El documento analiza la complejidad de la evaluación en el proceso educativo, enfatizando la necesidad de indicadores que midan tanto logros académicos como competencias. Se destaca la importancia de comprender las diversas dimensiones del aprendizaje y el contexto en el que ocurre, así como la evolución de la noción de competencias más allá de la inteligencia cognitiva tradicional. Además, se propone un enfoque más holístico que contemple la subjetividad y la interacción social en el desarrollo de habilidades y conocimientos.