existencia o no del dolo del sujeto.  Este error es más bien  un problema para la imputación objetiva,  pues aunque haya dolo, los casos de desviaciones en el curso causal pueden excluir o no la imputación objetiva según la entidad de la desviación.
Así el resultado no es objetivamente imputable a la acción por ser objetivamente imprevisible o no encajar en el fin de protección de la norma por no suponer la realización del peligro inherente a la acción o por otra razón  (p.ej. A quiere matar a B de un disparo o de una cuchillada, pero B queda gravemente lesionado, muriendo al cabo de varios años como consecuencia de la enfermedad).
Dolus generalis : Estos casos consisten en que cuando el autor cree haber realizado el hecho típico, realmente ha fracasado y cuando realiza una segunda conducta, conectada normalmente a la anterior, es cuando realiza el hecho perseguido, pero esta vez el sujeto lo desconoce.   P. ej. un sujeto, actuando con dolo directo o eventual acuchilla a otro o dispara contra él y, creyendo que lo ha matado, decide ocultar el cadáver enterrándolo, o tirándolo a un pozo, y es entonces cuando el sujeto pasivo, que aún estaba vivo, muere asfixiado o desnucado.
Estos casos no son tampoco auténticos errores de tipo que excluyan el dolo, sino que volvemos a encontrarnos con  una cuestión de imputación objetiva del resultado a la acción inicial . En efecto, hay pluralidad de acciones separadas en el tiempo y por tanto varias resoluciones de voluntad.
Por eso en principio hay dos cadenas causales originadas cada una por una acción; pero sí es cierto que la segunda cadena causal trae su origen de la primera, por lo cual  el resultado está en relación de causalidad con la primera acción.  Si pasamos a analizar la  imputación objetiva,  en estos casos falla el criterio de la realización del peligro inherente a la acción inicial, ya que no muere por el disparo, acción inicial, sino de ahogamiento, si finalmente se le tira a un pozo para ocultar el cadáver.
El resultado debe imputarse a esta segunda acción,  pero en la que no hay dolo de matar, porque se cree erróneamente que el sujeto está muerto.  Y es aquí, efectivamente, en esta segunda acción en la que hay un  error de tipo vencible,  si el sujeto no comprobó mínimamente, como debía haber hecho, si había muerto la víctima, es decir, si consumó el delito con la primera acción, o un  error de tipo invencible,  ya que pese a haber hecho todo tipo de comprobaciones era imposible saber que el sujeto seguía vivo.
Por todo ello habrá una  primera acción dolosa en tentativa  a la que no se le puede imputar el resultado final y  una segunda acción, en concurso real con la primera, de un delito imprudente   consumado o de un delito doloso incluso, si hubiese dolo eventual  o finalmente  si no hubiese dolo, ni imprudencia, es decir hubiera un error invencible de tipo , la segunda acción constituye entonces un  caso fortuito   y se castigaría exclusivamente por la tentativa dolosa de la primera actuación del sujeto activo.
Error sobre el objeto o la persona: Se trata de un error sobre la identidad del objeto o la persona sobre el que recae la acción típica.  Este error es relevante si el cambio de identidad provoca un cambio de calificación típica. Si el objeto o la persona, p. ej. en vez de matar a A, se mata a B, tienen idéntica protección penal el error de tipo es absolutamente irrelevante. Si el cambio de identidad provoca un  cambio de calificación típica el error de tipo es relevante  y habrá que distinguir entre error directo y error inverso.
a) Error directo (desconocimiento de los elementos del tipo más grave). El sujeto lesiona un objeto o persona que tienen una protección jurídica especial y lo desconoce. El dolo entonces ya no abarca ese nuevo tipo o ese subtipo cualificado.  En este último caso se aplicará el tipo básico y no el subtipo cualificado, como ya hemos visto. Si se trata de un nuevo tipo, la solución es otra. Habrá un  concurso ideal  (art. 77 CP) entre lo querido por el sujeto y lo efectivamente realizado por él sin dolo, pero sí con imprudencia, si el error de tipo es vencible.
Por el contrario, sólo se castigará por el delito doloso,  si el error es objetivamente invencible.  Además como habrá una relación entre los tipos, pues básicamente se tratará del mismo bien jurídico, aunque en un caso adquiera especial relevancia, el delito doloso estará también consumado, pues  quien realiza lo más también realiza lo menos.  P.ej. una persona allana un domicilio ajeno creyendo que su titular es un particular e ignorando que es la residencia de un Embajador: habrá allanamiento de morada doloso consumado en concurso ideal con el allanamiento de morada imprudente a la residencia del Embajador, que en este caso quedará impune al no tipificar el allanamiento de morada imprudente en el CP.
b) Error inverso. En estos casos  el sujeto cree erróneamente que concurre la cualidad en el objeto o la persona afectados por la conducta, que daría lugar al tipo más grave , por lo que en estos casos al no darse la cualidad en el bien jurídico atacado habrá  tentativa imposible del delito más grave  y  será doloso en concurso ideal con un delito también doloso , ya quien quiere hacer lo más también quiere hacer lo menos, pero generalmente consumado, constituyendo el tipo menos grave.
Aberratio ictus: Literalmente significa  desviación o equivocación en el golpe y se produce cuando se desvía o modifica el curso causal previsto por el autor y tampoco alcanza al objeto representando y querido por el autor, sino a otro objeto distinto y más o menos cercano al primero .  Así p. ej. A dispara contra X con ánimo de matar o lesionar, pero el disparo se desvía a un lado y alcanza a Y que estaba detrás.
No se trata , pese a que pueda parecerlo  un simple error sobre el objeto.  Existen con éste considerables  diferencias .  En primer lugar, en la  aberratio ictus  se ven afectados diversos bienes jurídicos, es decir, diversos objetos o relaciones con concretas referencias espaciotemporales, por lo que no se pone en peligro un bien jurídico vida, integridad, propiedad, etc. entendido en abstracto, sino que se pone en peligro el concreto bien jurídico que quería lesionar el autor, y no sólo el finalmente lesionado, por lo que junto a este desvalor del resultado hay un adicional desvalor –subjetivo y objetivo– de la acción, una tentativa acabada o frustración, que no ha tenido la suficiente habilidad o perfección como para ser capaz de consumar la lesión.
En cambio, en un error sobre la identidad del objeto o de la persona no se pone en peligro el bien jurídico que se quería lesionar además del realmente lesionado,  sino sólo y exclusivamente el realmente alcanzado y lesionado y además la acción demuestra tener la suficiente capacidad para lesionarlo y no fracasar.
Por otro lado, en el caso normal de  aberratio  no hay dolo de lesionar el concreto bien jurídico que resulta alcanzado , lo que sí hay en el error sobre el objeto o la persona, sino sólo falta del cuidado debido porque, dada la situación,  la conducta era  ex ante  indebidamente peligrosa para ese bien jurídico , pero el sujeto no se da cuenta de ello, imprudencia inconsciente, o lo percibe, pero confía en no alcanzarlo, imprudencia consciente.
Dicho esto, según la doctrina, en estos supuestos hay que aplicar un  concurso ideal entre un delito doloso en tentativa,  que es el bien jurídico que realmente se quería lesionar, y  un delito imprudente,  o raramente también doloso, si existiese dolo eventual, consumado.
No obstante puede haber casos en que no pueda llegarse a la solución de un concurso ideal, por no haber ni dolo ni imprudencia,  debido a que el sujeto activo había tomado las precauciones suficientes y no fuese objetivamente previsible la situación tal y como acaeció , como p.ej. que fuera imprevisible, después de realizar todo tipo de comprobaciones, que en el recinto hubiera otra persona que estuviese oculta y que fue a la que finalmente se hirió.
CP Art. 13.‑  El que ejecuta voluntariamente un acto punible será responsable de el, e incurrirá en la pena señalada para la infracción resultante,  aunque varíe el mal que el delincuente quiso causar, o recaiga en distinta persona de aquella a quien se propuso ofender. …
La preterintencionalidad. Combinaciones dolo e imprudencia.  Delitos cualificados por el resultado.
En los casos normales, en la parte subjetiva del tipo positivo  o hay dolo o imprudencia,  pero también pueden darse casos en los que  coexistan ambas expresiones subjetivas:   tanto el dolo como la imprudencia o incluso dolo más dolo o imprudencia más imprudencia.
a) Estas combinaciones o sumas de dolos o imprudencias se producen cuando se realizan varios tipos. Así por extensión ocurre en el caso de concurso real de delitos (art. 81 CP) en donde un sujeto realiza varias acciones separadas temporalmente, aunque pueden ir seguidas, dando lugar a su vez a varias acciones típicas, algunas dolosas otras imprudente o todas dolosas o imprudentes.
Pero en sentido estricto  puede hablarse de combinación dolo/imprudencia, o de las otras combinaciones subjetivas,  cuando una sola acción realiza dos tipos distintos, uno doloso y otro imprudente, o ambos dolosos o imprudentes.  En tal supuesto la combinación puede resolverse, que será lo más habitual, por las reglas normales del  concurso ideal de delitos  (art. 81 num. 6 CP); o bien mediante  reglas o figuras típicas especiales  cuando la ley cree un sólo tipo pero con varias partes y unas sean realizadas con dolo y otras con imprudencia.
Ejemplos de lo dicho hasta aquí los podemos encontrar en los múltiples  supuestos de realización conjunta con una sola acción de dos o más delitos dolosos  (idénticos o distintos)  o de dos o más imprudentes  (idénticos o distintos),  o en los supuestos especiales de error de tipo.
P.ej.  Aberratio ictus , error sobre el curso causal, error  in persona  o  in obiecto  relevante,  que vienen a ser múltiples variantes de una sola acción que sin embargo realiza una combinación de un delito doloso, intentado o consumado, y un delito imprudente, o de un delito consumado o intentado con dolo directo, o eventual, y el otro intentado o consumado con dolo eventual.
En todos estos casos efectivamente se aplican las  reglas normales del concurso ideal de delitos, que permiten tener en cuenta el adicional desvalor,   o bien de otro delito imprudente consumado, o de otro delito doloso intentado o consumado.
La otra forma de solución distinta de las reglas concursales generales, y que también supone una pena distinta, generalmente más grave que las reglas generales del concurso ideal, es la de  que la ley cree un tipo complejo o compuesto de otros dos delitos y que aquí se den las combinaciones dolo/imprudencia, o dolo/dolo o, más raramente, imprudencia/imprudencia. O también que cree un tipo compuesto, pero sin que las dos partes sean delitos por separado, y con combinación dolo/imprudencia.
Además estas posibilidades anteriormente expuestas se pueden dar en casos de  lesión/lesión  p.ej. robo con homicidio, o de  lesión/peligro,  p.ej. los incendios (arts. 388 ss.) o de  delitos cualificados por el resultado.
b) Los  delitos cualificados por el resultado  suponen que la ley prevé una cualificación de un tipo básico si como consecuencia de éste se origina, aun sin querer el autor, un resultado más grave y relacionado con la peligrosidad del delito base.  Tales figuras son reconocibles porque el tenor legal no habla de “el sujeto” que causare –o provocare, originare o fórmula similar- con su acción un resultado, sino de que como consecuencia de la primera conducta  resultare, se originare, se produjere…  un resultado, es decir, se utiliza una fórmula impersonal, objetiva.
Estos delitos cualificados por el resultado son  muy problemáticos , ya que  la pena prevista para ellos desborda ampliamente la que resultaría de las reglas normales de un concurso ideal entre la realización dolosa del tipo base y la causación imprudente del resultado más grave.  Por esta razón, en el CP de España de 1995, se ha tratado de suprimirlos y aplicar las  reglas generales de los concursos  y desde luego han desaparecido los más notorios y con penas más graves, como p.ej. el antiguo delito de aborto con resultado de muerte.  En el Ecuador la situación no ha variado.
CP Art. 445.‑  Cuando los medios empleados con el fin de  hacer abortar a una mujer   hubieren causado la muerte de ésta,  el que los hubiere aplicado o indicado con dicho fin, será reprimido con tres a seis años de reclusión menor, si la mujer ha consentido en el aborto; y con reclusión mayor de ocho a doce años, si la mujer no ha consentido.
CP Art. 477.‑ Si el  abandono ha causado la muerte del niño , la pena será: En el caso del Art. 474, de prisión de uno a tres años; y en el caso del Art. 475, de prisión de cinco años.
CP Art. 514.‑ Si la  violación  produjere una grave perturbación en la salud de la persona violada se aplicará la pena establecida para los numerales 2 y 3 del artículo anterior; y,  si le produjere la muerte,  la pena será de reclusión mayor especial de dieciséis a veinticinco años.
CP Art. 552.-  El máximo de la pena establecida en el artículo anterior, se aplicará al responsable si concurre alguna de las siguientes circunstancias: 1a.‑ Si las violencias han producido heridas que no dejen lesión permanente; 2a.‑ Si el robo se ha ejecutado con armas, o por la noche, o en despoblado, o en pandilla, o en caminos o vías públicas; 3a.‑ Si se perpetrare el robo con perforación o fractura de pared, cercado, techo o piso, puerta o ventana de un lugar habitado o sus dependencias inmediatas; y, 4a.‑ Cuando concurra cualquiera de las circunstancias de los números 2o, 3o y 4o del Art. 549. Cuando concurran dos o más de las circunstancias a que se refiere este artículo, la pena será de reclusión menor de seis a nueve años. Si las violencias han ocasionado una lesión permanente de las detalladas en los Art. 466 y 467, la pena será de reclusión mayor de ocho a doce años. Si las violencias han causado la muerte, la pena será de reclusión mayor especial de dieciséis a treinta años.
c) En cuanto a la  preterintencionalidad  , algunas posiciones la consideran un tercer género entre el dolo y la imprudencia. No obstante, en el CP ecuatoriano la preterintencionalidad  no supone en absoluto una especie intermedia entre el dolo y la imprudencia o una tercera forma de desvalor subjetivo.  La preterintencionalidad consiste en que  el sujeto no persigue causar un resultado tan grave como el que produce,  y, cuando el cambio de resultado da lugar a un cambio de delito, el autor tiene la intención de cometer un delito menos grave, que consuma o queda en tentativa, y sin embargo produce un delito más grave que no pretendía causar.
Puede haber  preterintencionalidad homogénea   cuando el mal pretendido y el más grave producido pertenecen al mismo delito, p.ej. se quieren realizar lesiones leves y se producen lesiones graves.  O bien  preterintencionalidad heterogénea   cuando el delito pretendido y el producido son distintos p. ej. se querían realizar unas lesiones y se mata, o se quería lesionar y se producen daños.
La producción del resultado no querido puede ser  imprudente o fortuita . Así p. ej. si se produce la muerte como consecuencia de un puñetazo o empujón con las manos, pero con la mala suerte de que la víctima cae de espaldas y se parte la base del cráneo con una piedra o un bordillo de la acera.  En todos estos casos no estamos ante un caso especial de resolución de las posibles combinaciones en la parte subjetiva, sino que según la doctrina hay que resolver todos estos casos acudiendo al  concurso ideal de delitos  (art. 81 num. 6 CP).
CP Art. 455.‑  Cuando las heridas o golpes, dados voluntariamente,  pero sin intención de dar la muerte, la han causado , el delincuente será reprimido con tres a seis años de reclusión menor. …

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Tipicidad

  • 2. PARTE OBJETIVA DEL TIPO a) Acción típica, sujetos, objeto y circunstancias de la acción. b) El resultado c) Formas normales y especiales de tipicidad d) Elementos descriptivos y elementos normativos e) Elementos esenciales y accidentales del tipo
  • 3. a) Acción típica, sujetos, objeto y circunstancias de la acción. La acción típica no es sólo la acción humana, sino la acción humana descrita en el tipo. El sujeto activo es el autor de la conducta típica. El sujeto pasivo es el titular del bien jurídico protegido que puede ser distinto o coincidir con el sujeto pasivo de la acción, que es la persona sobre la que recae la acción lesiva. En algunos tipos la acción recae sobre un objeto y no sobre un sujeto. Por último, la parte objetiva de algunos tipos contiene circunstancias de lugar, de tiempo o modo de ejecución de la acción.
  • 4. b) El resultado Resultado es la consecuencia de algo. Entendido el resultado como cambio causado por la conducta y distinto de la misma, da lugar, cuando es requerido por la descripción legal, a los tipos de resultado, mientras que los tipos o delitos de mera conducta (activa u omisiva) se conforman con la actividad o pasividad sin exigir un resultado distinto a la misma. Desde una perspectiva no jurídica el resultado, como consecuencia de la acción, puede ser material o formal. Resultado material es una modificación del mundo externo perceptible por los sentidos, como la muerte. El resultado formal supone un cambio de realidad inmaterial, captable lógica e intelectualmente, p. ej. la producción de una situación deshonrosa en las injurias.
  • 5. b) El resultado Desde la perspectiva jurídica-penal, el resultado (jurídico) se pone en conexión con la afectación del bien jurídico y puede consistir en la lesión (destrucción o menoscabo) o la puesta en peligro (probabilidad de lesión del mismo). La lesión o peligro puede ser una consecuencia subsiguiente a la acción y entonces nos encontramos ante delitos de resultado, ya sea material o formal, o por el contrario la propia acción constituye ya, sin necesidad de un resultado formal o material distinto a ella, un resultado jurídico de lesión o puesta en peligro.
  • 6. b) El resultado La producción de un resultado material o formal en un delito de resultado suele coincidir con el resultado jurídico de lesión o puesta en peligro del bien jurídico. En cuanto a la ubicación del resultado , éste forma parte del tipo (de injusto). El resultado debe estar abarcado por el dolo del sujeto y el resultado depende precisamente de la actuación del autor. Se le imputa objetivamente a la acción del autor y no es obra del azar.
  • 7. c) Formas normales y especiales de tipicidad La forma normal de aparición de un delito es la producción de todos sus elementos objetivos, dando lugar a la consumación. Por otra parte, tal hecho se debe producir por una acción que suponga una auténtica realización de la conducta típica y no un mero favorecimiento, por lo que es necesario que haya autoría. La autoría y la consumación encajan ya sin más en el precepto de la Parte especial, sin necesidad de acudir a la Parte general.
  • 8. c) Formas normales y especiales de tipicidad En cambio hay formas especiales de aparición del delito que están descritas en la Parte general, como son la tentativa acabada, inacabada e imposible, los actos preparatorios punibles (conspiración, proposición y provocación) y la participación (inducción y cooperación necesaria y no necesaria) y que sólo son punibles además si el delito es doloso y no imprudente.
  • 9. CONSPIRACION Y PROPOSICION Art. 17.‑ La conspiración y la proposición para cometer un delito solo serán reprimidas en los casos que la Ley determina. Se entiende que hay conspiración cuando dos o más personas se conciertan para la ejecución de un delito; y existe proposición , cuando el que ha resuelto cometerlo propone su comisión a otra u otras personas. Si la conspiración o la proposición, aún en el caso de estar reprimida por la Ley, deja de producir efectos por haber sus autores desistido voluntariamente de la ejecución, antes de iniciarse procedimiento judicial contra ellos, no se les aplicará pena alguna.
  • 10. CONSPIRACIÓN Art. 118.‑ La conspiración para cometer alguna de las infracciones detalladas en los tres artículos anteriores, será reprimida con ocho a doce años de reclusión mayor, en caso de que se haya puesto por obra algún acto para preparar la ejecución de dichas infracciones; y en el caso contrario la pena será de cuatro a ocho años de la misma reclusión.
  • 11. CONSPIRACIÓN Art. 131.‑ La conspiración encaminada a conseguir alguno de los fines mencionados en el artículo anterior, será reprimida con prisión de seis meses a tres años. Art. 130.‑ El que en cualquier forma o por cualquier medio se alzare contra el Gobierno, con el objeto de desconocer la Constitución de la República, de deponer al Gobierno constituido, impedir la reunión del Congreso o disolverlo, o provocar la guerra civil, será reprimido con reclusión mayor de cuatro a ocho años.
  • 12. TENTATIVA CP art. 16.‑ Quien practica actos idóneos conducentes de modo inequívoco a la realización de un delito, responde por tentativa si la acción no se consuma o el acontecimiento no se verifica. …
  • 13. AUTORIA Art. 42.‑ Se reputan autores los que han perpetrado la infracción, sea de una manera directa e inmediata, sea aconsejando o instigando a otro para que la cometa, cuando el consejo ha determinado la perpetración del delito; los que han impedido o procurado impedir que se evite su ejecución ; los que han determinado la perpetración del delito y efectuándolo valiéndose de otras personas, imputables o no imputables, mediante precio, dádiva, promesa, orden o cualquier otro medio fraudulento y directo; los que han coadyuvado a la ejecución, de un modo principal, practicando deliberada e intencionalmente algún acto sin el que no habría podido perpetrarse la infracción ; y los que, por violencia física, abuso de autoridad, amenaza u otro medio coercitivo, obligan a otro a cometer el acto punible, aunque no pueda calificarse como irresistible la fuerza empleada con dicho fin.
  • 14. d) Elementos descriptivos y elementos normativos Los elementos objetivos del tipo pueden ser descriptivos o normativos. Elementos descriptivos son aquellos para cuyo conocimiento y comprensión basta con el común saber empírico y lógico del hombre sobre sí mismo y sobre la realidad y fenómenos del mundo exterior, sin necesidad de recurrir a normas para conocer su significado. Los elementos normativos del tipo requieren para el conocimiento y comprensión de su significado y alcance el conocimiento de alguna norma jurídica, social, ética, etc. a la que el elemento está remitiendo.
  • 15. e) Elementos esenciales y accidentales del tipo Los distintos elementos del tipo generalmente son esenciales , es decir, que su presencia o ausencia determina la tipicidad o total atipicidad. Si los elementos típicos son accidentales , su presencia da lugar a la existencia de un subtipo cualificado, como hemos visto anteriormente, privilegiado o agravado dependientes del tipo básico, por lo que si falla el elemento accidental que da lugar a la cualificación, no se produce la atipicidad, sino la reaparición del tipo básico.
  • 16. f. Relaciones entre la acción y el resultado: la causalidad y la imputación objetiva 1. Introducción : En los delitos de resultado, sean tipos puramente resultativos o tipos de resultado pero con modalidades limitadas de ejecución, como sabemos, es necesario un resultado distinto de la acción y producido como consecuencia de ella. La relación que se establece entre la acción y el resultado viene definida por la causalidad y la imputación objetiva.
  • 17. f. Relaciones entre la acción y el resultado: la causalidad y la imputación objetiva Por tanto, en los delitos de resultado la parte positiva del tipo como indicio del injusto específico del delito exige, para poder afirmar que con su conducta el sujeto ha “matado”, “lesionado”, “dañado”, etc., no sólo que la acción haya “causado” –influido o condicionado causalmente– el resultado, sino que haya “producido como obra suya” el resultado; y esto supone que conforme a determinados criterios normativos se puede atribuir, imputar el resultado como obra precisamente de un acción y no del azar o de otro factor.
  • 18. f. Relaciones entre la acción y el resultado: la causalidad y la imputación objetiva Si falta la relación de causalidad o la imputación objetiva respecto del resultado, las consecuencias son diversas para el delito comisivo doloso o para el imprudente : en ninguno de ellos habrá un delito consumado, pero mientras que en los delitos dolosos cabe la posibilidad de punición por formas imperfectas de ejecución (por tentativa acabada, inacabada, idonea o inidónea) en el delito imprudente, al no ser punibles tales formas imperfectas de ejecución, la consecuencia es la impunidad .
  • 19. 2. Concepto de causalidad: La causalidad es un concepto ontológico , es una relación lógico-real de causa a efecto entre una acción y un resultado. Para resolver la cuestión de si hay o no relación causal hay varias teorías pero la correcta es la teoría de la equivalencia de condiciones o de la conditio sine qua non.
  • 20. 2. Concepto de causalidad: Esta teoría está basada en el concepto lógico científico de causa. Sostiene que toda condición del resultado es causa, por secundaria, alejada o indirecta que sea; por tanto, todas las condiciones son equivalentes, entendiendo por condición todo factor sin el cual no se produciría el resultado, es decir, que lo condiciona.
  • 21. 2. Concepto de causalidad: Como método auxiliar para decidir si algo es condición se utiliza la llamada «fórmula hipotética», según la cual condición o causa es todo aquel factor (conducta, situación o hecho natural), que, si se suprime mentalmente, da lugar a que también desaparezca el resultado.
  • 22. Esta teoría sirve para resolver todos los casos problemáticos: tanto los cursos causales no verificables, que se solucionan con la admisión de una causalidad estadística, como los de causalidad acumulativa o concurrente o los cursos causales irregulares o anómalos, incluso los cursos causales o hipotéticos en los que igualmente hay que suprimir la acción que realmente se produce y no añadir la hipotética actuación alternativa.
  • 23. El TS español ha defendido en múltiples sentencias la teoría de la condición, pero en ocasiones se ha empleado una peculiar versión jurisprudencial de la misma como es la fórmula de la causa causae, causa causati , esto es, la causa de la causa es causa de lo causado. Esta fórmula es correcta, puesto que lo que es causa de la causa directa también lo es del resultado final. Sin embargo, fue utilizada en sentido versarista para defender la pura responsabilidad por el resultado cuando hay un acto inicial ilícito y se quiere que se responda por él con base en esta teoría, ya que la causa de la causa es causa del mal causado, aunque no haya ni dolo ni imprudencia.
  • 24. Este argumento ataca frontalmente al principio de responsabilidad subjetiva, por lo que la tesis del TS español es inadmisible. No obstante, además de la teoría de la equivalencia y su peculiar versión, el TS español ha aplicado teorías individualizadoras para restringir el amplio espectro de responsabilidades penales a la que aboca la teoría de la equivalencia de condiciones. Estas teorías sostienen que a efectos penales hay que operar con la misma distinción que se puede hacer ya en el plano lógico-real entre mera condición y causa, esto es, diferenciar de entre el conjunto de condiciones de un resultado entre simples condiciones accesorias y auténticas causas.
  • 25. De este modo se niega la equivalencia de condiciones y se establece una jerarquía o gradación entre ellas. Pero estas distinciones no procede hacerlas en la causalidad, pues todo lo que tenga que ver con la producción del resultado es causa sin medir su incidencia para la producción del resultado. La incidencia e influencia o peso en la producción del resultado es una cuestión que queda reservada a la imputación objetiva.
  • 26. 3 . Concepto de imputación objetiva . La relación entre la acción y el resultado no se define plenamente desde un sentido jurídico-penal con la relación de causalidad, sino que es necesario un segundo requisito adicional que es la imputación objetiva del resultado a la acción conforme a criterios normativos jurídicos. La causalidad nos señala las causas físicas de la producción del resultado, la imputación objetiva nos señala de entre las causas físicas las causas jurídico-penales relevantes en la producción del resultado.
  • 27. La imputación objetiva del resultado es un requisito implícito del tipo en los delitos de resultado y necesario para que se atribuya jurídicamente el resultado a la acción y haya por tanto consumación. En los delitos comisivos , la imputación objetiva presupone inexcusablemente la relación causal material entre la acción y el resultado, pues sin relación de causalidad, no se puede discutir si quiera la imputación jurídica de ese resultado. En cambio en los delitos de comisión por omisión no hay causalidad material entre la conducta omisiva y el resultado, pero sí imputación objetiva de éste a la omisión conforme a criterios estrictamente normativos.
  • 28. Por imputación objetiva del resultado debe entenderse que el mismo puede jurídicamente (teleológico-valorativamente) atribuirse a una acción como obra suya, y no como obra o producto del azar; lo cual es necesario para el indicio de antijuridicidad (penal) que en principio supone la conducta que realiza el tipo en sentido estricto o tipo positivo. Para afirmar la imputación objetiva deben cumplirse una serie de requisitos que son los que dan contenido a la imputación objetiva del resultado. Si alguno de los siguientes requisitos no concurriese no se podría afirmar la imputación objetiva del resultado:
  • 29. a) Adecuación. La acción causante del resultado debe ser adecuada para ello, por lo que se exige que ex ante sea objetivamente previsible que con esa forma de actuación se pueda causar el resultado en la forma concreta en la que se produjo . La posibilidad de prever la causación del resultado ha de existir ex ante , con los datos conocidos y cognoscibles en el momento de la acción y en ningún caso con un «pronóstico posterior», es decir, retrotrayéndose al momento de la acción pero con los datos conocidos ex post , tras producirse el resultado.
  • 30. La previsibilidad debe ser objetiva : la del hombre medio ideal (o el buen profesional o experto), inteligente y cuidadoso, colocado en la posición del autor y con los conocimientos de éste. Lo decisivo es si con esa previsibilidad objetiva el sujeto medio ideal hubiera podido prever el resultado.
  • 31. No cuenta la previsibilidad subjetiva o individual que alteraría el análisis, ya que dependería de la excitación o alteración del sujeto o de su menor cultura o inteligencia; por tanto, estas circunstancias personales deben evaluarse en un momento posterior y en sede de culpabilidad.
  • 32. Según lo expuesto, los especiales conocimientos que pueda tener el sujeto concreto se añaden a los conocimientos empíricos y nomológicos del hombre medio ideal; en cambio la menor capacidad y conocimientos del sujeto concreto no le restan los suyos al hombre medio ideal.
  • 33. Otra cuestión problemática y a tener en cuenta es la cuestión del grado de posibilidad de la causación que es necesaria para que se pueda entender que el resultado es previsible para el hombre medio ideal. Hay varias interpretaciones. La más correcta parece ser aquella que sostiene que adecuación y previsibilidad significan que se pueda contar con la producción del resultado como algo no anómalo conforme a las reglas de la común experiencia.
  • 34. Por otra parte tiene que haber adecuación de la acción y adecuación de la causación al resultado . La propia acción ha de ser en sí misma adecuada para producir ese tipo de resultados, es decir debe generar el riesgo o el peligro de producción del resultado descrito en el tipo.
  • 35. De ello se deduce, que si una acción no peligrosa, realizada con dolo o con imprudencia, pese a todo produce el resultado, éste no se imputa jurídicamente a la acción, ya que no es producto de una creación de peligro relevante, sino de la pura casualidad. En estos casos sólo se castigará al sujeto si actuó con dolo y por una tentativa inidónea .
  • 36. Pero puede ocurrir que aunque la acción sea adecuada, no sea sin embargo previsible ex ante un curso causal así y que causara el resultado concreto de ese modo , p.ej. si el disparo dirigido al corazón termina dando en el corazón después de un rebote múltiple contra el suelo y el techo. En estos casos, por tanto, no habrá tampoco imputación objetiva del resultado a la acción y sólo se podrá castigar por la tentativa si el sujeto activo ha actuado con dolo.
  • 37. b) Fin de protección de la norma y realización del peligro inherente a la acción inicial. La realización del peligro inherente a la acción inicial es un subcriterio del fin de protección de la norma. Con aquel criterio, también llamado de la relación de riesgo , se exige una cierta probabilidad del resultado cuando se lleva a cabo una determinada acción y que la norma precisamente pretende evitar al tipificarlo (Fin de protección de la norma).
  • 38. Así p.ej. no se realizan el peligro inherente a la acción en los casos en los que hay un error en el curso causal por desviación o causalidad adelantada, como sucede si se apuñala a otro en el tórax con ánimo homicida, pero la víctima muere no por la puñalada, que no alcanza órganos vitales, sino porque el cuchillo estaba envenenado.
  • 39. Como se ve la concreta realización del resultado lesivo no se produce por el riesgo inherente a la acción, que es la de acuchillar, y por tanto la muerte tal y como se produce no puede ser imputada a la acción: no es el resultado propio de los peligros que crea una acción de apuñalamiento, sino de envenenamiento.
  • 40. Como hemos dicho el requisito de la realización del peligro es un subcriterio del fin de protección de la norma , que es un criterio interpretativo más amplio y que excluye la imputación objetiva cuando se producen resultados que no coinciden con el fin de la norma.
  • 41. Así se afirma por un sector que no hay imputación objetiva en los supuestos de «segundos daños» por no abarcar la finalidad de la norma tales resultados, p. ej. cuando tras un choque en cadena en la autopista provocado por la imprudencia de un automovilista, luego se producen más daños, lesiones o muertes por un nuevo choque de otro vehículo contra los primeros accidentados; o en los supuestos de «resultados sobrevenidos muy posteriormente», como en la muerte producida tras muchos años.
  • 42. En cualquier caso, estamos ante un criterio interpretativo que abre varias posibilidades y vías de solución o de exclusión o no de la imputación objetiva, dependiendo de las características del caso concreto.
  • 43. ANALISIS DE LECTURA Aproximación a la teoría de la imputación objetiva Dr. Manuel Cancio Meliá
  • 44. Material de casos 1. El sobrino S desea adelantar el momento en el que pueda suceder a su tío T en su cuantiosa fortuna, ya que éste le ha instituido heredero universal. Puesto que no quiere hacer uso de medios más expeditivos para alcanzar su objetivo, S sugiere a tal efecto a T -argumentando su preocupación por su delicada salud- que dé un paseo diario. Con cariñosa insistencia comprueba que su tío cumple con su recomendación. Previamente, S ha averiguado que el paraje que señala a T para el paseo es el de mayor incidencia estadística de tormentas en los alrededores, además de que la hora recomendada a T para el ejercicio sea la de mayor concentración de descargas eléctricas a lo largo del día. Al cabo de unos meses, su plan surte efecto: T es alcanzado por un rayo mientras da su paseo diario y muere en el acto.
  • 45. 2. El empresario Mr. E dedica gran parte de su tiempo libre a la biología marina, habiendo alcanzado incluso el grado de doctor en biología. Al inagurar Mr. E una nueva planta de producción de celulosa de su propiedad, situada en la ribera de un río, el Dr. E piensa fugazmente en que la población de cangrejos fluviales irremediablemente desaparecerá por efecto de los vertidos de la nueva fábrica. En efecto, al cabo de unos meses, los cangrejos prácticamente han desaparecido, lo que afecta muy gravemente al equilibrio del sistema ecológico de la fauna del río en su conjunto, como constata consternado el Dr. E. Sin embargo, Mr. E previamente había solicitado y obtenido de modo plenamente acorde con las disposiciones legales y reglamentarias los pertinentes permisos para iniciar la nueva actividad industrial.
  • 46. 3. El estudiante de arquitectura EA trabaja en sus vacaciones de verano como peón de albañil con la intención de adquirir la perspectiva del personal de ejecución de obra como valioso complemento para su formación como arquitecto. Estando trabajando en la obra de una vivienda unifamiliar, EA recibe del jefe de obra el encargo de preparar con hormigón armado la estructura del techo de la casa. Un rápido vistazo a los parámetros del techo muestra a EA -que fue merecedor de las más elevadas calificaciones en la correspondiente asignatura de su carrera universitaria- que el cálculo de la estructura es erróneo, de modo que parece seguro que la futura casa acabará derrumbándose. Aún así, EA, quien teme roces con el jefe de obra si le advierte del error, decide guardar silencio y se limita a ejecutar las instrucciones que se le han dado. Al cabo de dos años, EA lee en la prensa que la casa que él contribuyó a levantar aquel verano se ha derrumbado, enterrando bajo sus escombros a un grupo de niños de corta edad que jugaban en una de las estancias del edificio, convertido en jardín de infancia.
  • 47. 4. C, contable de una empresa, recibe de la dirección de la misma la orden de desglosar los ingresos del año fiscal en curso en dos partidas diferentes, que debe titular "blanco" y "negro". C es consciente de que la segunda de las partidas no aparecerá nunca en las declaraciones tributarias de la empresa, como así efectivamente sucede.
  • 48. 5. A vende a B una cantidad pequeña de heroína. Debido a las habituales oscilaciones del mercado, la sustancia es de extraordinaria pureza, lo que desconocen tanto A como B. B consume la heroína y muere.
  • 49. 6. A y B, que no se conocían hasta ese momento, coinciden una noche en un local de baile. Después de entablar conversación, bailar, pasear, etc., mantienen relaciones sexuales sin hacer uso de un preservativo. A sabe que es portador(a) del virus de inmunodeficiencia humana, pero no menciona esa circunstancia. B resulta contagiad@.
  • 50. 7. A agrede a B con un arma blanca, clavándosela en el tórax. Trasladado B con urgencia a un centro hospitalario, el médico M comunica a los familiares de B que en principio no hay que temer por su vida. Sin embargo, M ordena la administración a B de un medicamento que facilita la coagulación sin llevar a cabo previamente -como es preceptivo de acuerdo con el actual estado de la ciencia médica- un análisis de sangre para verificar la tolerancia al medicamento. B sufre un shock y muere.
  • 51. 8. El médico M receta a un grupo de sus pacientes como único tratamiento un medicamento destinado a combatir varias enfermedades graves que padecen las distintas personas tratadas. Al cabo de algún tiempo, varios de los pacientes descubren que el "medicamento" recetado por M jurídicamente no tiene tal consideración, pues ni se han realizado los estudios clínicos preceptivos, ni se ha solicitado la correspondiente licencia a las autoridades sanitarias. Ocho pacientes mueren durante el "tratamiento" a consecuencia de sus respectivas dolencias. Consultado un perito médico respecto de estos fallecimientos, afirma que es científicamente imposible saber si los pacientes muertos hubieran sobrevivido de haberseles dado un tratamiento conforme a la lex artis .
  • 52. Todos estos supuestos tienen en común -aparte de que concurren conductas y resultados que presentan la apariencia de poder integrar diversos tipos delictivos- dos circunstancias: por un lado , que los sujetos que intervienen como posibles responsables jurídico-penales disponen de conocimientos -actuales o potenciales- que impiden pensar que lo acontecido fuera subjetivamente imprevisible. Por otro , que respecto de todos ellos se ha propuesto en la doctrina su resolución absolutoria a través de la teoría del tipo objetivo, precisamente, haciendo uso de la teoría de la imputación objetiva.
  • 53. Evolución y alcance de la teoría de la imputación objetiva FORMULA La teoría de la imputación objetiva suele condensarse en la siguiente fórmula: el tipo de un delito de resultado sólo queda cumplido cuando la conducta sometida a análisis a) ha generado un "riesgo jurídicamente desaprobado" y b) este riesgo se ha "realizado en el resultado".
  • 54. FORMULA Partiendo de esta fórmula de aplicación, a pesar de concurrir una relación de causalidad entre conducta y resultado, hay que negar la concurrencia de la tipicidad, por ejemplo, en los casos del sobrino (nº 1) o del empresario propietario de una planta contaminante (nº 2) por ausencia del primero de los elementos, una creación desaprobada de un riesgo. En cuanto al segundo elemento -la realización del riesgo-, éste falta, por ejemplo, respecto del agresor con arma blanca del caso del error médico (nº 7).
  • 55. FORMULA Esta fórmula es la que se encuentra más extendida y es usada, por ejemplo, por el Tribunal Supremo español. Roxin -quien puede ser considerado el principal autor en el desarrollo de la moderna teoría de la imputación objetiva- propone un modelo sustancialmente equivalente, al que se le añade, sin embargo, un escalón adicional de análisis: además de comprobar la creación y la realización de un riesgo jurídicamente desaprobado, debe verificarse que el resultado entre dentro del "alcance del tipo".
  • 56. FORMULA En este paso sistemático, ha de comprobarse que -a pesar de la concurrencia de una relación de causalidad y de la creación y realización del riesgo- el resultado acaecido realmente sea uno de los que el tipo penal en cuestión pretende evitar: con base en diversas consideraciones valorativas, se afirma que ello puede ponerse en duda, por ejemplo, en casos como el del contable (nº 4) o los de la heroína (nº 5) o de la transmisión de VIH (nº 6).
  • 57. EVOLUCIÓN En la modalidad en la que es aplicada, desarrollada y discutida en la actualidad, no cabe duda alguna de que la teoría de la imputación objetiva es debida en lo fundamental a varios artículos de Roxin publicados a principios de los años setenta del siglo pasado (sobre los antecesores más remotos de esta doctrina mucho habría que discutir; baste ahora acotar que hay establecida una especie de "genealogía oficial", centrada en Larenz y Honig , que deja fuera de consideración aportaciones tanto o más relevantes que las de estos dos autores).
  • 58. A partir de las contribuciones de Roxin , la teoría de la imputación objetiva -primero en Alemania y después en el ámbito de habla española- fue desarrollando una verdadera marcha triunfal , reservada a muy pocas construcciones dogmáticas de la Parte General.
  • 59. Se fue iniciando una auténtica marea de publicaciones -de unas dimensiones tan considerables que han permitido a Schünemann equiparar la discusión generada con la confrontación entre causalismo y finalismo-, y con una rapidez inusitada, la nueva doctrina comenzó a ser aplicada por los tribunales.
  • 60. Este proceso desarrollado en el ámbito de habla alemana se reprodujo primero en España y ha comenzado después -dejando de lado la influencia en la doctrina italiana- también en diversos países de América latina .
  • 61. En esta evolución también constituye un hecho sorprendente el que apenas haya que constatar la existencia de resistencias teóricas en la doctrina ; si se prescinde de algunas voces críticas provenientes del campo del finalismo , es muy llamativa la facilidad con la que la nueva doctrina ha sido incorporada a diversas construcciones dogmáticas.
  • 62. Líneas básicas de la teoría de la imputación objetiva Planteamiento La doctrina mayoritaria suele concebir la teoría de la imputación objetiva como una teoría de imputación del resultado . Sin embargo, como acaba de señalarse, ello no se compadece con la propia praxis de la doctrina dominante, que incluye en este marco teórico consideraciones en realidad pertenecientes a la determinación de la conducta típica.
  • 63. Por ello, un creciente sector doctrinal –en el que hay que destacar las aportaciones de Frisch y Jakobs - ha propuesto orientar la teoría de la imputación objetiva para entenderla como revisión de la teoría del tipo objetivo.
  • 64. Se pasa así de la imputación del resultado a la imputación de la conducta como típica.
  • 65. Desde el punto de vista aquí adoptado, ésta es la visión correcta de la teoría de la imputación objetiva : se trata de definir la conducta típica, más allá de elementos fáctico-naturales y de accidentes particulares de la infracción, normativamente como conducta con significado (objetivo) típico.
  • 66. Vista desde esta perspectiva, el peso esencial de la teoría –aplicable a cualquier infracción- estaría en los mecanismos dogmáticos de la imputación de la conducta como típica , pasando los problemas de imputación objetiva del resultado a convertirse en una especialidad de los delitos de resultado.
  • 67. Vista así, la teoría de la imputación objetiva es la traducción dogmática en la teoría del tipo de las corrientes jurídico-dogmáticas funcionales de las últimas décadas.
  • 68. Cabe afirmar, de acuerdo con lo antes expuesto, que toda la teoría de la imputación objetiva responde a dos raíces distintas : por un lado, se trata de determinar si las características de la conducta llevada a cabo por el autor se corresponden con la previsión del tipo . Por otro lado, en los delitos de resultado, se trata de comprobar –una vez verificado el carácter típico de la conducta- si el resultado conectado causalmente a esa conducta puede reconducirse normativamente a ésta, es decir, si también el resultado es típico.
  • 69. A estas dos raíces responden los dos niveles de análisis que a continuación se proponen: imputación objetiva del comportamiento e imputación objetiva del resultado.
  • 70. Imputación del comportamiento En este nivel de análisis, como se acaba de señalar, ha de comprobarse que la conducta en cuestión responde a los parámetros normativos generales del tipo objetivo.
  • 71. Desde el punto de vista aquí adoptado, estas características generales pueden resumirse en tres instituciones dogmáticas: riesgo permitido, prohibición de regreso e imputación al ámbito de responsabilidad de la víctima.
  • 72. Estas instituciones deben entenderse no como puntos de vista aislados, sino como verdaderos escalones sucesivos de análisis: el orden de examen responde a una clasificación progresiva de lo más genérico a lo más específico ; en cada una de las instituciones van introduciéndose, como se verá, más datos del contexto del comportamiento enjuiciado.
  • 73. La comprobación sucesiva de estos escalones de análisis conduce, en caso negativo (no hay ni riesgo permitido, ni prohibición de regreso, ni imputación al ámbito de responsabilidad de la víctima), a la afirmación de la tipicidad del comportamiento.
  • 74. a) Riesgo permitido Entre el sector de la doctrina que ha adoptado la teoría de la imputación objetiva, puede decirse que hay un consenso fundamental -si bien con múltiples diferencias en la confi­guración concreta- a la hora de aceptar que en el marco de la realización de actividades arriesgadas existen determinados espacios que ya desde un principio no se hallan abarca­dos por las normas penales de comportamiento por responder a una configuración vital que es tolerada de modo general; las conductas realizadas en ese marco están cubiertas por un riesgo permitido .
  • 75. Bajo este rótulo se agrupan dos grandes grupos de casos (dejando de lado los supuestos que suelen asignarse al llamado “principio de confianza”): por un lado –y a este campo suelen dedicarse las mayores consideraciones en la doctrina-, aquellos supuestos en los que una actividad generadora de riesgos es permitida en determinadas circunstancias, bien existiendo una reglamentación expresa (por ejemplo: el tráfico rodado, el funcionamiento de industrias, la realización de competiciones deportivas, etc.; vid. el caso nº 2) o sin tal reglamentación (las “normas de cuidado” conocidas del delito imprudente: los supuestos de lex artis en la actividad médica, en la construcción, las precauciones en la educación de los hijos, etc.).
  • 76. Por otro lado , sin embargo, también deben incluirse aquí aquellos supuestos en los que el elemento preponderante es la normalidad social de la conducta generadora de riesgo (por ejemplo, en el supuesto del sobrino que envía a su tío a pasear bajo la tormenta, nº 1), sin que exista una reglamentación en términos cuantitativos de “niveles de riesgo” medidos en velocidades, emisiones, estándares explícitos de conducta, etc. Parece claro que este segundo grupo de supuestos se aprehende mucho mejor desde una perspectiva que no esté obcecada por el curso causal y, por el contrario, tenga en cuenta las cualidades normativas de la conducta incriminada.
  • 77. En este contexto, se suele hablar, según los casos, de que no concurre un "riesgo jurídicamente relevante" -especialmente, en las actividades socialmente normales o con una conexión muy débil con el posterior resultado ("cursos causales irregulares")- o que se trata de un "riesgo permitido" -especialmente, cuando se trata de una actividad que genera riesgos, pero está permitida de modo general-, de manera que la conducta en cuestión, en última instancia, conlleva un riesgo que no es típicamente relevante.
  • 78. Aquí se parte -con aquel sector de autores que puede considerarse que configura la doctrina mayoritaria- de la idea de riesgo permitido como aquella institución dogmática que determina el "estado de interacción normal" ( Jakobs ) en el trato de determinados riesgos -en el sentido de que se trata de una determinación general para determinados tipos de actividad, no vinculada (a diferencia del ámbito de la justificación) al contexto particular-, y, en ese sentido, implica la legitimación de espacios generales de libertad de actuar, en cuanto elemento del tipo objetivo (de los delitos dolosos e imprudentes, como muestran los casos nº 1 y nº 2).
  • 79. b) Prohibición de regreso Esta institución, que no tiene prácticamen­te nada en común -en cuanto a la formulación dogmática- con la antigua idea de prohibición de regreso como interrupción del curso causal en casos en los que con posterioridad a una conducta imprudente se produce un comportamiento doloso, ha sido desarrollada como parte de la teoría de la imputación objetiva en los últimos tiempos sobre todo por Jakobs .
  • 80. Según el punto de vista de este autor, "...el carácter conjunto de un comportamiento no puede imponerse de modo unilateral-arbitrario. Por tanto, quien asume con otro un vínculo que de modo estereotipado es inocuo, no quebranta su rol como ciudadano aunque el otro incardine dicho vínculo en una organización no permitida. Por consiguiente, existe una prohibición de regreso cuyo contenido es que un comportamiento que de modo estereotipado es inocuo no constituye participación en una organización no permitida."
  • 81. Como casos en los que puede ser de aplicación esta institución se mencionan habitualmente supuestos en los que existe una aportación inicial subjetivamente dolosa, pero objetivamente ambivalente , a un posterior desarrollo delictivo o a una autolesión: así, por ejemplo, cuando el empleado de una gasolinera llena el depósito de combustible de un automóvil cuyas cubiertas se encuentran de modo tan evidente en mal estado que es palmario que va a producirse un accidente (que produzca lesiones al conductor o a los ocupantes del vehículo, o a otros terceros) si se sigue circulando con el vehículo, esta aportación causal del empleado no puede dar lugar a una responsabilidad por un delito de lesión -doloso o imprudente, dependiendo del lado subjetivo.
  • 82. Lo mismo sucede si un sujeto -sin tener ningún tipo de conocimientos sobre el particular- afirma en una reunión social que en el mes de marzo, en determinada zona de montaña, suele haber una temperatura muy alta, lo que alguien que le escucha toma como base para realizar una excursión a esa zona con un equipo de verano, por lo que sufre lesiones por congelación o de ese modo provoca que las sufran sus hijos de corta edad que lo acompañan.
  • 83. A este contexto pertenecen, en los casos mencionados inicialmente, los supuestos 3 y 4: a pesar de que existe una contribución con efectos causales, está en cuestión que –a pesar de la previsión del posterior acontecer que puede ser delictivo-, sit venia verbo , por mucha mala voluntad que haya.
  • 84. Como parece claro, las dificultades aparecen cuando se trata de establecer los límites de la prohibición de regreso. Hay casos en los que resulta prácticamente evidente que la conducta del primer sujeto en actuar no puede ser interpretada en ningún caso -con independencia de las intenciones o deseos del sujeto- como una provocación delictiva de la ulterior conducta delictiva.
  • 85. Sin embargo, por ejemplo, si en el caso de la información incorrecta acerca de las condiciones metereológicas que se acaba de plantear se trata de un sujeto que hace la afirmación en cuestión siendo el responsable de protección civil de la zona y, concretamente, al ser preguntado al respecto por la víctima -aunque se produzca la pregunta igualmente en el marco de una reunión informal-, puede que la situación sea distinta y que su conducta pueda vincularse a la lesión que posteriormen­te se produce.
  • 86. Desde la perspectiva aquí adoptada, en conclusión, puede decirse que el ámbito de la prohibición de regreso queda diferenciado del correspondiente al riesgo permitido por el hecho de que -una vez determinado el ámbito en el que existe un significado unívoco no delictivo de la conducta del autor- la conducta del autor, como se ha visto, queda desvinculada del posterior desarrollo lesivo con independencia de la cognoscibilidad o conocimiento por parte del autor del mismo.
  • 87. Es decir, que la prohibición de regreso opera de modo completamente contra­fáctico. Dicho de otra manera, se trata de conductas ambivalentes en su significado -desde el punto de vista natural-externo- respecto de las cuales cabe establecer un significado objetivo vinculante.
  • 88. c) La imputación al ámbito de responsabilidad de la víctima La tercera y última institución de la imputación del comportamiento se refiere a la relevancia que puede tener para la tipicidad de la conducta de un sujeto que en la realización de la misma haya intervenido de algún modo el sujeto que resulta lesionado posteriormente, la “víctima” (al menos aparente) de ese comportamiento.
  • 89. Bajo determinadas circunstancias, que pasan a delinearse a continuación, esta intervención puede afectar a la calificación que merece la conducta del primer sujeto, eliminando su carácter típico, al entrar lo sucedido en el ámbito de responsabilidad de la víctima .
  • 90. Esta cuestión es la que quizás más producción bibliográfica ha motivado en relación con la teoría de la imputación objetiva, y, en todo caso, es la que mayores repercusiones ha generado en la jurisprudencia de diversos países.
  • 91. Realizando una primera ordenación del material de casos, puede decirse que en los últimos tiempos han atraído la atención de la doctrina jurídico-penal en este contexto sobre todo dos grupos de casos.
  • 92. Por un lado , supuestos en los que en la génesis del riesgo que acaba lesionando a la víctima han intervenido tanto la víctima como el autor. A este respecto, se han planteado, por ejemplo, los casos en los que se hace entrega a alguien de una determinada cosa o sustancia -por ejemplo, de un medicamento, de una máquina o de una sustancia estupefaciente (como en el caso nº 5)-, y el receptor resulta lesionado al hacer uso del objeto o consumir la sustancia. También han despertado mucho interés los supuestos en los que se produce un contagio de una persona a otra de una enfermedad mortal -en particular, del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (caso nº 6)- o las numerosas constelaciones de casos en las que en el tráfico rodado quien re­sulta lesionado por una colisión se ha comportado de alguna manera de modo descuida­do.
  • 93. Por otro lado , se han debatido numerosos su­puestos en los que la conducta descuidada de la víctima se pro­duce después de un comportamiento del autor que lesiona o pone en peli­gro los bienes de ésta. Así, por ejemplo, en los casos en los que una víctima lesionada por un ataque doloso del autor descuida sus heridas o se niega a recibir tratamiento médico.
  • 94. Como punto de partida previo a la construcción dogmática, por lo tanto, el principio de autorresponsabilidad consiste en el reconocimiento de libertad de organización, y, correlativamente, en la atribución de una responsabilidad preferente al titular de los bienes.
  • 95. La activi­dad generadora del riesgo debe ser imputada al ámbito de responsabilidad preferente de la víctima, en la me­di­da en que -en primer lugar- la actividad perma­nezca en el ámbito de lo or­gani­zado conjun­ta­mente por autor y vícti­ma, -en segundo lugar- la conducta de la víctima no haya sido instru­menta­lizada por el autor, por carecer ésta de la res­pon­sabilidad o de la base cogniti­va ne­ce­sa­rias para poder ser con­sidera­da autorrespon­sable , y -finalmente, en tercer lu­gar- el autor no tenga un deber de protección espe­cífico fren­te a los bienes de la víctima.
  • 96. Cumpliéndose los criterios acabados de exponer, puede afirmarse que la conducta del “autor” no es objetivamente imputable –a pesar de no concurrir ni un riesgo permitido ni una prohibición de regreso- en supuestos como la entrega de estupefacientes u otras sustancias peligrosas, las conductas conjuntas arriesgadas en el marco del tráfico rodado, como las competiciones irregulares o el hecho de que un conductor ebrio transporte a otro sujeto, o determinados casos en los que se produce un contagio de una peligrosa enfermedad.
  • 97. La imputación objetiva del resultado Como ha señalado con particular claridad Jakobs , de lo que se trata en este segundo escalón de análisis es de explicar el resultado lesivo producido. Sólo podrá considerarse el resultado consecuencia de la conducta típica cuando ésta aparezca como el factor causal determinante del resultado. En este sentido, como es natural, esta cuestión adquiere relevancia cuando concurre junto al comportamiento típico otra explicación alternativa, como puede ser un accidente o la conducta de otro sujeto.
  • 98. b) Criterios de interrupción del nexo de imputación En lo que sigue, se examinarán algunas de las constelaciones de casos que suelen plantearse en la doctrina en este contexto -también aquí, desde luego, sin ánimo de exhaustividad- con mayor frecuencia: por un lado , dos cuestiones previas: en primer lugar, la relevancia de las formulaciones hipotéticas para determinar la conexión entre conducta y resultado, en segundo lugar, la problemática que genera el transcurso de un largo lapso de tiempo entre la realización de la conducta típica y la producción del resultado.
  • 99. Por otro lado , la problemática de la imputación de resultados en sí, es decir, la existencia de riesgos concurrentes junto al generado por la conducta típica. Aquí, la línea directriz está en la identificación del riesgo que aparezca como explicación del resultado. En primer lugar, han de abordarse, los supuestos de interrupción del nexo de imputación, bien por riesgos que forman parte de la normalidad social, de lo que se podría llamar “riesgo vital”, bien por riesgos generados por la intervención de otros sujetos que introducen riesgos nuevos con posterioridad a la conducta típica inicial.
  • 100. Las hipótesis, los supuestos de “comportamiento alternativo ajustado a Derecho” y la doctrina del incremento del riesgo Desde mucho antes del surgimiento de la teoría de la imputación objetiva -en el marco de la relación de causalidad- viene discutiéndose en la doctrina (y en resoluciones judiciales) acerca de la relevancia que debe corresponder en la valoración de un hecho, concretamente, en la atribución de un resultado a una conducta, a consideraciones hipotéticas de haberse producido circunstancias al menos parcialmente distintas.
  • 101. La fórmula hipotética más extendida en la imputación del resultado incorpora a ésta no cualesquiera otras hipótesis, sino sólo la hipótesis de qué hubiera sucedido si el autor se hubiera comportado correctamente (" comportamiento alternativo ajustado a Derecho ").
  • 102. En este sentido, se dice -por parte de la doctrina tradicional- que el resultado no resulta imputable cuando éste se hubiera producido con probabilidad rayana en la certeza aunque el sujeto se hubiera comportado correctamente . Esta fórmula plantea especiales dificultades cuando precisamente no es seguro lo que hubiera sucedido.
  • 103. así, por ejemplo, cuando un médico prescribe equivocadamente un determinado medicamento (por ejemplo, por tratarse de un medicamento con efectos secundarios que ha sido sustituido en la lex artis por otros más modernos), el paciente muere, y un posterior dictamen pericial indica que la muerte quizás también se hubiera producido de haberse recetado el medicamento indicado por la lex artis , al mostrar el paciente -sin que ello pudiera percibirse- una acusada sensibilidad hacia todos los medicamentos de esta clase, permitidos y no permitidos. Es a este contexto al que pertenece también el caso aquí presentado en último lugar.
  • 104. Para resolver estos supuestos, frente a la doctrina tradicional que exige la concurrencia de una probabilidad rayana en la certeza respecto de la evitación de haberse comportado el autor correctamente, un nutrido grupo de autores –encabezado precisamente por Roxin - propone imputar el resultado aunque no sea seguro que la conducta ajustada a Derecho hubiera evitado el resultado.
  • 105. Conforme a esta " teoría del incremento del riesgo ", una vez que se ha comprobado que el autor generó un riesgo desaprobado -y que no es seguro que su ausencia no hubiera evitado el resultado- debe imputarse el resultado como realización del riesgo típico, ya que no sería lícito disgregar artificiosamente el riesgo que se realiza en el resultado en un segmento permitido (en el caso referido: el riesgo derivado -por la constitución delicada del paciente- de la administración de cualquier medicamento, específicamente, de los medicamentos indicados por la lex artis ) y uno no permitido (la administración de un medicamento no indicado).
  • 106. Más allá de la formulación de hipótesis lo que procede es determinar si la norma de cuidado infringida estaba dirigida a la evitación del resultado en cuestión, es decir, si su respeto sirve a evitar de modo planificable ese tipo de resultados .
  • 107. En el caso al que se está haciendo referencia, parece claro que la exclusión de determinados medicamentos de los que resultan indicados para su prescripción está destinada a evitar daños en el paciente. Lo que sucede en el caso es que se desconoce si es ese riesgo (evitable de modo planificable mediante la no prescripción) el que se ha realizado, o, por el contrario, el riesgo general (no evitable mediante la no prescripción) que conlleva la administración de todo medicamento, también de los indicados, es decir, el riesgo que podemos denominar "hipersensibilidad del paciente".
  • 108. Así las cosas, lo que sucede es que no hay prueba de que fuera efectivamente la conducta típica la que produjo el daño: mientras que la doctrina tradicional hace un uso tautológico de hipótesis, la doctrina del incremento del riesgo cae en un error igualmente grave: infringe el principio in dubio pro reo y convierte un delito de resultado en una infracción de peligro.
  • 109. - La relevancia del transcurso del tiempo entre conducta y resultado Existe un numeroso grupo de constelaciones de casos que vienen planteándose en la doctrina bajo la rúbrica de “daños consecuenciales” o "derivados" y cuyo denominador común está en que, una vez realizada la conducta típica, el resultado se produce después de transcurrido un considerable lapso, es decir, que el daño es “consecuencia” de la conducta del autor, pero no una consecuencia inmediata en el tiempo.
  • 110. En este contexto, puede pensarse en dos grandes grupos de supuestos: por un lado, aquellos en los que existen lesiones de carácter permanente o transitorio producidas por el autor que un tiempo después –por ejemplo, años más tarde- son la base de un ulterior daño: el sujeto lesionado, que quedó paralítico por una lesión producida, no puede salir de un edificio en llamas décadas después; la niña que es ingresada en un hospital por un envenenamiento producido por una prescipción farmacéutica inadecuada y muere por una infección en el hospital.
  • 111. Por otro lado, aquellos casos en los que las lesiones iniciales conducen por su propia naturaleza a un proceso lento al final del cual está un ulterior daño : así, por ejemplo, enfermedades como el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, o un envenenamiento o una contaminación con sustancias radioactivas que producen la muerte muchos años después.
  • 112. El tratamiento de ambos grupos de constelaciones es diferente. En el primer grupo de casos se trata de supuestos de concurrencia de riesgos; es decir, se trata de determinar si el riesgo surgido con posterioridad (el incendio y la imposibilidad de escapar, la infección) interrumpen el nexo de imputación. Tan sólo hay que señalar que la existencia de determinados daños permanentes, como es lógico, imponen ciertas precauciones exigibles a la víctima.
  • 113. En el segundo grupo de casos, sin embargo, no hay tal concurrencia de riesgos: el riesgo inicial es el que se realiza, sólo que después de un lapso muy considerable . A este mero transcurso del tiempo se le ha atribuído distinta relevancia en la doctrina; mientras que unos piensan que el mero paso del tiempo no afecta per se a la imputación del resultado, otros quieren excluir esta imputación, al menos respecto de determinadas constelaciones de casos; también se ha propuesto estimar una reducción del injusto en atención a que no se trata de supuestos de destrucción inmediata de la vida, sino de acortamiento de ésta.
  • 114. Parece claro que los inconvenientes procesales que puedan derivar del gran lapso de tiempo existente entre la conducta del sujeto y la lesión no pueden hacer desaparecer sin más el vínculo entre riesgo y resultado: en efecto, lo que atribuye, por ejemplo, gravedad precisamente al VIH no está en las molestias o enfermedades oportunistas que va produciendo, sino el desenlace final después del colapso del sistema inmunológico. Sí parece razonable, sin embargo, pensar en una disminución de la pena por reducción del injusto.
  • 115. Riesgos concurrentes Finalmente, ha de abordarse brevemente el campo en el que en realidad se produce el proceso normativo de imputación del resultado: aquel en el que compiten dos riesgos por ser identificados como los decisivos respecto del resultado, como posibles explicaciones de éste . En primer lugar, cabe identificar un sector de supuestos en los que ya desde un principio parece claro que el riesgo creado por el autor carece de relación con el resultado producido, pues aunque existe una conducta típica por parte del autor, el riesgo que se realiza en el resultado es otro distinto (cuestión que suele abordarse frecuentemente bajo el rótulo del “fin de protección de la norma de cuidado”).
  • 116. Se debe llegar a esta conclusión, en principio, en dos ámbitos: en primer lugar , puede suce­der que el riesgo creado por el autor sólo contri­buya de modo causal a la producción del resulta­do, pero que en realidad se realice un riesgo general de la vida . Esta posibilidad concurre, por ejemplo, si un sujeto secuestra a la vícti­ma y ésta muere en un acciden­te de circulación -inevi­table- duran­te el secues­tro: no hay, en puridad de términos, si­quiera un riesgo típicamente relevante de muer­te.
  • 117. A este contexto pertenecen también los daños derivados de una conducta delictiva mediados por una gran impresión emocional: en los llamados casos de shock ; si, por ejemplo, al tener conocimiento un padre de la muerte por homicidio de su hijo, sufre un ataque al corazón, esta lesión no le resulta atribuible al autor del homicidio.
  • 118. Por otro lado, aún en casos en los que sí existe tal riesgo inicial –por ejemplo, en el frecuentemente citado caso en el que la víctima muere, después de ser apuñalada, camino del hospital en la ambulancia a causa de un accidente de circulación-, el resultado no resulta imputable –sí una tentativa cuando se trata de una conducta dolosa- cuando ese riesgo inicial se ve sustituido por otro riesgo concurrente que forma parte de los riesgos generales de la vida –en el caso de la ambulancia: el riesgo “tráfico rodado”-.
  • 119. Parte subjetiva del tipo a) Dolo e imprudencia. Por último encontramos dentro del tipo positivo, la parte subjetiva del tipo. La parte subjetiva del tipo puede venir conformada por el dolo o/y la imprudencia y además, en algunos tipos, por elementos subjetivos del tipo o del injusto.
  • 120. El tipo de injusto requiere siempre una parte subjetiva, lo que se denomina desvalor de la intención desde la perspectiva de la antijuridicidad . Sin la parte subjetiva del tipo es imposible fundamentar la responsabilidad penal que se basa en una responsabilidad subjetiva.
  • 121. b) Elementos subjetivos del injusto. Son ánimos o fines específicos distintos del simple dolo y requeridos expresamente por la descripción legal, sin los cuales la conducta no está penalmente prohibida por no ser ni típica ni antijurídica. Así p.ej. el ánimo de apropiación en el hurto (art. 549 CP), el animus iniurandi en la injuria (art. 489 CP).
  • 122. HURTO Art. 547.‑ Son reos de hurto los que, sin violencias ni amenazas contra las personas, ni fuerza en las cosas, sustrajeren fraudulentamente uno cosa ajena, con ánimo de apropiarse.
  • 123. INJURIA Art. 489.‑ La injuria es: Calumniosa , cuando consiste en la falsa imputación de un delito; y, No calumniosa , cuando consiste en toda otra expresión proferida en descrédito, deshonra o menosprecio de otra persona, o en cualquier acción ejecutada con el mismo objeto.
  • 124. c) El dolo El concepto de dolo es el de un dolo objetivamente malo , es decir, que el sujeto que tiene dolo, no tiene que conocer además que lo que está realizando está prohibido por la norma, no tiene que tener conciencia de la antijuridicidad.
  • 125. El dolo existe sin ella, porque no nos encontramos ante un dolo subjetivamente malo, sino ante un dolo objetivamente malo. Por tanto, por dolo se entiende: conocimiento y voluntad de realizar todos los elementos objetivos del tipo total de injusto , tanto los de su parte positiva, como los de la parte negativa, la ausencia de los elementos de causas de atipicidad y de causas de justificación; unos y otros son los presupuestos de la antijuridicidad penal.
  • 126. En cambio, el dolo no requiere conocimiento o conciencia de la propia antijuridicidad o prohibición (ni general ni penal) de la conducta. A través de un sencillo ejemplo , quedará más claro lo que se quiere explicar: el sujeto activo que mata a otro, debe saber que está matando a otro, a otra persona y con ello ya habrá dolo (dolo objetivamente malo) y no importa si el sujeto activo sabe además que su acción está prohibida por el Derecho (penal), normalmente lo sabrá, pero si no lo sabe, no por ello dejará de actuar con dolo: conocimiento y voluntad de matar.
  • 127. El dolo está ubicado en la parte subjetiva del tipo positivo y no en la culpabilidad , como alguna parte de la doctrina mantiene. Tiene dos elementos: 1) el cognoscitivo o intelectual que exige que haya un conocimiento de los elementos objetivos del tipo global de injusto, lo que implica conocer los presupuestos materiales de la prohibición penal, aunque el sujeto concreto pueda pese a todo no tener conciencia de la prohibición, lo que supondría un problema de culpabilidad, pero no de exclusión del dolo, que sí existiría. 2) El elemento volitivo , sea como intención directa, sea como aceptación, unido al conocimiento supone mayor peligrosidad y fundamenta el mayor grado de desvalor de la acción.
  • 128. El elemento volitivo da lugar a la principal clasificación del dolo: 1) Dolo directo de primer grado . Es la forma del dolo en el que el elemento volitivo se presenta de modo más intenso. Supone que el propósito, intención o finalidad que persigue el agente es precisamente la realización de los elementos de un tipo delictivo. Para que haya intención o propósito no es preciso que la realización del tipo constituya el móvil o fin último del autor.
  • 129. 2) Dolo directo de segundo grado . También denominado por el TS, dolo de consecuencias necesarias. El dolo directo de segundo grado supone que la intención o propósito que persigue el sujeto no es precisamente la realización del tipo, sino la consecución de otro objetivo, pero sabe que a tal acción encaminada a otro fin va unida necesariamente y con seguridad la realización de todos los elementos de un tipo delictivo, cuya producción aunque no le guste, también acepta. P.ej. alguien coloca un artefacto en un coche para matar a un político y sabe que al explotar también matará al chofer que conduce el vehículo.
  • 130. La distinción entre dolo de 1.º y 2.º grado es una pura cuestión conceptual, sin mayor trascendencia práctica, a no ser que algún tipo de la Parte especial requiera expresamente dolo de 1.º.
  • 131. 3) Dolo eventual. El dolo eventual plantea problemas de delimitación con la imprudencia consciente , puesto que el elemento cognoscitivo es el mismo en el dolo eventual que en la imprudencia consciente y se diferencian, por tanto, ambos conceptos en la intensidad de la voluntad.
  • 132. El saber cuándo hay una mínima voluntad de realizar todos los elementos del delito, resulta ser la cuestión fundamental para aplicar el dolo eventual y diferenciarlo así de la imprudencia consciente, puesto que en ambos casos no se persigue directamente realizar el hecho típico y se sabe que no es seguro que con esa conducta se realice el hecho.
  • 133. Para definir el dolo eventual y delimitarlo de la imprudencia consciente se aplica la teoría del consentimiento restringida, la cual mantiene que el dolo eventual requiere el elemento volitivo en forma de aceptación o consentimiento de la eventual producción del hecho lesivo, pero que mediante una valoración objetivo-normativa se puede restringir lo que se entiende por aceptación/no aceptación.
  • 134. La restricción más usual consiste en considerar que la aceptación o consentimiento no se excluye por una confianza irracional e infundada en la no producción del hecho , sino que la aceptación o consentimiento sólo se excluye por una confianza mínimamente fundada objetivamente, aunque errónea, en que no se produzca el hecho.
  • 135. Por eso, para excluir la auténtica aceptación jurídicamente relevante , lo que cuenta no es la mera esperanza o confianza irracional y puramente subjetiva en la no producción del hecho, sino la confianza que con una mínima base racional objetiva puede albergar cualquier persona de que no se va producir el hecho lesivo.
  • 136. Esa confianza con un mínimo fundamento objetivo exige o que haya ya bastantes posibilidades objetivas, conocidas por el sujeto, de no realización del hecho, o que pese a la peligrosidad pueda hacer algo para intentar evitar tal producción; por el contrario la mera esperanza irracional en la buena suerte no fundamenta una confianza racional en la no producción del hecho.
  • 137. Así p. ej. si el terrorista pone una bomba en un sitio concurrido para causar alarma, pero deseando en el fondo que en el momento de la explosión no alcance a nadie, estaremos ante un caso de dolo eventual , porque el mero deseo no excluye el consentimiento en la producción del hecho típico y tampoco hay atisbos de que haya una confianza racionalmente fundada en que tal hecho típico, homicidios o lesiones por la explosión, no se va a producir.
  • 138. d) La imprudencia. La imprudencia es la otra forma de desvalor subjetivo o de la intención junto con el dolo. Sin embargo, debido a las peculiaridades que el delito imprudente presenta frente al doloso, el concepto de imprudencia y sus elementos serán abordados con el estudio del delito imprudente.
  • 139. Pero se quiere adelantar y dejar ubicada correctamente en este lugar a la imprudencia como otra forma de desvalor de la intención , aunque un desvalor de la intención de menor gravedad que el dolo.
  • 140. 2. Exclusión del dolo: error de tipo. Concepto: El dolo se puede excluir por la inexistencia de uno de sus elementos, o bien el elemento volitivo o bien el elemento intelectivo. Este último se excluye cuando el sujeto activo sufre un error de tipo. Éste puede crearle una situación de absoluta ignorancia o un falso, equivocado o distorsionado conocimiento de los elementos del tipo.
  • 141. El error de tipo hay que diferenciarlo del error de prohibición –que estudiaremos más tarde-, ya que este error no excluye el dolo, sino que atenúa o excluye la culpabilidad del sujeto, al no actuar éste con conciencia de la antijuridicidad, es decir, el no saber que su conducta está prohibida y desvalorada.
  • 142. Efectos del error de tipo: Partiendo del caso paradigmático de error de tipo sobre los elementos esenciales del tipo –aquellos que constituyen los caracteres propios de los tipos básicos– concluimos que esta clase de error excluye en todos los casos el dolo. Pero los efectos cambian si se trata de un error de tipo vencible o invencible.
  • 143. a) Si el error es objetivamente vencible , es decir, que prestando la debida atención en la comprobación, éste se hubiera podido evitar y también el hecho lesivo, estamos ante una conducta imprudente que se castigará como delito imprudente (en el caso de que este tipificado, p.ej. habrá homicidio imprudente si un cazador, creyendo en una observación precipitada que tras unos matorrales hay una pieza de caza, mata de un disparo a la persona que había allí, pues si no es así, el error aun vencible dará lugar a la impunidad.
  • 144. El criterio para saber si el error es vencible o invencible o inevitable es objetivo , no subjetivo, por lo que se acudirá al sujeto medio ideal según la correspondiente posición jurídica, colocado en la situación del autor y con los conocimientos de éste. No olvidemos, por tanto, que el error de tipo es una cuestión de injusto y no de culpabilidad .
  • 145. b) Si el error es objetivamente invencible o inevitable excluye la responsabilidad criminal. Hay que completar esta afirmación legal para saber en qué consiste esa exclusión de la responsabilidad criminal.
  • 146. Así si el error de tipo se basa en una creencia objetivamente fundada o inevitable para el sujeto medio ideal, colocado en la situación del autor y con los conocimientos de éste y empleando toda la diligencia objetivamente debida , no hay dolo ni imprudencia alguna, y nos encontramos ante un caso especial de caso fortuito : p. ej. el maquinista de un tren, al llegar a una señal luminosa que por fallo del sistema le deja paso libre, sigue por una vía sin sospechar que a la salida de una curva se va a encontrar con otro convoy, al que embiste, causando múltiples daños, muertes y lesiones.
  • 147. Si el error hubiese sido objetivamente vencible pero subjetivamente invencible para el sujeto concreto, dadas sus características personales, habrá un delito imprudente cometido por un sujeto inculpable.
  • 148. Consecuencias del error de tipo: El error sobre un elemento del tipo afecta siempre al injusto típico. Si es vencible excluye el dolo, pero no la imprudencia. Si es invencible nos encontramos ante un supuesto específico de caso fortuito , que es una causa de justificación de la acción y que tendrá la clase de efectos de éstas, como exclusión de cualquier tipo de responsabilidad jurídica, no cabrá acudir a la legítima defensa para protegerse frente a conductas bajo los efectos del error de tipo, sí en cambio cabe acudir al estado de necesidad defensivo.
  • 149. También el error de tipo en el sujeto activo, le puede convertir en presa fácil para el autor mediato que pretende su instrumentalización. En cambio en el error vencible de tipo cabe responsabilidad penal por el delito imprudente , siempre y cuando éste se encuentre tipificado.
  • 150. Si estamos ante un error de tipo objetivamente vencible, pero subjetivamente invencible para el sujeto concreto no habrá culpabilidad y por tanto responsabilidad penal, pero sí responsabilidad civil por el hecho antijurídico cometido. Tampoco cabrá legítima defensa , porque la actuación imprudente no constituye una agresión ilegítima y sí que es posible afirmar la autoría mediata de quien provoca o utiliza dicho error del agente.
  • 151. Error sobre elementos accidentales del tipo: Hemos descrito el error de tipo sobre elementos esenciales y descriptivos, pero también hay error sobre los elementos normativos del tipo (sobre esta cuestión remito directamente a LUZÓN PEÑA, Curso de Derecho Penal PG I, 1996, 447) y sobre los elementos accidentales . Cuando el error recae sobre elementos accidentales del tipo, hay que distinguir según se trate de elementos que dan lugar a un subtipo agravado o privilegiado .
  • 152. Si nos encontramos ante un tipo cualificado agravado el error sobre un hecho que cualifique su infracción o sobre una circunstancia agravante impedirá su apreciación. Esto es así tanto si el error es vencible como invencible, respondiendo el sujeto por el tipo básico, que sí realiza dolosamente.
  • 153. Si el caso que se presenta es el error sobre un elemento que privilegia, el CP ha guardado silencio y no da solución alguna. Las interpretaciones tampoco aclaran la situación, puesto que hay argumentos para aplicar el tipo básico en el caso de que el sujeto desconozca la situación que le privilegia o que pese a desconocerla ésta concurre siempre que concurran las circunstancias objetivas, por lo que debe ser el tipo privilegiado el que finalmente se aplique.
  • 154. Error sobre el curso causal: Este error que se produce sobre el camino que toma el curso causal, que no llega a ser en todos los puntos el planeado, no interfiere, ni influye en la existencia o no del dolo del sujeto. Este error es más bien un problema para la imputación objetiva, pues aunque haya dolo, los casos de desviaciones en el curso causal pueden excluir o no la imputación objetiva según la entidad de la desviación.
  • 155. Así el resultado no es objetivamente imputable a la acción por ser objetivamente imprevisible o no encajar en el fin de protección de la norma por no suponer la realización del peligro inherente a la acción o por otra razón (p.ej. A quiere matar a B de un disparo o de una cuchillada, pero B queda gravemente lesionado, muriendo al cabo de varios años como consecuencia de la enfermedad).
  • 156. Dolus generalis : Estos casos consisten en que cuando el autor cree haber realizado el hecho típico, realmente ha fracasado y cuando realiza una segunda conducta, conectada normalmente a la anterior, es cuando realiza el hecho perseguido, pero esta vez el sujeto lo desconoce. P. ej. un sujeto, actuando con dolo directo o eventual acuchilla a otro o dispara contra él y, creyendo que lo ha matado, decide ocultar el cadáver enterrándolo, o tirándolo a un pozo, y es entonces cuando el sujeto pasivo, que aún estaba vivo, muere asfixiado o desnucado.
  • 157. Estos casos no son tampoco auténticos errores de tipo que excluyan el dolo, sino que volvemos a encontrarnos con una cuestión de imputación objetiva del resultado a la acción inicial . En efecto, hay pluralidad de acciones separadas en el tiempo y por tanto varias resoluciones de voluntad.
  • 158. Por eso en principio hay dos cadenas causales originadas cada una por una acción; pero sí es cierto que la segunda cadena causal trae su origen de la primera, por lo cual el resultado está en relación de causalidad con la primera acción. Si pasamos a analizar la imputación objetiva, en estos casos falla el criterio de la realización del peligro inherente a la acción inicial, ya que no muere por el disparo, acción inicial, sino de ahogamiento, si finalmente se le tira a un pozo para ocultar el cadáver.
  • 159. El resultado debe imputarse a esta segunda acción, pero en la que no hay dolo de matar, porque se cree erróneamente que el sujeto está muerto. Y es aquí, efectivamente, en esta segunda acción en la que hay un error de tipo vencible, si el sujeto no comprobó mínimamente, como debía haber hecho, si había muerto la víctima, es decir, si consumó el delito con la primera acción, o un error de tipo invencible, ya que pese a haber hecho todo tipo de comprobaciones era imposible saber que el sujeto seguía vivo.
  • 160. Por todo ello habrá una primera acción dolosa en tentativa a la que no se le puede imputar el resultado final y una segunda acción, en concurso real con la primera, de un delito imprudente consumado o de un delito doloso incluso, si hubiese dolo eventual o finalmente si no hubiese dolo, ni imprudencia, es decir hubiera un error invencible de tipo , la segunda acción constituye entonces un caso fortuito y se castigaría exclusivamente por la tentativa dolosa de la primera actuación del sujeto activo.
  • 161. Error sobre el objeto o la persona: Se trata de un error sobre la identidad del objeto o la persona sobre el que recae la acción típica. Este error es relevante si el cambio de identidad provoca un cambio de calificación típica. Si el objeto o la persona, p. ej. en vez de matar a A, se mata a B, tienen idéntica protección penal el error de tipo es absolutamente irrelevante. Si el cambio de identidad provoca un cambio de calificación típica el error de tipo es relevante y habrá que distinguir entre error directo y error inverso.
  • 162. a) Error directo (desconocimiento de los elementos del tipo más grave). El sujeto lesiona un objeto o persona que tienen una protección jurídica especial y lo desconoce. El dolo entonces ya no abarca ese nuevo tipo o ese subtipo cualificado. En este último caso se aplicará el tipo básico y no el subtipo cualificado, como ya hemos visto. Si se trata de un nuevo tipo, la solución es otra. Habrá un concurso ideal (art. 77 CP) entre lo querido por el sujeto y lo efectivamente realizado por él sin dolo, pero sí con imprudencia, si el error de tipo es vencible.
  • 163. Por el contrario, sólo se castigará por el delito doloso, si el error es objetivamente invencible. Además como habrá una relación entre los tipos, pues básicamente se tratará del mismo bien jurídico, aunque en un caso adquiera especial relevancia, el delito doloso estará también consumado, pues quien realiza lo más también realiza lo menos. P.ej. una persona allana un domicilio ajeno creyendo que su titular es un particular e ignorando que es la residencia de un Embajador: habrá allanamiento de morada doloso consumado en concurso ideal con el allanamiento de morada imprudente a la residencia del Embajador, que en este caso quedará impune al no tipificar el allanamiento de morada imprudente en el CP.
  • 164. b) Error inverso. En estos casos el sujeto cree erróneamente que concurre la cualidad en el objeto o la persona afectados por la conducta, que daría lugar al tipo más grave , por lo que en estos casos al no darse la cualidad en el bien jurídico atacado habrá tentativa imposible del delito más grave y será doloso en concurso ideal con un delito también doloso , ya quien quiere hacer lo más también quiere hacer lo menos, pero generalmente consumado, constituyendo el tipo menos grave.
  • 165. Aberratio ictus: Literalmente significa desviación o equivocación en el golpe y se produce cuando se desvía o modifica el curso causal previsto por el autor y tampoco alcanza al objeto representando y querido por el autor, sino a otro objeto distinto y más o menos cercano al primero . Así p. ej. A dispara contra X con ánimo de matar o lesionar, pero el disparo se desvía a un lado y alcanza a Y que estaba detrás.
  • 166. No se trata , pese a que pueda parecerlo un simple error sobre el objeto. Existen con éste considerables diferencias . En primer lugar, en la aberratio ictus se ven afectados diversos bienes jurídicos, es decir, diversos objetos o relaciones con concretas referencias espaciotemporales, por lo que no se pone en peligro un bien jurídico vida, integridad, propiedad, etc. entendido en abstracto, sino que se pone en peligro el concreto bien jurídico que quería lesionar el autor, y no sólo el finalmente lesionado, por lo que junto a este desvalor del resultado hay un adicional desvalor –subjetivo y objetivo– de la acción, una tentativa acabada o frustración, que no ha tenido la suficiente habilidad o perfección como para ser capaz de consumar la lesión.
  • 167. En cambio, en un error sobre la identidad del objeto o de la persona no se pone en peligro el bien jurídico que se quería lesionar además del realmente lesionado, sino sólo y exclusivamente el realmente alcanzado y lesionado y además la acción demuestra tener la suficiente capacidad para lesionarlo y no fracasar.
  • 168. Por otro lado, en el caso normal de aberratio no hay dolo de lesionar el concreto bien jurídico que resulta alcanzado , lo que sí hay en el error sobre el objeto o la persona, sino sólo falta del cuidado debido porque, dada la situación, la conducta era ex ante indebidamente peligrosa para ese bien jurídico , pero el sujeto no se da cuenta de ello, imprudencia inconsciente, o lo percibe, pero confía en no alcanzarlo, imprudencia consciente.
  • 169. Dicho esto, según la doctrina, en estos supuestos hay que aplicar un concurso ideal entre un delito doloso en tentativa, que es el bien jurídico que realmente se quería lesionar, y un delito imprudente, o raramente también doloso, si existiese dolo eventual, consumado.
  • 170. No obstante puede haber casos en que no pueda llegarse a la solución de un concurso ideal, por no haber ni dolo ni imprudencia, debido a que el sujeto activo había tomado las precauciones suficientes y no fuese objetivamente previsible la situación tal y como acaeció , como p.ej. que fuera imprevisible, después de realizar todo tipo de comprobaciones, que en el recinto hubiera otra persona que estuviese oculta y que fue a la que finalmente se hirió.
  • 171. CP Art. 13.‑ El que ejecuta voluntariamente un acto punible será responsable de el, e incurrirá en la pena señalada para la infracción resultante, aunque varíe el mal que el delincuente quiso causar, o recaiga en distinta persona de aquella a quien se propuso ofender. …
  • 172. La preterintencionalidad. Combinaciones dolo e imprudencia. Delitos cualificados por el resultado.
  • 173. En los casos normales, en la parte subjetiva del tipo positivo o hay dolo o imprudencia, pero también pueden darse casos en los que coexistan ambas expresiones subjetivas: tanto el dolo como la imprudencia o incluso dolo más dolo o imprudencia más imprudencia.
  • 174. a) Estas combinaciones o sumas de dolos o imprudencias se producen cuando se realizan varios tipos. Así por extensión ocurre en el caso de concurso real de delitos (art. 81 CP) en donde un sujeto realiza varias acciones separadas temporalmente, aunque pueden ir seguidas, dando lugar a su vez a varias acciones típicas, algunas dolosas otras imprudente o todas dolosas o imprudentes.
  • 175. Pero en sentido estricto puede hablarse de combinación dolo/imprudencia, o de las otras combinaciones subjetivas, cuando una sola acción realiza dos tipos distintos, uno doloso y otro imprudente, o ambos dolosos o imprudentes. En tal supuesto la combinación puede resolverse, que será lo más habitual, por las reglas normales del concurso ideal de delitos (art. 81 num. 6 CP); o bien mediante reglas o figuras típicas especiales cuando la ley cree un sólo tipo pero con varias partes y unas sean realizadas con dolo y otras con imprudencia.
  • 176. Ejemplos de lo dicho hasta aquí los podemos encontrar en los múltiples supuestos de realización conjunta con una sola acción de dos o más delitos dolosos (idénticos o distintos) o de dos o más imprudentes (idénticos o distintos), o en los supuestos especiales de error de tipo.
  • 177. P.ej. Aberratio ictus , error sobre el curso causal, error in persona o in obiecto relevante, que vienen a ser múltiples variantes de una sola acción que sin embargo realiza una combinación de un delito doloso, intentado o consumado, y un delito imprudente, o de un delito consumado o intentado con dolo directo, o eventual, y el otro intentado o consumado con dolo eventual.
  • 178. En todos estos casos efectivamente se aplican las reglas normales del concurso ideal de delitos, que permiten tener en cuenta el adicional desvalor, o bien de otro delito imprudente consumado, o de otro delito doloso intentado o consumado.
  • 179. La otra forma de solución distinta de las reglas concursales generales, y que también supone una pena distinta, generalmente más grave que las reglas generales del concurso ideal, es la de que la ley cree un tipo complejo o compuesto de otros dos delitos y que aquí se den las combinaciones dolo/imprudencia, o dolo/dolo o, más raramente, imprudencia/imprudencia. O también que cree un tipo compuesto, pero sin que las dos partes sean delitos por separado, y con combinación dolo/imprudencia.
  • 180. Además estas posibilidades anteriormente expuestas se pueden dar en casos de lesión/lesión p.ej. robo con homicidio, o de lesión/peligro, p.ej. los incendios (arts. 388 ss.) o de delitos cualificados por el resultado.
  • 181. b) Los delitos cualificados por el resultado suponen que la ley prevé una cualificación de un tipo básico si como consecuencia de éste se origina, aun sin querer el autor, un resultado más grave y relacionado con la peligrosidad del delito base. Tales figuras son reconocibles porque el tenor legal no habla de “el sujeto” que causare –o provocare, originare o fórmula similar- con su acción un resultado, sino de que como consecuencia de la primera conducta resultare, se originare, se produjere… un resultado, es decir, se utiliza una fórmula impersonal, objetiva.
  • 182. Estos delitos cualificados por el resultado son muy problemáticos , ya que la pena prevista para ellos desborda ampliamente la que resultaría de las reglas normales de un concurso ideal entre la realización dolosa del tipo base y la causación imprudente del resultado más grave. Por esta razón, en el CP de España de 1995, se ha tratado de suprimirlos y aplicar las reglas generales de los concursos y desde luego han desaparecido los más notorios y con penas más graves, como p.ej. el antiguo delito de aborto con resultado de muerte. En el Ecuador la situación no ha variado.
  • 183. CP Art. 445.‑ Cuando los medios empleados con el fin de hacer abortar a una mujer hubieren causado la muerte de ésta, el que los hubiere aplicado o indicado con dicho fin, será reprimido con tres a seis años de reclusión menor, si la mujer ha consentido en el aborto; y con reclusión mayor de ocho a doce años, si la mujer no ha consentido.
  • 184. CP Art. 477.‑ Si el abandono ha causado la muerte del niño , la pena será: En el caso del Art. 474, de prisión de uno a tres años; y en el caso del Art. 475, de prisión de cinco años.
  • 185. CP Art. 514.‑ Si la violación produjere una grave perturbación en la salud de la persona violada se aplicará la pena establecida para los numerales 2 y 3 del artículo anterior; y, si le produjere la muerte, la pena será de reclusión mayor especial de dieciséis a veinticinco años.
  • 186. CP Art. 552.- El máximo de la pena establecida en el artículo anterior, se aplicará al responsable si concurre alguna de las siguientes circunstancias: 1a.‑ Si las violencias han producido heridas que no dejen lesión permanente; 2a.‑ Si el robo se ha ejecutado con armas, o por la noche, o en despoblado, o en pandilla, o en caminos o vías públicas; 3a.‑ Si se perpetrare el robo con perforación o fractura de pared, cercado, techo o piso, puerta o ventana de un lugar habitado o sus dependencias inmediatas; y, 4a.‑ Cuando concurra cualquiera de las circunstancias de los números 2o, 3o y 4o del Art. 549. Cuando concurran dos o más de las circunstancias a que se refiere este artículo, la pena será de reclusión menor de seis a nueve años. Si las violencias han ocasionado una lesión permanente de las detalladas en los Art. 466 y 467, la pena será de reclusión mayor de ocho a doce años. Si las violencias han causado la muerte, la pena será de reclusión mayor especial de dieciséis a treinta años.
  • 187. c) En cuanto a la preterintencionalidad , algunas posiciones la consideran un tercer género entre el dolo y la imprudencia. No obstante, en el CP ecuatoriano la preterintencionalidad no supone en absoluto una especie intermedia entre el dolo y la imprudencia o una tercera forma de desvalor subjetivo. La preterintencionalidad consiste en que el sujeto no persigue causar un resultado tan grave como el que produce, y, cuando el cambio de resultado da lugar a un cambio de delito, el autor tiene la intención de cometer un delito menos grave, que consuma o queda en tentativa, y sin embargo produce un delito más grave que no pretendía causar.
  • 188. Puede haber preterintencionalidad homogénea cuando el mal pretendido y el más grave producido pertenecen al mismo delito, p.ej. se quieren realizar lesiones leves y se producen lesiones graves. O bien preterintencionalidad heterogénea cuando el delito pretendido y el producido son distintos p. ej. se querían realizar unas lesiones y se mata, o se quería lesionar y se producen daños.
  • 189. La producción del resultado no querido puede ser imprudente o fortuita . Así p. ej. si se produce la muerte como consecuencia de un puñetazo o empujón con las manos, pero con la mala suerte de que la víctima cae de espaldas y se parte la base del cráneo con una piedra o un bordillo de la acera. En todos estos casos no estamos ante un caso especial de resolución de las posibles combinaciones en la parte subjetiva, sino que según la doctrina hay que resolver todos estos casos acudiendo al concurso ideal de delitos (art. 81 num. 6 CP).
  • 190. CP Art. 455.‑ Cuando las heridas o golpes, dados voluntariamente, pero sin intención de dar la muerte, la han causado , el delincuente será reprimido con tres a seis años de reclusión menor. …