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Forma, Dimensión y Heidegger
Luis Javier Echeverri Vélez
Profesor de la Escuela de Arquitectura
Facultad de Artes Integradas.
Universidad del Valle
luis.echeverri@correounivalle.edu.co
Resumen
El presente ensayo es un subproducto de dimension1ar, investigación en creación artística
financiada por la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Valle, cuyo objeto
es establecer un marco filosófico sobre los universos dimensionales de la forma,
particularmente los existenciales, recurriendo al pensamiento de M. Heidegger. Inicia
planteando la relación entre su pensamiento y la dimensión como variable taxonómica de la
forma. Define posteriormente la noción de dimensión topológica. Y en su parte final, que
constituye la esencia del trabajo, presenta una selección de tres escritos del filósofo alemán
que a juicio del autor tienen una relación directa con la temática de la investigación. Citando
textualmente a Heidegger, establece un diálogo con sus ideas más relevantes, concretamente
las referidas a materia, espacio y tiempo.
Palabras clave:
Materia, espacio, tiempo, existencia, Heidegger.
Abstract
This essay is a byproduct of dimension1ar, research in artistic creation funded by the
Universidad del Valle, whose aim is to establish a philosophical framework for the
dimensional universes of form, particularly the existential, resorting to the thought of M.
Heidegger. He began considering the relationship between his thought and the dimension as
a taxonomic variable of the form. It then defines the notion of topological dimension. Finally,
which constitutes the essence of the work, presents a selection of three writings of German
philosopher who in the opinion of the author, have a relationship with the subject of the
investigation. Directly quoting the text of Heidegger, it establishes a dialogue with their most
relevant ideas, specifically concerning matter, space and time.
Key words:
Matter, space, time, existence, Heidegger.
2
Contenido
1  Heidegger y la dimensión...................................................................................3 
2  La dimensión como variable taxonómica...........................................................4 
3  La cosa: ¿qué es la MATERIA? (la clave 3D).................................................12 
3.1  La escala como referente de la cosidad ....................................................12 
3.2  Cosa y objeto ............................................................................................13 
3.3  El universo aparente .................................................................................14 
3.4  El universo práctico..................................................................................14 
4  Construir, habitar, pensar: ¿qué es la EXISTENCIA? (la clave 3D+1T).........17 
4.1  Definición de habitar y construir..............................................................18 
4.2  ¿Qué es la existencia?...............................................................................19 
4.3  El territorio dónde habitamos ...................................................................22 
4.4  Un sentido del lugar..................................................................................23 
4.5  Pensar la arquitectura ...............................................................................25 
5  El concepto de tiempo: ¿qué es TIEMPO? (la clave T) ...................................26 
5.1  ¿Qué es el tiempo?....................................................................................26 
5.2  La flecha del tiempo .................................................................................27 
5.3  El tiempo como dimensión de la existencia .............................................28 
5.4  Trascendencia del sentido del tiempo.......................................................28 
5.5  El futuro....................................................................................................29 
5.6  El tiempo del reloj ....................................................................................31 
5.7  La temporalidad del tiempo......................................................................31 
5.8  La individualidad del tiempo....................................................................32 
7  Referencias .......................................................................................................33 
3
1 Heidegger y la dimensión
La idea de este ensayo es trascender las elaboraciones propias sobre el estudio de la variable
dimensión en la forma, realizadas en el marco del proyecto dimension1ar1
, concretamente
aquellas relacionadas con la delimitación taxonómica de posibles universos dimensionales
cuyo parámetro de clasificación es su clave dimensional, y que dentro de nuestro trabajo
denominamos universos existenciales, como quiera que incorporan el componente temporal.
Para el logro de este propósito confrontamos nuestra taxonomía de las formas sustentada en
la variable dimensión, con el pensamiento filosófico de Martín Heidegger, quien entre su
copiosa producción dedica algunos escritos cuya temática específica permite establecer un
paralelo con algunas de las definiciones que sustentan nuestro trabajo. Concretamente en sus
ensayos “La cosa” (1949), “Habitar, construir, pensar” (1952), y “El concepto de tiempo”
(1924), el filósofo alemán manifiesta un evidente interés por las relaciones entre el ser, la
materia, el lugar y el tiempo. Nuestro parecer es que, en cada uno de ellos, Heidegger hace
una velada alusión a realidades dimensionales diferentes, así no haya sido esta su intención,
aunque pareciera que la demostración de sus planteamientos precisaría de dicha delimitación,
siendo esta presunción el motivo de nuestro interés en este particular aspecto de su trabajo.
Heidegger (Messkirch, Alemania,1889), es uno de los pensadores modernos más
importantes e influyentes sobre el pensamiento del siglo XX, representando el punto de
ruptura contra la metafísica vigente hasta entonces. Con él se construye una variable del
pensamiento filosófico por la cual la verdad deja de ser el fin de la filosofía, lugar que pasa
a ser ocupado por el lenguaje. De otra parte, el sujeto deja de ser un ente independiente de la
realidad, para proyectarse sobre ésta, y ser más bien un resultado de la misma. La
preocupación de Heidegger sobre las relaciones entre la nada, la materia, el lugar y el tiempo,
y en últimas, sobre la existencia, son una constante de su obra, que con el paso del tiempo se
constituiría en uno de los pilares del existencialismo, particularmente en la línea de
pensamiento agnóstico que Heidegger compartiría con Camus. La trascendencia de su obra
no logra ser opacada por su vínculo con el nacional socialismo alemán, en su momento
duramente cuestionada, y de las cual el filósofo no logra deslindarse al menos de manera
explícita. Por el contrario, al final de su vida (Friburgo de Brisgovia, 1979), Heidegger ya es
reconocido como quizás el filósofo más importante de la modernidad, comparable su obra al
de otros pensadores tales como Sartre, Foucault, Derrida o Vattimo.
1
dimension1ar es un proyecto de creación e investigación artística financiado por la Vicerrectoría de
Investigaciones de la Universidad del Valle, en ejecución al momento de escribir este artículo. Su objetivo es
generar obra artística en soportes de diferente complejidad dimensional, a partir de insumos de orden conceptual
y plástico, referenciados a la práctica profesional y docente del autor. Para información general sobre el
proyecto consultar el sitio web de la investigación: https://sites.google.com/site/dimension1ar/home
4
Los escritos de Heidegger que nos interesan fueron escritos en épocas diferentes de
su vida, siguiendo un orden cronológico que no se corresponde con nuestra taxonomía. “La
cosa” es de 1949, en plena depresión por la posguerra. En el año 1952 escribe “Habitar,
construir, pensar” como resultado de su preocupación por los problemas habitacionales y
los planes de reconstrucción de su país. Finalmente, “El Concepto del tiempo” escrito en
1924, corre paralelo con los desarrollos científicos que se dan en la primera mitad del siglo
XX y que otorgan una base racional a la idea del tiempo desde las teorías de la relatividad.
Como vemos, sus preocupaciones no siguen una línea del tiempo correspondiente con un
orden de dimensionalidad creciente, por el contrario, son totalmente aleatorias, y están
presentes en buena parte del total de su obra, como se ilustra en la Tabla 1.1en la que
relacionamos la fecha de los escritos en cuestión, con nuestro sistema de claves
dimensionales.
Tabla 1.1 / Textos de Heidegger estudiados
Escrito Clave dimensional Año de publicación
La cosa 3D 1949
Habitar, construir, pensar 3D+1T 1952
El Concepto del tiempo 1T 1924
En “La cosa”, el primero de los escritos referidos, Heidegger establece la diferencia
entre la materia o cosa de frente a la existencia, esbozando el sutil límite entre los universos
3D y 3D+1T. En el segundo texto, “Habitar, construir, pensar”, inadvertidamente
Heidegger llega a la idea de espacio existencial. Y finalmente, en “El concepto de tiempo”,
reflexiona sobre éste como percepto. En nuestra exposición, seguiremos el orden de la tabla
anterior, comentando cada uno de los textos a partir de los temas claves que hemos
identificado y que corresponden a los títulos de cada capítulo. Procederemos entonces a
establecer desde cada uno de los textos escogidos los conceptos más significativos desde
nuestro particular interés, utilizando como herramienta discursiva la cita textual, que nos
permitirá establecer de manera dialógica correspondencias y desencuentros entre sus
planteamientos y los nuestros. Creemos que esta reflexión para el propósito de nuestra
investigación, es una contribución a esclarecer la velada realidad de los universos
dimensionales, así como también la utilidad discursiva de nuestro instrumento taxonómico.
Pero antes y como preámbulo a la esta lectura de los textos de Heidegger, haremos en el
siguiente capítulo, un rápido resumen de los términos esenciales en que se inscribe nuestra
interpretación de la dimensión como variable taxonómica de la forma.
2 La dimensión como variable taxonómica
El valor o pertinencia más importante de la forma en tanto su estructura visual, es su
dimensionalidad, cualidad derivada del componente matemático de la dimensión. Aunque
5
esta última tiene diferentes acepciones2
, la más común está referida a la expresión mensurable
de un suceso físico en tanto magnitud, bien sea esta absoluta o relativa, como cuando nos
referimos a un cubo de 1 metro de lado, o a un rectángulo en proporción 2:3. Otra acepción
es de orden vectorial, e interpreta la forma a partir de su posición y dirección en el espacio y
de una magnitud, cuya valoración se adjudica a partir de un sistema de referencia, como el
sistema de ejes cartesianos. La dimensión que aquí nos interesa es la topológica, que valora
su dimensionalidad en tanto la capacidad de cobertura espacial de una forma, y su desarrollo
en un espacio de determinado número de direcciones, atributo a partir del cual nos es dado
representarla. Por ejemplo, cuando nos referimos a un cubo como forma tridimensional en
tanto que para su representación bastan tres direcciones espaciales contrarias entre sí, que
denominamos comúnmente largo, ancho y alto. Sin embargo, este concepto puesto en el
plano de lo abstracto, permite suponer universos dimensionales de cualquier número de
dimensiones, con un desarrollo en 4 y más dimensiones, denominados hiperespacios. O
incluso con dimensiones fraccionarias como en el caso de los fractales; o negativas, como en
el caso de los universos contextuales, propuesta que hicimos en ponencia presentada en el
Congreso de la Sociedad de Estudios Morfológicos de la Argentina (Echeverri, Entre
universos dimensionales: protoformas, contraformas, hiperformas, cuasiformas y
tempoformas, 2015).
Ilustración 2.1 / Tabla de Universos Dimensionales por el lado existencial
(Fuente: elaboración propia)
2
Una buena ilustración sobre “The Many Meanings of Dimension” puede consultarse en “Beyond the
third dimension” de Thomas F. Banchoff. (1990, págs. 5-7)
6
En esta ponencia y como ejercicio de síntesis, hicimos un ensayo de visualización de
los posibles múltiples universos dimensionales dependiendo de su clave dimensional3
, como
un instrumento para ubicar la realidad concreta, tanto física como existencial, y su posición
relativa —en términos topológicos— con otras realidades, bien sea matemáticas, o de
especulación metafísica. El instrumento lo denominamos Tabla de Universos Dimensionales
()Ilustración 2.1, y consiste en la representación sobre una matriz bidimensional inserta en
un espacio de tres dimensiones, la posición relativa de algunos espacios físicos de
dimensiones superiores e inferiores, positivas y negativas, más la variable temporal en una
sola dimensión4
. El contexto tridimensional en el que está inserto la matriz, permite
interpretar dos caras de la misma, que comparten un espacio común intersecto, en los
espacios euclidianos tradicionales de 0, 1, 2 y 3 dimensiones físicas5
, y los espacios fractales
posibles en sus límites intersticiales6
. Más allá de esta intersección, la matriz se abre en dos
universos, uno existencial y otro material. El primero de ellos, comprende además de las
dimensiones físicas, la dimensión temporal que es potestativa a los diagramas de espacio-
tiempo de Minkowski7
. El segundo, referido a las dimensiones físicas que sobrepasan el
espacio euclidiano, y que alberga los hiperespacios, en principio tan solo de validez
matemática, cuando se consideran exclusivamente desde su acepción perceptiva o sensorial.
El objeto de este instrumento visual es identificar las entreformas que habitan dichos
espacios, agrupadas por características dimensionales que les son comunes, para una mejor
comprensión de su función y significado. La especulación interpretativa que ofrece el
instrumento, permite incluso argumentar sobre realidades dimensionalmente negativas, que,
3
Notación compuesta de un número y una letra que indica el número de dimensiones y su componente
física o temporal, respectivamente. Por ejemplo: -1D, 3D+T, 5D, 2T.
4
En una etapa posterior de esta investigación habrá que documentar situaciones temporales de más de
una dimensión: 2T, 3T, etc.
5
Sobre las dimensiones euclidianas Eliezer Braun dice: «En vista de que el punto, de acuerdo con
Euclides, no tiene tamaño, se le asigna una dimensión nula o de cero. Una línea tiene solamente longitud, por
lo que adquiere una dimensión igual a uno. Una superficie no tiene ancho, por lo que tiene dimensión dos.
Finalmente, un cuerpo sólido, como un cubo, tiene dimensión tres. De hecho, en la geometría euclidiana las
únicas dimensiones posibles son las que corresponden a los números enteros: 0, 1, 2 y 3.» (Caos, fractales y
cosas raras, 1996, pág. 12).
6
La dimensión fractal valora la complejidad de una forma. En esta, sus componentes estructurales de
ser discernibles, repiten la estructura del todo, independientemente del número de iteraciones, por lo que su
aspecto resulta invariable en cualquier escala, incluso en el infinito. En términos de la dimensión su magnitud
siempre será un número fraccionario o decimal, de allí el carácter intersticial de los espacios fractales. Esta
dimensión particular se conoce con el nombre de dimensión de Hausdorff-Besicovitch (De Guzmán, Martín,
Morán, & Reyes, 1991)
7
«En 1908 el gran matemático Hermann Minkowski fue el primero en concebir un mundo de cuatro
dimensiones, con espacio y tiempo en función formando una indivisible continuidad. Su Espacio y Tiempo de
aquel año comienza con la celebrada expresión: “Desde hoy en adelante el espacio, como tal, y tiempo, como
tal, están condenados a desvanecerse en meras sombras, y solamente una especie de unión de los dos conservará
una realidad imperecedera”». Citado por Giedion en “Espacio, Tiempo y Arquitectura” (1955, pág. 16).
7
aunque no claramente válidas desde su formulación matemática, si muy útiles para
caracterizar los espacios contextuales tan caros al ejercicio del diseño y la arquitectura.
El hecho de que una forma tenga dos o tres dimensiones u otro número de
dimensiones enteras o fraccionarias, positivas o negativas, es determinante de su significado
visual, por lo que la estructura visual está determinada en principio por sus componentes
dimensionales más que por cualquier otro factor, existiendo una relación directa entre
visualidad aparente y dimensionalidad de la forma.
Tabla 2.1 / Relación entre clave dimensional, universo estético y elementos primarios de la forma
Clave dimensional Universo estético Visualidad aparente
0D el lugar el punto
1D la tensión la línea
2D la región el plano
3D la materia el volumen
3D+1T la existencia el espacio existencial
1T el tiempo la existencia
Todas las formas pertenecientes a una misma clave dimensional comparten unas
cualidades que le son comunes, y que están exclusivamente determinadas por la
dimensionalidad del soporte dimensional correspondiente8
. Cada soporte define unos
universos estéticos de la forma (vacío, lugar, tensión, región, etc.), y en ellos habitan los
elementos primarios de la forma (punto, línea, plano, etc.), que se corresponden con la
visualidad aparente de la forma en cuestión. Estos últimos son la manifestación o suceso
visual genérico y común a todas las formas de la categoría y el instrumento para la
diferenciación entre grupos. Su estructura visual viene determinada por el universo estético
correspondiente, como indica la Tabla 2.1, en la que se ha representado, de las múltiples
opciones de la Tabla de Universos Dimensionales, las correspondientes a los espacios
euclidianos del lado existencial, en tanto nuestro interés de analizar la realidad concreta de
la experiencia espacio-temporal, y su relación con el pensamiento de Heidegger.9
Nuestro
8
Se entiende el soporte como el valor dimensional del medio físico en que se expresa una forma, como
cuando decimos que una pintura está hecha sobre lienzo, siendo este el elemento físico que permite la
colocación de una serie de capas de pintura con un determinado arreglo estético, estas últimas las significativas
del valor de la pintura, no el lienzo en sí, aunque sin el concurso de este, no sería posible aquella. Entonces
tenemos que, aunque el lienzo no es la visualidad aparente del hecho artístico que llamamos pintura, la
bidimensionalidad de su soporte determina tanto la técnica de la pintura como la potencialidad significativa de
su mensaje
9
En nuestra propuesta de la Tabla de Universos Dimensionales, «las tres dimensiones físicas (3D)
más la temporal (1T), configuran el espacio existencial, culminación en complejidad de las formas del
espectro visible. Comprende todas las protoformas de los universos dimensionales anteriores
reconsideradas desde una perspectiva existencial.» (Echeverri, Entre universos dimensionales:
protoformas, contraformas, hiperformas, cuasiformas y tempoformas, 2015).
8
análisis estará entonces circunscrito a las realidades dimensionales específicas de la
experiencia humana (área gris de la tabla), esto es, el espacio-tiempo (la clave 3D+T),
desagregado en sus componentes dimensionales (la clave 3D) y temporales (la clave 1T).
De otra parte, existe un nivel de relación entre los grupos y sus componentes
dimensionales. Siendo el número y la clase de dimensiones el criterio ordenador del universo
de las formas, encontramos que una dimensión, la longitud, es común a los cuatro grupos; el
ancho lo es a tres grupos; la profundidad a dos; y finalmente el tiempo a uno solo (Tabla 2.2).
Tabla 2.2 / Relación ascendente de pertinencia visuales en los grupos dimensionales de formas
1D 2D 3D 3D+1T
longitud longitud longitud longitud
ancho ancho ancho
profundidad profundidad
tiempo
.
Por lo que la relación entre grupos es de una sola vía, y en sentido ascendente. Esta
interrelación en nuestra investigación la denominamos Ley de las Pertinencias
Dimensionales, la cual definimos en los siguientes términos:
1. Todas las pertinencias visuales a una categoría dimensional dada, son también
pertinentes a las categorías dimensionales de nivel superior.
2. Todas las pertinencias visuales a una categoría dimensional dada, no son
pertinentes de categorías dimensionales de nivel inferior.
En términos prácticos esta ley indica que los significados visuales de una forma están
supeditados al número y clase de los componentes dimensionales de las formas de menor
complejidad dimensional que la anteceden. Por ejemplo, la línea comparte valores del punto,
pero no los del plano; el plano comparte valores de la línea, pero no los del volumen, etc.
El sistema de relaciones implícito en la Ley de las Pertinencias Dimensionales, de
una vía y en sentido ascendente, fue descrito por Paul Klee en los cursos que dictara en el
Bauhaus. Klee encontró que existe una relación directa entre elementos primarios de la forma
(punto, línea, etc.), la cual explicaba así en sus Cuadernos, concretamente en “The thinking
eye” (1961):
Toda forma comienza con un punto que se pone en movimiento...... El punto
se mueve....... y la línea se constituye en la primera dimensión. Si la línea se
transforma en un plano, obtenemos un elemento de dos dimensiones. En el
movimiento del plano al espacio, el encuentro de planos consigue el volumen (las
dimensiones)..... Una sumatoria de energías cinéticas que convierten el punto en una
línea, la línea en un plano, y el plano en una dimensión espacial.
El dibujo de Klee que expresa la anterior proposición, es un clásico de las
historiografías del arte y el diseño (Ilustración 2.2).
9
Ilustración 2.2 / Del punto al volumen (Reelaboración propia de un dibujo de F. Ching10
, a su vez
inspirado en un dibujo original de Paul Klee, en “The thinking eye”)
Si bien Klee no pretendía demostrar el sistema de pertinencias, si intuyó la relación
entre elementos primarios de la forma, y la transmisión de valores de un grupo dimensional
a otro, gracias a una “energía cinética” que impelía (visualmente) a un suceso visual, a
transformarse en otro de nivel superior. Esta elaboración de Klee prefiguró una de las
prácticas proyectuales más importantes en la historia del diseño, la arquitectura y el arte
moderno, estructurando una teoría que conocemos como diseño básico, y que hasta el día de
hoy ha estado en la base de las estructurales curriculares para la enseñanza de estas
disciplinas. Como es preciso reconocer, esta elaboración se encuentra también en nuestro
trabajo, en el cual, el esquema de Klee, ha sido ampliado (y esperamos que enriquecido), con
la inclusión del espacio como la “forma” posterior al volumen, de una categoría dimensional
más compleja que involucra la noción de tiempo.
10
(Architecture, form, space and order, 1979)
10
Ilustración 2.3 / Del vacío al espacio
(Fuente: elaboración propia)
Conviene aquí aclarar que para Klee y los racionalistas de la primera mitad del siglo
XX, el espacio no era otra cosa que una “suerte” de volúmenes. Recordemos la famosa frase
de Le Corbusier quien en su obra primigenia “Hacia una arquitectura” se refiere a ésta última
como “el juego sabio, regio y magnífico de los volúmenes bajo la luz.” (2006). Para nosotros
el espacio resulta un suceso más complejo que el simple volumen (ya de por sí harto
complejo, en palabras de Hawking), precisamente por la inclusión de la componente
dimensional tiempo, que transmuta la forma, de un ente físico, en otro existencial (Ilustración
2.3).
La noción de “tetradimensionalidad”, adjetivo que se utiliza también para referirse al
espacio tiempo de clave 3D+1T11
, se escapa a una experiencia sensorial normal del mundo
que nos rodea. En este, todo parece tener tres dimensiones, incluidos nosotros mismos. Sin
embargo, una casa, un parque, un edificio, difícilmente podemos asimilarlos a simples
objetos, ya que son mucho más que eso, objetos con otra cualificación, que forman parte de
nuestro entorno visual al igual que las imágenes y los objetos, pero con los que nos
relacionamos sensorialmente de un modo diferente. Esta relación se caracteriza
fundamentalmente por la obligación de realizar recorridos o desplazamientos dentro y fuera
del objeto, a partir de los cuales logramos una aprehensión eficaz de sus valores de
materialidad y visualidad. Esta virtud funcional de los objetos que llamamos espacios, que
nos permite estar bien sea “con el objeto” o “por fuera del objeto”, se produce gracias a la
presencia de la dimensión temporal, el tiempo, que no es otra cosa que el tiempo mismo de
nuestra existencia, siendo esta ultima la condición sine quanon para la propia existencia del
objeto12
.
11
Que no debe confundirse con el espacio tetradimensional o hiperespacio de 4 dimensiones físicas
(4D).
12
Al respecto se refiere Giedion: «La esencia del espacio… es su multilateridad, la multiplicidad de
relaciones potenciales que contiene. La descripción concluyente de una superficie desde un solo punto de vista
es por lo tanto imposible; su carácter cambia según se ubique el punto de mira. A fin de poder comprender la
11
El concepto de espacio-tiempo es absolutamente moderno. Stephen Hawking, en su
“Historia del tiempo, del bing bang a los agujeros negros” (1988, pág. 37), recuerda como
para Aristóteles y Newton el tiempo era absoluto, es decir, separado del espacio, idea que es
comprensible para el común de la gente. Sin embargo, agrega, este sentido común solo aplica
para velocidades lentas, pero no para la velocidad de la luz (1988).
El derrumbamiento del viejo concepto de tiempo se encuentra en la teoría de
la relatividad de Einstein, quien descubrió que «debido a la equivalencia entre
energía y masa, la energía que un objeto adquiere debido a su movimiento se añadirá
a su masa, incrementándola. En otras palabras, cuanto mayor sea la velocidad de un
objeto más difícil será aumentar su velocidad... De hecho no puede alcanzar nunca
la velocidad de la luz (por lo que) cualquier objeto normal está confinado por la
relatividad a moverse siempre a velocidades menores que la de la luz.13
Una de las consecuencias más notables de la relatividad fue la forma como alteró las
ideas sobre la relación entre el espacio y el tiempo. Dentro de la idea de tiempo absoluto de
Newton, el tiempo empleado por la luz para recorrer una distancia cualquiera será siempre el
mismo para cualquier observador de dicho evento, no así la medición de la distancia que será
diferente para cada observador dependiendo de su posición relativa. Los experimentos
comprobaron que en la realidad no solo la distancia sino también el tiempo eran diferentes
para los dos observadores, lo cual se explicaba en razón de que la velocidad de la luz es una
sola y válida para cualquier observador.
En otras palabras, ¡la teoría de la relatividad acabó con la idea de un tiempo
absoluto! Cada observador debe tener su propia medida del tiempo…Debemos
aceptar que el tiempo no está completamente separado e independiente del espacio,
sino que por el contrario se combina con él para formar un objeto llamado espacio-
tiempo.14
Adicionalmente la teoría de la relatividad creó el concepto de suceso, entendido este
como «algo que ocurre en un punto particular del espacio y en un instante específico de
tiempo. Por ello, se puede describir por medio de cuatro números o coordenadas.» Aunque
Hawking advierte que la elección del sistema de coordenadas es arbitrario, «uno puede usar
tres coordenadas espaciales cualesquiera bien definidas y una medida del tiempo (y) en
verdadera naturaleza del espacio, el observador debe proyectarse a través de él.» (Espacio, Tiempo y
Arquitecura, el futuro de una nueva tradición, 1955, pág. 452)
13
Ibídem anterior, págs. 40 y 41
14
Ibídem anterior, págs. 43 y 44
12
relatividad, no existe una distinción real entre las coordenadas espaciales y la temporal»15
, será el sistema de tres componentes físicos y uno temporal el utilizado por nosotros para
definir la dimensionalidad del espacio (no el físico), sino el perceptivo (el espacio-tiempo).
Veremos entonces como el espacio (el de los arquitectos, por ejemplo), es en últimas, una
idea en el mejor sentido platónico. Un percepto existencial, que relativiza el mundo de los
sentidos en la confrontación entre el objeto y el sujeto, planteamiento que de alguna manera
está en la base del pensamiento de Heidegger, y que pretendemos escudriñar en este trabajo.
3 La cosa: ¿qué es la MATERIA? (la clave 3D)
La evolución proyectiva de la forma en su recorrido del punto al volumen, y que
convierte este último en una dimensión espacial, como fuera descrito gráfica y verbalmente
por Klee (Ilustración 2.2), podría interpretarse también como el registro del evento que
protocoliza el nacimiento de la materia —la tercera dimensión— o dimensión de la realidad,
consecuencia inevitable del Big Bang, y antesala de la existencia. Quizás elucubraciones
como éstas fueron las que motivaron a Heidegger a pensar sobre las cosas y los objetos, la
materia y el espacio, esto es, a “comenzar por el principio”. Pretendemos entonces aquí
comentar parte de la alquimia que realizara Heidegger en “La cosa”, en su propósito de
transmutar objetos en cosas, y establecer las diferencias que median entre ambos, y dar
respuesta a su pregunta por la cosa.
3.1 La escala como referente de la cosidad
Lo que, desde el punto de vista del trecho que nos separa de ello, se encuentra
a una distancia mínima de nosotros —por la imagen que nos proporciona el cine,
por el sonido que nos transmite la radio— puede estar lejos de nosotros. Lo que,
desde el punto de vista del trecho que nos separa de ello, está a una distancia
inabarcable puede estar muy cerca de nosotros. Una distancia pequeña no es ya
cercanía.”
Para nosotros en la cercanía está aquello que acostumbramos llamar cosas.
Pero ¿qué es una cosa?16
Como quiera que la dimensión en sentido estricto es un aspecto del tamaño, es preciso
comenzar esta reflexión sobre “La cosa” con la valoración de la cosidad que hace Heidegger
a partir de su tamaño, justo antes de formular su pregunta por la cosa, y por la cual el filósofo
sugiere inicialmente —para controvertirlo más adelante— que el tamaño de un objeto es un
valor que otorga la cualidad de “cosa”. Si bien Heidegger no se refiere directamente al
15
Ibídem anterior, pág. 44
16
Todas las citas en este capítulo no referenciadas corresponden al texto original de Heidegger (La
cosa, 1949).
13
tamaño, y por el contrario lo hace a la distancia, es evidente que la cosidad podría asumirse
en principio por la pequeñez de un objeto en relación con el tamaño del hombre.
Cuando Heidegger plantea que aquellos objetos que podemos tener muy cerca,
podrían ser asimilados a cosas, está reconociendo el valor perceptivo de la escala, esto es, de
las relaciones de tamaño, no absolutas sino relativas, entre los objetos y el hombre. Dicho de
otra forma, el tamaño de los hombres determina en principio que algo pueda tener el valor de
cosa, si ésta última es relativamente pequeña a las medidas del cuerpo humano. Por el
contrario, si ésta es muy grande, la relación será de otro tipo, esto es, existencial, y entonces
entraremos en la noción de espacio que plantea Heidegger.
Sin embargo, esta aseveración en el texto de Heidegger no tiene otro sentido más allá
de poner en duda la idea que el hombre tiene de las cosas, para otorgar validez a la
argumentación que desea construir en su pregunta por la cosa.
Hasta ahora el hombre, de igual modo como no ha considerado lo que es la
cercanía, tampoco ha considerado lo que es la cosa como cosa.
A partir de este punto Heidegger entonces utilizará el símil de una jarra, objeto
funcional creado por el hombre, para ilustrar que la idea de cosa va más allá que la simple
valoración de su tamaño, argumento a partir del cual establecerá la distinción entre cosas y
objetos.
3.2 Cosa y objeto
La jarra es algo que está en sí. El estar en sí caracteriza a la jarra como algo
autónomo.
Algo autónomo puede convertirse en objeto si lo ponemos ante nosotros, ya
sea en la percepción sensible inmediata, ya sea en el recuerdo que lo hace presente.
…la cosidad de la cosa no descansa ni en el hecho de que sea un objeto
representado (ante-puesto), ni en el hecho de que se puede determinar desde la
objetualidad del objeto.
La jarra sigue siendo un recipiente tanto si lo representamos (ante-ponemos)
como si no.
Lo que plantea aquí Heidegger es la autonomía del objeto, pero autonomía de qué,
nos preguntamos, y obviamente la respuesta es: autonomía de nosotros mismos, de la
existencia solo entendible desde nuestra perspectiva como seres humanos. Dicho de otro
modo, el objeto tiene otra existencia, la suya propia, que lo hace perteneciente a un mundo
paralelo que no es el de los humanos, sino aquel que se rige por las leyes del cosmos. En esto
último podría haber un símil con el objeto kantiano que se contrapone al sujeto, y del cual
Kant arguye no podemos saber nada, porque está por fuera de este último. Pero en ese mundo
puede haber otros “objetos”, los seres vivos diferentes del hombre, y que tienen la capacidad
de reconocer a los demás por estar dotados de órganos sensoriales, pero que a diferencia del
hombre, quien tiene la capacidad de preguntarse por esos objetos, no se preguntan por los
otros, ni por nosotros, ni por ellos mismos. De allí entonces que la autonomía del objeto en
términos existenciales sea una característica del universo 3D, que entenderemos desde
Heidegger como aquel en que no son posible las relaciones existenciales que permiten
preguntarse el uno por el otro.
14
Lo que está ahí por obra de este producir es el estar-en-sí. Si tomamos la
jarra como recipiente producido, entonces, parece, la tomamos como una cosa y en
modo alguno como mero objeto.
¿Qué es lo cósico de la cosa? ¿Qué es la cosa en sí? Sólo llegaremos a la
cosa en sí si antes nuestro pensamiento ha llegado a la cosa como cosa.
La cosa es lo producido. El objeto lo que está ahí, y nadie lo produjo, al menos ningún
hombre. Aquí Heidegger establece la distinción entre lo artificial y lo natural. Sin embargo,
ésta distinción no resulta muy consistente, ya que muchos objetos son producto del hombre
sin tener cometido funcional alguno, por lo que por el hecho de ser “producidos” por el
hombre no los convierte automáticamente en “cosas”, al menos en el sentido de Heidegger.
Nos referimos a los productos accidentales, como por ejemplo los residuos de una explosión,
y a otros cuya “accidentalidad” está exclusivamente en su forma, pero que tienen un
cometido, como por ejemplos las piedras extraídas de una cantera. Se establece entonces que
lo artificial, entendido como artefacto, hace referencia exclusivamente a lo transformado para
obtener de él un valor de uso, sin embargo, como las piedras de la cantera, pareciera que el
valor de cambio no fuera determinante de su cosidad, develándose en esta acepción un cierto
acercamiento esteticista y moral a la idea de forma.
3.3 El universo aparente
…esta cosa-jarra no se puede experienciar nunca, ni mucho menos pensar de
un modo adecuado, desde el punto de vista del aspecto, la Þd¡a.
Ahora bien, debido al peso que Heidegger le otorga a lo producido y su valor
funcional, queda claro que la representación no permite la experiencia, ni un pensamiento
adecuado, ya que la apariencia no es lo fundamental de la cosa, sino su esencia, anticipando
aquí su idea de una vida auténtica como valor moral. Al respecto señala:
De ahí que Platón, que ha visto la presencia de lo presente a partir del
aspecto, haya pensado tan poco la esencia de la cosa como Aristóteles y todos los
pensadores que han venido después.
En este juicio sale Platón mal librado, sin embargo, es preciso aclarar como el
desprecio del filósofo griego por los artistas, a quienes consideraba seres de segunda
categoría, se debe precisamente a que su retórica se mueve en un universo aparente, ya que
el arte es mera representación de la realidad, y por lo tanto, siempre imperfecta. Lo anterior
es más comprometido si tenemos en cuenta que para Platón la realidad misma es también
imperfecta, residiendo la perfección estrictamente en el mundo de las ideas. Por lo tanto la
referencia que en este sentido hace Heidegger de Platón nos parece algo injusta, y solo se
explica por el excesivo celo que el filósofo alemán tiene por el valor de uso como atributo
que permite a un objeto vulgar trascender en cosa. La siguiente frase es bien contundente en
el anterior sentido:
…experienciar todo lo presente como objeto del producir. En lugar de objeto
(Gegenstand), diremos de un modo más preciso pro-veniente (Her-stand).
3.4 El universo práctico
La cosidad del recipiente no descansa en modo alguno en la materia de la
que está hecho, sino en el vacío que acoge.
15
La anterior frase expresa que la cosidad está referida a la función. Si bien Heidegger
se refiere aquí al vacío, con ello denota en el caso de la jarra su valor determinado por la
capacidad que tiene de contener líquidos, lo que por extensión podría trasladarse a cualquier
objeto de si funcional, con o sin vacío, porque esta es solo una entre las innumerables
disposiciones de la forma para la función. Por ejemplo, un computador, aunque puede tener
algún vacío, no es este el atributo que lo hace funcional.
Un segundo aspecto allí contenido es su alusión a la materia, cualidad determinante
de la función a la que Heidegger no le reconoce un valor determinante de la “cosidad”, sin
embargo convenimos en que esto no es exactamente lo que quiere decir, sino que es
consecuencia del ejemplo que utiliza, la jarra, en la cual el vacío es el atributo de su función,
por lo que habría que entender que la autenticidad de la cosa reside en ésta última, y no en su
materialidad, independientemente que ésta sea determinante de la función.
De ahí que las antiguas palabras alemanas thing y dinc pasen a significar
asunto; nombren todo aquello que les concierne a los hombres de un modo u otro,
que va con ellos, lo que, consecuentemente, está en cuestión.
A lo que está en cuestión lo llaman los romanos res;
La palabra romana res nombra lo que concierne al hombre de un modo u
otro. Lo concerniente es lo real de la res.
…dinc significa todo aquello que es de alguna manera.
La alusión etimológica hecha por Heidegger a la palabra thing, como asunto (del
hombre), precisa la connotación funcional que éste le otorga a la cosa, como queriendo
denotar que la costumbre misma se encargó de generar el término que habría en el lenguaje
de valorar la cualidad por la cual un objeto se sublima en cosa. Cuando Heidegger dice que
cosa es lo que concierne a los humanos, es que le pertenece a ellos y de ellos sale, no en el
sentido de relativo a los humanos, sino como producto de ellos. Porque la manzana en el
árbol también concierne y sirve al hombre, no siendo claro si la manzana es una cosa o un
objeto. De allí que se nos antoje un tanto precario la relativización de la cosidad a la potencia
funcional del objeto, como una ponderación exagerada de la fábrica, quizás al
reconocimiento del homo habilis como transformador de la realidad. Pero aparte de las
inconsistencias que pueda haber en esta elaboración —por no hablar de lo que concierne a
los animales— su gran valor está en su relativización al ser humano, que la cosa es potestad
de aquel y dominio de su creación, abarcando desde las cosas más pequeñas y nimias, como
los tornillos y el cepillo de dientes, hasta las más complejas y grandes, incluidas las ciudades,
su máxima creación y la obra de arte por excelencia.
A este juego de espejos de la simplicidad de tierra y cielo, divinos y mortales
-un juego que acaece de un modo propio- lo llamamos mundo.
La cosa hace permanecer la Cuaternidad. La cosa hace cosa al mundo. Cada
cosa hace permanecer a la Cuaternidad llevándola cada vez a un morar de la
simplicidad del mundo.
Modesta es la cosa: la jarra y el banco, el sendero y el arado. Pero cosa es
también, a su manera, el árbol y la laguna, el arroyo v la montaña. Cosas son
también, cada una de ellas haciendo cosa a su manera, la corza y el reno, el caballo
16
y el toro. Cosas son, cada una de ellas haciendo cosa a su manera, el espejo y la
abrazadera, el libro y el cuadro, la corona y la cruz.
Cuando Heidegger aborda el tema de la cuaternidad, generaliza la idea de cosidad a
toda “la creación”, haciendo referencia a los árboles y sus frutos, a los caminos y el territorio.
Encuentra que cosa es cualquier cosa, que todo es una cosa, es decir, todo aquello que forma
el marco físico espacial de la existencia del hombre. Aquí entonces pareciera darse cuenta de
la debilidad de su planteamiento inicial en torno de la funcionalidad, ya que esta cualidad es
también relativa, y funcional son también los signos y los símbolos, los mitos y las creencias,
los miedos y las alegrías, el arte y la guerra, por lo que entonces todo tiene su cosidad,
argumentación que lo lleva a incluir en el recurso integrador de la cuaternidad —los divinos
y los mortales, el cielo y la tierra— todo aquello que es y forma parte de la existencia del
hombre.
En este punto nos interesa valorar el tema de la cosidad como un gran intento de
Heidegger por colocar la realidad exterior al ser como un conjunto aparte de materia, objeto,
si no sirve para nada, si solo está ahí, cosa, si importa como utilitario. Pero más allá de esta
distinción, lo que importa es reconocer su dificultad para entender que todo puede ser
asimilable a cosas, desde lo tangible hasta lo intangible, y en últimas para reconocer que todo
tiene de alguna manera su valor de cosa, por lo que nos es dado pensar que este puede ser el
motivo que lo obliga a recurrir al artilugio metafísico de la cuaternidad. Desde nuestra
propuesta taxonómica a partir de la variable dimensión, diríamos entonces que la tercera
dimensión, definida como dimensión de la realidad, es una conveniente abstracción para
aislar la cosidad de la existencia en sus componentes físicos, dejando de lado los
existenciales, incluyendo los hombres y animales vistos también como cosas, esto es, con
forma, geometría, y materialidad. Así entonces nos es dado el dominio de estos valores para
recomponerlos en nuevas creaciones, en donde los atributos perceptuales (a la mirada, el
tacto, etc.) están allí (da sein), y son (los que están), al servicio del hombre, para revertirlos
en útiles —en su sentido más amplio— bellos, estables, perdurables, creíbles y necesarios.
En resumen, “La cosa” es un ejercicio fallido de reducción dimensional, que utiliza como
variable taxonómica algo que depende de lo humano (demasiado humano), como es la
función. Por tanto, nuestra reducción dimensional ceñida estrictamente al aspecto topológico
(matemático) de la forma, resulta útil en tanto permite dejar de lado (momentáneamente)
debates existenciales que generalmente trascienden en prejuicios éticos o estéticos sobre el
valor intrínseco (cosidad) de la forma.
Para terminar esta parte referida a “La cosa”, conviene destacar dos aspectos
adicionales que nos llaman la atención, uno relacionado al número (de las cosas), y otro al
valor ético y moral del trabajo.
Modestas y de poca monta son, sin embargo, las cosas, incluso en el número,
en contraste con el sinnúmero de los objetos indiferentes (que dan lo mismo) que hay
en todas partes, si se mide con lo desmesurado de la condición de masa del ser
humano como ser vivo.
Hay más objetos que cosas, es la conclusión de Heidegger, evidentemente, si cosas
son los objetos sublimados por el hombre. Por ello la valoración por la cosidad, resulta útil
en el entendimiento de lo esencial. Si aparte de la dimensión como variable taxonómica
17
consideramos otros aspectos de orden expresivo (geometría, tamaño, materialidad, etc.), el
discurso totalizador sobre la forma resultará pretensioso, debiendo reconocer que su universo
es infinito, tanto el real como el imaginado, y que obliga a simplificaciones de acuerdo con
atributos particulares. Por ejemplo, en la descripción del universo de geometrías posibles,
podemos recurrir a un esquema metodológico (Echeverri, Grupos geométricos de formas,
2011) que enuncia unas formas elementales (simples y regulares), a partir de las cuales se
pueden construir o derivar otras (complejas e irregulares), por lo que bastará con conocer los
atributos perceptuales de las más simples y regulares, y los procedimientos o prácticas
proyectuales que llevan a las más complejas e irregulares. Así entonces, si bien no se barren
en su descripción todas las formas posibles por la imposibilidad real de hacerlo, se otorga el
instrumento para explicar cualquier existencia, real o imaginada.
Sólo aquello del mundo que es de poca monta llegará alguna vez a ser cosa.
Aquí Heidegger, como ya lo habíamos mencionado antes, hace un tributo al trabajo
del hombre (homo habilis), al costo de calificar los objetos, las no cosas, como de poca
monta. Así como Platón se refiere a los artistas como seres de segunda categoría porque
imitan la realidad ya de por si imperfecta, Heidegger valora aquello que no concierne al
hombre como de poca o quizás ninguna utilidad, como corresponde a su talante
existencialista. Sin embargo, cuestionamos aquí —aunque no estamos seguros de ello— la
posibilidad de un juicio moral en sus palabras. El picor estriba en que, desde nuestra óptica,
para el artista o el diseñador no debería haber formas buenas o malas, tan solo soluciones o
proyectos adecuados y significativos a las necesidades existenciales. No todo lo que
transforma o hace útil el hombre es de por sí bueno, y preferimos dejar de lado cualquier
ponderación moral, desprendida del argumento de la cosidad del objeto como un fin ulterior.
En consecuencia, para nosotros, el universo 3D es tan solo una entelequia que representa la
condición objetual de la existencia.
4 Construir, habitar, pensar: ¿qué es la EXISTENCIA? (la clave 3D+1T)
“Construir, habitar, pensar” es uno de los textos más famosos de Heidegger, y que
resume buena parte de su visión existencialista de la filosofía. En éste, Heidegger relaciona
los tres verbos de su título para indicar como el entorno artificial del hombre es una
transformación razonada de la materia (cosas y objetos), con el propósito de encontrar su
lugar sobre la tierra, y conferir sentido a su existencia. Luego, el habitar es consustancial al
ser, y lo construido es lo del hombre. De esta manera se tiende así un puente entre la materia
y la existencia (la clave 3D+1T) y, por supuesto, de la “clave moral” que deberá practicarse
en la construcción de la habitabilidad. Esta es la razón por la que este texto es tan popular
entre arquitectos y constructores.
18
4.1 Definición de habitar y construir
…el construir en aquella región a la que pertenece todo aquello que es.17
Con la anterior frase, Heidegger comienza por delimitar en qué lugar el hombre
construye, no en un territorio que se le ha entregado, sino que lo hace suyo precisamente por
el acto de construir. La existencia es un don no otorgado por la cosa poseída, sino por la
facultad de transformar para adquirir el derecho a poseer, en este caso el habitar, al cual se
llega por medio del construir.
Al habitar llegamos, así parece, solamente por medio del construir. Éste, el
construir, tiene a aquél, el habitar, como meta. Sin embargo, no todas las
construcciones son moradas.
Él mora en ellas, y sin embargo no habita en ellas, si habitar significa
únicamente tener alojamiento.
Y establece la diferencia entre habitar y construir. Para habitar hay que construir, pero
no todo lo construido es habitable, siendo el habitar el fin último del construir. Aquí aparece
entonces el concepto de morada, aquello donde se habita y que trasciende su acepción de
alojamiento, porque para alojarse puede prescindirse incluso de la construcción.
…el habitar sería en cada caso el fin que preside todo construir.
Habitar y construir están el uno con respecto al otro en la relación de fin a
medio.
…construir no es sólo medio y camino para el habitar, el construir es en sí
mismo ya el habitar
El proceso de transmutar el construir en habitar, recuerda el camino del objeto a la
cosa, ahora para diferenciar la construcción y el hábitat. Este trasegar de lo uno a lo otro,
convierte en ritual el acto de construir. De esta manera el habitar resulta sacralizado.
¿Qué significa entonces construir? La palabra del alto alemán antiguo
correspondiente a construir, buan, significa habitar. Esto quiere decir: permanecer,
residir.
…la antigua palabra buan, ciertamente, no dice sólo que construir sea
propiamente habitar, sino que a la vez nos hace una seña sobre cómo debemos pensar
el habitar que ella nombra.
Buan: construir, habitar, permanecer, residir. Heidegger resalta que en el origen del
término construir está el habitar (permanecer, residir), esto es, que se construye para habitar
de manera permanente, lo que implica una actitud para con la construcción, y la búsqueda de
ciertas cualidades en lo construido, como quiera que la construcción es una actividad básica
y, la buena residencia, un bien fundamental del hombre. Dicho de otra forma: no se construye
para lo construido, se construye para el habitar.
…ich bin, du bist (yo soy, tú eres),
17
Todas las citas en este capítulo no referenciadas corresponden al texto original de Heidegger
(Construir, habitar, pensar, 1952).
19
…«ich bin», «du bist» quiere decir: yo habito tú habitas.
Por lo tanto:
Ser = habitar (se “es” por el habitar).
Con este razonamiento, Heidegger resalta aquí la identificación entre los verbos ser
y habitar, lo que explica en parte la importancia del verbo ser, el cual, conjuntamente con
los verbos hacer, estar y tener, son estructurantes del lenguaje hablado en las lenguas de
origen indoeuropeo.
La antigua palabra bauen significa que el hombre es en la medida en que
habita; la palabra bauen significa al mismo tiempo abrigar y cuidar
El construir (Bauen) aquí, a diferencia del cuidar, es un erigir.
Bauen = construir, erigir
Bauen = abrigar, cuidar
1.° Construir es propiamente habitar.
2.° El habitar es la manera como los mortales son en la tierra.
3.° El construir como habitar se despliega en el construir que cuida, es decir,
que cuida el crecimiento... y en el construir que levanta edificios.
…en el habitar descansa el ser del hombre, y descansa en el sentido del residir
de los mortales en la tierra.
Por lo tanto:
Construir = habitar
Todas las anteriores disquisiciones verbales llevan a la naturaleza de la existencia
humana, presuponiendo la diferencia entre animales y hombres, ya que éstos últimos habitan,
en tanto los otros no y, a lo sumo, se alojan, pero no residen en el sentido existencial de
Heidegger. O bien, es de los hombres habitar, y de los animales alojarse. Aunque Heidegger
específicamente no hace en su texto esta alusión a los animales, por el mérito que otorga a lo
humano de la existencia, lo presuponemos aquí. Ahora bien, si es de lo humano construir con
cuidado, con responsabilidad, nos asalta la duda sobre el carácter y el significado de las
“construcciones” de los animales (v.g. arañas, castores, pájaros). Para éstos el habitar es tan
solo estar, y aunque también transforman a su modo la naturaleza para posibilitar su
permanencia, no permanecen en el sentido trascendente del término, en tanto que los hombres
transforman construyendo construcciones que, sumadas unas a las otras, se reinterpretan en
procesos de transformación, que devienen en nuevas realidades que permanentemente están
alterando la calidad de su hábitat. El mejoramiento de las condiciones del habitar es entonces
una preocupación humana en tanto no lo es del animal, quien vivirá siempre de la misma
manera. Este sino evolutivo en términos de lo construido, es entonces exclusivo de la especie
humana. En síntesis, pareciera que la condición humana es la residencia en la tierra, que no
su permanencia.
4.2 ¿Qué es la existencia?
Pero «en la tierra» significa abajo el cielo». Ambas cosas co--significan
«permanecer ante los divinos» e incluyen un «perteneciendo a la comunidad de los
hombres».
20
Desde una unidad originaria pertenecen los cuatro -tierra, cielo, los divinos
y los mortales¬ a una unidad.
Pero residir en la tierra obliga un esquema totalizador, ya que el privilegio de la
existencia supone un identificarse que posibilita al hombre diferenciarse de su entorno. Y
cuando se aísla lo hace de algo o de otros, de lo contrario no se estuviera aislando de nada.
Entonces aquí deviene la pregunta de con quién estamos en la tierra. Y la respuesta de
Heidegger a este interrogante viene dada por la figura de la cuaternidad, que se constituye
en el lugar del espacio existencial, el cual está conformado por el cielo y la tierra, y en la
cual viven los divinos y los mortales respectivamente. Los dos primeros constituyen el
entorno, el segundo la ideología, y el último la existencia. Analicemos cada uno de ellos:
La tierra es la que sirviendo sostiene; la que floreciendo da frutos, extendida
en roquedo y aguas, abriéndose en forma de plantas y animales. Cuando decimos
tierra, estamos pensando ya con ella los otros Tres, pero, no obstante, no estamos
considerando la simplicidad de los Cuatro.
Por lo tanto:
Tierra = Entorno inmediato
Un primer nivel de entorno, el referido directamente al hombre en tanto consumo y
apropiación del espacio, es el significado que devela el término tierra. Los hombres como
especie tenemos unas limitaciones a nuestro desplazamiento por el espacio, ya que somos
seres de figura vertical, erguidos, que caminamos por la superficie de la tierra, constreñidos
por las leyes de la gravedad, a diferencia de otros seres vivos que no son erguidos y se
arrastran como los reptiles, o que no están limitados por la gravedad, como los peces y las
aves, lo que les permite desplazarse en cualesquiera de las tres dimensiones físicas. Esta
condición hace al humano consumidor nato de la tierra (“caminarás por la faz de la tierra”),
y su plano el entorno inmediato de su residencia.
El cielo es el camino arqueado del sol, el curso de la luna en sus distintas
fases, el resplandor ambulante de las estrellas, las estaciones del año y el paso de
una a otra, la luz y el crepúsculo del día, oscuridad y claridad de la noche, lo
hospitalario y lo inhóspito del tiempo que hace, el paso de las nubes y el azul
profundo del éter. Cuando decimos cielo, estamos pensando con él los otros Tres,
pero no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro.
Por lo tanto:
Cielo = entorno mediato
El cielo desde la perspectiva de Heidegger tiene varios significados, siendo el
principal el de la mediatez de su lugar, esto es, los hechos físicos a los cuales el hombre no
tiene acceso directo, pero están allí afectando su existencia, como son el cielo, las estrellas,
el viento, etc. Pero a diferencia de la tierra, éstos últimos no pueden ser intervenidos o
transformados, escapándose a su dominio, y por lo tanto no podrán ser cosas. Solo a través
de la preparación de la tierra, su cosificación, y del construir para habitar, le dan al hombre
la posibilidad, si bien no de su control, de protegerse de sus inclemencias y beneficiarse de
sus bondades.
21
Otro significado está directamente relacionado con la idea de tiempo, ya que es en
este entorno donde más resulta evidente el cambio de estado, que es una de las cualidades
denotativas del tiempo, y que veremos en la parte final de este trabajo.
Este carácter inasible e incontrolable del cielo, invariablemente lo lleva a ser el
interlocutor directo del otro componente de la cuaternidad, la divinidad. Por lo tanto, se
entiende el cielo también como el lugar a través del cual hablan los divinos.
Los divinos son los mensajeros de la divinidad que nos hacen señas. Desde el
sagrado prevalecer de aquélla aparece el Dios en su presente o se retira en su
velamiento. Cuando nombramos a los divinos, estamos pensando en los otros Tres,
pero no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro.
Por lo tanto:
Dios = ideología
Aquí Heidegger incluye muy tímidamente una referencia al Dios de los humanos,
evidente en el presente, velado en la eternidad. No resulta muy explícita su inclusión, por lo
que debemos presuponer es una concesión a sus angustias existenciales. Desde el interés de
nuestro trabajo las contraposiciones mutabilidad/inmutabilidad, y presente/eternidad, que
tienen su expresión en las ideas de tiempos absoluto y relativo, y de visión absoluta o relativa,
pueden encontrar un asidero en Heidegger que nos permita por cuestiones de estética matizar
el llano discurso positivista y totalizador.
Los mortales son los hombres. Se llaman mortales porque pueden morir.
Morir significa ser capaz de la muerte como muerte. Sólo el hombre muere, y además
de un modo permanente, mientras está en la tierra, bajo el cielo, ante los divinos.
Cuando nombramos a los mortales, estamos pensando en los otros Tres pero no
estamos considerando la simplicidad de los Cuatro.
Por lo tanto:
Mortales = hombres
(Inmortales = animales)
Hombres = mueren
(Animales = no mueren)
Los hombres trascienden porque mueren, es el mensaje evidente de esta parte del
texto de Heidegger, por lo que el habitar es la forma de trascender, permaneciendo en la
memoria colectiva de la especie. De allí la importancia que le confiere al habitar como medio
no solo para el alojamiento temporal, sino de realización de la humanidad. Esta forma de
ocupar el territorio, de residir en la tierra, y que vimos establece la diferencia con los no
humanos, paradójicamente supone la realidad de la muerte, como única forma de permanecer
en la eternidad. En un sentido alegórico, los animales son inmortales, luego intrascendentes,
ya que se repiten y no transforman en el sentido de la cosidad. El hombre no se repite, siempre
es otro, deducción a la que llega Heidegger desde el habitar.
Ahora bien, desde el punto de vista del espacio, pero más específicamente desde la
idea de arquitectura, esta conceptualización es de sumo importante, ya que alude a la
trascendencia de la obra de arquitectura y, por extensión, a todas las construcciones físicas
del hombre. Los hombres son efímeros mientras sus construcciones deben ser perdurables,
muy al contrario de la tendencia generada por la sociedad de consumo, en la cual, la
22
proposición resulta inversa: todo lo producido será efímero, como si de usuarios inmortales
se tratara, y a quienes les resulta imprescindible el cambio permanente. Por tanto, el habitar
encierra la lección implícita en la consciencia de la muerte.
Es de notar que al final de cada definición de los elementos de la cuaternidad,
Heidegger repite: “Cuando nombramos a los mortales, estamos pensando en los otros Tres
pero no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro”, como queriendo decir que la
existencia es el conjunto y no las partes separadas. Para nosotros es la evidencia figurada del
continuum espacio-tiempo que define la existencia, a la que hemos otorgado la clave 3D+1T,
pudiendo hacerse la identidad de conceptos ilustrada en la Tabla 4.1:
Tabla 4.1 / Los elementos de la cuaternidad y los universos dimensionales
Componente de la
cuaternidad
Composición Universo
dimensional
Clave
dimensional
La tierra y el cielo Objetos El universo de la
realidad física
3D
Los mortales Objetos devenidos en cosas por los hombres que
habitan y trascienden por la muerte que vigilan
los divinos que son inmateriales
El universo de la
existencia
3D+1T
Los divinos Los inmateriales El universo
inmaterial de las
ideas
1T
Finalmente, encontramos que esta cuaternidad es la depositaria del habitar, el
equilibrio de todos los factores que rigen la existencia. El siguiente aparte del texto de
Heidegger es contundente en el anterior sentido:
Esta unidad de ellos la llamamos la Cuaternidad. Los mortales están en la
Cuaternidad al habitar. Pero el rasgo fundamental del habitar es el cuidar (mirar
por). Los mortales habitan en el modo como cuidan la Cuaternidad en su esencia.
Este cuidar que habita es así cuádruple.
…los mortales abrigan y cuidan las cosas que crecen, erigen propiamente las
cosas que no crecen.
Y obviamente se desprende de todo este planteamiento una moraleja existencial:
El hombre no se repite, tiene que cuidar.
A lo que agregaríamos en nuestro parangón con los animales:
El animal se repite, no tiene que cuidar
4.3 El territorio dónde habitamos
En esta parte Heidegger precisa en mayor detalle la idea de espacio, comenzando por
delimitarlo, como si reconociera una dificultad en establecerla si no es referida directamente
al hombre. Para ello se sale de las acepciones tradicionales de espacio, como el vacío o el
espacio sideral, y lo establece directamente en el territorio del hombre (lugar de residencia).
Un espacio es algo aviado (espaciado), algo a lo que se le ha franqueado
espacio, o sea dentro de una frontera, en griego p¡raw.
23
…el concepto: õrismñw, es decir, frontera. Espacio es esencialmente lo
aviado (aquello a lo que se ha hecho espacio), lo que se ha dejado entrar en sus
fronteras.
Espacio implica territorio porque es lo inteligible para el hombre delimitado por una
frontera que encierra lo transformado, o que resulta potencialmente transformable. Por
consiguiente, el espacio es el territorio de las fronteras del hombre.
…¿en qué referencia están lugar y espacio?, y luego: ¿cuál es la relación
entre hombre y espacio?
Obviamente la relación entre el hombre y su territorio, que es el espacio mismo,
implica dos partes en juego: la unicidad que es el individuo, y el lugar de éste o territorio. En
términos morfológicos, este aserto representa la contraparte existencial de la relación entre
el punto y el espacio, en la cual el punto es el individuo, y el espacio el territorio, cuya
interacción documenta el lugar de la existencia.
El espacio como extensio puede ser objeto de otra abstracción, a saber, puede
ser abstraído a relaciones analítico-algebraicas.
Ahora bien, dejando de lado las consideraciones existenciales, precisa Heidegger de
la referencia al espacio abstracto de las relaciones lógicas, tema ampliamente documentado
en la disertación de Norberg-Schülz en Existencia, espacio y arquitectura (1975, págs. 9-12),
y que se ha convertido en uno de los textos de referencia más importantes en los ambientes
teóricos de la arquitectura. En ésta, el arquitecto noruego propone “un sistema de espacios”
compuesto por los espacios pragmático, perceptivo, existencial, cognoscitivo, y abstracto. A
este último Norberg-Schülz se refiere como espacio lógico, planteamiento que se nutre
directamente de los escritos de Heidegger.
Cuando se habla de hombre y espacio, oímos esto como si el hombre estuviera
en un lado y el espacio en otro. Pero el espacio no es un enfrente del hombre, no es
ni un objeto exterior ni una vivencia interior. No hay los hombres y además espacio;
porque cuando digo «un hombre» y pienso con esta palabra en aquel que es al modo
humano, es decir, que habita, entonces con la palabra «un hombre» estoy nombrando
ya la residencia en la Cuaternidad, cabe las cosas.
El modo de habérselas de hombre y espacio no es otra cosa que el habitar
pensado de un modo esencial.
Heidegger insiste entonces como el espacio lógico está por fuera del hombre, es una
construcción mental, abstracta, en tanto su espacio es existencial, lo que para nosotros y como
ya lo habíamos referido más arriba es el contínuum espacio temporal de la existencia humana.
4.4 Un sentido del lugar
Cuando reflexionamos, del modo como hemos intentado hacerlo, sobre la
relación entre lugar y espacio, pero también sobre el modo de habérselas de hombre
y espacio, se hace una luz sobre la esencia de las cosas que son lugares y que nosotros
llamamos construcciones.
Las construcciones son lugares, es la afirmación más contundente de esta parte del
trabajo de Heidegger, y quizás la que más aporta sentido a nuestra caracterización de las
24
formas del espacio como situaciones existenciales. Si bien el plano es una protoforma18
de
la clave 2D, y el volumen lo es de la clave 3D, el espacio se reconfigura como la
tempoforma19
de la clave 3D+1T. Pertenecen a este universo las mismas protoformas de los
niveles dimensionales anteriores, reconsideradas desde una perspectiva existencial que
implica no solo una idea de escala diferente, sino también de su relación con un consumidor,
o usuario, o productor, o transeúnte, quien en la relación con ellas, y al modo de Heidegger
con los objetos que se vuelven cosas, transmutan a una categoría más alta para convertirse
en lugares, en los cuales se puede estar con la cosa, o en la cosa, o ir o venir hacia o desde la
cosa, es decir, en una imbricación perceptiva y espacial entre cosa y humano. Exalta aquí
Heidegger una de las propiedades más importantes de la obra de arquitectura, el genius locci20
antiquísimo término referido al sentido del lugar, como una condición para el buen construir,
y en últimas, del mejor habitar.
Conviene aclarar que en su acepción más amplia el término lugar se refiere no solo a
las construcciones, sino a todas aquellas transformaciones del espacio natural realizadas por
el hombre, y en las cuales la idea de lugar es evidente: casa, plaza, calle, camino, etc., por lo
que la arquitectura misma es un término restringido para hablar de las formas del espacio, ya
que otras disciplinas también tienen como soporte el espacio: el urbanismo, la planeación, el
paisajismo, o la escenografía.
Ahora bien, éstas y otras disciplinas del diseño y las artes, tienen cada una un producto
o artefacto que las caracteriza, la casa en la arquitectura, la silla en el diseño industrial, o el
afiche en la gráfica. De allí el énfasis que pone Heidegger en la casa, como el lugar donde la
cuaternidad se instala, dando lugar a la idea de cobijo, condición esencial de la arquitectura.
El lugar admite a la Cuaternidad e instala a la Cuaternidad. Ambos, es decir,
aviar como admitir y aviar como instalar se pertenecen el uno al otro. Como tal doble
aviar, el lugar es un cobijo de la Cuaternidad o, como dice la misma palabra, un
Huis, una casa.
Huis = lugar, casa, cobijo.
Y de la siguiente expresión se colige el conjunto de casas, que por extensión
entenderíamos como la ciudad:
18
“…los familiares espacios 0D, 1D, 2D y 3D, que constituyen el espectro visible de la Tabla de
Universos Dimensionales, y sus respectivas formas: punto, línea, plano y volumen. A estas formas las
llamaremos protoformas, entendidas como las formas básicas, originales, hipotéticas, de las que proceden todas
las demás.” (Echeverri, Entre universos dimensionales: protoformas, contraformas, hiperformas, cuasiformas y
tempoformas, 2015)
19
“…se completa la Tabla de Universos Dimensionales introduciendo la dimensión temporal para
generar la matriz de los espacios temporales del universo existencial, conocidos en matemáticas como espacios
de Minkowsky. Se produce entonces en el encuentro de la variable temporal con cada variable física, un suceso
o espacio dimensional diferente.” (Echeverri, Op. Cit.)
20
Ver la obra homónima de Norberg-Schulz (Genius Loci: Towards a Phenomenology of Architecture,
1979).
25
Las cosas del tipo de estos lugares dan casa a la residencia del hombre. Las
cosas de este tipo son viviendas, pero no moradas en el sentido estricto.
El producir de tales cosas es el construir. Su esencia descansa en que esto
corresponde al tipo de estas cosas. Son lugares que otorgan espacios.
Extendiendo así de esta manera la idea de construir con responsabilidad,
preocupación que fue la que originó en Heidegger la escritura de este ensayo, como ya lo
habíamos reseñado al principio de este trabajo.
4.5 Pensar la arquitectura
Finaliza Heidegger su ensayo recabando sobre el compromiso del hombre para con
las construcciones, mensaje que va directo a arquitectos, constructores, promotores, políticos.
Recogemos algunas ideas al respecto que llaman la atención por su contemporaneidad:
Por esto, el construir, porque instala lugares, es un instituir y ensamblar de
espacios. Como el construir produce lugares, con la inserción de sus espacios, el
espacio como spatium y como extensio llega necesariamente también al ensamblaje
cósico de las construcciones.
Volver cosas los objetos para habitar en ellos, aprovechando la potencialidad de
cualquier material de construcción, por encima de las modas o tendencias del mercado.
Ahora bien, el construir no configura nunca «el» espacio. Ni de un modo
inmediato ni de un modo mediato. Sin embargo, el construir, al producir las cosas
como lugares, está más cerca de la esencia de los espacios y del provenir esencial
«del» espacio que toda la Geometría y las Matemáticas.
Heidegger hace aquí hincapié en la dignificación de lo construido, mediante la
construcción de “espacios existenciales” y no “espacios lógicos”, por encima de
complacencias estéticas o racionales.
Cuidar la Cuaternidad, salvar la tierra, recibir el cielo, estar a la espera de
los divinos, guiar a los mortales, este cuádruple cuidar es la esencia simple del
habitar
Construir para la sostenibilidad (de los que mueren), esto es, minimizando el impacto
que el construir tendrá sobre las generaciones futuras.
Cuidar la Cuaternidad, salvar la tierra, recibir el cielo, estar a la espera de
los divinos, guiar a los mortales, este cuádruple cuidar es la esencia simple del
habitar. De este modo, las auténticas construcciones marcan el habitar llevándolo a
su esencia y dan casa a esta esencia.
La estética entendida como una ética de vida, como quiera que la belleza de la
arquitectura no reside exclusivamente en la cualidad expresiva de ésta, sino en un conjunto
de valores más sutiles que constituyen la esencia del habitar.
La esencia del construir es el dejar habitar.
Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el
habitar.
Habitar, construir, pensar: pensar en construir para habitar.
26
5 El concepto de tiempo: ¿qué es TIEMPO? (la clave T)
5.1 ¿Qué es el tiempo?
A partir de la lectura de este artículo, adquieren mayor sentido algunas de las
disquisiciones que hemos elaborado en los puntos anteriores, ya que la idea del tiempo
permite redondear los conceptos previos, particularmente la idea de espacio, en cuya
validación hemos acudido a la dimensión temporal.
… (el) tiempo encuentra su sentido en la eternidad,
…el espacio no es nada en sí mismo; no existe ningún espacio absoluto. Sólo
existe a través de los cuerpos y de las energías contenidos en él. Coincidiendo con
una antigua afirmación aristotélica, tampoco el tiempo es nada en sí.21
Aquí Heidegger se reafirma en su idea de espacio existencial, como continuum de
espacio y tiempo. Por lo que tiempo y espacio en sí no son nada, y tan solo se entienden desde
su simultaneidad, que es la existencia misma con sus lugares y habitantes, sus cosas y objetos,
cielo y tierra, y sus divinidades vigilantes desde y hacia la eternidad.
…que el tiempo no es un movimiento, tendrá que ser algo relacionado con el
movimiento. Ante todo encontramos el tiempo en los entes mutables; el cambio se
produce en el tiempo.
El tiempo y el movimiento son dos cosas distintas, aunque el movimiento “dice” del
tiempo. El aleteo de la mariposa, el susurrar del viento, el curso del río, “hablan” de la
eternidad, marco de referencia de los sucesos espacio temporales. La condición misma de
los mortales es denotativa del tiempo.
¿Cómo se le muestra el tiempo al físico? La aprehensión que determina el
tiempo tiene el carácter de una medición.
El tiempo como medida, que resulta equivalente del espacio lógico matemático, pero
que solo tiene valor en tanto espacialización de la eternidad.
Un reloj es un sistema físico en el que se repite constantemente la misma
secuencia temporal, con la condición de que este sistema físico no esté sujeto a
cambio por ningún influjo externo
Como medida entonces el tiempo es absoluto, tiempo de la eternidad, relativo tan solo
desde la perspectiva existencial de los humanos. En este sentido diríamos que el tiempo
absoluto es implacable, representa los divinos, y se sufre o atempera desde la experiencia
existencial de los humanos. De allí la validez de la discusión entre el carácter intemporal de
la arquitectura y lo efímero del construir desde una perspectiva eminentemente artística.
21
Todas las citas en este capítulo no referenciadas corresponden al texto original de Heidegger (El
concepto del tiempo, 1924).
27
5.2 La flecha del tiempo
Ilustración 5.1 / Dalí, S. (1931). La persistencia de la memoria [Óleo sobre tela].
Nueva York, MoMA.
(Fuente: Fotografía del autor)
Uno de los conceptos más básicos de la idea del tiempo es su direccionalidad,
argumento que facilita su comprensión como dimensión topológica, equivalente a las tres
dimensiones físicas de largo, ancho y profundidad, representables al modo vectorial, con un
origen que da sentido a su dirección.
El tiempo es algo en lo que se puede fijar arbitrariamente un punto que es un
ahora, de tal manera que en relación con dos puntos temporales siempre se puede
decir que uno es anterior y otro posterior.
De esta manera plantea Heidegger que el sentido del tiempo es lineal unidireccional,
connotando una de sus características más desoladoras, como es su irreversibilidad. Esto es,
la flecha del tiempo es irreversible, por el contrario de los otros vectores físicos que tienen
componentes negativos y positivos, y solo tiene sentido hablar del tiempo negativo, como el
tiempo que ya pasó, el tiempo que ya no es, como quiera que el tiempo va del antes al ahora,
28
y luego al después: desde el ayer hasta el mañana. Esta es la razón por la que los viajes al
pasado no están permitidos, tan solo es dado representarlos. Y los viajes al futuro son
relativos y tienen valor solo para quien los experimenta, por lo tanto, no existen, siendo la
vida un presente permanente.
Sólo en tanto el tiempo está constituido homogéneamente puede ser medido.
Aquí Heidegger se refiere a la homogeneidad del tiempo como una condición para su
medida. El tiempo no homogéneo es la experiencia relativa de la existencia, la cual resulta
impracticable como medición. En la célebre obra de Dalí (1931), “La persistencia de la
memoria”, en un pequeño óleo de 24x33 centímetros, con la inclusión de unos relojes
doblados o fundidos, el pintor expresa de manera magistral la resistencia de la experiencia
temporal a ser homogeneizada (Ilustración 5.1).
…el “cuánto-tiempo”, la cantidad de tiempo en su fluir presente, consiste en
determinar la fijación respectiva del ahora.
¿Qué es el ahora? ¿Está el ahora a mi disposición? ¿Soy yo el ahora? ¿Es
cualquier otra persona el ahora?
Y acá Heidegger se pregunta sobre la unidad de medida del tiempo, contradicción
implícita en la idea de espacio tiempo, ya que como hemos anotado arriba, la única forma de
medir el tiempo es homogeneizándolo, siendo lo único cierto que todos los YO son el ahora
del tiempo. Por lo que la idea de segundo, minuto, hora, etc., es irrelevante, en tanto lo único
que importa es el sentido de la ubicación en el tiempo, la cual en el hombre puede tener
múltiples lecturas, por ejemplo, cuando establecemos la diferencia entre el día y la noche, y
lo que le es propio a cada uno de ellos, esto es, el ritmo circadiano y que Heidegger define
como:
…el reloj natural de la alternancia del día y de la noche.
Más adelante veremos como la trascendencia puede considerarse también como otra
lectura de la flecha del tiempo.
5.3 El tiempo como dimensión de la existencia
¿Soy yo mismo el ahora y es mi existencia el tiempo?
La afirmación “yo soy” es la auténtica enunciación del ser que ostenta el
carácter del ser-ahí del hombre. Este ente es en el respectivo instante como mío.
El ahora, es la existencia misma que valida los sucesos espaciales como cosas
transmutadas en existencia, la clave 3D+1T, que comentábamos en el capítulo anterior. La
pista que provee Heidegger para comprender tan complejo fenómeno está en la simpleza de
su expresión “¿Soy yo el ahora?”, a la que podríamos agregar “¿Soy yo el espacio?”. En
ambos casos, la respuesta es positiva.
5.4 Trascendencia del sentido del tiempo
…la temporalidad; y así hacer que se vea desde el primer momento la posible
conexión de lo que es en el tiempo con lo que la temporalidad auténtica es.
La temporalidad de la existencia (o constatación de la mortalidad), es de suma
importancia en la filosofía de Heidegger, argumento al partir del cual construye su posición
moral de las dos opciones de vida, la auténtica y la inauténtica. Aquí Heidegger quiere decir
29
que quien tiene consciencia de la temporalidad, puede llevar una vida auténtica. Quien se
considera inmortal, llevará una vida inauténtica, y le es dado el malgastarla. Por lo tanto,
construir para habitar es tener un sentido trascendente de la existencia, siendo éste último la
única posibilidad de inmortalizar a los mortales. Dicho de otro modo, la inmortalidad es la
fuerza contenida en la flecha del tiempo, que justifica la existencia de los mortales.
Lo anterior se expresa de manera muy poética en los siguientes apartes, referidos al
cuidar para el vivir de los mortales:
El ser-en-el-mundo está caracterizado como un “cuidar”.
…tener ahí con otros el mismo mundo, encontrarse recíprocamente, ser con
otros en el modo del ser-uno-para-otro.
Pero a la vez este ser-ahí está presente ante los otros como si fuera una cosa,
a la manera de una piedra que está ahí sin tener un mundo ni cuidarse de él.
Con relación a la vida como un propósito, y por medio de un complejo soliloquio que
deja entrever una clara postura moral, Heidegger se plantea una búsqueda que nunca termina
en tanto se es (alguien) y, cuando ya no se es (nadie), la búsqueda ha terminado.
…yo estoy siempre en camino con mi ser-ahí. Siempre hay algo que todavía
no ha terminado. Al final, cuando ese algo no falta, el ser-ahí ya no es. Antes de este
final nunca es estrictamente lo que puede ser; y cuando es lo que puede ser, entonces
ya no es.
Y como un despropósito:
No tener tiempo significa arrojar el tiempo al mal presente de la vida
cotidiana. El ser futuro da tiempo, forma el presente y permite reiterar el pasado en
el “cómo” de su vivencia.
Nuevamente la flecha del tiempo es el sino de la existencia, que marca un sentido
ético de la vida.
5.5 El futuro
Visto desde la cuestión del tiempo, esto significa que el fenómeno fundamental
del tiempo es el futuro.
…el ser futuro es propiamente el tiempo
El futuro como el sentido del tiempo, es una característica del ahora y del sentido del
lugar. Se está aquí en el ahora para permitir al futuro llegar. Siempre el después o el mañana,
son la perspectiva de la existencia. Se vive para el futuro y esa es la razón de la existencia.
Vivir es proyectar futuro.
El reloj nos muestra el ahora, pero jamás reloj alguno muestra el futuro o ha
mostrado el pasado.
El futuro es absolutamente indeterminado, característica motora del tiempo. No se
puede prever, pero si planificar, estableciendo agendas que son una guía del hacer en el
presente. La planificación del tiempo implica una valoración a través de medidas relativas,
en meses, años, por ejemplo, las cuales serán indicativos del quehacer diario,
tornándose en percepciones relativas en el ahora de cada individuo. Para algunos individuos
la felicidad estriba en el volver trizas los tiempos de la agenda. Para otros por el contrario su
satisfacción está en hacer coincidir ambas escalas, absoluta y relativa.
30
Toda medición del tiempo comporta reducir el tiempo a “cuanto”. Si
determino con el reloj el momento en el que ocurrirá un evento futuro, entonces no
me refiero en verdad al futuro, sino que determino el “cuanto” del esperar ahora
hasta el ahora indicado.
La medición del tiempo con unidades absolutas proporciona un estimativo que la
experiencia del individuo puede valorar para fines prácticos, a la vez que un instrumento de
coordinación entre diferentes individuos, lo que permite llegar a acuerdos temporales que se
suscriben por medio de agendas. Esto es claro para cualquier persona, pero en lo que
Heidegger quiere insistir es que una agenda no es el futuro, tan solo un cálculo, un número.
…el pasado es irreversible, el futuro indeterminado.
Este tiempo del presente es explicitado como un decurso que constantemente
pasa por el ahora; secuencia acerca de la cual se afirma que su dirección es única e
irreversible. Todo lo acontecido se desliza desde un futuro sin fin hacia un pasado
irreversible.
Dos son las características de esta interpretación: 1) la irreversibilidad; 2)
la homogeneización en puntos del ahora.
La definición del tiempo según su irreversibilidad se fundamenta en el hecho
de que el tiempo ha sido invertido previamente.
Pasado = irreversible
Presente = homogéneo
Futuro = indeterminado
El tiempo queda completamente matematizado en términos de la coordenada
t junto a las coordenadas espaciales x, y, z. El tiempo es irreversible.
La percepción del tiempo viene determinada por la valoración que se haga del
presente. Por ejemplo, en términos de velocidad, el tiempo que pasa muy rápido, el tiempo
que pasa muy lento. Estas expresiones son una relativización del sentido general del tiempo,
la cual es aprehendida por medio del registro del pasado y su distancia al ahora: acaba de
pasar, fue hace mucho tiempo, parece que fue ayer, son todas expresiones que rompen la
homogeneidad del tiempo. Pero nunca habrá la posibilidad de desandar los pasos, tan solo
reconstruirlos en una agenda futura, que incluso puede ser fortuita. Por ello la coordenada (t)
debemos asumirla como una entelequia, al igual que las coordenadas físicas, ya que valores
de (x, y, z) serán siempre relativos a la primera, es decir, a la existencia de cada ser como
individuo particular. El valor (x, y, z, t) que para un individuo A resulta grande, para un
individuo B puede parecer pequeño, tanto desde la perspectiva espacial (de lugar en el
espacio), como de la perspectiva temporal, (o experiencia particular de cada individuo).
Las conceptualizaciones de Heidegger sobre el tiempo, resultan muy útiles para
validar la utilización de la componente temporal como instrumento taxonómico, en la
transmutación de las formas del espacio en situaciones (cosas como espacios), que denotan
un sentido del lugar (genius loci) y el ahora (Zeitgeist), término este último referido a la
honestidad de una forma para con su tiempo presente (Giedion, 1955).
31
5.6 El tiempo del reloj
En la secuencia aritmética, por ejemplo, el 3 se da antes que el 4, el 8 después
del 7. Sin embargo, no por ello es el 3 temporalmente anterior al 4. Los números no
se dan más temprano o más tarde, porque ni siquiera están en el tiempo. Más
temprano y más tarde son un antes y un después totalmente determinados.
Para Heidegger los números no tienen nada que ver con el tiempo, lo cual es
parcialmente cierto si los tomamos como símbolos que pueden ser atribuidos de manera
arbitraria a una situación específica. Por ejemplo, podemos decir “esto que pasó es el 7”,
“esto de ahora es el 3”, y “esperamos que venga el 4”. De hecho, sucede en la notación de
los días: “ayer era 31, y hoy es 1º”. Sin embargo, la progresión numérica de cualquier serie,
al igual que el aleteo de la mariposa, dicen del tiempo, ya que de alguna manera el
movimiento lo expresa. Por lo que consideramos Heidegger nos quedó debiendo una
discusión sobre la polaridad estático/dinámico y su relación con el tiempo, y pareciera que
su principal preocupación fue la de establecer la diferencia entre tiempo y reloj.
Una vez que se define el tiempo como tiempo del reloj, desaparece toda
esperanza de alcanzar jamás su sentido originario.
La manera de tal volver es, entre otras cosas, la consciencia.
Reloj y tiempo son dos cosas distintas. Como ya vimos, el uno es un instrumento de
medición del otro, de registro del tiempo pasado, de constatación del ahora, y de planificación
del tiempo futuro. Pero pasado, presente y futuro no son el tiempo. Para Heidegger el tiempo
es la consciencia de la existencia, y esta no puede ser parametrizada.
5.7 La temporalidad del tiempo
Resumiendo podríamos decir: el tiempo es equiparable al ser-ahí. El ser-ahí
es lo respectivamente mío, que puede presentar la modalidad del respectivo ser
futuro en la anticipación del seguro, pero indeterminado haber sido. El ser-ahí
siempre se encuentra en un modo de su posible ser temporal. El ser-ahí es el tiempo,
el tiempo es temporal. El ser-ahí no es el tiempo, sino la temporalidad. Por ello, la
afirmación fundamental de que el tiempo es temporal es la definición más propia, sin
constituir ninguna tautología, pues el ser de la temporalidad significa una realidad
desigual. El ser-ahí es su haber sido, es su posibilidad en el encaminarse a este
pasado. En ese encaminarse soy propiamente el tiempo, tengo tiempo. En tanto el
tiempo es en cada caso mío, existen muchos tiempos. El tiempo carece de sentido; el
tiempo es temporal.
Para el ser heideggeriano el tiempo es relativo, lo que lo hace temporal, siendo este
confuso discurso esencial para la obra de Heidegger. Existe un tiempo temporal, que es el
tiempo relativo del individuo, y existe un tiempo absoluto, que puede equipararse con el
tiempo del reloj. A éste último lo llamamos tiempo universal, o tiempo del cosmos. En
sentido figurado y parodiando a Heidegger, “el tiempo de los divinos”.
De otra parte, aquí también el mensaje moral es explícito. Como cada individuo es
un tiempo aparte, existe infinidad de tiempos. Lo que hace que el tiempo se pierda en la masa,
32
no importando el tiempo del individuo, sino por el contrario, el del conjunto de individuos,
como construcción temporal hecha a partir de la consciencia existencial de todos y cada uno
de los individuos.
5.8 La individualidad del tiempo
…el tiempo es el genuino principium individuationis.
No miremos la respuesta, sino repitamos la pregunta. ¿Qué sucedió con la
pregunta? Se ha transformado.
La cuestión de ¿qué es el tiempo?, se ha convertido en la pregunta: ¿Quién
es el tiempo? Más en concreto: ¿Somos nosotros mismos el tiempo? Y con mayor
precisión todavía: ¿Soy yo mi tiempo?
Esta formulación es la que más se acerca a él. Y si comprendo debidamente
la pregunta, con ello todo adquiere un todo de seriedad. Por tanto, ese tipo de
pregunta es la forma adecuada de acceso al tiempo y de comportamiento con él, con
el tiempo como el que es en cada caso el mío. Desde un enfoque así planteado, el ser-
ahí sería el blanco del preguntar.
Cerrando el escrito aparece el mensaje principal de Heidegger con relación a su idea
de tiempo. Heidegger termina personalizando el tiempo, cambiando la pregunta ¿qué es el
tiempo?, por ¿quién es el tiempo?, a lo cual parecería querer contestar: el tiempo soy yo.
Si relacionamos la idea anterior con la deducida en el análisis de Construir, habitar,
pensar, entender el espacio de la arquitectura como el continuum espacio temporal, nos
permite afirmar también que el espacio-tiempo soy yo. La clave 3D+1T. Quizás este aserto
lo es todo, siendo la conclusión de este trabajo.
33
7 Referencias
Banchoff, T. F. (1990). Beyond the Third Dimension. Geometry, Computer Graphics, and
Higher imensions. New York: Scientific American Library.
Braun, E. (1996). Caos, fractales y cosas raras. México: Fondo de Cultura Económica.
Ching, F. D. (1979). Architecture, form, space and order. Nueva York: Van Nostrand
Reinhold Co.
De Guzmán, M., Martín, M. A., Morán, M., & Reyes, M. (1991). Estructuras fractales y
sus aplicaciones. Barcelona: Editorial Labor, S.A.
Echeverri, L. J. (31 de Octubre de 2011). Grupos geométricos de formas. (SlideShare, Ed.)
Recuperado el 9 de Abril de 2016, de http://es.slideshare.net/LuisVlez2/l5-vf-
grupos-geometricos-de-formas-20111031
Echeverri, L. J. (2015). Entre universos dimensionales: protoformas, contraformas,
hiperformas, cuasiformas y tempoformas. En Libro de Memorias del X Congreso
Nacional, VII Internacional, y I Mundial de la Sociedad de Estudios Morfológicos
de la Argentina SEMA, Entreformas. Buenos Aires: Eudeba.
Echeverri, L. J. (s.f.). dimension1ar. Obtenido de
https://sites.google.com/site/dimension1ar/home
Giedion, S. (1955). Espacio, Tiempo y Arquitecura, el futuro de una nueva tradición.
Barcelona: Editorial Científico-Médica.
Hawking, S. (1988). Historia del tiempo, del bing bang a los agujeros negros. Barcelona:
Editorial Crítica.
Heidegger, M. (1924). El concepto del tiempo. Heidegger, Martin. Conferencias y
artículos, traducción de Eustaquio Barjau. Barcelona: Ediciones del Serbal (1994).
Heidegger, M. (1949). La cosa. Heidegger, Martin. Conferencias y artículos, traducción de
Eustaquio Barjau. Barcelona: Ediciones del Serbal (1994).
Heidegger, M. (1952). Construir, habitar, pensar. Heidegger, Martin. Conferencias y
artículos, traducción de Eustaquio Barjau. Barcelona: Ediciones del Serbal (1994).
Klee, P. (1961). Notebooks, Volume 1, The thinking eye (versión inglesa de "Das
bildnerische Denken", 1956). (C. Weidler, & J. Wittenborn, Trads.) London: Lond
Humphries Publishers Limited.
Le Corbusier. (2006). Hacia una arquitectura (versión española de "Vers une
architecture", 1923). (J. Martínez, Trad.) Apóstrofe.
Norberg-Schulz, C. (1975). Existencia, Espacio y Arquitectura. Barcelona: Editorial
Blume.
Norberg-Schulz, C. (1979). Genius Loci: Towards a Phenomenology of Architecture.
Milan: Rizzoli.
34
Lista de ilustraciones
Ilustración 2.1 / Tabla de Universos Dimensionales por el lado existencial (Fuente:
elaboración propia).........................................................................................................5 
Ilustración 2.2 / Del punto al volumen (Reelaboración propia de un dibujo de F. Ching, a su
vez inspirado en un dibujo original de Paul Klee, en “The thinking eye”)....................9 
Ilustración 2.3 / Del vacío al espacio (Fuente: elaboración propia).....................................10 
Ilustración 5.1 / Dalí, S. (1931). La persistencia de la memoria [Óleo sobre tela]. Nueva
York, MoMA. (Fuente: Fotografía del autor) ..............................................................27 

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Forma, Dimensión y Heidegger

  • 1. 1 Forma, Dimensión y Heidegger Luis Javier Echeverri Vélez Profesor de la Escuela de Arquitectura Facultad de Artes Integradas. Universidad del Valle luis.echeverri@correounivalle.edu.co Resumen El presente ensayo es un subproducto de dimension1ar, investigación en creación artística financiada por la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Valle, cuyo objeto es establecer un marco filosófico sobre los universos dimensionales de la forma, particularmente los existenciales, recurriendo al pensamiento de M. Heidegger. Inicia planteando la relación entre su pensamiento y la dimensión como variable taxonómica de la forma. Define posteriormente la noción de dimensión topológica. Y en su parte final, que constituye la esencia del trabajo, presenta una selección de tres escritos del filósofo alemán que a juicio del autor tienen una relación directa con la temática de la investigación. Citando textualmente a Heidegger, establece un diálogo con sus ideas más relevantes, concretamente las referidas a materia, espacio y tiempo. Palabras clave: Materia, espacio, tiempo, existencia, Heidegger. Abstract This essay is a byproduct of dimension1ar, research in artistic creation funded by the Universidad del Valle, whose aim is to establish a philosophical framework for the dimensional universes of form, particularly the existential, resorting to the thought of M. Heidegger. He began considering the relationship between his thought and the dimension as a taxonomic variable of the form. It then defines the notion of topological dimension. Finally, which constitutes the essence of the work, presents a selection of three writings of German philosopher who in the opinion of the author, have a relationship with the subject of the investigation. Directly quoting the text of Heidegger, it establishes a dialogue with their most relevant ideas, specifically concerning matter, space and time. Key words: Matter, space, time, existence, Heidegger.
  • 2. 2 Contenido 1  Heidegger y la dimensión...................................................................................3  2  La dimensión como variable taxonómica...........................................................4  3  La cosa: ¿qué es la MATERIA? (la clave 3D).................................................12  3.1  La escala como referente de la cosidad ....................................................12  3.2  Cosa y objeto ............................................................................................13  3.3  El universo aparente .................................................................................14  3.4  El universo práctico..................................................................................14  4  Construir, habitar, pensar: ¿qué es la EXISTENCIA? (la clave 3D+1T).........17  4.1  Definición de habitar y construir..............................................................18  4.2  ¿Qué es la existencia?...............................................................................19  4.3  El territorio dónde habitamos ...................................................................22  4.4  Un sentido del lugar..................................................................................23  4.5  Pensar la arquitectura ...............................................................................25  5  El concepto de tiempo: ¿qué es TIEMPO? (la clave T) ...................................26  5.1  ¿Qué es el tiempo?....................................................................................26  5.2  La flecha del tiempo .................................................................................27  5.3  El tiempo como dimensión de la existencia .............................................28  5.4  Trascendencia del sentido del tiempo.......................................................28  5.5  El futuro....................................................................................................29  5.6  El tiempo del reloj ....................................................................................31  5.7  La temporalidad del tiempo......................................................................31  5.8  La individualidad del tiempo....................................................................32  7  Referencias .......................................................................................................33 
  • 3. 3 1 Heidegger y la dimensión La idea de este ensayo es trascender las elaboraciones propias sobre el estudio de la variable dimensión en la forma, realizadas en el marco del proyecto dimension1ar1 , concretamente aquellas relacionadas con la delimitación taxonómica de posibles universos dimensionales cuyo parámetro de clasificación es su clave dimensional, y que dentro de nuestro trabajo denominamos universos existenciales, como quiera que incorporan el componente temporal. Para el logro de este propósito confrontamos nuestra taxonomía de las formas sustentada en la variable dimensión, con el pensamiento filosófico de Martín Heidegger, quien entre su copiosa producción dedica algunos escritos cuya temática específica permite establecer un paralelo con algunas de las definiciones que sustentan nuestro trabajo. Concretamente en sus ensayos “La cosa” (1949), “Habitar, construir, pensar” (1952), y “El concepto de tiempo” (1924), el filósofo alemán manifiesta un evidente interés por las relaciones entre el ser, la materia, el lugar y el tiempo. Nuestro parecer es que, en cada uno de ellos, Heidegger hace una velada alusión a realidades dimensionales diferentes, así no haya sido esta su intención, aunque pareciera que la demostración de sus planteamientos precisaría de dicha delimitación, siendo esta presunción el motivo de nuestro interés en este particular aspecto de su trabajo. Heidegger (Messkirch, Alemania,1889), es uno de los pensadores modernos más importantes e influyentes sobre el pensamiento del siglo XX, representando el punto de ruptura contra la metafísica vigente hasta entonces. Con él se construye una variable del pensamiento filosófico por la cual la verdad deja de ser el fin de la filosofía, lugar que pasa a ser ocupado por el lenguaje. De otra parte, el sujeto deja de ser un ente independiente de la realidad, para proyectarse sobre ésta, y ser más bien un resultado de la misma. La preocupación de Heidegger sobre las relaciones entre la nada, la materia, el lugar y el tiempo, y en últimas, sobre la existencia, son una constante de su obra, que con el paso del tiempo se constituiría en uno de los pilares del existencialismo, particularmente en la línea de pensamiento agnóstico que Heidegger compartiría con Camus. La trascendencia de su obra no logra ser opacada por su vínculo con el nacional socialismo alemán, en su momento duramente cuestionada, y de las cual el filósofo no logra deslindarse al menos de manera explícita. Por el contrario, al final de su vida (Friburgo de Brisgovia, 1979), Heidegger ya es reconocido como quizás el filósofo más importante de la modernidad, comparable su obra al de otros pensadores tales como Sartre, Foucault, Derrida o Vattimo. 1 dimension1ar es un proyecto de creación e investigación artística financiado por la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Valle, en ejecución al momento de escribir este artículo. Su objetivo es generar obra artística en soportes de diferente complejidad dimensional, a partir de insumos de orden conceptual y plástico, referenciados a la práctica profesional y docente del autor. Para información general sobre el proyecto consultar el sitio web de la investigación: https://sites.google.com/site/dimension1ar/home
  • 4. 4 Los escritos de Heidegger que nos interesan fueron escritos en épocas diferentes de su vida, siguiendo un orden cronológico que no se corresponde con nuestra taxonomía. “La cosa” es de 1949, en plena depresión por la posguerra. En el año 1952 escribe “Habitar, construir, pensar” como resultado de su preocupación por los problemas habitacionales y los planes de reconstrucción de su país. Finalmente, “El Concepto del tiempo” escrito en 1924, corre paralelo con los desarrollos científicos que se dan en la primera mitad del siglo XX y que otorgan una base racional a la idea del tiempo desde las teorías de la relatividad. Como vemos, sus preocupaciones no siguen una línea del tiempo correspondiente con un orden de dimensionalidad creciente, por el contrario, son totalmente aleatorias, y están presentes en buena parte del total de su obra, como se ilustra en la Tabla 1.1en la que relacionamos la fecha de los escritos en cuestión, con nuestro sistema de claves dimensionales. Tabla 1.1 / Textos de Heidegger estudiados Escrito Clave dimensional Año de publicación La cosa 3D 1949 Habitar, construir, pensar 3D+1T 1952 El Concepto del tiempo 1T 1924 En “La cosa”, el primero de los escritos referidos, Heidegger establece la diferencia entre la materia o cosa de frente a la existencia, esbozando el sutil límite entre los universos 3D y 3D+1T. En el segundo texto, “Habitar, construir, pensar”, inadvertidamente Heidegger llega a la idea de espacio existencial. Y finalmente, en “El concepto de tiempo”, reflexiona sobre éste como percepto. En nuestra exposición, seguiremos el orden de la tabla anterior, comentando cada uno de los textos a partir de los temas claves que hemos identificado y que corresponden a los títulos de cada capítulo. Procederemos entonces a establecer desde cada uno de los textos escogidos los conceptos más significativos desde nuestro particular interés, utilizando como herramienta discursiva la cita textual, que nos permitirá establecer de manera dialógica correspondencias y desencuentros entre sus planteamientos y los nuestros. Creemos que esta reflexión para el propósito de nuestra investigación, es una contribución a esclarecer la velada realidad de los universos dimensionales, así como también la utilidad discursiva de nuestro instrumento taxonómico. Pero antes y como preámbulo a la esta lectura de los textos de Heidegger, haremos en el siguiente capítulo, un rápido resumen de los términos esenciales en que se inscribe nuestra interpretación de la dimensión como variable taxonómica de la forma. 2 La dimensión como variable taxonómica El valor o pertinencia más importante de la forma en tanto su estructura visual, es su dimensionalidad, cualidad derivada del componente matemático de la dimensión. Aunque
  • 5. 5 esta última tiene diferentes acepciones2 , la más común está referida a la expresión mensurable de un suceso físico en tanto magnitud, bien sea esta absoluta o relativa, como cuando nos referimos a un cubo de 1 metro de lado, o a un rectángulo en proporción 2:3. Otra acepción es de orden vectorial, e interpreta la forma a partir de su posición y dirección en el espacio y de una magnitud, cuya valoración se adjudica a partir de un sistema de referencia, como el sistema de ejes cartesianos. La dimensión que aquí nos interesa es la topológica, que valora su dimensionalidad en tanto la capacidad de cobertura espacial de una forma, y su desarrollo en un espacio de determinado número de direcciones, atributo a partir del cual nos es dado representarla. Por ejemplo, cuando nos referimos a un cubo como forma tridimensional en tanto que para su representación bastan tres direcciones espaciales contrarias entre sí, que denominamos comúnmente largo, ancho y alto. Sin embargo, este concepto puesto en el plano de lo abstracto, permite suponer universos dimensionales de cualquier número de dimensiones, con un desarrollo en 4 y más dimensiones, denominados hiperespacios. O incluso con dimensiones fraccionarias como en el caso de los fractales; o negativas, como en el caso de los universos contextuales, propuesta que hicimos en ponencia presentada en el Congreso de la Sociedad de Estudios Morfológicos de la Argentina (Echeverri, Entre universos dimensionales: protoformas, contraformas, hiperformas, cuasiformas y tempoformas, 2015). Ilustración 2.1 / Tabla de Universos Dimensionales por el lado existencial (Fuente: elaboración propia) 2 Una buena ilustración sobre “The Many Meanings of Dimension” puede consultarse en “Beyond the third dimension” de Thomas F. Banchoff. (1990, págs. 5-7)
  • 6. 6 En esta ponencia y como ejercicio de síntesis, hicimos un ensayo de visualización de los posibles múltiples universos dimensionales dependiendo de su clave dimensional3 , como un instrumento para ubicar la realidad concreta, tanto física como existencial, y su posición relativa —en términos topológicos— con otras realidades, bien sea matemáticas, o de especulación metafísica. El instrumento lo denominamos Tabla de Universos Dimensionales ()Ilustración 2.1, y consiste en la representación sobre una matriz bidimensional inserta en un espacio de tres dimensiones, la posición relativa de algunos espacios físicos de dimensiones superiores e inferiores, positivas y negativas, más la variable temporal en una sola dimensión4 . El contexto tridimensional en el que está inserto la matriz, permite interpretar dos caras de la misma, que comparten un espacio común intersecto, en los espacios euclidianos tradicionales de 0, 1, 2 y 3 dimensiones físicas5 , y los espacios fractales posibles en sus límites intersticiales6 . Más allá de esta intersección, la matriz se abre en dos universos, uno existencial y otro material. El primero de ellos, comprende además de las dimensiones físicas, la dimensión temporal que es potestativa a los diagramas de espacio- tiempo de Minkowski7 . El segundo, referido a las dimensiones físicas que sobrepasan el espacio euclidiano, y que alberga los hiperespacios, en principio tan solo de validez matemática, cuando se consideran exclusivamente desde su acepción perceptiva o sensorial. El objeto de este instrumento visual es identificar las entreformas que habitan dichos espacios, agrupadas por características dimensionales que les son comunes, para una mejor comprensión de su función y significado. La especulación interpretativa que ofrece el instrumento, permite incluso argumentar sobre realidades dimensionalmente negativas, que, 3 Notación compuesta de un número y una letra que indica el número de dimensiones y su componente física o temporal, respectivamente. Por ejemplo: -1D, 3D+T, 5D, 2T. 4 En una etapa posterior de esta investigación habrá que documentar situaciones temporales de más de una dimensión: 2T, 3T, etc. 5 Sobre las dimensiones euclidianas Eliezer Braun dice: «En vista de que el punto, de acuerdo con Euclides, no tiene tamaño, se le asigna una dimensión nula o de cero. Una línea tiene solamente longitud, por lo que adquiere una dimensión igual a uno. Una superficie no tiene ancho, por lo que tiene dimensión dos. Finalmente, un cuerpo sólido, como un cubo, tiene dimensión tres. De hecho, en la geometría euclidiana las únicas dimensiones posibles son las que corresponden a los números enteros: 0, 1, 2 y 3.» (Caos, fractales y cosas raras, 1996, pág. 12). 6 La dimensión fractal valora la complejidad de una forma. En esta, sus componentes estructurales de ser discernibles, repiten la estructura del todo, independientemente del número de iteraciones, por lo que su aspecto resulta invariable en cualquier escala, incluso en el infinito. En términos de la dimensión su magnitud siempre será un número fraccionario o decimal, de allí el carácter intersticial de los espacios fractales. Esta dimensión particular se conoce con el nombre de dimensión de Hausdorff-Besicovitch (De Guzmán, Martín, Morán, & Reyes, 1991) 7 «En 1908 el gran matemático Hermann Minkowski fue el primero en concebir un mundo de cuatro dimensiones, con espacio y tiempo en función formando una indivisible continuidad. Su Espacio y Tiempo de aquel año comienza con la celebrada expresión: “Desde hoy en adelante el espacio, como tal, y tiempo, como tal, están condenados a desvanecerse en meras sombras, y solamente una especie de unión de los dos conservará una realidad imperecedera”». Citado por Giedion en “Espacio, Tiempo y Arquitectura” (1955, pág. 16).
  • 7. 7 aunque no claramente válidas desde su formulación matemática, si muy útiles para caracterizar los espacios contextuales tan caros al ejercicio del diseño y la arquitectura. El hecho de que una forma tenga dos o tres dimensiones u otro número de dimensiones enteras o fraccionarias, positivas o negativas, es determinante de su significado visual, por lo que la estructura visual está determinada en principio por sus componentes dimensionales más que por cualquier otro factor, existiendo una relación directa entre visualidad aparente y dimensionalidad de la forma. Tabla 2.1 / Relación entre clave dimensional, universo estético y elementos primarios de la forma Clave dimensional Universo estético Visualidad aparente 0D el lugar el punto 1D la tensión la línea 2D la región el plano 3D la materia el volumen 3D+1T la existencia el espacio existencial 1T el tiempo la existencia Todas las formas pertenecientes a una misma clave dimensional comparten unas cualidades que le son comunes, y que están exclusivamente determinadas por la dimensionalidad del soporte dimensional correspondiente8 . Cada soporte define unos universos estéticos de la forma (vacío, lugar, tensión, región, etc.), y en ellos habitan los elementos primarios de la forma (punto, línea, plano, etc.), que se corresponden con la visualidad aparente de la forma en cuestión. Estos últimos son la manifestación o suceso visual genérico y común a todas las formas de la categoría y el instrumento para la diferenciación entre grupos. Su estructura visual viene determinada por el universo estético correspondiente, como indica la Tabla 2.1, en la que se ha representado, de las múltiples opciones de la Tabla de Universos Dimensionales, las correspondientes a los espacios euclidianos del lado existencial, en tanto nuestro interés de analizar la realidad concreta de la experiencia espacio-temporal, y su relación con el pensamiento de Heidegger.9 Nuestro 8 Se entiende el soporte como el valor dimensional del medio físico en que se expresa una forma, como cuando decimos que una pintura está hecha sobre lienzo, siendo este el elemento físico que permite la colocación de una serie de capas de pintura con un determinado arreglo estético, estas últimas las significativas del valor de la pintura, no el lienzo en sí, aunque sin el concurso de este, no sería posible aquella. Entonces tenemos que, aunque el lienzo no es la visualidad aparente del hecho artístico que llamamos pintura, la bidimensionalidad de su soporte determina tanto la técnica de la pintura como la potencialidad significativa de su mensaje 9 En nuestra propuesta de la Tabla de Universos Dimensionales, «las tres dimensiones físicas (3D) más la temporal (1T), configuran el espacio existencial, culminación en complejidad de las formas del espectro visible. Comprende todas las protoformas de los universos dimensionales anteriores reconsideradas desde una perspectiva existencial.» (Echeverri, Entre universos dimensionales: protoformas, contraformas, hiperformas, cuasiformas y tempoformas, 2015).
  • 8. 8 análisis estará entonces circunscrito a las realidades dimensionales específicas de la experiencia humana (área gris de la tabla), esto es, el espacio-tiempo (la clave 3D+T), desagregado en sus componentes dimensionales (la clave 3D) y temporales (la clave 1T). De otra parte, existe un nivel de relación entre los grupos y sus componentes dimensionales. Siendo el número y la clase de dimensiones el criterio ordenador del universo de las formas, encontramos que una dimensión, la longitud, es común a los cuatro grupos; el ancho lo es a tres grupos; la profundidad a dos; y finalmente el tiempo a uno solo (Tabla 2.2). Tabla 2.2 / Relación ascendente de pertinencia visuales en los grupos dimensionales de formas 1D 2D 3D 3D+1T longitud longitud longitud longitud ancho ancho ancho profundidad profundidad tiempo . Por lo que la relación entre grupos es de una sola vía, y en sentido ascendente. Esta interrelación en nuestra investigación la denominamos Ley de las Pertinencias Dimensionales, la cual definimos en los siguientes términos: 1. Todas las pertinencias visuales a una categoría dimensional dada, son también pertinentes a las categorías dimensionales de nivel superior. 2. Todas las pertinencias visuales a una categoría dimensional dada, no son pertinentes de categorías dimensionales de nivel inferior. En términos prácticos esta ley indica que los significados visuales de una forma están supeditados al número y clase de los componentes dimensionales de las formas de menor complejidad dimensional que la anteceden. Por ejemplo, la línea comparte valores del punto, pero no los del plano; el plano comparte valores de la línea, pero no los del volumen, etc. El sistema de relaciones implícito en la Ley de las Pertinencias Dimensionales, de una vía y en sentido ascendente, fue descrito por Paul Klee en los cursos que dictara en el Bauhaus. Klee encontró que existe una relación directa entre elementos primarios de la forma (punto, línea, etc.), la cual explicaba así en sus Cuadernos, concretamente en “The thinking eye” (1961): Toda forma comienza con un punto que se pone en movimiento...... El punto se mueve....... y la línea se constituye en la primera dimensión. Si la línea se transforma en un plano, obtenemos un elemento de dos dimensiones. En el movimiento del plano al espacio, el encuentro de planos consigue el volumen (las dimensiones)..... Una sumatoria de energías cinéticas que convierten el punto en una línea, la línea en un plano, y el plano en una dimensión espacial. El dibujo de Klee que expresa la anterior proposición, es un clásico de las historiografías del arte y el diseño (Ilustración 2.2).
  • 9. 9 Ilustración 2.2 / Del punto al volumen (Reelaboración propia de un dibujo de F. Ching10 , a su vez inspirado en un dibujo original de Paul Klee, en “The thinking eye”) Si bien Klee no pretendía demostrar el sistema de pertinencias, si intuyó la relación entre elementos primarios de la forma, y la transmisión de valores de un grupo dimensional a otro, gracias a una “energía cinética” que impelía (visualmente) a un suceso visual, a transformarse en otro de nivel superior. Esta elaboración de Klee prefiguró una de las prácticas proyectuales más importantes en la historia del diseño, la arquitectura y el arte moderno, estructurando una teoría que conocemos como diseño básico, y que hasta el día de hoy ha estado en la base de las estructurales curriculares para la enseñanza de estas disciplinas. Como es preciso reconocer, esta elaboración se encuentra también en nuestro trabajo, en el cual, el esquema de Klee, ha sido ampliado (y esperamos que enriquecido), con la inclusión del espacio como la “forma” posterior al volumen, de una categoría dimensional más compleja que involucra la noción de tiempo. 10 (Architecture, form, space and order, 1979)
  • 10. 10 Ilustración 2.3 / Del vacío al espacio (Fuente: elaboración propia) Conviene aquí aclarar que para Klee y los racionalistas de la primera mitad del siglo XX, el espacio no era otra cosa que una “suerte” de volúmenes. Recordemos la famosa frase de Le Corbusier quien en su obra primigenia “Hacia una arquitectura” se refiere a ésta última como “el juego sabio, regio y magnífico de los volúmenes bajo la luz.” (2006). Para nosotros el espacio resulta un suceso más complejo que el simple volumen (ya de por sí harto complejo, en palabras de Hawking), precisamente por la inclusión de la componente dimensional tiempo, que transmuta la forma, de un ente físico, en otro existencial (Ilustración 2.3). La noción de “tetradimensionalidad”, adjetivo que se utiliza también para referirse al espacio tiempo de clave 3D+1T11 , se escapa a una experiencia sensorial normal del mundo que nos rodea. En este, todo parece tener tres dimensiones, incluidos nosotros mismos. Sin embargo, una casa, un parque, un edificio, difícilmente podemos asimilarlos a simples objetos, ya que son mucho más que eso, objetos con otra cualificación, que forman parte de nuestro entorno visual al igual que las imágenes y los objetos, pero con los que nos relacionamos sensorialmente de un modo diferente. Esta relación se caracteriza fundamentalmente por la obligación de realizar recorridos o desplazamientos dentro y fuera del objeto, a partir de los cuales logramos una aprehensión eficaz de sus valores de materialidad y visualidad. Esta virtud funcional de los objetos que llamamos espacios, que nos permite estar bien sea “con el objeto” o “por fuera del objeto”, se produce gracias a la presencia de la dimensión temporal, el tiempo, que no es otra cosa que el tiempo mismo de nuestra existencia, siendo esta ultima la condición sine quanon para la propia existencia del objeto12 . 11 Que no debe confundirse con el espacio tetradimensional o hiperespacio de 4 dimensiones físicas (4D). 12 Al respecto se refiere Giedion: «La esencia del espacio… es su multilateridad, la multiplicidad de relaciones potenciales que contiene. La descripción concluyente de una superficie desde un solo punto de vista es por lo tanto imposible; su carácter cambia según se ubique el punto de mira. A fin de poder comprender la
  • 11. 11 El concepto de espacio-tiempo es absolutamente moderno. Stephen Hawking, en su “Historia del tiempo, del bing bang a los agujeros negros” (1988, pág. 37), recuerda como para Aristóteles y Newton el tiempo era absoluto, es decir, separado del espacio, idea que es comprensible para el común de la gente. Sin embargo, agrega, este sentido común solo aplica para velocidades lentas, pero no para la velocidad de la luz (1988). El derrumbamiento del viejo concepto de tiempo se encuentra en la teoría de la relatividad de Einstein, quien descubrió que «debido a la equivalencia entre energía y masa, la energía que un objeto adquiere debido a su movimiento se añadirá a su masa, incrementándola. En otras palabras, cuanto mayor sea la velocidad de un objeto más difícil será aumentar su velocidad... De hecho no puede alcanzar nunca la velocidad de la luz (por lo que) cualquier objeto normal está confinado por la relatividad a moverse siempre a velocidades menores que la de la luz.13 Una de las consecuencias más notables de la relatividad fue la forma como alteró las ideas sobre la relación entre el espacio y el tiempo. Dentro de la idea de tiempo absoluto de Newton, el tiempo empleado por la luz para recorrer una distancia cualquiera será siempre el mismo para cualquier observador de dicho evento, no así la medición de la distancia que será diferente para cada observador dependiendo de su posición relativa. Los experimentos comprobaron que en la realidad no solo la distancia sino también el tiempo eran diferentes para los dos observadores, lo cual se explicaba en razón de que la velocidad de la luz es una sola y válida para cualquier observador. En otras palabras, ¡la teoría de la relatividad acabó con la idea de un tiempo absoluto! Cada observador debe tener su propia medida del tiempo…Debemos aceptar que el tiempo no está completamente separado e independiente del espacio, sino que por el contrario se combina con él para formar un objeto llamado espacio- tiempo.14 Adicionalmente la teoría de la relatividad creó el concepto de suceso, entendido este como «algo que ocurre en un punto particular del espacio y en un instante específico de tiempo. Por ello, se puede describir por medio de cuatro números o coordenadas.» Aunque Hawking advierte que la elección del sistema de coordenadas es arbitrario, «uno puede usar tres coordenadas espaciales cualesquiera bien definidas y una medida del tiempo (y) en verdadera naturaleza del espacio, el observador debe proyectarse a través de él.» (Espacio, Tiempo y Arquitecura, el futuro de una nueva tradición, 1955, pág. 452) 13 Ibídem anterior, págs. 40 y 41 14 Ibídem anterior, págs. 43 y 44
  • 12. 12 relatividad, no existe una distinción real entre las coordenadas espaciales y la temporal»15 , será el sistema de tres componentes físicos y uno temporal el utilizado por nosotros para definir la dimensionalidad del espacio (no el físico), sino el perceptivo (el espacio-tiempo). Veremos entonces como el espacio (el de los arquitectos, por ejemplo), es en últimas, una idea en el mejor sentido platónico. Un percepto existencial, que relativiza el mundo de los sentidos en la confrontación entre el objeto y el sujeto, planteamiento que de alguna manera está en la base del pensamiento de Heidegger, y que pretendemos escudriñar en este trabajo. 3 La cosa: ¿qué es la MATERIA? (la clave 3D) La evolución proyectiva de la forma en su recorrido del punto al volumen, y que convierte este último en una dimensión espacial, como fuera descrito gráfica y verbalmente por Klee (Ilustración 2.2), podría interpretarse también como el registro del evento que protocoliza el nacimiento de la materia —la tercera dimensión— o dimensión de la realidad, consecuencia inevitable del Big Bang, y antesala de la existencia. Quizás elucubraciones como éstas fueron las que motivaron a Heidegger a pensar sobre las cosas y los objetos, la materia y el espacio, esto es, a “comenzar por el principio”. Pretendemos entonces aquí comentar parte de la alquimia que realizara Heidegger en “La cosa”, en su propósito de transmutar objetos en cosas, y establecer las diferencias que median entre ambos, y dar respuesta a su pregunta por la cosa. 3.1 La escala como referente de la cosidad Lo que, desde el punto de vista del trecho que nos separa de ello, se encuentra a una distancia mínima de nosotros —por la imagen que nos proporciona el cine, por el sonido que nos transmite la radio— puede estar lejos de nosotros. Lo que, desde el punto de vista del trecho que nos separa de ello, está a una distancia inabarcable puede estar muy cerca de nosotros. Una distancia pequeña no es ya cercanía.” Para nosotros en la cercanía está aquello que acostumbramos llamar cosas. Pero ¿qué es una cosa?16 Como quiera que la dimensión en sentido estricto es un aspecto del tamaño, es preciso comenzar esta reflexión sobre “La cosa” con la valoración de la cosidad que hace Heidegger a partir de su tamaño, justo antes de formular su pregunta por la cosa, y por la cual el filósofo sugiere inicialmente —para controvertirlo más adelante— que el tamaño de un objeto es un valor que otorga la cualidad de “cosa”. Si bien Heidegger no se refiere directamente al 15 Ibídem anterior, pág. 44 16 Todas las citas en este capítulo no referenciadas corresponden al texto original de Heidegger (La cosa, 1949).
  • 13. 13 tamaño, y por el contrario lo hace a la distancia, es evidente que la cosidad podría asumirse en principio por la pequeñez de un objeto en relación con el tamaño del hombre. Cuando Heidegger plantea que aquellos objetos que podemos tener muy cerca, podrían ser asimilados a cosas, está reconociendo el valor perceptivo de la escala, esto es, de las relaciones de tamaño, no absolutas sino relativas, entre los objetos y el hombre. Dicho de otra forma, el tamaño de los hombres determina en principio que algo pueda tener el valor de cosa, si ésta última es relativamente pequeña a las medidas del cuerpo humano. Por el contrario, si ésta es muy grande, la relación será de otro tipo, esto es, existencial, y entonces entraremos en la noción de espacio que plantea Heidegger. Sin embargo, esta aseveración en el texto de Heidegger no tiene otro sentido más allá de poner en duda la idea que el hombre tiene de las cosas, para otorgar validez a la argumentación que desea construir en su pregunta por la cosa. Hasta ahora el hombre, de igual modo como no ha considerado lo que es la cercanía, tampoco ha considerado lo que es la cosa como cosa. A partir de este punto Heidegger entonces utilizará el símil de una jarra, objeto funcional creado por el hombre, para ilustrar que la idea de cosa va más allá que la simple valoración de su tamaño, argumento a partir del cual establecerá la distinción entre cosas y objetos. 3.2 Cosa y objeto La jarra es algo que está en sí. El estar en sí caracteriza a la jarra como algo autónomo. Algo autónomo puede convertirse en objeto si lo ponemos ante nosotros, ya sea en la percepción sensible inmediata, ya sea en el recuerdo que lo hace presente. …la cosidad de la cosa no descansa ni en el hecho de que sea un objeto representado (ante-puesto), ni en el hecho de que se puede determinar desde la objetualidad del objeto. La jarra sigue siendo un recipiente tanto si lo representamos (ante-ponemos) como si no. Lo que plantea aquí Heidegger es la autonomía del objeto, pero autonomía de qué, nos preguntamos, y obviamente la respuesta es: autonomía de nosotros mismos, de la existencia solo entendible desde nuestra perspectiva como seres humanos. Dicho de otro modo, el objeto tiene otra existencia, la suya propia, que lo hace perteneciente a un mundo paralelo que no es el de los humanos, sino aquel que se rige por las leyes del cosmos. En esto último podría haber un símil con el objeto kantiano que se contrapone al sujeto, y del cual Kant arguye no podemos saber nada, porque está por fuera de este último. Pero en ese mundo puede haber otros “objetos”, los seres vivos diferentes del hombre, y que tienen la capacidad de reconocer a los demás por estar dotados de órganos sensoriales, pero que a diferencia del hombre, quien tiene la capacidad de preguntarse por esos objetos, no se preguntan por los otros, ni por nosotros, ni por ellos mismos. De allí entonces que la autonomía del objeto en términos existenciales sea una característica del universo 3D, que entenderemos desde Heidegger como aquel en que no son posible las relaciones existenciales que permiten preguntarse el uno por el otro.
  • 14. 14 Lo que está ahí por obra de este producir es el estar-en-sí. Si tomamos la jarra como recipiente producido, entonces, parece, la tomamos como una cosa y en modo alguno como mero objeto. ¿Qué es lo cósico de la cosa? ¿Qué es la cosa en sí? Sólo llegaremos a la cosa en sí si antes nuestro pensamiento ha llegado a la cosa como cosa. La cosa es lo producido. El objeto lo que está ahí, y nadie lo produjo, al menos ningún hombre. Aquí Heidegger establece la distinción entre lo artificial y lo natural. Sin embargo, ésta distinción no resulta muy consistente, ya que muchos objetos son producto del hombre sin tener cometido funcional alguno, por lo que por el hecho de ser “producidos” por el hombre no los convierte automáticamente en “cosas”, al menos en el sentido de Heidegger. Nos referimos a los productos accidentales, como por ejemplo los residuos de una explosión, y a otros cuya “accidentalidad” está exclusivamente en su forma, pero que tienen un cometido, como por ejemplos las piedras extraídas de una cantera. Se establece entonces que lo artificial, entendido como artefacto, hace referencia exclusivamente a lo transformado para obtener de él un valor de uso, sin embargo, como las piedras de la cantera, pareciera que el valor de cambio no fuera determinante de su cosidad, develándose en esta acepción un cierto acercamiento esteticista y moral a la idea de forma. 3.3 El universo aparente …esta cosa-jarra no se puede experienciar nunca, ni mucho menos pensar de un modo adecuado, desde el punto de vista del aspecto, la Þd¡a. Ahora bien, debido al peso que Heidegger le otorga a lo producido y su valor funcional, queda claro que la representación no permite la experiencia, ni un pensamiento adecuado, ya que la apariencia no es lo fundamental de la cosa, sino su esencia, anticipando aquí su idea de una vida auténtica como valor moral. Al respecto señala: De ahí que Platón, que ha visto la presencia de lo presente a partir del aspecto, haya pensado tan poco la esencia de la cosa como Aristóteles y todos los pensadores que han venido después. En este juicio sale Platón mal librado, sin embargo, es preciso aclarar como el desprecio del filósofo griego por los artistas, a quienes consideraba seres de segunda categoría, se debe precisamente a que su retórica se mueve en un universo aparente, ya que el arte es mera representación de la realidad, y por lo tanto, siempre imperfecta. Lo anterior es más comprometido si tenemos en cuenta que para Platón la realidad misma es también imperfecta, residiendo la perfección estrictamente en el mundo de las ideas. Por lo tanto la referencia que en este sentido hace Heidegger de Platón nos parece algo injusta, y solo se explica por el excesivo celo que el filósofo alemán tiene por el valor de uso como atributo que permite a un objeto vulgar trascender en cosa. La siguiente frase es bien contundente en el anterior sentido: …experienciar todo lo presente como objeto del producir. En lugar de objeto (Gegenstand), diremos de un modo más preciso pro-veniente (Her-stand). 3.4 El universo práctico La cosidad del recipiente no descansa en modo alguno en la materia de la que está hecho, sino en el vacío que acoge.
  • 15. 15 La anterior frase expresa que la cosidad está referida a la función. Si bien Heidegger se refiere aquí al vacío, con ello denota en el caso de la jarra su valor determinado por la capacidad que tiene de contener líquidos, lo que por extensión podría trasladarse a cualquier objeto de si funcional, con o sin vacío, porque esta es solo una entre las innumerables disposiciones de la forma para la función. Por ejemplo, un computador, aunque puede tener algún vacío, no es este el atributo que lo hace funcional. Un segundo aspecto allí contenido es su alusión a la materia, cualidad determinante de la función a la que Heidegger no le reconoce un valor determinante de la “cosidad”, sin embargo convenimos en que esto no es exactamente lo que quiere decir, sino que es consecuencia del ejemplo que utiliza, la jarra, en la cual el vacío es el atributo de su función, por lo que habría que entender que la autenticidad de la cosa reside en ésta última, y no en su materialidad, independientemente que ésta sea determinante de la función. De ahí que las antiguas palabras alemanas thing y dinc pasen a significar asunto; nombren todo aquello que les concierne a los hombres de un modo u otro, que va con ellos, lo que, consecuentemente, está en cuestión. A lo que está en cuestión lo llaman los romanos res; La palabra romana res nombra lo que concierne al hombre de un modo u otro. Lo concerniente es lo real de la res. …dinc significa todo aquello que es de alguna manera. La alusión etimológica hecha por Heidegger a la palabra thing, como asunto (del hombre), precisa la connotación funcional que éste le otorga a la cosa, como queriendo denotar que la costumbre misma se encargó de generar el término que habría en el lenguaje de valorar la cualidad por la cual un objeto se sublima en cosa. Cuando Heidegger dice que cosa es lo que concierne a los humanos, es que le pertenece a ellos y de ellos sale, no en el sentido de relativo a los humanos, sino como producto de ellos. Porque la manzana en el árbol también concierne y sirve al hombre, no siendo claro si la manzana es una cosa o un objeto. De allí que se nos antoje un tanto precario la relativización de la cosidad a la potencia funcional del objeto, como una ponderación exagerada de la fábrica, quizás al reconocimiento del homo habilis como transformador de la realidad. Pero aparte de las inconsistencias que pueda haber en esta elaboración —por no hablar de lo que concierne a los animales— su gran valor está en su relativización al ser humano, que la cosa es potestad de aquel y dominio de su creación, abarcando desde las cosas más pequeñas y nimias, como los tornillos y el cepillo de dientes, hasta las más complejas y grandes, incluidas las ciudades, su máxima creación y la obra de arte por excelencia. A este juego de espejos de la simplicidad de tierra y cielo, divinos y mortales -un juego que acaece de un modo propio- lo llamamos mundo. La cosa hace permanecer la Cuaternidad. La cosa hace cosa al mundo. Cada cosa hace permanecer a la Cuaternidad llevándola cada vez a un morar de la simplicidad del mundo. Modesta es la cosa: la jarra y el banco, el sendero y el arado. Pero cosa es también, a su manera, el árbol y la laguna, el arroyo v la montaña. Cosas son también, cada una de ellas haciendo cosa a su manera, la corza y el reno, el caballo
  • 16. 16 y el toro. Cosas son, cada una de ellas haciendo cosa a su manera, el espejo y la abrazadera, el libro y el cuadro, la corona y la cruz. Cuando Heidegger aborda el tema de la cuaternidad, generaliza la idea de cosidad a toda “la creación”, haciendo referencia a los árboles y sus frutos, a los caminos y el territorio. Encuentra que cosa es cualquier cosa, que todo es una cosa, es decir, todo aquello que forma el marco físico espacial de la existencia del hombre. Aquí entonces pareciera darse cuenta de la debilidad de su planteamiento inicial en torno de la funcionalidad, ya que esta cualidad es también relativa, y funcional son también los signos y los símbolos, los mitos y las creencias, los miedos y las alegrías, el arte y la guerra, por lo que entonces todo tiene su cosidad, argumentación que lo lleva a incluir en el recurso integrador de la cuaternidad —los divinos y los mortales, el cielo y la tierra— todo aquello que es y forma parte de la existencia del hombre. En este punto nos interesa valorar el tema de la cosidad como un gran intento de Heidegger por colocar la realidad exterior al ser como un conjunto aparte de materia, objeto, si no sirve para nada, si solo está ahí, cosa, si importa como utilitario. Pero más allá de esta distinción, lo que importa es reconocer su dificultad para entender que todo puede ser asimilable a cosas, desde lo tangible hasta lo intangible, y en últimas para reconocer que todo tiene de alguna manera su valor de cosa, por lo que nos es dado pensar que este puede ser el motivo que lo obliga a recurrir al artilugio metafísico de la cuaternidad. Desde nuestra propuesta taxonómica a partir de la variable dimensión, diríamos entonces que la tercera dimensión, definida como dimensión de la realidad, es una conveniente abstracción para aislar la cosidad de la existencia en sus componentes físicos, dejando de lado los existenciales, incluyendo los hombres y animales vistos también como cosas, esto es, con forma, geometría, y materialidad. Así entonces nos es dado el dominio de estos valores para recomponerlos en nuevas creaciones, en donde los atributos perceptuales (a la mirada, el tacto, etc.) están allí (da sein), y son (los que están), al servicio del hombre, para revertirlos en útiles —en su sentido más amplio— bellos, estables, perdurables, creíbles y necesarios. En resumen, “La cosa” es un ejercicio fallido de reducción dimensional, que utiliza como variable taxonómica algo que depende de lo humano (demasiado humano), como es la función. Por tanto, nuestra reducción dimensional ceñida estrictamente al aspecto topológico (matemático) de la forma, resulta útil en tanto permite dejar de lado (momentáneamente) debates existenciales que generalmente trascienden en prejuicios éticos o estéticos sobre el valor intrínseco (cosidad) de la forma. Para terminar esta parte referida a “La cosa”, conviene destacar dos aspectos adicionales que nos llaman la atención, uno relacionado al número (de las cosas), y otro al valor ético y moral del trabajo. Modestas y de poca monta son, sin embargo, las cosas, incluso en el número, en contraste con el sinnúmero de los objetos indiferentes (que dan lo mismo) que hay en todas partes, si se mide con lo desmesurado de la condición de masa del ser humano como ser vivo. Hay más objetos que cosas, es la conclusión de Heidegger, evidentemente, si cosas son los objetos sublimados por el hombre. Por ello la valoración por la cosidad, resulta útil en el entendimiento de lo esencial. Si aparte de la dimensión como variable taxonómica
  • 17. 17 consideramos otros aspectos de orden expresivo (geometría, tamaño, materialidad, etc.), el discurso totalizador sobre la forma resultará pretensioso, debiendo reconocer que su universo es infinito, tanto el real como el imaginado, y que obliga a simplificaciones de acuerdo con atributos particulares. Por ejemplo, en la descripción del universo de geometrías posibles, podemos recurrir a un esquema metodológico (Echeverri, Grupos geométricos de formas, 2011) que enuncia unas formas elementales (simples y regulares), a partir de las cuales se pueden construir o derivar otras (complejas e irregulares), por lo que bastará con conocer los atributos perceptuales de las más simples y regulares, y los procedimientos o prácticas proyectuales que llevan a las más complejas e irregulares. Así entonces, si bien no se barren en su descripción todas las formas posibles por la imposibilidad real de hacerlo, se otorga el instrumento para explicar cualquier existencia, real o imaginada. Sólo aquello del mundo que es de poca monta llegará alguna vez a ser cosa. Aquí Heidegger, como ya lo habíamos mencionado antes, hace un tributo al trabajo del hombre (homo habilis), al costo de calificar los objetos, las no cosas, como de poca monta. Así como Platón se refiere a los artistas como seres de segunda categoría porque imitan la realidad ya de por si imperfecta, Heidegger valora aquello que no concierne al hombre como de poca o quizás ninguna utilidad, como corresponde a su talante existencialista. Sin embargo, cuestionamos aquí —aunque no estamos seguros de ello— la posibilidad de un juicio moral en sus palabras. El picor estriba en que, desde nuestra óptica, para el artista o el diseñador no debería haber formas buenas o malas, tan solo soluciones o proyectos adecuados y significativos a las necesidades existenciales. No todo lo que transforma o hace útil el hombre es de por sí bueno, y preferimos dejar de lado cualquier ponderación moral, desprendida del argumento de la cosidad del objeto como un fin ulterior. En consecuencia, para nosotros, el universo 3D es tan solo una entelequia que representa la condición objetual de la existencia. 4 Construir, habitar, pensar: ¿qué es la EXISTENCIA? (la clave 3D+1T) “Construir, habitar, pensar” es uno de los textos más famosos de Heidegger, y que resume buena parte de su visión existencialista de la filosofía. En éste, Heidegger relaciona los tres verbos de su título para indicar como el entorno artificial del hombre es una transformación razonada de la materia (cosas y objetos), con el propósito de encontrar su lugar sobre la tierra, y conferir sentido a su existencia. Luego, el habitar es consustancial al ser, y lo construido es lo del hombre. De esta manera se tiende así un puente entre la materia y la existencia (la clave 3D+1T) y, por supuesto, de la “clave moral” que deberá practicarse en la construcción de la habitabilidad. Esta es la razón por la que este texto es tan popular entre arquitectos y constructores.
  • 18. 18 4.1 Definición de habitar y construir …el construir en aquella región a la que pertenece todo aquello que es.17 Con la anterior frase, Heidegger comienza por delimitar en qué lugar el hombre construye, no en un territorio que se le ha entregado, sino que lo hace suyo precisamente por el acto de construir. La existencia es un don no otorgado por la cosa poseída, sino por la facultad de transformar para adquirir el derecho a poseer, en este caso el habitar, al cual se llega por medio del construir. Al habitar llegamos, así parece, solamente por medio del construir. Éste, el construir, tiene a aquél, el habitar, como meta. Sin embargo, no todas las construcciones son moradas. Él mora en ellas, y sin embargo no habita en ellas, si habitar significa únicamente tener alojamiento. Y establece la diferencia entre habitar y construir. Para habitar hay que construir, pero no todo lo construido es habitable, siendo el habitar el fin último del construir. Aquí aparece entonces el concepto de morada, aquello donde se habita y que trasciende su acepción de alojamiento, porque para alojarse puede prescindirse incluso de la construcción. …el habitar sería en cada caso el fin que preside todo construir. Habitar y construir están el uno con respecto al otro en la relación de fin a medio. …construir no es sólo medio y camino para el habitar, el construir es en sí mismo ya el habitar El proceso de transmutar el construir en habitar, recuerda el camino del objeto a la cosa, ahora para diferenciar la construcción y el hábitat. Este trasegar de lo uno a lo otro, convierte en ritual el acto de construir. De esta manera el habitar resulta sacralizado. ¿Qué significa entonces construir? La palabra del alto alemán antiguo correspondiente a construir, buan, significa habitar. Esto quiere decir: permanecer, residir. …la antigua palabra buan, ciertamente, no dice sólo que construir sea propiamente habitar, sino que a la vez nos hace una seña sobre cómo debemos pensar el habitar que ella nombra. Buan: construir, habitar, permanecer, residir. Heidegger resalta que en el origen del término construir está el habitar (permanecer, residir), esto es, que se construye para habitar de manera permanente, lo que implica una actitud para con la construcción, y la búsqueda de ciertas cualidades en lo construido, como quiera que la construcción es una actividad básica y, la buena residencia, un bien fundamental del hombre. Dicho de otra forma: no se construye para lo construido, se construye para el habitar. …ich bin, du bist (yo soy, tú eres), 17 Todas las citas en este capítulo no referenciadas corresponden al texto original de Heidegger (Construir, habitar, pensar, 1952).
  • 19. 19 …«ich bin», «du bist» quiere decir: yo habito tú habitas. Por lo tanto: Ser = habitar (se “es” por el habitar). Con este razonamiento, Heidegger resalta aquí la identificación entre los verbos ser y habitar, lo que explica en parte la importancia del verbo ser, el cual, conjuntamente con los verbos hacer, estar y tener, son estructurantes del lenguaje hablado en las lenguas de origen indoeuropeo. La antigua palabra bauen significa que el hombre es en la medida en que habita; la palabra bauen significa al mismo tiempo abrigar y cuidar El construir (Bauen) aquí, a diferencia del cuidar, es un erigir. Bauen = construir, erigir Bauen = abrigar, cuidar 1.° Construir es propiamente habitar. 2.° El habitar es la manera como los mortales son en la tierra. 3.° El construir como habitar se despliega en el construir que cuida, es decir, que cuida el crecimiento... y en el construir que levanta edificios. …en el habitar descansa el ser del hombre, y descansa en el sentido del residir de los mortales en la tierra. Por lo tanto: Construir = habitar Todas las anteriores disquisiciones verbales llevan a la naturaleza de la existencia humana, presuponiendo la diferencia entre animales y hombres, ya que éstos últimos habitan, en tanto los otros no y, a lo sumo, se alojan, pero no residen en el sentido existencial de Heidegger. O bien, es de los hombres habitar, y de los animales alojarse. Aunque Heidegger específicamente no hace en su texto esta alusión a los animales, por el mérito que otorga a lo humano de la existencia, lo presuponemos aquí. Ahora bien, si es de lo humano construir con cuidado, con responsabilidad, nos asalta la duda sobre el carácter y el significado de las “construcciones” de los animales (v.g. arañas, castores, pájaros). Para éstos el habitar es tan solo estar, y aunque también transforman a su modo la naturaleza para posibilitar su permanencia, no permanecen en el sentido trascendente del término, en tanto que los hombres transforman construyendo construcciones que, sumadas unas a las otras, se reinterpretan en procesos de transformación, que devienen en nuevas realidades que permanentemente están alterando la calidad de su hábitat. El mejoramiento de las condiciones del habitar es entonces una preocupación humana en tanto no lo es del animal, quien vivirá siempre de la misma manera. Este sino evolutivo en términos de lo construido, es entonces exclusivo de la especie humana. En síntesis, pareciera que la condición humana es la residencia en la tierra, que no su permanencia. 4.2 ¿Qué es la existencia? Pero «en la tierra» significa abajo el cielo». Ambas cosas co--significan «permanecer ante los divinos» e incluyen un «perteneciendo a la comunidad de los hombres».
  • 20. 20 Desde una unidad originaria pertenecen los cuatro -tierra, cielo, los divinos y los mortales¬ a una unidad. Pero residir en la tierra obliga un esquema totalizador, ya que el privilegio de la existencia supone un identificarse que posibilita al hombre diferenciarse de su entorno. Y cuando se aísla lo hace de algo o de otros, de lo contrario no se estuviera aislando de nada. Entonces aquí deviene la pregunta de con quién estamos en la tierra. Y la respuesta de Heidegger a este interrogante viene dada por la figura de la cuaternidad, que se constituye en el lugar del espacio existencial, el cual está conformado por el cielo y la tierra, y en la cual viven los divinos y los mortales respectivamente. Los dos primeros constituyen el entorno, el segundo la ideología, y el último la existencia. Analicemos cada uno de ellos: La tierra es la que sirviendo sostiene; la que floreciendo da frutos, extendida en roquedo y aguas, abriéndose en forma de plantas y animales. Cuando decimos tierra, estamos pensando ya con ella los otros Tres, pero, no obstante, no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro. Por lo tanto: Tierra = Entorno inmediato Un primer nivel de entorno, el referido directamente al hombre en tanto consumo y apropiación del espacio, es el significado que devela el término tierra. Los hombres como especie tenemos unas limitaciones a nuestro desplazamiento por el espacio, ya que somos seres de figura vertical, erguidos, que caminamos por la superficie de la tierra, constreñidos por las leyes de la gravedad, a diferencia de otros seres vivos que no son erguidos y se arrastran como los reptiles, o que no están limitados por la gravedad, como los peces y las aves, lo que les permite desplazarse en cualesquiera de las tres dimensiones físicas. Esta condición hace al humano consumidor nato de la tierra (“caminarás por la faz de la tierra”), y su plano el entorno inmediato de su residencia. El cielo es el camino arqueado del sol, el curso de la luna en sus distintas fases, el resplandor ambulante de las estrellas, las estaciones del año y el paso de una a otra, la luz y el crepúsculo del día, oscuridad y claridad de la noche, lo hospitalario y lo inhóspito del tiempo que hace, el paso de las nubes y el azul profundo del éter. Cuando decimos cielo, estamos pensando con él los otros Tres, pero no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro. Por lo tanto: Cielo = entorno mediato El cielo desde la perspectiva de Heidegger tiene varios significados, siendo el principal el de la mediatez de su lugar, esto es, los hechos físicos a los cuales el hombre no tiene acceso directo, pero están allí afectando su existencia, como son el cielo, las estrellas, el viento, etc. Pero a diferencia de la tierra, éstos últimos no pueden ser intervenidos o transformados, escapándose a su dominio, y por lo tanto no podrán ser cosas. Solo a través de la preparación de la tierra, su cosificación, y del construir para habitar, le dan al hombre la posibilidad, si bien no de su control, de protegerse de sus inclemencias y beneficiarse de sus bondades.
  • 21. 21 Otro significado está directamente relacionado con la idea de tiempo, ya que es en este entorno donde más resulta evidente el cambio de estado, que es una de las cualidades denotativas del tiempo, y que veremos en la parte final de este trabajo. Este carácter inasible e incontrolable del cielo, invariablemente lo lleva a ser el interlocutor directo del otro componente de la cuaternidad, la divinidad. Por lo tanto, se entiende el cielo también como el lugar a través del cual hablan los divinos. Los divinos son los mensajeros de la divinidad que nos hacen señas. Desde el sagrado prevalecer de aquélla aparece el Dios en su presente o se retira en su velamiento. Cuando nombramos a los divinos, estamos pensando en los otros Tres, pero no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro. Por lo tanto: Dios = ideología Aquí Heidegger incluye muy tímidamente una referencia al Dios de los humanos, evidente en el presente, velado en la eternidad. No resulta muy explícita su inclusión, por lo que debemos presuponer es una concesión a sus angustias existenciales. Desde el interés de nuestro trabajo las contraposiciones mutabilidad/inmutabilidad, y presente/eternidad, que tienen su expresión en las ideas de tiempos absoluto y relativo, y de visión absoluta o relativa, pueden encontrar un asidero en Heidegger que nos permita por cuestiones de estética matizar el llano discurso positivista y totalizador. Los mortales son los hombres. Se llaman mortales porque pueden morir. Morir significa ser capaz de la muerte como muerte. Sólo el hombre muere, y además de un modo permanente, mientras está en la tierra, bajo el cielo, ante los divinos. Cuando nombramos a los mortales, estamos pensando en los otros Tres pero no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro. Por lo tanto: Mortales = hombres (Inmortales = animales) Hombres = mueren (Animales = no mueren) Los hombres trascienden porque mueren, es el mensaje evidente de esta parte del texto de Heidegger, por lo que el habitar es la forma de trascender, permaneciendo en la memoria colectiva de la especie. De allí la importancia que le confiere al habitar como medio no solo para el alojamiento temporal, sino de realización de la humanidad. Esta forma de ocupar el territorio, de residir en la tierra, y que vimos establece la diferencia con los no humanos, paradójicamente supone la realidad de la muerte, como única forma de permanecer en la eternidad. En un sentido alegórico, los animales son inmortales, luego intrascendentes, ya que se repiten y no transforman en el sentido de la cosidad. El hombre no se repite, siempre es otro, deducción a la que llega Heidegger desde el habitar. Ahora bien, desde el punto de vista del espacio, pero más específicamente desde la idea de arquitectura, esta conceptualización es de sumo importante, ya que alude a la trascendencia de la obra de arquitectura y, por extensión, a todas las construcciones físicas del hombre. Los hombres son efímeros mientras sus construcciones deben ser perdurables, muy al contrario de la tendencia generada por la sociedad de consumo, en la cual, la
  • 22. 22 proposición resulta inversa: todo lo producido será efímero, como si de usuarios inmortales se tratara, y a quienes les resulta imprescindible el cambio permanente. Por tanto, el habitar encierra la lección implícita en la consciencia de la muerte. Es de notar que al final de cada definición de los elementos de la cuaternidad, Heidegger repite: “Cuando nombramos a los mortales, estamos pensando en los otros Tres pero no estamos considerando la simplicidad de los Cuatro”, como queriendo decir que la existencia es el conjunto y no las partes separadas. Para nosotros es la evidencia figurada del continuum espacio-tiempo que define la existencia, a la que hemos otorgado la clave 3D+1T, pudiendo hacerse la identidad de conceptos ilustrada en la Tabla 4.1: Tabla 4.1 / Los elementos de la cuaternidad y los universos dimensionales Componente de la cuaternidad Composición Universo dimensional Clave dimensional La tierra y el cielo Objetos El universo de la realidad física 3D Los mortales Objetos devenidos en cosas por los hombres que habitan y trascienden por la muerte que vigilan los divinos que son inmateriales El universo de la existencia 3D+1T Los divinos Los inmateriales El universo inmaterial de las ideas 1T Finalmente, encontramos que esta cuaternidad es la depositaria del habitar, el equilibrio de todos los factores que rigen la existencia. El siguiente aparte del texto de Heidegger es contundente en el anterior sentido: Esta unidad de ellos la llamamos la Cuaternidad. Los mortales están en la Cuaternidad al habitar. Pero el rasgo fundamental del habitar es el cuidar (mirar por). Los mortales habitan en el modo como cuidan la Cuaternidad en su esencia. Este cuidar que habita es así cuádruple. …los mortales abrigan y cuidan las cosas que crecen, erigen propiamente las cosas que no crecen. Y obviamente se desprende de todo este planteamiento una moraleja existencial: El hombre no se repite, tiene que cuidar. A lo que agregaríamos en nuestro parangón con los animales: El animal se repite, no tiene que cuidar 4.3 El territorio dónde habitamos En esta parte Heidegger precisa en mayor detalle la idea de espacio, comenzando por delimitarlo, como si reconociera una dificultad en establecerla si no es referida directamente al hombre. Para ello se sale de las acepciones tradicionales de espacio, como el vacío o el espacio sideral, y lo establece directamente en el territorio del hombre (lugar de residencia). Un espacio es algo aviado (espaciado), algo a lo que se le ha franqueado espacio, o sea dentro de una frontera, en griego p¡raw.
  • 23. 23 …el concepto: õrismñw, es decir, frontera. Espacio es esencialmente lo aviado (aquello a lo que se ha hecho espacio), lo que se ha dejado entrar en sus fronteras. Espacio implica territorio porque es lo inteligible para el hombre delimitado por una frontera que encierra lo transformado, o que resulta potencialmente transformable. Por consiguiente, el espacio es el territorio de las fronteras del hombre. …¿en qué referencia están lugar y espacio?, y luego: ¿cuál es la relación entre hombre y espacio? Obviamente la relación entre el hombre y su territorio, que es el espacio mismo, implica dos partes en juego: la unicidad que es el individuo, y el lugar de éste o territorio. En términos morfológicos, este aserto representa la contraparte existencial de la relación entre el punto y el espacio, en la cual el punto es el individuo, y el espacio el territorio, cuya interacción documenta el lugar de la existencia. El espacio como extensio puede ser objeto de otra abstracción, a saber, puede ser abstraído a relaciones analítico-algebraicas. Ahora bien, dejando de lado las consideraciones existenciales, precisa Heidegger de la referencia al espacio abstracto de las relaciones lógicas, tema ampliamente documentado en la disertación de Norberg-Schülz en Existencia, espacio y arquitectura (1975, págs. 9-12), y que se ha convertido en uno de los textos de referencia más importantes en los ambientes teóricos de la arquitectura. En ésta, el arquitecto noruego propone “un sistema de espacios” compuesto por los espacios pragmático, perceptivo, existencial, cognoscitivo, y abstracto. A este último Norberg-Schülz se refiere como espacio lógico, planteamiento que se nutre directamente de los escritos de Heidegger. Cuando se habla de hombre y espacio, oímos esto como si el hombre estuviera en un lado y el espacio en otro. Pero el espacio no es un enfrente del hombre, no es ni un objeto exterior ni una vivencia interior. No hay los hombres y además espacio; porque cuando digo «un hombre» y pienso con esta palabra en aquel que es al modo humano, es decir, que habita, entonces con la palabra «un hombre» estoy nombrando ya la residencia en la Cuaternidad, cabe las cosas. El modo de habérselas de hombre y espacio no es otra cosa que el habitar pensado de un modo esencial. Heidegger insiste entonces como el espacio lógico está por fuera del hombre, es una construcción mental, abstracta, en tanto su espacio es existencial, lo que para nosotros y como ya lo habíamos referido más arriba es el contínuum espacio temporal de la existencia humana. 4.4 Un sentido del lugar Cuando reflexionamos, del modo como hemos intentado hacerlo, sobre la relación entre lugar y espacio, pero también sobre el modo de habérselas de hombre y espacio, se hace una luz sobre la esencia de las cosas que son lugares y que nosotros llamamos construcciones. Las construcciones son lugares, es la afirmación más contundente de esta parte del trabajo de Heidegger, y quizás la que más aporta sentido a nuestra caracterización de las
  • 24. 24 formas del espacio como situaciones existenciales. Si bien el plano es una protoforma18 de la clave 2D, y el volumen lo es de la clave 3D, el espacio se reconfigura como la tempoforma19 de la clave 3D+1T. Pertenecen a este universo las mismas protoformas de los niveles dimensionales anteriores, reconsideradas desde una perspectiva existencial que implica no solo una idea de escala diferente, sino también de su relación con un consumidor, o usuario, o productor, o transeúnte, quien en la relación con ellas, y al modo de Heidegger con los objetos que se vuelven cosas, transmutan a una categoría más alta para convertirse en lugares, en los cuales se puede estar con la cosa, o en la cosa, o ir o venir hacia o desde la cosa, es decir, en una imbricación perceptiva y espacial entre cosa y humano. Exalta aquí Heidegger una de las propiedades más importantes de la obra de arquitectura, el genius locci20 antiquísimo término referido al sentido del lugar, como una condición para el buen construir, y en últimas, del mejor habitar. Conviene aclarar que en su acepción más amplia el término lugar se refiere no solo a las construcciones, sino a todas aquellas transformaciones del espacio natural realizadas por el hombre, y en las cuales la idea de lugar es evidente: casa, plaza, calle, camino, etc., por lo que la arquitectura misma es un término restringido para hablar de las formas del espacio, ya que otras disciplinas también tienen como soporte el espacio: el urbanismo, la planeación, el paisajismo, o la escenografía. Ahora bien, éstas y otras disciplinas del diseño y las artes, tienen cada una un producto o artefacto que las caracteriza, la casa en la arquitectura, la silla en el diseño industrial, o el afiche en la gráfica. De allí el énfasis que pone Heidegger en la casa, como el lugar donde la cuaternidad se instala, dando lugar a la idea de cobijo, condición esencial de la arquitectura. El lugar admite a la Cuaternidad e instala a la Cuaternidad. Ambos, es decir, aviar como admitir y aviar como instalar se pertenecen el uno al otro. Como tal doble aviar, el lugar es un cobijo de la Cuaternidad o, como dice la misma palabra, un Huis, una casa. Huis = lugar, casa, cobijo. Y de la siguiente expresión se colige el conjunto de casas, que por extensión entenderíamos como la ciudad: 18 “…los familiares espacios 0D, 1D, 2D y 3D, que constituyen el espectro visible de la Tabla de Universos Dimensionales, y sus respectivas formas: punto, línea, plano y volumen. A estas formas las llamaremos protoformas, entendidas como las formas básicas, originales, hipotéticas, de las que proceden todas las demás.” (Echeverri, Entre universos dimensionales: protoformas, contraformas, hiperformas, cuasiformas y tempoformas, 2015) 19 “…se completa la Tabla de Universos Dimensionales introduciendo la dimensión temporal para generar la matriz de los espacios temporales del universo existencial, conocidos en matemáticas como espacios de Minkowsky. Se produce entonces en el encuentro de la variable temporal con cada variable física, un suceso o espacio dimensional diferente.” (Echeverri, Op. Cit.) 20 Ver la obra homónima de Norberg-Schulz (Genius Loci: Towards a Phenomenology of Architecture, 1979).
  • 25. 25 Las cosas del tipo de estos lugares dan casa a la residencia del hombre. Las cosas de este tipo son viviendas, pero no moradas en el sentido estricto. El producir de tales cosas es el construir. Su esencia descansa en que esto corresponde al tipo de estas cosas. Son lugares que otorgan espacios. Extendiendo así de esta manera la idea de construir con responsabilidad, preocupación que fue la que originó en Heidegger la escritura de este ensayo, como ya lo habíamos reseñado al principio de este trabajo. 4.5 Pensar la arquitectura Finaliza Heidegger su ensayo recabando sobre el compromiso del hombre para con las construcciones, mensaje que va directo a arquitectos, constructores, promotores, políticos. Recogemos algunas ideas al respecto que llaman la atención por su contemporaneidad: Por esto, el construir, porque instala lugares, es un instituir y ensamblar de espacios. Como el construir produce lugares, con la inserción de sus espacios, el espacio como spatium y como extensio llega necesariamente también al ensamblaje cósico de las construcciones. Volver cosas los objetos para habitar en ellos, aprovechando la potencialidad de cualquier material de construcción, por encima de las modas o tendencias del mercado. Ahora bien, el construir no configura nunca «el» espacio. Ni de un modo inmediato ni de un modo mediato. Sin embargo, el construir, al producir las cosas como lugares, está más cerca de la esencia de los espacios y del provenir esencial «del» espacio que toda la Geometría y las Matemáticas. Heidegger hace aquí hincapié en la dignificación de lo construido, mediante la construcción de “espacios existenciales” y no “espacios lógicos”, por encima de complacencias estéticas o racionales. Cuidar la Cuaternidad, salvar la tierra, recibir el cielo, estar a la espera de los divinos, guiar a los mortales, este cuádruple cuidar es la esencia simple del habitar Construir para la sostenibilidad (de los que mueren), esto es, minimizando el impacto que el construir tendrá sobre las generaciones futuras. Cuidar la Cuaternidad, salvar la tierra, recibir el cielo, estar a la espera de los divinos, guiar a los mortales, este cuádruple cuidar es la esencia simple del habitar. De este modo, las auténticas construcciones marcan el habitar llevándolo a su esencia y dan casa a esta esencia. La estética entendida como una ética de vida, como quiera que la belleza de la arquitectura no reside exclusivamente en la cualidad expresiva de ésta, sino en un conjunto de valores más sutiles que constituyen la esencia del habitar. La esencia del construir es el dejar habitar. Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar. Habitar, construir, pensar: pensar en construir para habitar.
  • 26. 26 5 El concepto de tiempo: ¿qué es TIEMPO? (la clave T) 5.1 ¿Qué es el tiempo? A partir de la lectura de este artículo, adquieren mayor sentido algunas de las disquisiciones que hemos elaborado en los puntos anteriores, ya que la idea del tiempo permite redondear los conceptos previos, particularmente la idea de espacio, en cuya validación hemos acudido a la dimensión temporal. … (el) tiempo encuentra su sentido en la eternidad, …el espacio no es nada en sí mismo; no existe ningún espacio absoluto. Sólo existe a través de los cuerpos y de las energías contenidos en él. Coincidiendo con una antigua afirmación aristotélica, tampoco el tiempo es nada en sí.21 Aquí Heidegger se reafirma en su idea de espacio existencial, como continuum de espacio y tiempo. Por lo que tiempo y espacio en sí no son nada, y tan solo se entienden desde su simultaneidad, que es la existencia misma con sus lugares y habitantes, sus cosas y objetos, cielo y tierra, y sus divinidades vigilantes desde y hacia la eternidad. …que el tiempo no es un movimiento, tendrá que ser algo relacionado con el movimiento. Ante todo encontramos el tiempo en los entes mutables; el cambio se produce en el tiempo. El tiempo y el movimiento son dos cosas distintas, aunque el movimiento “dice” del tiempo. El aleteo de la mariposa, el susurrar del viento, el curso del río, “hablan” de la eternidad, marco de referencia de los sucesos espacio temporales. La condición misma de los mortales es denotativa del tiempo. ¿Cómo se le muestra el tiempo al físico? La aprehensión que determina el tiempo tiene el carácter de una medición. El tiempo como medida, que resulta equivalente del espacio lógico matemático, pero que solo tiene valor en tanto espacialización de la eternidad. Un reloj es un sistema físico en el que se repite constantemente la misma secuencia temporal, con la condición de que este sistema físico no esté sujeto a cambio por ningún influjo externo Como medida entonces el tiempo es absoluto, tiempo de la eternidad, relativo tan solo desde la perspectiva existencial de los humanos. En este sentido diríamos que el tiempo absoluto es implacable, representa los divinos, y se sufre o atempera desde la experiencia existencial de los humanos. De allí la validez de la discusión entre el carácter intemporal de la arquitectura y lo efímero del construir desde una perspectiva eminentemente artística. 21 Todas las citas en este capítulo no referenciadas corresponden al texto original de Heidegger (El concepto del tiempo, 1924).
  • 27. 27 5.2 La flecha del tiempo Ilustración 5.1 / Dalí, S. (1931). La persistencia de la memoria [Óleo sobre tela]. Nueva York, MoMA. (Fuente: Fotografía del autor) Uno de los conceptos más básicos de la idea del tiempo es su direccionalidad, argumento que facilita su comprensión como dimensión topológica, equivalente a las tres dimensiones físicas de largo, ancho y profundidad, representables al modo vectorial, con un origen que da sentido a su dirección. El tiempo es algo en lo que se puede fijar arbitrariamente un punto que es un ahora, de tal manera que en relación con dos puntos temporales siempre se puede decir que uno es anterior y otro posterior. De esta manera plantea Heidegger que el sentido del tiempo es lineal unidireccional, connotando una de sus características más desoladoras, como es su irreversibilidad. Esto es, la flecha del tiempo es irreversible, por el contrario de los otros vectores físicos que tienen componentes negativos y positivos, y solo tiene sentido hablar del tiempo negativo, como el tiempo que ya pasó, el tiempo que ya no es, como quiera que el tiempo va del antes al ahora,
  • 28. 28 y luego al después: desde el ayer hasta el mañana. Esta es la razón por la que los viajes al pasado no están permitidos, tan solo es dado representarlos. Y los viajes al futuro son relativos y tienen valor solo para quien los experimenta, por lo tanto, no existen, siendo la vida un presente permanente. Sólo en tanto el tiempo está constituido homogéneamente puede ser medido. Aquí Heidegger se refiere a la homogeneidad del tiempo como una condición para su medida. El tiempo no homogéneo es la experiencia relativa de la existencia, la cual resulta impracticable como medición. En la célebre obra de Dalí (1931), “La persistencia de la memoria”, en un pequeño óleo de 24x33 centímetros, con la inclusión de unos relojes doblados o fundidos, el pintor expresa de manera magistral la resistencia de la experiencia temporal a ser homogeneizada (Ilustración 5.1). …el “cuánto-tiempo”, la cantidad de tiempo en su fluir presente, consiste en determinar la fijación respectiva del ahora. ¿Qué es el ahora? ¿Está el ahora a mi disposición? ¿Soy yo el ahora? ¿Es cualquier otra persona el ahora? Y acá Heidegger se pregunta sobre la unidad de medida del tiempo, contradicción implícita en la idea de espacio tiempo, ya que como hemos anotado arriba, la única forma de medir el tiempo es homogeneizándolo, siendo lo único cierto que todos los YO son el ahora del tiempo. Por lo que la idea de segundo, minuto, hora, etc., es irrelevante, en tanto lo único que importa es el sentido de la ubicación en el tiempo, la cual en el hombre puede tener múltiples lecturas, por ejemplo, cuando establecemos la diferencia entre el día y la noche, y lo que le es propio a cada uno de ellos, esto es, el ritmo circadiano y que Heidegger define como: …el reloj natural de la alternancia del día y de la noche. Más adelante veremos como la trascendencia puede considerarse también como otra lectura de la flecha del tiempo. 5.3 El tiempo como dimensión de la existencia ¿Soy yo mismo el ahora y es mi existencia el tiempo? La afirmación “yo soy” es la auténtica enunciación del ser que ostenta el carácter del ser-ahí del hombre. Este ente es en el respectivo instante como mío. El ahora, es la existencia misma que valida los sucesos espaciales como cosas transmutadas en existencia, la clave 3D+1T, que comentábamos en el capítulo anterior. La pista que provee Heidegger para comprender tan complejo fenómeno está en la simpleza de su expresión “¿Soy yo el ahora?”, a la que podríamos agregar “¿Soy yo el espacio?”. En ambos casos, la respuesta es positiva. 5.4 Trascendencia del sentido del tiempo …la temporalidad; y así hacer que se vea desde el primer momento la posible conexión de lo que es en el tiempo con lo que la temporalidad auténtica es. La temporalidad de la existencia (o constatación de la mortalidad), es de suma importancia en la filosofía de Heidegger, argumento al partir del cual construye su posición moral de las dos opciones de vida, la auténtica y la inauténtica. Aquí Heidegger quiere decir
  • 29. 29 que quien tiene consciencia de la temporalidad, puede llevar una vida auténtica. Quien se considera inmortal, llevará una vida inauténtica, y le es dado el malgastarla. Por lo tanto, construir para habitar es tener un sentido trascendente de la existencia, siendo éste último la única posibilidad de inmortalizar a los mortales. Dicho de otro modo, la inmortalidad es la fuerza contenida en la flecha del tiempo, que justifica la existencia de los mortales. Lo anterior se expresa de manera muy poética en los siguientes apartes, referidos al cuidar para el vivir de los mortales: El ser-en-el-mundo está caracterizado como un “cuidar”. …tener ahí con otros el mismo mundo, encontrarse recíprocamente, ser con otros en el modo del ser-uno-para-otro. Pero a la vez este ser-ahí está presente ante los otros como si fuera una cosa, a la manera de una piedra que está ahí sin tener un mundo ni cuidarse de él. Con relación a la vida como un propósito, y por medio de un complejo soliloquio que deja entrever una clara postura moral, Heidegger se plantea una búsqueda que nunca termina en tanto se es (alguien) y, cuando ya no se es (nadie), la búsqueda ha terminado. …yo estoy siempre en camino con mi ser-ahí. Siempre hay algo que todavía no ha terminado. Al final, cuando ese algo no falta, el ser-ahí ya no es. Antes de este final nunca es estrictamente lo que puede ser; y cuando es lo que puede ser, entonces ya no es. Y como un despropósito: No tener tiempo significa arrojar el tiempo al mal presente de la vida cotidiana. El ser futuro da tiempo, forma el presente y permite reiterar el pasado en el “cómo” de su vivencia. Nuevamente la flecha del tiempo es el sino de la existencia, que marca un sentido ético de la vida. 5.5 El futuro Visto desde la cuestión del tiempo, esto significa que el fenómeno fundamental del tiempo es el futuro. …el ser futuro es propiamente el tiempo El futuro como el sentido del tiempo, es una característica del ahora y del sentido del lugar. Se está aquí en el ahora para permitir al futuro llegar. Siempre el después o el mañana, son la perspectiva de la existencia. Se vive para el futuro y esa es la razón de la existencia. Vivir es proyectar futuro. El reloj nos muestra el ahora, pero jamás reloj alguno muestra el futuro o ha mostrado el pasado. El futuro es absolutamente indeterminado, característica motora del tiempo. No se puede prever, pero si planificar, estableciendo agendas que son una guía del hacer en el presente. La planificación del tiempo implica una valoración a través de medidas relativas, en meses, años, por ejemplo, las cuales serán indicativos del quehacer diario, tornándose en percepciones relativas en el ahora de cada individuo. Para algunos individuos la felicidad estriba en el volver trizas los tiempos de la agenda. Para otros por el contrario su satisfacción está en hacer coincidir ambas escalas, absoluta y relativa.
  • 30. 30 Toda medición del tiempo comporta reducir el tiempo a “cuanto”. Si determino con el reloj el momento en el que ocurrirá un evento futuro, entonces no me refiero en verdad al futuro, sino que determino el “cuanto” del esperar ahora hasta el ahora indicado. La medición del tiempo con unidades absolutas proporciona un estimativo que la experiencia del individuo puede valorar para fines prácticos, a la vez que un instrumento de coordinación entre diferentes individuos, lo que permite llegar a acuerdos temporales que se suscriben por medio de agendas. Esto es claro para cualquier persona, pero en lo que Heidegger quiere insistir es que una agenda no es el futuro, tan solo un cálculo, un número. …el pasado es irreversible, el futuro indeterminado. Este tiempo del presente es explicitado como un decurso que constantemente pasa por el ahora; secuencia acerca de la cual se afirma que su dirección es única e irreversible. Todo lo acontecido se desliza desde un futuro sin fin hacia un pasado irreversible. Dos son las características de esta interpretación: 1) la irreversibilidad; 2) la homogeneización en puntos del ahora. La definición del tiempo según su irreversibilidad se fundamenta en el hecho de que el tiempo ha sido invertido previamente. Pasado = irreversible Presente = homogéneo Futuro = indeterminado El tiempo queda completamente matematizado en términos de la coordenada t junto a las coordenadas espaciales x, y, z. El tiempo es irreversible. La percepción del tiempo viene determinada por la valoración que se haga del presente. Por ejemplo, en términos de velocidad, el tiempo que pasa muy rápido, el tiempo que pasa muy lento. Estas expresiones son una relativización del sentido general del tiempo, la cual es aprehendida por medio del registro del pasado y su distancia al ahora: acaba de pasar, fue hace mucho tiempo, parece que fue ayer, son todas expresiones que rompen la homogeneidad del tiempo. Pero nunca habrá la posibilidad de desandar los pasos, tan solo reconstruirlos en una agenda futura, que incluso puede ser fortuita. Por ello la coordenada (t) debemos asumirla como una entelequia, al igual que las coordenadas físicas, ya que valores de (x, y, z) serán siempre relativos a la primera, es decir, a la existencia de cada ser como individuo particular. El valor (x, y, z, t) que para un individuo A resulta grande, para un individuo B puede parecer pequeño, tanto desde la perspectiva espacial (de lugar en el espacio), como de la perspectiva temporal, (o experiencia particular de cada individuo). Las conceptualizaciones de Heidegger sobre el tiempo, resultan muy útiles para validar la utilización de la componente temporal como instrumento taxonómico, en la transmutación de las formas del espacio en situaciones (cosas como espacios), que denotan un sentido del lugar (genius loci) y el ahora (Zeitgeist), término este último referido a la honestidad de una forma para con su tiempo presente (Giedion, 1955).
  • 31. 31 5.6 El tiempo del reloj En la secuencia aritmética, por ejemplo, el 3 se da antes que el 4, el 8 después del 7. Sin embargo, no por ello es el 3 temporalmente anterior al 4. Los números no se dan más temprano o más tarde, porque ni siquiera están en el tiempo. Más temprano y más tarde son un antes y un después totalmente determinados. Para Heidegger los números no tienen nada que ver con el tiempo, lo cual es parcialmente cierto si los tomamos como símbolos que pueden ser atribuidos de manera arbitraria a una situación específica. Por ejemplo, podemos decir “esto que pasó es el 7”, “esto de ahora es el 3”, y “esperamos que venga el 4”. De hecho, sucede en la notación de los días: “ayer era 31, y hoy es 1º”. Sin embargo, la progresión numérica de cualquier serie, al igual que el aleteo de la mariposa, dicen del tiempo, ya que de alguna manera el movimiento lo expresa. Por lo que consideramos Heidegger nos quedó debiendo una discusión sobre la polaridad estático/dinámico y su relación con el tiempo, y pareciera que su principal preocupación fue la de establecer la diferencia entre tiempo y reloj. Una vez que se define el tiempo como tiempo del reloj, desaparece toda esperanza de alcanzar jamás su sentido originario. La manera de tal volver es, entre otras cosas, la consciencia. Reloj y tiempo son dos cosas distintas. Como ya vimos, el uno es un instrumento de medición del otro, de registro del tiempo pasado, de constatación del ahora, y de planificación del tiempo futuro. Pero pasado, presente y futuro no son el tiempo. Para Heidegger el tiempo es la consciencia de la existencia, y esta no puede ser parametrizada. 5.7 La temporalidad del tiempo Resumiendo podríamos decir: el tiempo es equiparable al ser-ahí. El ser-ahí es lo respectivamente mío, que puede presentar la modalidad del respectivo ser futuro en la anticipación del seguro, pero indeterminado haber sido. El ser-ahí siempre se encuentra en un modo de su posible ser temporal. El ser-ahí es el tiempo, el tiempo es temporal. El ser-ahí no es el tiempo, sino la temporalidad. Por ello, la afirmación fundamental de que el tiempo es temporal es la definición más propia, sin constituir ninguna tautología, pues el ser de la temporalidad significa una realidad desigual. El ser-ahí es su haber sido, es su posibilidad en el encaminarse a este pasado. En ese encaminarse soy propiamente el tiempo, tengo tiempo. En tanto el tiempo es en cada caso mío, existen muchos tiempos. El tiempo carece de sentido; el tiempo es temporal. Para el ser heideggeriano el tiempo es relativo, lo que lo hace temporal, siendo este confuso discurso esencial para la obra de Heidegger. Existe un tiempo temporal, que es el tiempo relativo del individuo, y existe un tiempo absoluto, que puede equipararse con el tiempo del reloj. A éste último lo llamamos tiempo universal, o tiempo del cosmos. En sentido figurado y parodiando a Heidegger, “el tiempo de los divinos”. De otra parte, aquí también el mensaje moral es explícito. Como cada individuo es un tiempo aparte, existe infinidad de tiempos. Lo que hace que el tiempo se pierda en la masa,
  • 32. 32 no importando el tiempo del individuo, sino por el contrario, el del conjunto de individuos, como construcción temporal hecha a partir de la consciencia existencial de todos y cada uno de los individuos. 5.8 La individualidad del tiempo …el tiempo es el genuino principium individuationis. No miremos la respuesta, sino repitamos la pregunta. ¿Qué sucedió con la pregunta? Se ha transformado. La cuestión de ¿qué es el tiempo?, se ha convertido en la pregunta: ¿Quién es el tiempo? Más en concreto: ¿Somos nosotros mismos el tiempo? Y con mayor precisión todavía: ¿Soy yo mi tiempo? Esta formulación es la que más se acerca a él. Y si comprendo debidamente la pregunta, con ello todo adquiere un todo de seriedad. Por tanto, ese tipo de pregunta es la forma adecuada de acceso al tiempo y de comportamiento con él, con el tiempo como el que es en cada caso el mío. Desde un enfoque así planteado, el ser- ahí sería el blanco del preguntar. Cerrando el escrito aparece el mensaje principal de Heidegger con relación a su idea de tiempo. Heidegger termina personalizando el tiempo, cambiando la pregunta ¿qué es el tiempo?, por ¿quién es el tiempo?, a lo cual parecería querer contestar: el tiempo soy yo. Si relacionamos la idea anterior con la deducida en el análisis de Construir, habitar, pensar, entender el espacio de la arquitectura como el continuum espacio temporal, nos permite afirmar también que el espacio-tiempo soy yo. La clave 3D+1T. Quizás este aserto lo es todo, siendo la conclusión de este trabajo.
  • 33. 33 7 Referencias Banchoff, T. F. (1990). Beyond the Third Dimension. Geometry, Computer Graphics, and Higher imensions. New York: Scientific American Library. Braun, E. (1996). Caos, fractales y cosas raras. México: Fondo de Cultura Económica. Ching, F. D. (1979). Architecture, form, space and order. Nueva York: Van Nostrand Reinhold Co. De Guzmán, M., Martín, M. A., Morán, M., & Reyes, M. (1991). Estructuras fractales y sus aplicaciones. Barcelona: Editorial Labor, S.A. Echeverri, L. J. (31 de Octubre de 2011). Grupos geométricos de formas. (SlideShare, Ed.) Recuperado el 9 de Abril de 2016, de http://es.slideshare.net/LuisVlez2/l5-vf- grupos-geometricos-de-formas-20111031 Echeverri, L. J. (2015). Entre universos dimensionales: protoformas, contraformas, hiperformas, cuasiformas y tempoformas. En Libro de Memorias del X Congreso Nacional, VII Internacional, y I Mundial de la Sociedad de Estudios Morfológicos de la Argentina SEMA, Entreformas. Buenos Aires: Eudeba. Echeverri, L. J. (s.f.). dimension1ar. Obtenido de https://sites.google.com/site/dimension1ar/home Giedion, S. (1955). Espacio, Tiempo y Arquitecura, el futuro de una nueva tradición. Barcelona: Editorial Científico-Médica. Hawking, S. (1988). Historia del tiempo, del bing bang a los agujeros negros. Barcelona: Editorial Crítica. Heidegger, M. (1924). El concepto del tiempo. Heidegger, Martin. Conferencias y artículos, traducción de Eustaquio Barjau. Barcelona: Ediciones del Serbal (1994). Heidegger, M. (1949). La cosa. Heidegger, Martin. Conferencias y artículos, traducción de Eustaquio Barjau. Barcelona: Ediciones del Serbal (1994). Heidegger, M. (1952). Construir, habitar, pensar. Heidegger, Martin. Conferencias y artículos, traducción de Eustaquio Barjau. Barcelona: Ediciones del Serbal (1994). Klee, P. (1961). Notebooks, Volume 1, The thinking eye (versión inglesa de "Das bildnerische Denken", 1956). (C. Weidler, & J. Wittenborn, Trads.) London: Lond Humphries Publishers Limited. Le Corbusier. (2006). Hacia una arquitectura (versión española de "Vers une architecture", 1923). (J. Martínez, Trad.) Apóstrofe. Norberg-Schulz, C. (1975). Existencia, Espacio y Arquitectura. Barcelona: Editorial Blume. Norberg-Schulz, C. (1979). Genius Loci: Towards a Phenomenology of Architecture. Milan: Rizzoli.
  • 34. 34 Lista de ilustraciones Ilustración 2.1 / Tabla de Universos Dimensionales por el lado existencial (Fuente: elaboración propia).........................................................................................................5  Ilustración 2.2 / Del punto al volumen (Reelaboración propia de un dibujo de F. Ching, a su vez inspirado en un dibujo original de Paul Klee, en “The thinking eye”)....................9  Ilustración 2.3 / Del vacío al espacio (Fuente: elaboración propia).....................................10  Ilustración 5.1 / Dalí, S. (1931). La persistencia de la memoria [Óleo sobre tela]. Nueva York, MoMA. (Fuente: Fotografía del autor) ..............................................................27