Los analgésicos opioides, como la morfina y el butorfanol, han sido utilizados durante siglos para el manejo del dolor en humanos y su aplicación en veterinaria ha aumentado, aunque su efectividad en equinos presenta variabilidad y efectos adversos. Estudios muestran que, aunque pueden mejorar la analgesia en algunas condiciones, la respuesta a estos medicamentos varía ampliamente entre los individuos y no siempre superan a los agonistas alfa-2 o a otros analgésicos no opioides. Además, existen preocupaciones sobre los efectos secundarios, como la hipomotilidad intestinal y el cólico posoperatorio, lo que ha generado debate sobre su uso en este tipo de animales.