El siglo XVIII en Europa fue un período de transición entre el Antiguo Régimen y las revoluciones liberales. Por un lado, se mantuvieron características del Antiguo Régimen como la monarquía absoluta, la sociedad estamental y la agricultura señorial. Por otro lado, el crecimiento demográfico y económico así como la Ilustración prepararon el camino para las revoluciones. La sociedad estaba dividida en privilegiados (nobleza y clero) y no privilegiados, y la burguesía creciente aspiraba