El documento aborda la evolución y redefinición del campo de la tecnología educativa desde su surgimiento en las décadas de 1950 y 1960, enfocándose en cómo ha pasado de ser una mera aplicación de medios a un estudio científico de prácticas educativas. Se critica la visión sistémica que puede llevar a un enfoque reduccionista y se propone una reconceptualización que integre teorías de comunicación y enfoques psicológicos centrados en el aprendizaje. Además, se destaca la necesidad de un diálogo más profundo sobre el estatus epistemológico y las condiciones de producción del conocimiento en tecnología educativa.