Enron utilizó prácticas contables engañosas como la contabilidad creativa y estados financieros falsos para ocultar grandes pérdidas y sobrevaluar sus ganancias. Esto llevó a la empresa al borde de la bancarrota en 2001 cuando se reveló el fraude. La firma auditora Arthur Andersen ayudó a Enron encubriendo el fraude a cambio de pagos exorbitantes. El colapso de Enron afectó negativamente los mercados energéticos.