CANDIDATOS EMPÁTICOS
El objetivo de todo postulante a un puesto de trabajo es conseguir una entrevista.




En dicha situación es razonable pensar que el candidato se pregunte qué estará
pensando el entrevistador, qué impresión le estaré causando; en definitiva, qué
pasa por su cabeza y cómo me estará evaluando.
Para empezar, no por el hecho de adoptar el papel de entrevistador a dicha persona
hay que concederle de entrada, y sin más, que es competente para desarrollar
dicho papel. De hecho, en numerosas ocasiones dirigen la entrevista personas que
no están preparadas para entrevistar.


Requerimientos explícitos y tácitos
Por otra parte, los entrevistadores principales que están al frente de un proceso se
encuentran ocupados en resolver su principal dilema: ¿darán con el candidato
idóneo? Muchas veces el arte del entrevistador consiste en recibir candidatos y
candidatos y candidatos… en espera de encontrar el que conviene a sus propósitos;
cuya expresión más formal se encuentra en la lista de requerimientos. Pero,
también, hay que saber que hay dos tipos de requerimientos: los explícitos, que
suelen ser los más objetivos y de alguna manera medibles; y los tácitos, más
evanescentes, un tanto intangibles o presumibles, difícilmente mensurables.
Pero aún, entre las exigencias tácitas, las hay de dos clases: las anteriores, que
son reconocibles y verbalizables; y puede haberlas irreconocibles, que están
escondidas o en el inconsciente, y que se ligan con la intuición mediante
impresiones de aceptación o rechazo de determinadas personalidades que se tiene
en frente.
Un rasgo del entrevistador profesional es que sus tácitos suelen ser, en su mayoría,
reconocibles. Un entrevistador profesional tiene que conocerse muy bien a sí mismo
y saber discriminar entre lo suyo -que es de él y no debe proyectar en el otro-, y lo
ajeno, que se manifiesta mediante indicios verificables.


Dar certidumbre
Todo entrevistador busca estar seguro para tomar una decisión, ya sea para
seleccionar una terna o para contratar un candidato; luego los entrevistadores en
los procesos de selección tienen que luchar contra la incertidumbre. Y no hay mejor
manera que buscar la certeza, cuestión realmente difícil cuando no hay apoyo para
ello. De ahí, que la mejor estrategia para un candidato sea ayudar al entrevistador
aportándole realidades.
Para toda entrevista hay dos consignas previas: la primera ser uno
mismo, comportarse de manera natural y correcta; la segunda, ser inteligente.
Ni hay que dejarse intimidar, ni se puede uno permitir que la ansiedad o los nervios
echen a perder una buena impresión, ni hay que dar prueba alguna de que uno
tiene una pobre impresión de si mismo; pero tampoco hay que hacer lo contrario.
Y aún, cabe una tercera recomendación: hay que tener una actitud de escucha
activa, que es la mejor táctica para aprovechar la información del momento a favor
de uno mismo.
Me parece importante insistir: si es usted un candidato en proceso de entrevista,
abra bien los ojos yestudie a su interlocutor; obtendrá una fuente de
información valiosísima para dirigir su comportamiento y sus respuestas.


Interesa interesarse
No hay diferencia alguna entre la realidad y una entrevista, sea ésta de la clase que
sea, pues se trata de un acontecimiento más de la vida cotidiana. Si uno no sabe
desenvolverse con naturalidad en una entrevista de selección, ¿cómo se
comportará en sus relaciones profesionales; qué dinámica tendrá en el trabajo?
Un proceso de entrevista es una relación asimétrica, en desigualdad, con un
reparto del poder desequilibrado –al igual que en otras muchas situaciones de la
vida-, en el que se reproduce una situación de diálogo forzado: uno tiene el papel
de preguntar; el otro la obligación de responder. Pero también, al tratarse de una
situación social se pueden aprovechar las respuestas para, a su vez, preguntar;
como es lógico nunca de manera inquisitiva.
Un candidato que transforma lo que podría ser un interrogatorio en
una conversación fluida tiene más oportunidades. Interesa interesarse,
preguntar, dar muestras de estar informado. Y por supuesto ser competente para
el puesto que se pretende.


Convertir lo dicho en certeza
¿Cuáles son las mejores respuestas? Las que responden directamente a la pregunta
formulada y además ofrecen realidades, hechos que acreditan la palabra,
ejemplos de lo que uno ha hecho, sabe hacer y es capaz de realizar.
Una entrevista tiene que prepararse y el enfoque que se adopte será definitivo
para trasladar seguridad o generar dudas en el entrevistador. El candidato tiene
que tener clara su propuesta de valor, sus capacidades, sus méritos, sus logros… y
ha de hacerse con un conjunto de hechos a referenciar y testimonios que respalden
sus palabras.
Merece la pena hacer balance y acopio de hechos reales, documentos y buenas
referencias que permitan convertir lo dicho en certeza. Luego, en la entrevista, y
según se conduzca, podrá echarse o no, en mayor o en menor medida, mano de
ello.
Un entrevistador no está solo interesado en conocer una sucesión de etapas de la
vida del candidato, lo más relevante para él es tener la certidumbre de que
tiene delante un profesional sólido tenaz, autoexigente, trabajador,
responsable, con iniciativa, sin miedos, creativo, con recursos, capaz, competente,
creíble, tratable, cordial, adaptable, inteligente, capaz de trabajar en equipo e,
incluso –y si se requiere-, con liderazgo y talante negociador.
Y, además, que cumpla con el perfil competencial específico exigido. Conviene
pensar que una entrevista de selección no se da por terminada, aún transcurrido un
tiempo, hasta recibir el veredicto. Al final todo suma o todo resta, preste atención a
los detalles, nunca deje de preguntar lo que necesite saber y muéstrese tan
correcto como le gustaría que se comportasen con usted. Ponga atención a los
contactos posteriores, podrían producirse y por diferentes canales. Hasta el
veredicto final, usted sigue en proceso de selección.

© jvillalba | http://jvillalba.wordpress.com/
--
Entrevista de selección, Búsqueda de empleo, Propuesta de valor, Requerimientos
explícitos, Requerimientos tácitos, Javier Villalba

Candidatos empáticos

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    CANDIDATOS EMPÁTICOS El objetivode todo postulante a un puesto de trabajo es conseguir una entrevista. En dicha situación es razonable pensar que el candidato se pregunte qué estará pensando el entrevistador, qué impresión le estaré causando; en definitiva, qué pasa por su cabeza y cómo me estará evaluando. Para empezar, no por el hecho de adoptar el papel de entrevistador a dicha persona hay que concederle de entrada, y sin más, que es competente para desarrollar dicho papel. De hecho, en numerosas ocasiones dirigen la entrevista personas que no están preparadas para entrevistar. Requerimientos explícitos y tácitos Por otra parte, los entrevistadores principales que están al frente de un proceso se encuentran ocupados en resolver su principal dilema: ¿darán con el candidato idóneo? Muchas veces el arte del entrevistador consiste en recibir candidatos y candidatos y candidatos… en espera de encontrar el que conviene a sus propósitos; cuya expresión más formal se encuentra en la lista de requerimientos. Pero, también, hay que saber que hay dos tipos de requerimientos: los explícitos, que suelen ser los más objetivos y de alguna manera medibles; y los tácitos, más evanescentes, un tanto intangibles o presumibles, difícilmente mensurables. Pero aún, entre las exigencias tácitas, las hay de dos clases: las anteriores, que son reconocibles y verbalizables; y puede haberlas irreconocibles, que están escondidas o en el inconsciente, y que se ligan con la intuición mediante impresiones de aceptación o rechazo de determinadas personalidades que se tiene en frente. Un rasgo del entrevistador profesional es que sus tácitos suelen ser, en su mayoría, reconocibles. Un entrevistador profesional tiene que conocerse muy bien a sí mismo y saber discriminar entre lo suyo -que es de él y no debe proyectar en el otro-, y lo ajeno, que se manifiesta mediante indicios verificables. Dar certidumbre Todo entrevistador busca estar seguro para tomar una decisión, ya sea para seleccionar una terna o para contratar un candidato; luego los entrevistadores en los procesos de selección tienen que luchar contra la incertidumbre. Y no hay mejor manera que buscar la certeza, cuestión realmente difícil cuando no hay apoyo para ello. De ahí, que la mejor estrategia para un candidato sea ayudar al entrevistador aportándole realidades.
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    Para toda entrevistahay dos consignas previas: la primera ser uno mismo, comportarse de manera natural y correcta; la segunda, ser inteligente. Ni hay que dejarse intimidar, ni se puede uno permitir que la ansiedad o los nervios echen a perder una buena impresión, ni hay que dar prueba alguna de que uno tiene una pobre impresión de si mismo; pero tampoco hay que hacer lo contrario. Y aún, cabe una tercera recomendación: hay que tener una actitud de escucha activa, que es la mejor táctica para aprovechar la información del momento a favor de uno mismo. Me parece importante insistir: si es usted un candidato en proceso de entrevista, abra bien los ojos yestudie a su interlocutor; obtendrá una fuente de información valiosísima para dirigir su comportamiento y sus respuestas. Interesa interesarse No hay diferencia alguna entre la realidad y una entrevista, sea ésta de la clase que sea, pues se trata de un acontecimiento más de la vida cotidiana. Si uno no sabe desenvolverse con naturalidad en una entrevista de selección, ¿cómo se comportará en sus relaciones profesionales; qué dinámica tendrá en el trabajo? Un proceso de entrevista es una relación asimétrica, en desigualdad, con un reparto del poder desequilibrado –al igual que en otras muchas situaciones de la vida-, en el que se reproduce una situación de diálogo forzado: uno tiene el papel de preguntar; el otro la obligación de responder. Pero también, al tratarse de una situación social se pueden aprovechar las respuestas para, a su vez, preguntar; como es lógico nunca de manera inquisitiva. Un candidato que transforma lo que podría ser un interrogatorio en una conversación fluida tiene más oportunidades. Interesa interesarse, preguntar, dar muestras de estar informado. Y por supuesto ser competente para el puesto que se pretende. Convertir lo dicho en certeza ¿Cuáles son las mejores respuestas? Las que responden directamente a la pregunta formulada y además ofrecen realidades, hechos que acreditan la palabra, ejemplos de lo que uno ha hecho, sabe hacer y es capaz de realizar. Una entrevista tiene que prepararse y el enfoque que se adopte será definitivo para trasladar seguridad o generar dudas en el entrevistador. El candidato tiene que tener clara su propuesta de valor, sus capacidades, sus méritos, sus logros… y ha de hacerse con un conjunto de hechos a referenciar y testimonios que respalden sus palabras. Merece la pena hacer balance y acopio de hechos reales, documentos y buenas referencias que permitan convertir lo dicho en certeza. Luego, en la entrevista, y según se conduzca, podrá echarse o no, en mayor o en menor medida, mano de ello. Un entrevistador no está solo interesado en conocer una sucesión de etapas de la vida del candidato, lo más relevante para él es tener la certidumbre de que tiene delante un profesional sólido tenaz, autoexigente, trabajador, responsable, con iniciativa, sin miedos, creativo, con recursos, capaz, competente, creíble, tratable, cordial, adaptable, inteligente, capaz de trabajar en equipo e, incluso –y si se requiere-, con liderazgo y talante negociador. Y, además, que cumpla con el perfil competencial específico exigido. Conviene pensar que una entrevista de selección no se da por terminada, aún transcurrido un tiempo, hasta recibir el veredicto. Al final todo suma o todo resta, preste atención a los detalles, nunca deje de preguntar lo que necesite saber y muéstrese tan correcto como le gustaría que se comportasen con usted. Ponga atención a los contactos posteriores, podrían producirse y por diferentes canales. Hasta el veredicto final, usted sigue en proceso de selección. © jvillalba | http://jvillalba.wordpress.com/
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