El documento aborda la educación indígena y la creación de nuevas instituciones educativas en el siglo XVIII, resaltando el cambio en la enseñanza de la fe católica hacia la instrucción en castellano. A pesar de la oposición de los indígenas, se establecieron numerosas escuelas que buscaban enseñar lectura, escritura y doctrina religiosa, bajo supervisión de la iglesia y el estado. A partir de 1782, se promovieron métodos más suaves para persuadir a los indios a enviar a sus hijos a estas escuelas, señalando un cambio en la política educativa.