El documento explora la transición de la sociedad de la información a la sociedad de la sabiduría, enfatizando la importancia del conocimiento sobre la simple información. Se argumenta que el verdadero aprendizaje debe centrarse en el alumno y en el desarrollo de competencias que trasciendan el lucro. Finalmente, se resalta que la educación necesita una revolución que integre aspectos emocionales y éticos para cultivar una verdadera sabiduría.