La autora narra su experiencia como estudiante de magisterio haciendo su primera residencia docente. Al principio tuvo dificultades porque su profesora de residencia se tomó una licencia y no sabía cómo hacer un proyecto pedagógico. Finalmente empezó su residencia sin guía y aprendió que lo más importante es adaptarse a los estudiantes y enseñar a través de la experiencia diaria en el aula más que seguir planes estrictos. Con el tiempo se sintió más cómoda en su rol de maestra.