El documento describe la evolución del concepto de "persona" desde su origen griego como máscara teatral hasta su significado filosófico en la antropología personalista. La teología cristiana dio al término un sentido más profundo al describir la unión divina y humana en Cristo. La escolástica definió a la persona como una sustancia individual autónoma con dignidad. El personalismo destaca el valor absoluto e irrepetible de cada persona.