El documento discute los sistemas de indicadores educativos en México y las formas de mejorar su efectividad. Propone que los indicadores deben abarcar más factores que solo el desempeño estudiantil, como la infraestructura, los docentes y la supervisión. También recomienda presentar los indicadores en una pirámide de tres niveles para mejorar la comprensión. Concluye que los indicadores deben considerar las diferencias regionales para identificar mejoras a la calidad educativa.