Napoleón se convirtió en dictador de Francia tras el golpe de Estado de 18 de Brumario en 1799. Extendió los valores de la Revolución Francesa por Europa a través de sus conquistas militares, estableciendo un imperio que llegó a controlar gran parte del continente. Sin embargo, las desastrosas campañas de Rusia en 1812 y la derrota en Waterloo en 1815 marcaron el fin del Imperio napoleónico.