La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune que causa inflamación crónica de las articulaciones, llevando a deformidades e incapacidades funcionales. Su prevalencia es del 1% y está asociada con una disminución de la expectativa de vida y un riesgo incrementado de complicaciones cardiovasculares. El tratamiento puede incluir modificaciones no farmacológicas y fármacos como metotrexato, sulfasalazina y biológicos, que buscan controlar la inflamación y mejorar la calidad de vida del paciente.