El documento aborda la importancia de las transiciones exitosas en la primera infancia, enfatizando que la educación debe reconocer y valorar la diversidad y singularidad de los niños y niñas. Se propone un modelo sistémico que considera el desarrollo integral y continuo de los menores, involucrando a diversas instancias, desde la familia hasta el contexto político. Además, se destacan los retos y la necesidad de una colaboración intersectorial en la implementación de políticas que aseguren la continuidad y calidad en la educación infantil.