Durante la Edad Media, el cristianismo fue fundamental en Europa, moldeando la civilización común y regulando la vida cotidiana de los fieles mediante rituales y obligaciones religiosas. Las cruzadas, que comenzaron en el siglo XI, fueron intervenciones militares para recuperar Tierra Santa, pero también facilitaron el comercio y causaron estragos. El arte románico, caracterizado por su religiosidad y simbolismo, buscaba acercar a los fieles a Dios, con construcciones sólidas y decoración escultórica que reflejaba temas religiosos.