El documento explora la relación entre la infancia, el juego y el aprendizaje matemático, argumentando que el juego es un recurso valioso para la enseñanza y permite a los niños aprender sin temor al fracaso. Se critica la perspectiva elitista que considera la matemática como un dominio exclusivo de los privilegiados y se propone un enfoque inclusivo que reconoce las heterogeneidades de los alumnos. Además, se discute cómo adaptar juegos sociales a contextos educativos para fomentar el aprendizaje matemático, enfatizando la importancia de la interacción y el trabajo en conjunto.