El suelo es esencial para los ecosistemas terrestres, ya que proporciona agua y nutrientes a las plantas y se forma a través de un proceso de meteorización de rocas, donde influyen el clima y la vida orgánica. Se clasifica según su funcionalidad y características físicas, con tipos como suelos arenosos, humíferos y arcillosos, cada uno con propiedades específicas que determinan su utilidad agrícola. La formación del suelo resulta de procesos físicos, químicos y biológicos, y su evolución está condicionada por factores como el clima, la topografía y el tiempo.