Este documento contrasta el pensamiento renacentista y el pensamiento de la modernidad del siglo XVII. Indica que el Renacimiento se caracterizó por la improvisación y el sincretismo, mientras que el siglo XVII adoptó un enfoque más sistemático y fundamentado, inspirado por los métodos propuestos por Bacon y Descartes. Aunque el Renacimiento anticipó la revolución científica, la filosofía moderna estableció una relación más estrecha con la ciencia.