El ser humano no nace enseñado, para aprender se necesitan predisposición por parte
                                  del niño, y reglas o principios por parte de los padres
    Todos          nosotros       que facilitan el aprendizaje. Al ejercer como padres
    vivimos en un mundo           deben considerarse tres principios importantes que
    lleno de normas y             deben inculcar a sus hijos:
    límites,    que       nos
                                       La disciplina
    gustan y aceptamos
                                       Las normas
    más o menos, pero
    que en definitiva nos              Los límites

    ayudan a convivir, a
    ser respetados y a
    respetar a los demás.
    Las   normas      y   los
    límites               nos
    proporcionan          una
    forma de actuar e
    integrarnos           en
    sociedad.
                    Disciplinar es guiar con decisión, hacer cumplir
.
                    estimulando y razonando, construir autoestima y a
                    la vez corregir el mal comportamiento. El objetivo
                    de la disciplina es enseñar a los niños a hacer las
                    cosas bien; el objetivo de los castigos es
                    enseñarles a no hacer las cosas de forma
                    incorrecta.
La    educación    requiere     que    los      niños
                                            experimenten las consecuencias de su mal
                                            comportamiento, y eso incluye castigos
                                            esporádicos, pero éstos sólo son elementos
                                            para disciplinar, como también lo son el
                                            razonamiento y la seriedad al decir las
                                            cosas.    Cuando     se    enseña           disciplina
                                            estableciendo        límites,         les        dan
                                            responsabilidades y les enseñan a resolver
                                            problemas y a decidir correctamente.

A través de la disciplina los padres son profesores, educando a sus hijos para la vida.
Pero es fundamental que los padres tengan en cuenta la importancia de la unificación
de criterios educativos, en lo esencial, para ejercer su función. Las contradicciones,
discrepancias, los enfrentamientos u oposiciones entre los padres pueden impedir su
labor educativa y perjudicar el desarrollo de sus hijos.




Aprendemos a enseñar disciplina a través del estudio y de la
práctica.

    No podemos perder de vista que ni hay padres perfectos ni existen los hijos
     perfectos. La perfección es un ideal, no existe en la realidad.
    Los padres pueden ser afectivos y de fácil acceso,. Pero no deben dejar de ser
     padres para convertirse en colegas de sus hijos. Los hijos necesitan que sus
     padres sean eso: padres.
    Cuanto más pronto se empiece a enseñar la disciplina en los niños, más fácilmente
     se consiguen logros, aunque no es imposible, con constancia y tenacidad, lograrla
     con niños mayores y jóvenes, aunque resulta más difícil de lograr.
Algunos ejemplos de aspectos donde aplicar la disciplina

     La organización. El orden es importante en la vida. Lograrlo puede ahorrar
      muchas discusiones, ruegos y castigos. Enseñar que cada cosa tiene su sitio es
      muy práctico y útil. No podemos olvidar que nadie nace enseñado. Enseñarles y
      practicar a recoger y a ordenar las cosas les enseña a hacerlo solos en el futuro.
     El tiempo. Las cosas se han de hacer en el momento adecuado. Los niños
      necesitan unos horarios concretos para saber qué se espera de ellos en cada
      momento. Los hábitos se establecen con la práctica. Fijar unos horarios para ir a
      la cama, para comer, para hacer los horarios, evita muchas discusiones. Ahora
      bien los hábitos no pueden ser tan rígidos que dominen nuestra vida. Hay que
      saber flexibilizar las cosas según las circunstancias, pero cuando los hábitos se
      alteren hay que explicar muy claramente al niño el porqué de esta relajación de
      los hábitos establecidos. Para enseñar al niño a ubicarse en el tiempo debemos
      tener presente: Suavizar las transiciones de una actividad a otra, por ejemplo
      avisando unos minutos antes de que se va a cambiar de actividad; Dar tiempo
      suficiente porque la medida del tiempo de los niños no es igual que la de los
      adultos; Hacer listas con las tareas pendientes para que el niño se organice el
      tiempo haga todo lo que debe hacer, pero a su ritmo.
     Dar ejemplo. No hay mejor maestro que “fray ejemplo” y normalmente es cierto,
      aunque puede ser un arma de doble filo, porque los niños acabarán copian los
      buenos hábitos pero también las incorrecciones. Por ello hay que tener mucho
      cuidado sobre todo no olvidar que cuando los niños vean contradicción entre lo
      que se les dice y lo que ven que hacen sus padres, acabarán haciendo lo que
      ven hacer. Cuatro áreas en las que dar ejemplo es útil: 1.- la limpieza y el aseo
      personal; 2.- el reconocimienro de los errores, pidiendo perdón. Errar es humano;
      3.- la sinceridad; 4.- el respeto.
     Estimular. Muchos de los comportamientos que queremos que el niño aprenda
      no son “naturales” por ello es importante estimular al niño, por ejemplo a través
del reconocimiento de su comportamiento, lo cual también beneficia su
       autoestima al tiempo que motiva la continuidad de la realización del mismo.
      Elogiar. Los elogios son también importantes, para estimular al niño y darle el
       empujón necesario para que siga comportándose se una determinada manera.
       Pero debe ser un elogio merecido y darse en una justa medida. Los excesos son
       contraproducentes, ya que el niño se llegan a sentir poderosos y que pueden
       hacer todo lo que quieran.
      Premiar. Los premios son considerados una forma positiva de motivar a los
       niños a hacer lo que queramos. La razón de premiar como refuerzo educativo es
       que cuando una acción está seguida de un premio o recompensa es más
       probable que la acción se repita. Pero debe elegirse bien los premios, con
       moderación y precaución. No todos los comportamientos deben ser premiados,
       ya que unos comportamientos forman parte del proceso de la vida y esos deben
       considerarse “normales”, ya que deben hacerse sin que supongan un esfuerzo
       especial. El tipo de premio debe depender de las circunstancias particulares, la
       edad del niño, lo que para él tenga valor, el interés de los padres y por qué se le
       da.




                                    ¿Por qué son necesarios los límites y
                                          las normas en los niños?

                                Para crecer y desarrollarse de un modo equilibrado,
                                seguro y estable nuestros hijos necesitan un sistema de
                                normas y límites que les ayude a comprender e
                                integrarse en el mundo en el que viven. Los límites y las
                                normas:

■Aportan estabilidad y seguridad a los niños. Les ofrecen la seguridad de saber a qué
atenerse en cada situación. Un niño sin puntos de referencia, sin límites ni normas es
un niño que se siente perdido, inestable y confuso. Los niños más inseguros e indecisos
son aquellos que han sido educados sin ninguna norma ni disciplina o en entornos
donde los principios educativos cambian constantemente.

■Protegen a los niños más pequeños de posibles daños de los que todavía no son
conscientes.

■Un sistema de normas estable ayuda a nuestros hijos a saber predecir las
consecuencias (positivas o negativas) de su propia conducta.

■Ayudan a los niños a integrarse en la sociedad, ya que ofrecen un repertorio
conductual socialmente admitido, a la vez que les muestra las conductas que no se
aceptan.

■Permiten a nuestros hijos a comprender y predecir su entorno social.

■Facilitan la convivencia con los demás. No se debe empujar, gritar, tirar de las
coletas.Hablamos en un tono de voz tranquilo y respetamos los turnos, por ejemplo.

■No son, como algunos pretenden ver, un modo, una forma o un medio para controlar
a los niños o hacer niños autómatas que solo obedezcan a los padres. Niños sumisos,
niños sin control de su voluntad. Todo lo contrario, mediante la aplicación de límites y
normas preparamos a nuestros hijos para que sean niños y adultos responsables.

■Favorece la autoestima. Un niño con límites claros e incentivos que le animen le
resulta más fácil portarse bien y su autoestima se ve reforzada. Por el contrario, un niño
que se porta mal, se siente malo y su autoestima se ve afectada negativamente.

■Sin confundir autoridad con autoritarismo, aquellos padres que ponen límites claros
son padres mucho más eficaces y aportan más seguridad a sus hijos que aquellos que
no paran de cambiar sus principios educativos.
¿Cómo han de ser las normas y los límites?

■Para ser realmente eficaces han de ser claras y concretas. Explicadas en un lenguaje
adaptado para que el niño las pueda comprender. Nuestros hijos deben saber qué
tienen que hacer, cómo tienen que hacerlo y qué consecuencias tendrá su
cumplimiento o no. No es lo mismo decirle a nuestro hijo "siéntate en el sofá sin saltar
en él" que "pórtate bien". En el primer caso la norma está bien definida, mientras que en
el segundo caso el niño no entiende qué se espera de él concretamente.

■Consensuadas y aplicadas por ambos progenitores. Debemos tomarnos un tiempo
con nuestra pareja para pensar, decidir, planear, concretar y consensuar qué es lo que
podemos permitir y lo que no. No está bien para ningún miembro de la familia que uno
juegue a ser el poli bueno o el papá que no pone normas, que no castiga, que todo lo
deja pasar... mientras que el otro progenitor es quien siempre está detrás del niño
mandando al orden.

■Adaptadas al nivel de edad. Revisables y evaluables. Las normas irán cambiando a lo
largo del desarrollo de nuestro hijo, no es lo mismo un niño de 3 años que un otro de
ocho, por ejemplo cuando ponemos normas a la hora de acostarse.

■Con finalidad educativa que fomenten valores de convivencia como no empujar, no
pegar, no insultar, respetar los turnos... O que cubran necesidades fisiológicas que les
protejan como lavarse las manos antes para no enfermar.

■Con consecuencias claras y concretas por su cumplimiento o no.

■Aplicadas sistemáticamente, independientemente de cuál sea nuestro estado de
ánimo, cansancio u humor, aunque puede haber excepciones puntuales. Si la norma es
"después de jugar guardamos y ordenamos los juguetes" en caso que la cumpla la
consecuencia positiva puede ser un elogio. En caso contrario, el incumplimiento, puede
ser guardar el juguete en el trastero durante unos días.
■Coherentes. Los padres somos los referentes, el modelo a seguir, el espejo donde se
miran nuestros pequeños. Debemos actuar con coherencia y pensar que no podemos
pedir a nuestros hijos que no griten, insulten o peguen si nosotros no somos capaces
de controlar este tipo de comportamiento.

■Compartidas y no impuestas. Es más fácil cumplir normas que entre todos hemos
establecido que aquellas que nos vienen impuestas, cuando nuestros hijos crezcan
será mejor que compartamos y consensuemos algunas de ellas, como por ejemplo la
hora de llegar a casa.




No tengamos miedo a establecer normas y límites, nuestros hijos no nos van a querer
menos, todo lo contrario. Como decía al principio del artículo un niño sin normas ni
límites es un niño perdido, confuso e inseguro de sí mismo. Los límites y las normas
son necesarias para que nuestros hijos crezcan de un modo equilibrado, estable y
seguro, confiando en nosotros, porqué el no también educa y les ayuda a crecer.

Qué hace que a algunos padres les cueste poner límites a sus hijos?

                                              Puede tratarse de:


                                                  padres que, entre sí, tienen
                                              opiniones distintas sobre una misma
                                              situación,     e        infravaloran     o
                                              desacreditan       el   juicio   del   otro
                                              progenitor. No hay respeto entre
                                              ellos.




      Padres que sienten que no tienen energías suficientes para enfrentarse a
       sus hijos.
   padres que intentan, de esta forma, compensar el poco tiempo de
       dedicación que les pueden dar.


      padres inseguros y con poca autoestima, que desean ser aceptados por
       sus hijos, y que no confían en sus propias decisiones ni en su capacidad
       para defenderlas.

       También tenemos serias dificultades para decir “No” ante determinadas
  demandas que nos hace el hijo. Pensamos que si decimos “no”, nos va a querer
  menos, máxime si entonces nos dice frases como: “Eres una mala madre” o “Tú
                                   no me quieres”.
¿Qué es lo realmente perjudicial para el desarrollo del niño?



                                                   Todas las situaciones
                                                  extremas perjudican el
                                                 crecimiento y desarrollo
                                                            del niño:

                                                 Tanto el establecer unos límites o
                                                normas    demasiado      estrictas     o
                                                excesivas en cuanto a cantidad,
                                                pues ello no dejaría crecer al niño.

                                                Cómo el no poner ningún tipo de
                                                límites a su comportamiento. Las
                                                consecuencias de esta actitud darán
lugar a un niño que no tiene nunca suficiente, cuyas exigencias son cada vez más
elevadas y donde las negativas serán cada vez vividas de forma peor. Estaremos pues
ante un niño, con gran dificultad en postergar la satisfacción de sus deseos, con lo que
ello supone. Su autoestima quedará ligada a la posesión material de cosas,
regalos,...es decir, una alta dependencia de las cosas materiales.




                                ¿Qué condiciones son fundamentales
                                para poder establecer con éxito los
                                límites a nuestros hijos?

                                Si los padres y las madres observamos cómo nos
                                comunicamos con los hijos e hijas, veremos que
                                utilizamos mucho el imperativo. Cada día reciben una
                                enorme    cantidad    de   órdenes:    levántate,   lávate,
                                desayuna, date prisa, coge el bocadillo, haz los deberes,
deja de ver la tele, recoge tus cosas, deja tranquila a tu hermana, vete a dormir...; esto,
unido a que usamos las críticas, los sermones y los consejos, casi como únicos
recursos educativos, lleva a que los hijos entren en confrontación, no escuchen o no
nos hagan caso.

Infundirles        miedo        tampoco         parece        un      planteamiento
educativo adecuado.

Precisamos cambiar el lenguaje en el sentido de mandarles menos y de no utilizar los
tiempos de obligación: tienes que..., has de..., y sustituirlos por expresiones indicativas
de que contamos con ellos y los consideramos importantes. Veo útil pedirles que nos
escuchen, hablarles de la necesidad de su colaboración e informarles, dejando a un
lado las críticas y los sermones.

Para que el niño se muestre dispuesto a aceptar las normas o los límites marcados por
los padres, es necesario que se cumplan otras condiciones:
Que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño.


Los padres deben estar convencidos de aquello que exigen y, por tanto, han de
luchar para su cumplimiento.


Las normas marcadas por los padres han de ser claras y realmente necesarias, y,
por tanto, no han de ser excesivas, pues ello acabaría por convertirlas a todas en
ineficaces.


Los padres deben comportarse de forma coherente a lo exigido, pues con el
ejemplo también se enseña; por tanto, han de ser consecuentes con el modo
habitual de hacer en casa.


Es normal y habitual que el niño quiera probar, con su actitud y con su conducta,
hasta dónde puede llegar y cuál es la reacción de los padres si se sobrepasa el
límite marcado.
Es, en ese momento, cuando hay que mostrarse firmes, pues si se cede, después
costará mucho más retomar nuevamente el respeto de esas normas.


Todo ello, no excluye (si bien al contrario) la necesidad de que los padres
adopten una mentalidad flexible que les permita ir adaptando esas normas a la
situación, al momento y edad concreta del niño.


Expresarles que uno vive dificultades cuando ellos no hacen caso, aceptar que a
veces uno no sabe resolver las cosas y escuchar sus opiniones, puede ayudarles
a colaborar en la solución, pues ellos se sienten valiosos cuando los padres les
tienen en cuenta. Llegar a acuerdos por medio de pactos, también tiende a dar
buen resultado.
Procedan poco a poco, escojan la parte del día que más les preocupa. Escuchen a
sus hijos, busquen sus opiniones y su cooperación, hágalos participes de las
decisiones acerca la rutina diaria y los límites y tendrán su cooperación y
compromiso.

Principios de la educacion

  • 1.
    El ser humanono nace enseñado, para aprender se necesitan predisposición por parte del niño, y reglas o principios por parte de los padres Todos nosotros que facilitan el aprendizaje. Al ejercer como padres vivimos en un mundo deben considerarse tres principios importantes que lleno de normas y deben inculcar a sus hijos: límites, que nos  La disciplina gustan y aceptamos  Las normas más o menos, pero que en definitiva nos  Los límites ayudan a convivir, a ser respetados y a respetar a los demás. Las normas y los límites nos proporcionan una forma de actuar e integrarnos en sociedad. Disciplinar es guiar con decisión, hacer cumplir . estimulando y razonando, construir autoestima y a la vez corregir el mal comportamiento. El objetivo de la disciplina es enseñar a los niños a hacer las cosas bien; el objetivo de los castigos es enseñarles a no hacer las cosas de forma incorrecta.
  • 2.
    La educación requiere que los niños experimenten las consecuencias de su mal comportamiento, y eso incluye castigos esporádicos, pero éstos sólo son elementos para disciplinar, como también lo son el razonamiento y la seriedad al decir las cosas. Cuando se enseña disciplina estableciendo límites, les dan responsabilidades y les enseñan a resolver problemas y a decidir correctamente. A través de la disciplina los padres son profesores, educando a sus hijos para la vida. Pero es fundamental que los padres tengan en cuenta la importancia de la unificación de criterios educativos, en lo esencial, para ejercer su función. Las contradicciones, discrepancias, los enfrentamientos u oposiciones entre los padres pueden impedir su labor educativa y perjudicar el desarrollo de sus hijos. Aprendemos a enseñar disciplina a través del estudio y de la práctica.  No podemos perder de vista que ni hay padres perfectos ni existen los hijos perfectos. La perfección es un ideal, no existe en la realidad.  Los padres pueden ser afectivos y de fácil acceso,. Pero no deben dejar de ser padres para convertirse en colegas de sus hijos. Los hijos necesitan que sus padres sean eso: padres.  Cuanto más pronto se empiece a enseñar la disciplina en los niños, más fácilmente se consiguen logros, aunque no es imposible, con constancia y tenacidad, lograrla con niños mayores y jóvenes, aunque resulta más difícil de lograr.
  • 3.
    Algunos ejemplos deaspectos donde aplicar la disciplina  La organización. El orden es importante en la vida. Lograrlo puede ahorrar muchas discusiones, ruegos y castigos. Enseñar que cada cosa tiene su sitio es muy práctico y útil. No podemos olvidar que nadie nace enseñado. Enseñarles y practicar a recoger y a ordenar las cosas les enseña a hacerlo solos en el futuro.  El tiempo. Las cosas se han de hacer en el momento adecuado. Los niños necesitan unos horarios concretos para saber qué se espera de ellos en cada momento. Los hábitos se establecen con la práctica. Fijar unos horarios para ir a la cama, para comer, para hacer los horarios, evita muchas discusiones. Ahora bien los hábitos no pueden ser tan rígidos que dominen nuestra vida. Hay que saber flexibilizar las cosas según las circunstancias, pero cuando los hábitos se alteren hay que explicar muy claramente al niño el porqué de esta relajación de los hábitos establecidos. Para enseñar al niño a ubicarse en el tiempo debemos tener presente: Suavizar las transiciones de una actividad a otra, por ejemplo avisando unos minutos antes de que se va a cambiar de actividad; Dar tiempo suficiente porque la medida del tiempo de los niños no es igual que la de los adultos; Hacer listas con las tareas pendientes para que el niño se organice el tiempo haga todo lo que debe hacer, pero a su ritmo.  Dar ejemplo. No hay mejor maestro que “fray ejemplo” y normalmente es cierto, aunque puede ser un arma de doble filo, porque los niños acabarán copian los buenos hábitos pero también las incorrecciones. Por ello hay que tener mucho cuidado sobre todo no olvidar que cuando los niños vean contradicción entre lo que se les dice y lo que ven que hacen sus padres, acabarán haciendo lo que ven hacer. Cuatro áreas en las que dar ejemplo es útil: 1.- la limpieza y el aseo personal; 2.- el reconocimienro de los errores, pidiendo perdón. Errar es humano; 3.- la sinceridad; 4.- el respeto.  Estimular. Muchos de los comportamientos que queremos que el niño aprenda no son “naturales” por ello es importante estimular al niño, por ejemplo a través
  • 4.
    del reconocimiento desu comportamiento, lo cual también beneficia su autoestima al tiempo que motiva la continuidad de la realización del mismo.  Elogiar. Los elogios son también importantes, para estimular al niño y darle el empujón necesario para que siga comportándose se una determinada manera. Pero debe ser un elogio merecido y darse en una justa medida. Los excesos son contraproducentes, ya que el niño se llegan a sentir poderosos y que pueden hacer todo lo que quieran.  Premiar. Los premios son considerados una forma positiva de motivar a los niños a hacer lo que queramos. La razón de premiar como refuerzo educativo es que cuando una acción está seguida de un premio o recompensa es más probable que la acción se repita. Pero debe elegirse bien los premios, con moderación y precaución. No todos los comportamientos deben ser premiados, ya que unos comportamientos forman parte del proceso de la vida y esos deben considerarse “normales”, ya que deben hacerse sin que supongan un esfuerzo especial. El tipo de premio debe depender de las circunstancias particulares, la edad del niño, lo que para él tenga valor, el interés de los padres y por qué se le da. ¿Por qué son necesarios los límites y las normas en los niños? Para crecer y desarrollarse de un modo equilibrado, seguro y estable nuestros hijos necesitan un sistema de normas y límites que les ayude a comprender e integrarse en el mundo en el que viven. Los límites y las normas: ■Aportan estabilidad y seguridad a los niños. Les ofrecen la seguridad de saber a qué atenerse en cada situación. Un niño sin puntos de referencia, sin límites ni normas es
  • 5.
    un niño quese siente perdido, inestable y confuso. Los niños más inseguros e indecisos son aquellos que han sido educados sin ninguna norma ni disciplina o en entornos donde los principios educativos cambian constantemente. ■Protegen a los niños más pequeños de posibles daños de los que todavía no son conscientes. ■Un sistema de normas estable ayuda a nuestros hijos a saber predecir las consecuencias (positivas o negativas) de su propia conducta. ■Ayudan a los niños a integrarse en la sociedad, ya que ofrecen un repertorio conductual socialmente admitido, a la vez que les muestra las conductas que no se aceptan. ■Permiten a nuestros hijos a comprender y predecir su entorno social. ■Facilitan la convivencia con los demás. No se debe empujar, gritar, tirar de las coletas.Hablamos en un tono de voz tranquilo y respetamos los turnos, por ejemplo. ■No son, como algunos pretenden ver, un modo, una forma o un medio para controlar a los niños o hacer niños autómatas que solo obedezcan a los padres. Niños sumisos, niños sin control de su voluntad. Todo lo contrario, mediante la aplicación de límites y normas preparamos a nuestros hijos para que sean niños y adultos responsables. ■Favorece la autoestima. Un niño con límites claros e incentivos que le animen le resulta más fácil portarse bien y su autoestima se ve reforzada. Por el contrario, un niño que se porta mal, se siente malo y su autoestima se ve afectada negativamente. ■Sin confundir autoridad con autoritarismo, aquellos padres que ponen límites claros son padres mucho más eficaces y aportan más seguridad a sus hijos que aquellos que no paran de cambiar sus principios educativos.
  • 6.
    ¿Cómo han deser las normas y los límites? ■Para ser realmente eficaces han de ser claras y concretas. Explicadas en un lenguaje adaptado para que el niño las pueda comprender. Nuestros hijos deben saber qué tienen que hacer, cómo tienen que hacerlo y qué consecuencias tendrá su cumplimiento o no. No es lo mismo decirle a nuestro hijo "siéntate en el sofá sin saltar en él" que "pórtate bien". En el primer caso la norma está bien definida, mientras que en el segundo caso el niño no entiende qué se espera de él concretamente. ■Consensuadas y aplicadas por ambos progenitores. Debemos tomarnos un tiempo con nuestra pareja para pensar, decidir, planear, concretar y consensuar qué es lo que podemos permitir y lo que no. No está bien para ningún miembro de la familia que uno juegue a ser el poli bueno o el papá que no pone normas, que no castiga, que todo lo deja pasar... mientras que el otro progenitor es quien siempre está detrás del niño mandando al orden. ■Adaptadas al nivel de edad. Revisables y evaluables. Las normas irán cambiando a lo largo del desarrollo de nuestro hijo, no es lo mismo un niño de 3 años que un otro de ocho, por ejemplo cuando ponemos normas a la hora de acostarse. ■Con finalidad educativa que fomenten valores de convivencia como no empujar, no pegar, no insultar, respetar los turnos... O que cubran necesidades fisiológicas que les protejan como lavarse las manos antes para no enfermar. ■Con consecuencias claras y concretas por su cumplimiento o no. ■Aplicadas sistemáticamente, independientemente de cuál sea nuestro estado de ánimo, cansancio u humor, aunque puede haber excepciones puntuales. Si la norma es "después de jugar guardamos y ordenamos los juguetes" en caso que la cumpla la consecuencia positiva puede ser un elogio. En caso contrario, el incumplimiento, puede ser guardar el juguete en el trastero durante unos días.
  • 7.
    ■Coherentes. Los padressomos los referentes, el modelo a seguir, el espejo donde se miran nuestros pequeños. Debemos actuar con coherencia y pensar que no podemos pedir a nuestros hijos que no griten, insulten o peguen si nosotros no somos capaces de controlar este tipo de comportamiento. ■Compartidas y no impuestas. Es más fácil cumplir normas que entre todos hemos establecido que aquellas que nos vienen impuestas, cuando nuestros hijos crezcan será mejor que compartamos y consensuemos algunas de ellas, como por ejemplo la hora de llegar a casa. No tengamos miedo a establecer normas y límites, nuestros hijos no nos van a querer menos, todo lo contrario. Como decía al principio del artículo un niño sin normas ni límites es un niño perdido, confuso e inseguro de sí mismo. Los límites y las normas son necesarias para que nuestros hijos crezcan de un modo equilibrado, estable y seguro, confiando en nosotros, porqué el no también educa y les ayuda a crecer. Qué hace que a algunos padres les cueste poner límites a sus hijos? Puede tratarse de:  padres que, entre sí, tienen opiniones distintas sobre una misma situación, e infravaloran o desacreditan el juicio del otro progenitor. No hay respeto entre ellos.  Padres que sienten que no tienen energías suficientes para enfrentarse a sus hijos.
  • 8.
    padres que intentan, de esta forma, compensar el poco tiempo de dedicación que les pueden dar.  padres inseguros y con poca autoestima, que desean ser aceptados por sus hijos, y que no confían en sus propias decisiones ni en su capacidad para defenderlas. También tenemos serias dificultades para decir “No” ante determinadas demandas que nos hace el hijo. Pensamos que si decimos “no”, nos va a querer menos, máxime si entonces nos dice frases como: “Eres una mala madre” o “Tú no me quieres”. ¿Qué es lo realmente perjudicial para el desarrollo del niño? Todas las situaciones extremas perjudican el crecimiento y desarrollo del niño: Tanto el establecer unos límites o normas demasiado estrictas o excesivas en cuanto a cantidad, pues ello no dejaría crecer al niño. Cómo el no poner ningún tipo de límites a su comportamiento. Las consecuencias de esta actitud darán lugar a un niño que no tiene nunca suficiente, cuyas exigencias son cada vez más elevadas y donde las negativas serán cada vez vividas de forma peor. Estaremos pues
  • 9.
    ante un niño,con gran dificultad en postergar la satisfacción de sus deseos, con lo que ello supone. Su autoestima quedará ligada a la posesión material de cosas, regalos,...es decir, una alta dependencia de las cosas materiales. ¿Qué condiciones son fundamentales para poder establecer con éxito los límites a nuestros hijos? Si los padres y las madres observamos cómo nos comunicamos con los hijos e hijas, veremos que utilizamos mucho el imperativo. Cada día reciben una enorme cantidad de órdenes: levántate, lávate, desayuna, date prisa, coge el bocadillo, haz los deberes, deja de ver la tele, recoge tus cosas, deja tranquila a tu hermana, vete a dormir...; esto, unido a que usamos las críticas, los sermones y los consejos, casi como únicos recursos educativos, lleva a que los hijos entren en confrontación, no escuchen o no nos hagan caso. Infundirles miedo tampoco parece un planteamiento educativo adecuado. Precisamos cambiar el lenguaje en el sentido de mandarles menos y de no utilizar los tiempos de obligación: tienes que..., has de..., y sustituirlos por expresiones indicativas de que contamos con ellos y los consideramos importantes. Veo útil pedirles que nos escuchen, hablarles de la necesidad de su colaboración e informarles, dejando a un lado las críticas y los sermones. Para que el niño se muestre dispuesto a aceptar las normas o los límites marcados por los padres, es necesario que se cumplan otras condiciones:
  • 10.
    Que exista unbuen clima familiar, de afecto y cariño. Los padres deben estar convencidos de aquello que exigen y, por tanto, han de luchar para su cumplimiento. Las normas marcadas por los padres han de ser claras y realmente necesarias, y, por tanto, no han de ser excesivas, pues ello acabaría por convertirlas a todas en ineficaces. Los padres deben comportarse de forma coherente a lo exigido, pues con el ejemplo también se enseña; por tanto, han de ser consecuentes con el modo habitual de hacer en casa. Es normal y habitual que el niño quiera probar, con su actitud y con su conducta, hasta dónde puede llegar y cuál es la reacción de los padres si se sobrepasa el límite marcado. Es, en ese momento, cuando hay que mostrarse firmes, pues si se cede, después costará mucho más retomar nuevamente el respeto de esas normas. Todo ello, no excluye (si bien al contrario) la necesidad de que los padres adopten una mentalidad flexible que les permita ir adaptando esas normas a la situación, al momento y edad concreta del niño. Expresarles que uno vive dificultades cuando ellos no hacen caso, aceptar que a veces uno no sabe resolver las cosas y escuchar sus opiniones, puede ayudarles a colaborar en la solución, pues ellos se sienten valiosos cuando los padres les tienen en cuenta. Llegar a acuerdos por medio de pactos, también tiende a dar buen resultado.
  • 11.
    Procedan poco apoco, escojan la parte del día que más les preocupa. Escuchen a sus hijos, busquen sus opiniones y su cooperación, hágalos participes de las decisiones acerca la rutina diaria y los límites y tendrán su cooperación y compromiso.