Quintiliano consideraba que el arte de la elocuencia era innato, pero su enseñanza requería la guía de preceptores y el uso de manuales. Los oradores se clasificaban en griegos, menos experimentados, y romanos, más hábiles, y se promovía un enfoque práctico en la construcción del discurso. A pesar de controversias sobre nuevos estilos de enseñanza, figuras como Cicerón y Quintiliano elevaron la retórica a un concepto más equilibrado y liberal en la educación oratoria.