El fracking, una técnica de extracción de gas de esquisto, es defendido por algunos como una solución para la demanda energética, pero sus detractores advierten sobre serios riesgos para la salud y el medio ambiente. A pesar de que su implementación podría permitir que Estados Unidos alcance la autosuficiencia energética para 2035, se generan protestas en varios países y su uso está restringido en otros. Además, surgen preocupaciones sobre la gestión de aguas residuales y los efectos de los aditivos químicos utilizados en el proceso.