La pintura representa a la Virgen María como la Inmaculada Concepción rodeada de ángeles. Murillo utiliza una técnica iluminista con fuertes contrastes de luz y sombra para enfatizar el carácter celestial de la Virgen. La composición dinámica y el colorido vivo son características del estilo barroco. La imagen tenía el propósito contrarreformista de promover la devoción a la Virgen y ofrecer consuelo espiritual.