El documento analiza cómo las nuevas tecnologías y la cultura digital han cambiado la comunicación política, pasando de ser unidireccional a bidireccional. Explica que ahora predomina la imagen sobre la palabra, lo que hace que las personas reaccionen más a los estímulos emocionales que al razonamiento. También destaca la importancia de crear marcos conceptuales positivos y usar un lenguaje que emocione para influir en las percepciones de la audiencia.