La obra 'Impresión, sol naciente' de Claude Monet, realizada en 1872, es considerada la primera pintura impresionista y simboliza el inicio del movimiento. Monet utilizó técnicas innovadoras como la pintura al aire libre y colores puros para capturar las variaciones de la luz sobre el paisaje. El impresionismo se caracteriza por su renuncia a la copia de la realidad, promoviendo la interpretación activa del espectador.